Enabling poor rural people
to overcome poverty



Resumen ejecutivo

Introducción

Este estudio trata sobre la agricultura orgánica como una alternativa para promover la diversificación de la producción de los pequeños agricultores. La producción orgánica consiste básicamente en la sustitución de insumos químicos sintéticos por prácticas agronómicas, biológicas y mecánicas. La mayoría de las definiciones también incorpora la aplicación de tecnologías que no son exclusivas de la producción orgánica, dado que pueden ser empleadas por sistemas de producción convencionales o por otros sistemas que utilizan pocas cantidades de insumos pero no son orgánicos, en especial técnicas de mejor manejo de la tierra entre las que se cuentan la implementación de medidas de conservación de suelos, rotación de cultivos, aplicación de abonos verdes, y uso de métodos mecánicos en sustitución de la quema. Una importante diferenciación tiene que ver con la producción orgánica “certificada” y “no certificada”. Si bien una alta proporción de los pequeños productores rurales en países de América Latina y el Caribe no utiliza insumos químicos—y en ese sentido ya producen en forma orgánica—existe una tendencia creciente tanto en los países industrializados como en los países en desarrollo hacia la aprobación de leyes y normas que requieren que los productos sean certificados por parte de agencias especializadas para que puedan ser comercializados como “orgánicos”, “biológicos” o “naturales”.

Las principales cuestiones analizadas en el estudio fueron las siguientes: a) el impacto de la adopción de la producción orgánica en los sistemas productivos, los ingresos y la calidad de vida de los pequeños productores; b) los principales problemas tecnológicos a los que se enfrentaron esos pequeños productores y los costos de la transición hacia la producción orgánica; c) los problemas relacionados con la certificación de la producción orgánica y la manera en que los pequeños agricultores los resolvieron; d) el papel de las exportaciones y los mercados internos, así como de los contratos y otros acuerdos entre productores y compradores; y e) el rol de las políticas e instituciones públicas, de las organizaciones no gubernamentales (ONG), y de las instituciones de cooperación internacional en la resolución de los obstáculos enfrentados por los pequeños productores orgánicos.

El análisis de estas cuestiones se realizó en base a un estudio de casos de organizaciones de pequeños agricultores que tuvieron éxito en adoptar tecnologías de producción orgánica y en comercializar sus productos orgánicos. Los casos se localizaron en países de América Latina y el Caribe con políticas diversas hacia la agricultura orgánica y con grados diversos de desarrollo de las instituciones que se ocupan de este tema. Además, los casos incluyeron diferentes productos cuyas características específicas determinaron diferentes tipos de problemas y desafíos para los productores orgánicos. Los casos incluidos fueron los siguientes: a) México: producción de café en el Estado de Chiapas y de miel en la península de Yucatán; b) Costa Rica: producción de cacao y banana en el cantón de Talamanca, provincia de Limón; c) Guatemala: producción de café en el Departamento de Huehuetenango; d) Argentina: producción de azúcar de caña en la región de San Javier, provincia de Misiones; e) El Salvador: producción de hortalizas en la región de Las Pilas, departamento de Chalatenango; y f) República Dominicana: producción de banano en la provincia de Azua. En total se estudiaron doce organizaciones con unos 5 150 productores y cerca de 9 800 hectáreas de cultivos orgánicos. Todos los casos con la excepción de El Salvador—donde las hortalizas orgánicas se comercializaron en el mercado interno—involucraron productos certificados con destino a la exportación. Tres de los casos (México, Guatemala y El Salvador) comprendieron organizaciones de agricultores apoyadas por proyectos del FIDA, mientras que ocho de las doce organizaciones fueron de poblaciones indígenas.

Las conclusiones y lecciones principales del estudio fueron las siguientes.

Sobre el impacto de la producción orgánica en los pequeños agricultores

La adopción de métodos de producción orgánica tuvo consecuencias positivas en los ingresos de los pequeños agricultores en todos los casos estudiados. Mientras que los casos estudiados mostraron diferentes situaciones respecto a la evolución de costos de producción, rendimientos por hectárea y precios de los productos, en todos ellos los productores orgánicos obtuvieron mayores ingresos netos en comparación con su situación anterior. La sostenibilidad de estos efectos depende de varios factores, como la capacidad de mantener o aumentar los rendimientos por hectárea (lo que depende en parte del uso de abonos orgánicos que compensen la extracción de nutrientes realizada por los cultivos) y la futura evolución de los precios de los productos orgánicos.

