Office of Evaluation and Studies    
  International Fund for Agricultural Development
I. PROPOSITO Y ALCANCE DE LA EVALUACION
II. EL CONTEXTO Y LA ESTRATEGIA DEL FIDA
III. LOS RESULTADOS DE LOS PROYECTOS
IV. LECCIONES DE LA EXPERIENCIA
V. UNA CARTERA DE INTERVENCIONES PARA EL FIDA EN HONDURAS
A. Propuestas para mejorar la ejecución de los proyectos vigentes
B. Recomendaciones para el diseño de Programas y/o proyectos nuevos
VI. UN ENFOQUE SUBREGIONAL PARA LAS ACTIVIDADES DEL FIDA

 

III. LOS RESULTADOS DE LOS PROYECTOS

31. Los proyectos ejecutados en Honduras, han producido resultados que pueden analizarse en tres niveles.

32. Primero, en función de los efectos en la toma de decisiones sobre políticas y estrategias institucionales a nivel nacional y sectorial. Segundo, en función de los resultados de los proyectos sobre los ingresos y bienestar de la población pobre rural. Y tercero, con respecto a los efectos geo-políticos de los proyectos, más allá de su ámbito geográfico inmediato.

33. Efecto a nivel nacional y sectorial: La influencia del conjunto de proyectos del Fondo sobre las decisiones de las autoridades nacionales ha sido limitado. Para el Gobierno, los proyectos co-financiados por FIDA han sido percibidos más como acciones puntuales para reducir la pobreza en una región, que como parte de un programa nacional de desarrollo rural con alcances de largo plazo. No se generaron formas de abordar de manera más amplia los problemas de la pobreza rural ni estuvo el Fondo en condiciones de colaborar en una estrategia nacional o sectorial en ese sentido, estimulando la ejecución de un plan o programa nacional de combate a la pobreza rural.

34. Este impacto limitado a nivel nacional también fue característico de la experiencia de otras entidades internacionales y bilaterales, como la Cooperación Suiza, que actuaron contemporáneamente con la misma intención y cuyas acciones también consistieron en proyectos individuales.

35. Si bien entre fines de los setenta y mediados de los ochenta se ejecutaron varios proyectos de desarrollo rural, posteriormente como fue mencionado, esta política perdió terreno, como resultado de nuevas prioridades introducidas por los programas de ajuste estructural. Fue precisamente en este último período cuando el FIDA tuvo una influencia significativa, dado que quedó como la única institución financiera internacional (aparte de algunas agencias de cooperación bilateral como COSUDE) que continuó apoyando el desarrollo rural. Durante ese período (desde fines de los ochenta a mediados de los noventa) las negociaciones del Fondo con las Secretarías de Recursos Naturales y Finanzas y Crédito Público permitieron, a pesar de fuerte desinterés interno, normalizar las relaciones entre el país y el FIDA. Así se llegó a reactivar un proyecto que se encontraba en condiciones de casi total inactividad (Intibucá-La Paz) y a clausurar otro (PRODESBA), cuya viabilidad de continuar se considero imposible, pero además se llegó a acordar la preparación y aprobación de un nuevo proyecto (PLANDERO).

36. Efectos sobre la población objetivo de los proyectos: El funcionamiento deficiente de los sistemas de seguimiento y evaluación de los proyectos ha limitado la posibilidad de incluir un análisis cuantitativo de los efectos, particularmente de los cambios de ingresos. Por ello, y en vez de generar datos parciales que podrían inducir a equívocos sobre la magnitud de los efectos atribuibles a los proyectos, la ECP, ha optado por integrar sus apreciaciones basadas en el trabajo de campo, con datos provenientes de diversas fuentes. Además, se ha prestado especial atención a la evaluación de los supuestos de la estrategia de los proyectos FIDA en Honduras.

37. Focalización de los proyectos: Al evaluar los supuestos de diseño, un aspecto crucial fue analizar si la estrategia de los proyectos para mejorar el bienestar de los pobres rurales, podía atender las necesidades de esa población objetivo. Se encontró que la población objetivo de los proyectos es heterogénea, y que si bien reside en zonas rurales, los ingresos que obtiene para sobrevivir no sólo dependen de la producción agrícola, que era el foco de la estrategia operativa. De hecho, una proporción importante de los pobladores rurales pobres no poseen tierra o tienen muy poca cantidad como para vivir sólo de la agricultura. En promedio la producción agrícola genera sólo el 50% del ingreso de la población rural en el Occidente de Honduras. Los que no poseen tierra dependen mucho menos de la agricultura y deben obtener la mayor parte de su ingreso de la venta de mano de obra, de actividades no agrícolas y de otras fuentes.

