N° 19 - Julio de 2004

El paso a la agricultura orgánica: ¿una opción interesante para los pequeños agricultores?
La adopción de la agricultura orgánica entre los pequeños agricultores de América Latina y el Caribe

Si bien la definición de agricultura orgánica es objeto de acalorados debates, en general se concuerda en que su práctica comporta el uso de insumos biológicos en lugar de insumos químicos sintéticos. Las técnicas orgánicas comprenden la conservación del suelo, la rotación de cultivos y la utilización de abono verde, tecnologías de bajo costo, recursos locales y conocimientos tradicionales. Se ha realizado una evaluación temática sobre este tema para analizar la experiencia de siete asociaciones de pequeños agricultores, presentes en seis países de América Latina y el Caribe, que habían adoptado tecnologías agrícolas orgánicas y comercializado sus productos con éxito.

El descenso de los precios de los cultivos convencionales ha puesto en peligro la viabilidad económica de los pequeños agricultores de los países en desarrollo. Por otra parte, los productos obtenidos por medios orgánicos se venden a un precio considerablemente mayor y ofrecen una alternativa viable. La demanda de productos orgánicos ha crecido enormemente en todo el mundo, especialmente en la Unión Europea, los Estados Unidos y el Japón , y mucho más rápidamente que la de otros productos alimentarios. Las organizaciones no gubernamentales (ONG) de América Latina y el Caribe han propugnado la adopción de la agricultura orgánica entre los pequeños agricultores promoviendo el uso de recursos locales y de insumos no químicos y asesorando a las organizaciones de agricultores acerca de las técnicas de comercialización. Por lo que se refiere a los siete casos estudiados, hoy día los pequeños agricultores dominan la producción orgánica y representan la mayor parte de este tipo de productores. No cabe duda de que el FIDA necesita aprovechar el papel decisivo que los pequeños agricultores están desempeñando en la producción orgánica.

En la evaluación se pusieron de manifiesto las siguientes cuestiones fundamentales:

  • En el contexto de los proyectos encaminados a promover la agricultura orgánica es preciso ocuparse de las limitaciones a las que se enfrentan los pequeños agricultores, como son la seguridad de la tenencia de la tierra, la disponibilidad de mano de obra y los costos extraordinarios conexos (por ejemplo, los relativos a la certificación). Además, los agricultores necesitan recibir apoyo durante el período de transición, es decir, de dos a tres años desde el momento en que abandonan los métodos convencionales, ya que en esa fase su vulnerabilidad financiera es máxima.

  • Las organizaciones de agricultores prestan apoyo en materia de comercialización, ayudan a difundir nuevas tecnologías y supervisan la observancia de los métodos orgánicos de producción. A su vez, necesitan el respaldo de los donantes, las ONG y los organismos gubernamentales mediante, entre otras cosas, la financiación a corto plazo de los costos de certificación y la capacitación, especialmente a medida que los agricultores van pasando de los métodos convencionales a los orgánicos.

  • Hace falta fortalecer la capacidad de las asociaciones de agricultores para afrontar los problemas relacionados con la comercialización y negociar acuerdos a largo plazo con los compradores, tanto directa como indirectamente, a través de las asociaciones de comercialización y las empresas de elaboración.

  • Los actuales marcos jurídicos y normativos tienden a favorecer la agricultura convencional. Por tanto, en el marco de los proyectos que fomentan la agricultura orgánica, es necesario estimular a los gobiernos a crear un entorno normativo más propicio para que los pequeños agricultores adopten este tipo de agricultura.

El paso a la agricultura orgánica

Todo parece indicar que los pequeños agricultores de escasos recursos cuentan con una ventaja comparativa frente a los productores en gran escala, puesto que ya reúnen las condiciones adecuadas para dedicarse a la producción orgánica. De hecho, habida cuenta de sus limitaciones financieras, es más probable que esos agricultores adopten prácticas orgánicas a falta de otras alternativas: al no poder permitirse los costosos insumos químicos, muy probablemente disponen de suelos de mejor calidad. Ahora bien, para obtener resultados satisfactorios, es indispensable que se den algunas condiciones. Ante todo es imprescindible contar con una tenencia segura de la tierra: los agricultores no están dispuestos a invertir tiempo y esfuerzo en medidas de conservación que arrojan beneficios sólo a largo plazo si la tenencia de la tierra resulta insegura y de breve duración. Además, los propietarios de la tierra temen no poder desalojar a los arrendatarios una vez que éstos han logrado mejorar la calidad del suelo. Es preciso que los proyectos promuevan contratos de arrendamiento a largo plazo para los pequeños agricultores y estimulen a los terratenientes a respaldar métodos de agricultura orgánica y conservación de tierras en general. Entre otras cosas, la buena calidad del suelo permite a los agricultores conseguir y mantener con mayor facilidad los niveles de fertilidad utilizando técnicas orgánicas, con lo que resulta menos difícil cumplir los estrictos requisitos necesarios para obtener la certificación orgánica. La disponibilidad de mano de obra (familiar) es otro factor decisivo si se considera que la agricultura orgánica requiere gran abundancia de ésta (por ejemplo, para la eliminación manual de malezas).