38. Estos antecedentes indican que la estrategia de los proyectos, enfocada a aumentos de producción y productividad agrícola (lo que podría definirse como una enfoque "productivista"), sesga la mayoría de los beneficios directos (asistencia técnica, crédito) que pueden ofrecer los proyectos, hacia sólo una parte de la población objetivo, es decir, a aquellos que tiene acceso a suficiente tierra. Los beneficios para los más pobres, los sin tierra, son indirectos, resultado del empleo generado en las explotaciones de sus vecinos más afortunados. En cambio, otros beneficios, como aquellos que pueden derivarse de la construcción de caminos y otra infraestructura, vía empleo generado y mejor acceso a las comunidades, tienen efecto sobre una población más amplia.

39. Cambios en la producción y productividad a nivel de finca: La evidencia disponible indica que los resultados en términos de aumentos en productividad física por área fueron positivos, pero inferiores a los esperados. Del total de la producción campesina, consistente en productos de autoconsumo como granos (maíz, frijol, sorgo y arroz), y otros para la venta en mercados locales (plátano, verduras, papa, aves, cerdos, bovinos), o de exportación (fundamentalmente café), los primeros proyectos FIDA se concentraron en la mejora de los granos básicos. Gradualmente, los proyectos durante su ejecución fueron ampliando la cobertura para incluir a una gama más amplia de productos, una vez que se reconoció la dificultad de aumentar en forma importante los ingresos, sólo con base en la producción de granos.

40. Entre las principales dificultades encontrada fue que ni las condiciones en las fincas de la mayoría de los pequeños productores, ni la tecnología de producción de granos eran apropiadas para generar los grandes aumentos en rendimiento físico por área supuestos en el diseño. Dicha tecnología existente había sido diseñada para aumentar rendimientos en granos en los valles, pero no tenía posibilidades de hacer lo mismo en tierras poco fértiles de ladera. No fue factible entonces alcanzar el nivel de rendimientos programado por los proyectos, y esto aunado al mayor costo de insumes que demandaba la tecnología propuesta (uso intensivo de semillas de variedades mejoradas, fertilizantes y otros agroquímicos), excedía los ingresos producidos por el incremento en rendimientos. Los campesinos, siempre cautelosos, tomaron los créditos ofrecidos para granos y los invirtieron parte en sus milpas para asegurar el alimento de sus familias, y parte en otros usos que para ellos eran de mayor urgencia o de mayor rentabilidad.

41. Las técnicas de conservación de suelo que se planearon para acompañar a los créditos, tuvieron mayor acogida aunque no se alcanzaron las metas numéricas. El efecto se debió en parte a labores de divulgación realizadas antes del inicio de los proyectos, y que estos continuaron promoviendo. En el Occidente hondureño actualmente se observan obras de conservación de suelo, utilizadas por una minoría de los campesinos. Es importante señalar sin embargo, que el PRODERO es reconocido a nivel nacional como un proyecto pionero en la difusión de técnicas de conservación ha contribuido al desarrollo de una conciencia ambiental entre la población pobre y los técnicos.

42. La iniciativa inicial de buscar aumentar la producción de granos se mostró desde el primer proyecto (PRODERO) que no era una alternativa rentable para los agricultores. Por ello, en los proyectos siguientes se buscó incluir otros cultivos además de los tradicionales granos. Así se fomentó la producción de café, que si se consideró rentable y con el transcurso del tiempo en los proyectos aumentó la demanda de crédito para ese cultivo. Este financiamiento se dirigió inicialmente en PRODESBA y La Paz-Intibucá a la siembra de nuevas parcelas de café, pero cuando escasearon los recursos de crédito (a partir de inicios de los noventa), el financiamiento se dirigió principalmente al mantenimiento de café. Este cambio pudo significar que el crédito otorgado en los últimos años se haya dirigido a productores pequeños que ya poseían siembras de café y que no son los productores más pobres. Si bien con los créditos para café se financió una actividad más rentable, este financiamiento se dirigió sólo a una minoría de los clientes de los proyectos.

43. Aun cuando los proyectos FIDA intentaron dirigir el crédito y la asistencia técnica hacia ciertos cultivos, la fungibilidad de los recursos empleados, permitieron que fueran recanalizados por los productores a cubrir otras necesidades y oportunidades de inversión. Hay evidencias de una significativa capitalización entre muchos miembros de grupos, que se manifiesta no sólo en el caso de las plantaciones de café ya mencionadas, sino en compras de ganado, de tierras y mejoras de la vivienda. De la información recogida por la Misión, se estima que una minoría importante de participantes han logrado mejorar su nivel de vida, gracias al acceso que tuvieron a los servicios de los proyectos. Debe hacerse notar además que aún dentro de los grupos que recibieron servicios durante un tiempo largo, como es el caso de grupos que han operado con el PRODERO por muchos años, la distribución de beneficios al interior de cada grupo fue muy desigual, ya que desde el inicio los recursos y capacidades de sus miembros eran distintas.

44. En síntesis, desde el punto de vista de aumento global de producción e ingresos, y del punto de vista distributivo de los beneficios, los resultados fueron inferiores a lo planeado y el diseño de los proyectos no tomó suficientemente en cuenta todas las posibilidades y limitaciones de la población meta y de las instituciones. No obstante, un número grande de productores pobres de Occidente sí se beneficiaron con los proyectos.

45. Organización de beneficiarios: Unos 935 grupos participaron durante la fase de ejecución de los proyectos, incluyendo cerca de 170 grupos de mujeres. Entre 14 000 y 15 000 campesinos y 2 500 campesinas fueron involucrados en grupos. El esfuerzo organizativo y de capacitación produjo resultados importantes, puesto que fomentó un cierto grado de cohesión entre campesinos, al menos como un medio para acceder al crédito, manteniéndose activos algunos grupos por más de una década y fomentando el desarrolló de líderes campesinos en dichos grupos. En el caso particular del PRODERO, éste dejó una base organizativa amplia en comunidades rurales que posteriormente fue utilizada por otros entes, incluyendo nuevos proyectos del sector público y organizaciones privadas de desarrollo. Por otra parte, la conformación de grupos de mujeres sirvió para elevar el nivel de autoestima de sus integrantes, crear lazos de solidaridad a nivel local y ejercitarlas en la práctica de actividades comunes generadoras de ingreso.

46. Debe tenerse en cuenta sin embargo, que desde varios puntos de vista el esfuerzo de organización de grupos por los proyectos tuvo limitaciones. El primero se refiere a la sostenibilidad de los grupos, puesto que en numerosos casos la formación de nuevos grupos giró principalmente en torno a la necesidad de los propios proyectos de generar una demanda por crédito, y menos como una respuesta a necesidades sentidas y enfrentadas por los propios campesinos. Esto se observa en la posterior desintegración de numerosos grupos, una vez que sus miembros consideraron que no se tenía más acceso a crédito.

47. Además, dado que las unidades ejecutoras de los proyectos sentían la urgencia por crear nuevos y numerosos grupos, no hubo mucha oportunidad para fomentar la participación de los integrantes en la selección de los miembros que formarían su propio grupo. En el caso de los grupos formados previo al inicio de los proyectos, existió un proceso de "autoselección" de los miembros, producto de que estos habían tenido que luchar juntos para enfrentar problemas, como el acceso a la tierra. Los grupos (como la mayoría de los CAs) que fueron organizados en su inicio por los proyectos, no pasaron un proceso de selección tan intenso y los resultados en términos de efectividad y cohesión de los grupos también fueron mucho menores, obligando a que estos pasaran por un proceso posterior de "autodepuración", si querían continuar teniendo acceso a crédito o de lo contrario si se mantenían problemas entre los miembros, estos grupos rápidamente desaparecían. Así, en el caso del PRODERO, debido a problemas con la selección de miembros, casi la mitad de los grupos tuvieron que reconstituirse una vez eliminados los "miembros problema".

48. En tercer lugar, los proyectos no vincularon la formación de grupos con el objetivo de fortalecer la organización de la población pobre y promover la participación de la misma en las decisiones importantes relativas al diseño, ejecución y evaluación. Esto condujo a que estos conceptos fueran poco aplicados en la práctica durante la ejecución. Se desaprovechó así en los proyectos el apoyo que estas organizaciones y sus miembros podrían haberles dado, sea durante la ejecución como para asegurar la permanencia de las acciones iniciadas, una vez terminados los desembolsos de fondos externos en los proyectos. Al no haber establecido mecanismos eficaces de consulta con las bases en relación a la prioridad de las acciones desarrolladas, se perdieron oportunidades para lograr que la población hiciera propios los proyectos. Esta falta de identificación de los grupos organizados con los proyectos, a su vez, ha dado como resultado apoyo local insuficiente, lo cual amenaza la sostenibilidad de los resultados de los proyectos en el largo plazo.