Eficiencia colectiva

Las conclusiones de la evaluación indican que el éxito o fracaso de los pequeños agricultores de productos orgánicos depende de su capacidad de constituirse en organizaciones que permitan a los agricultores sacar provecho de las economías de escala mediante la comercialización colectiva. Además, los compradores están mucho más dispuestos a negociar con las asociaciones que con una plétora de agricultores particulares. Asimismo, esas organizaciones imparten capacitación sobre los principios de la producción orgánica y promueven la adopción de nuevas tecnologías entre los pequeños agricultores. También ayudan a vigilar el cumplimiento de las normas internacionales en materia de agricultura orgánica, reduciendo así los costos de certificación tanto para los miembros individuales como para los organismos de certificación, que de esta manera no deben realizar inspecciones de todos los agricultores sino solamente de una muestra de ellos. Si bien es imprescindible prestar apoyo a las organizaciones de agricultores, esta tarea dista mucho de ser fácil: la producción orgánica de los países en desarrollo a menudo se vende en el extranjero, donde el cumplimiento de las normas de calidad y la puntualidad de las entregas son fundamentales; los canales de exportación con frecuencia son complejos, y la certificación puede resultar costosa (en Guatemala, los agricultores pagaban el 1,5% sobre el precio del café que producían; en Costa Rica, el 4% sobre el precio del cacao y en la Argentina, el 4,4% sobre el precio de la caña de azúcar).

Comercialización de productos orgánicos

Según los cálculos, en 2000 se vendieron productos orgánicos en todo el mundo por un total de USD 19 700 millones; ahora bien, los precios pueden disminuir a medida que aumente la oferta o aparezcan nuevos consumidores que no deseen pagar precios muy elevados. Los productos orgánicos que más se exportan son los tradicionales procedentes de América Latina y el Caribe, como café, bananas, caña de azúcar y cacao, de los que no se dispone en los países industrializados. En la evaluación se señaló que los pequeños agricultores contaban con un nicho de mercado y desempeñaban un papel destacado en la producción orgánica en todos los países examinados, con excepción de la Argentina. En 2000, los pequeños agricultores representaban el 98,6% de todos los productores orgánicos de México, prácticamente la totalidad de los 5 000 productores orgánicos de Guatemala y cerca del 90% de los de la República Dominicana. Aun así, esos agricultores carecen de los conocimientos necesarios para la comercialización. Los compradores prefieren negociar con las asociaciones de agricultores, en las que las actividades de producción y entrega están bien coordinadas, en lugar de tratar con los agricultores particulares. Algunas asociaciones han estipulado contratos con empresas de comercialización o elaboración en la Argentina (caña de azúcar), la República Dominicana (bananas), Guatemala (café) y México (miel), las cuales venden luego esos productos a compradores extranjeros. En la Argentina y la República Dominicana, las asociaciones de agricultores y las empresas de comercialización mantienen sólidas relaciones basadas en la concertación de contratos que abarcan no sólo la comercialización sino también la provisión de asistencia técnica y crédito. Los resultados más satisfactorios se observaron en los casos en que se establecieron contactos directos con los compradores extranjeros, y los contratos a largo plazo garantizaron un mercado seguro y precios estables.

Fomento de cambios de políticas

Las políticas macroeconómicas, agrícolas y comerciales tienden a favorecer la mecanización y la utilización de sustancias químicas, subvencionando las importaciones de maquinaria e insumos agrícolas. Las políticas e instituciones gubernamentales dedicadas exclusivamente a la agricultura orgánica han desempeñado un papel secundario en la aparición de los productos orgánicos, en general, y en los buenos resultados obtenidos por los agricultores de productos orgánicos abarcados por los estudios de casos, en particular. Aunque esto podría sugerir que no son necesarias políticas e instituciones específicas, es importante apoyar su establecimiento, puesto que los países importadores, sobre todo los de la Unión Europea, cada vez exigen más que los productos orgánicos se obtengan y certifiquen conforme a normas comunes. Además, con leyes y reglamentaciones nacionales es posible reducir los costos de certificación que deben sufragar los pequeños agricultores, pues propician el establecimiento de empresas de certificación nacionales. Asimismo, el establecimiento de leyes e instituciones apropiadas brinda protección a los pequeños productores y exportadores de productos orgánicos en caso de problemas en los mercados extranjeros, y resultan indispensables para celebrar negociaciones internacionales con los gobiernos a fin de que abran el acceso a esos mercados.

 

Datos sobre el estudio de casos

Durante la evaluación se examinaron siete casos en la Argentina, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, México y la República Dominicana, en los que grupos de pequeños agricultores habían adoptado tecnologías orgánicas y comercializado sus productos con éxito. Se estudiaron los casos de más de 5 100 pequeños agricultores, cada uno de los cuales disponía de unas dos hectáreas de tierra. Los países en cuestión presentaban diferencias en cuanto a sus políticas sobre agricultura orgánica y el nivel de desarrollo alcanzado por las instituciones relacionadas con este tipo de agricultura. Además, los diversos productos (café, bananas, cacao, hortalizas, caña de azúcar y miel) planteaban una variedad de problemas técnicos y de comercialización. Tres casos trataron de organizaciones de agricultores que colaboraban con proyectos del FIDA y cuatro se refirieron a comunidades indígenas. Seis de los casos estudiados se centraron en productos orgánicos vendidos principalmente en la Unión Europea y los Estados Unidos, mientras que el caso de El Salvador comprendía productos vendidos en el propio país.

 


Información adicional

La adopción de la agricultura orgánica por parte de los pequeños agricultores de América Latina y el Caribe, Informe n.° 1337, abril de 2003; Oficina de Evaluación, Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola, Via Paolo Di Dono, 44, 00142 Roma (Italia).

Valid CSS! Valid XHTML 1.0 Transitional