49. Finalmente, la canalización de los principales servicios de los proyectos a través de grupos de productores netamente masculinos, presentó una restricción para el acceso por parte de las mujeres a dichos servicios. Durante la implementación se están desarrollando esfuerzos para superar estas deficiencias.

50. Sostenibilidad del crédito y asistencia técnica: Como se ha indicado anteriormente, en el diseño de los proyectos, se estableció una estrecha relación entre crédito y asistencia técnica, como instrumentos para aumentar la producción e ingresos de los productores pobres. Los proyectos suministraron los recursos necesarios para desarrollar y ampliar dichos servicios en Occidente. Una vez terminados los desembolsos de recursos externos a los proyectos (incluyendo los del FIDA), los contratos de préstamo establecen que dichos servicios continuarían prestándose a productores pobres en las áreas proyecto, por varios años. El crédito se otorgaría con base a fondos de fideicomiso establecidos (uno por proyecto) y la asistencia técnica para los productores continuaría siendo suministrada por la SRN, utilizando para ello el personal técnico y equipo financiado por los proyectos.

51. En relación a los fideicomisos, se encuentra una amplia gama de situaciones: desde un caso de relativo éxito en mantener servicios en el largo plazo como fue PRODERO, hasta otro caso en que en términos prácticos casi dejó de operar cuando terminaron los desembolsos externos, como fue PRODESBA. En el caso de Intibucá-La Paz, proyecto que está aún activo, el fideicomiso opera con dificultades que se considera posible superar haciendo ciertos ajustes.

52. Respecto al fideicomiso de PRODERO, su continuidad no recibió seguimiento por parte de las entidades externas que lo financiaron (FIDA y BID), pero el mismo ha funcionado durante los 15 años de 1981 a 1995, habiendo concedido unos USD 10.5 millones en total (el fondo original fue de USD 3.3 millones). Las colocaciones con este fondo continuaron aumentando en términos reales aún por varios años después de finalizados los desembolsos del FIDA (los desembolsos correspondientes a cuatro años después del cierre del proyecto son superiores que los desembolsos de los cuatro años precedentes) y disminuyó drásticamente sólo de 1994 en adelante.

53. La sostenibilidad del fideicomiso de PRODERO durante un período extenso está ahora en riesgo de perderse. Al depender el funcionamiento del fideicomiso de manera directa del personal de campo de la SRN, la contracción de colocaciones (y recuperaciones), está relacionada directamente con la reducción y posterior eliminación en 1994 del servicio de extensión a nivel nacional. Como aún en 1995 el fideicomiso otorgó crédito por USD 300 000 a unos 120 grupos de productores (con 2 500 miembros), su efecto sigue siendo importante y puede ser rescatable. El nuevo proyecto PLANDERO, aunque no lo tenía contemplado así en su diseño original, está negociando para retomar los grupos de productores y los créditos sanos e incorporarlos como parte de sus acciones iniciales en la zona. Cabe destacar que las tasas de mora fueron muy elevadas (excediendo el 30%) y que entre los principales factores determinantes de la mora sobresale la falta de oportunidad de los desembolsos.

54. Mayor seguridad en la titulación de tierras: Sin duda uno de los problemas más relevantes para los agricultores pobres es el acceso a la tierra en el caso de quienes no la poseen, y la seguridad de tenencia para aquellos que la tienen. El segundo aspecto fue incorporado en el Proyecto Intibucá-La Paz, que propuso como meta regularizar la situación de tenencia para unas 1 400 familias en 61 asentamientos de la reforma agraria. La meta fue alcanzada parcialmente, puesto que sólo se entregaron títulos definitivos a 14 asentamientos de la reforma agraria, aunque en términos del número de personas recibiendo título, éste fue el doble de lo programado, pero en un 94% fueron a agricultores independientes, no beneficiarios de la reforma agraria. Un resultado importante no programado fue que entre las zonas tituladas se incluyeron las de algunas comunidades Lencas, con lo que se logró dar apoyo efectivo a grupos étnicos que luchan por mantener sus derechos territoriales. A la fecha, el INA entregó títulos a 91 beneficiarios Lencas para 646 hectáreas y tiene en trámite de entrega títulos para 555 otros indígenas en una área de 22 785 hectáreas adicionales.

55. Mejor acceso a las comunidades: En términos de resultados, ha habido una mejoría notable en vías de acceso a las comunidades en los últimos 15 años, facilitando así la llegada de servicios a los productores y la comercialización de sus productos. La reducción de tiempos de viaje para ir y venir de las comunidades a los principales centros regionales, la mayor seguridad de acceso durante todo el año, y la reducción en costos debido a menores pérdidas de transporte son señalados como beneficios, aunque no ha sido posible su cuantificación. Además de que se construyeron los caminos planeados, en varios casos estos se hicieron utilizando sistemas intensivos de mano de obra para generar empleo local. Las vías construidas, con pocas excepciones, no han tenido efectos ambientales negativos.

56. Desarrollo de recursos humanos locales (formación de "capital humano"): Todos los proyectos han contribuido de forma significativa a aumentar la capacidad local para realizar tareas de desarrollo. La capacitación dada a técnicos y en particular a pobladores de las zonas de proyecto que fueron reclutados como ayudantes de agronomía o que recibieron atención especial como líderes de sus grupos de producción, formó a éste personal en distintas disciplinas del desarrollo rural, desde la aplicación de nuevas tecnologías de producción y prácticas de conservación del suelo, hasta maneras de organizarse mejor en las comunidades. Las personas beneficiadas con esa capacitación se mantienen en su gran mayoría en la zona difundiendo estos conocimientos o han emigrado aplicando éstos en las nuevas zonas donde se han asentado. Los proyectos FIDA han sido una fuente importante de personal técnico capacitado, que hoy labora con otros proyectos y con diversas ONGs de la zona. En un número de casos, personas que recibieron capacitación y participaron en PRODERO, han formado escuelas propias en las que a su vez capacitan a agricultores y técnicos de Occidente en métodos mejorados de producción y conservación de recursos naturales.

57. Efectos geo-políticos. Una dimensión que no siempre se considera al analizar el efecto de los proyectos de desarrollo rural, es como estos pueden modificar las percepciones de la población rural sobre sus perspectivas futuras. Si después de décadas de olvido, se introduce en una zona rural un proyecto que ofrece servicios ampliados o nuevos, esto puede convertirse en un factor que induzca a canalizar las energías de esa parte de la sociedad rural hacia actividades de desarrollo. Para el caso de la presente evaluación, incluso es necesario trascender el contexto nacional hondureño y hacer apreciaciones sobre una base más amplia, que incluye a los países vecinos y en relación al trasfondo de los conflictos socio-económicos que han afectado a Centroamérica en las últimas dos décadas. En este sentido, un efecto de los proyectos de desarrollo rural ha sido su contribución a la reducción de conflictos sociales en el ámbito rural. En Honduras, se siguió una política de canalizar recursos a sectores rurales en zonas vecinas a áreas conflictivas, como es el caso de los proyectos PRODERO-PLANDERO y La Paz-Intibucá, fronterizos con zonas de conflicto en El Salvador, con la finalidad de que estos contribuyeran a disminuir tensiones sociales.

58. Otros efectos políticos no planeados al diseñar los proyectos, lo constituyen los casos de Intibucá-La Paz y PLANDERO, que incluyen a grupos indígenas Lencas en sus respectivas poblaciones objetivo. A pesar de su importancia numérica, la existencia de estos grupos étnicos no fue explicitada en los documentos de proyecto. Sin embargo, como desde 1990 aproximadamente ha habido un despertar abrupto entre esos grupos respecto a sus derechos y al valor de su cultura, simbolizada por medio de manifestaciones en Intibucá y Lempira, así como marchas hasta Tegucigalpa, la existencia de los proyectos mencionados ha servido al Gobierno mostrar cierta capacidad de respuesta inmediata a las demandas de las étnicas. De no haber existido los proyectos financiados con apoyo del FIDA, los problemas de canalizar recursos a esas zonas serían mucho mayores, y más agudas las tensiones sociales.

59. Los proyectos cofinanciados por FIDA en Honduras enfrentaron dificultades importantes para su ejecución. Esto se debió tanto a problemas de organización interna de los propios proyectos, como a factores del contexto externo a los proyectos, que condicionaron fuertemente la capacidad de que estos se ejecutaran en la manera diseñada y en los plazos previstos.

60. Entre los factores externos que afectaron de manera importante la implementación, el de mayor importancia fue la crisis económica de los años ochenta, que al reducir el dinamismo de la economía, afectó las finanzas públicas. Esto repercutió sobre los proyectos en dos maneras: (a) llevó a que las contrapartidas nacionales presupuestadas para los proyectos por las instituciones públicas del sector agropecuario fueran menores a las programadas y a una reducción del personal asignado a los proyectos; y (b) a una menor capacidad de pago de la deuda pública, que llevó a que Honduras entrara en mora en los pagos de los préstamos al FIDA, obligando al Fondo a suspender desembolsos para préstamos vigentes.

61. Otros factores externos a los proyectos que condicionaron la implementación de aquellos, están referidos a mecanismos administrativos del Estado. El primero de estos ha sido la política de contratación de personal para los proyectos. En estos el personal directivo, técnico y administrativo asignado a la unidad ejecutora no provino de cuadros permanentes de las instituciones públicas responsables de la ejecución, sino que fue contratado específicamente para el proyecto. El personal recibió contratos anuales, lo cual condujo a un alto grado de rotación, con la consecuencia de la inseguridad de que se renovaran los contratos, así como a un lento proceso de recontratación anual y de pago del personal. A menudo pasan muchos meses sin recibir pago, por la falta de agilidad en los sistemas gubernamentales de pago por contrato. A lo anterior se sumaba que la calidad del personal fue muy variable, pues no se aplicaron criterios uniformes para seleccionarlo y con frecuencia por motivos políticos, se nombró o removió personal.

62. Un segundo factor que incidió en la baja capacidad de implementación de proyectos, fue el uso de procedimientos lentos y complicados para adquisición de bienes y servicios, afectando la eficiencia de los proyectos. Los sistemas de control aplicados, tampoco aseguraron el buen empleo de los recursos.

63. Una tercer área problemática fue la transferencia de recursos de crédito en forma oportuna de la sede central del BANADESA a sus agencias en las áreas de proyecto. En varias ocasiones se informó de atrasos en desembolsos de subpréstamos ya aprobados, con los consecuentes problemas para los clientes, debido a la falta de fondos en las oficinas locales del Banco.

64. Para reducir en nuevos proyectos la incidencia negativa de los factores externos mencionados, en el contrato de préstamo del último proyecto, el PLANDERO, se introdujeron medidas dirigidas a: (i) contratar una parte importante de servicios (crédito, asistencia técnica) con entes privados, para así reducir la dependencia de instituciones públicas y sus problemas presupuestarios, además de buscar una mayor eficiencia en la prestación de servicios; (ii) establecer mecanismos de selección y evaluación de personal y su contratación por el período de ejecución completo; y (iii) operar con un sistema de administración y manejo de recursos más autónomo de las normas usuales del Estado, incluso operando con nuevas ejecutores como ONGs y bancos privados.

65. En relación a factores internos que condicionaron el desempeño de los proyectos, los más relevantes fueron: (a) mecanismos de decisión centralizados, con escasa por no decir nula participación de los beneficiarios; (b) baja capacidad en las unidades ejecutores de elaborar planes operativos bien concebidos para orientar las acciones de las instituciones co-ejecutores; y (c) sistemas de seguimiento y evaluación (S&E) poco efectivos. Por su importancia, cabe mencionar, la escasa integración de las funciones de S&E con las unidades ejecutores de proyecto, habiéndose creado las primeras en un ministerio diferente del cual dependían las UEPs; y por otra, una inconveniente unión de las funciones de seguimiento con las de evaluación, enfrentando estas unidades una dualidad en que se les exigía que fueran independientes en relación con los Directores y, que al mismo tiempo, apoyaran estrechamente las acciones desarrollados por dichos Directores.

66. En cuanto a la supervisión de los proyectos por las Instituciones Cooperantes (IC), se realizó fundamentalmente siguiendo las normas y necesidades de cada una de ellas (el BID y el BCIE), sin tomar suficientemente en cuenta las necesidades particulares del FIDA. Los problemas de supervisión fueron especialmente agudos en el caso de PRODESBA, situación que contribuyó de manera importante a su cancelación anticipada. El funcionamiento deficiente de los sistemas de S&E y la comunicación imperfecta entre FIDA y las instituciones cooperantes, fueron factores que incidieron en la calidad de la supervisión. Otro factor importante fueron los recursos humanos empleados por las IC en la supervisión.

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