La evolución de los costos de producción dependió de las características de los sistemas de producción utilizados anteriormente por los productores. Aquellos que habían aplicado sistemas de producción y tecnologías convencionales más cercanas a los sistemas y tecnologías orgánicas (café en México y Guatemala, cacao y banano en Costa Rica, banano en la República Dominicana, miel en México) experimentaron un aumento en los costos de producción debido a que debieron introducir mejoras en sus tecnologías. La mayor parte de las tecnologías introducidas fueron intensivas en el uso de mano de obra, y los productores utilizaron principalmente mano de obra familiar para cubrir la mayor demanda. Adicionalmente, los productores orgánicos enfrentaron nuevos costos por concepto de la certificación de la producción. Al contrario, aquellos productores que habían empleado insumos químicos antes de pasar a la producción orgánica (azúcar de caña en Argentina, hortalizas en El Salvador) lograron disminuir sus costos de producción, aun cuando enfrentaron mayores costos de mano de obra.

Respecto a los rendimientos, aquellos productores que habían igualmente utilizado anteriormente sistemas de producción más cercanos a lo orgánico experimentaron un rápido aumento en la producción por hectárea cuando pasaron a emplear métodos de producción orgánica. Al contrario, aquellos que habían aplicado insumos químicos obtuvieron rendimientos menores durante los primeros años de adopción. Algunos casos (miel en México, banano en la República Dominicana) no mostraron cambios significativos en los rendimientos. Mientras tanto, todos los productores orgánicos obtuvieron mayores precios por sus productos que los productores convencionales de características similares localizados en la misma región. Si bien los mayores precios se debieron en parte a la naturaleza orgánica de los productos, el tipo de relación que los productores establecieron con los compradores también resultó fundamental en los precios obtenidos, siendo mayores los precios cuando las organizaciones de productores establecieron relaciones de largo plazo con los compradores.

Resulta interesante que en todos los países donde fueron realizados los estudios de casos los pequeños agricultores tuvieron una participación dominante en la producción orgánica. En efecto, la gran mayoría de los productores orgánicos en esos países—y en la mayoría de los otros países de América Latina y el Caribe—son pequeños, y estos pequeños agricultores poseen la mayor parte de las áreas bajo producción orgánica, con la excepción de Argentina. Esta presencia dominante sugiere que los pequeños productores podrían tener ventajas comparativas para la agricultura orgánica. La gran mayoría de los pequeños productores en América Latina y el Caribe ya produce de una manera más o menos “orgánica”, no utilizando insumos químicos o haciéndolo en pequeñas cantidades, y realizando frecuentemente sus cultivos asociados a bosques naturales y combinándolos con otras especies. Así, la producción orgánica les resultó relativamente fácil, dado que consistió en mejorar en forma marginal las tecnologías que ya aplicaban. Adicionalmente, estos productores no experimentarán una mayor incidencia de plagas y enfermedades en sus cultivos cuando pasen a producir en forma orgánica. Al contrario de ellos, productores de mayor tamaño y más capitalizados, que utilizaban tecnologías basadas en insumos químicos, generalmente enfrentaron mayores dificultades al pasar a la producción orgánica debido a que precisaron aprender tecnologías bastante diferentes, y sus cultivos fueron inicialmente más afectados por plagas y enfermedades. Por último, las tecnologías de producción orgánica exigen inversiones relativamente bajas y son intensivas en el uso de mano de obra—precisamente el factor de producción de que más disponen los pequeños agricultores.

La producción orgánica tuvo también efectos positivos sobre la salud de los pequeños productores y de los asalariados rurales, así como en el medio ambiente. Esta afirmación, sin embargo, se basa en evidencia de tipo cualitativo, dado que no se realizaron mediciones que la sostengan en forma contundente, y a que fueron escasos los estudios de investigación disponibles en los países incluidos en el estudio. La mayoría de los pequeños productores orgánicos entrevistados argumentó que su preocupación por los posibles efectos de los insumos químicos sobre su salud y la de su familia había sido uno de los factores determinantes para adoptar métodos orgánicos de producción. Muchos de ellos ya utilizaban tecnologías amigables con el medio ambiente aun antes de certificar sus plantaciones como orgánicas, por ejemplo sembrando cultivos a la sombra de bosques naturales y empleando bajos niveles de insumos químicos, o incluso no utilizando estos insumos. Los pocos estudios identificados encontraron que estos sistemas habían ayudado a conservar los bosques naturales y la diversidad biológica, caracterizándose por un alto número de especies de árboles y aves. La producción orgánica trajo aparejada mejoras adicionales, como la aplicación de técnicas de conservación de suelos que los productores no habían utilizado anteriormente. Todo ello sugiere que se deberían realizar esfuerzos para obtener para los pequeños productores involucrados alguna forma de pago por los servicios ambientales implícitos en esos sistemas de producción.

No todos los pequeños agricultores tuvieron las mismas condiciones para adoptar la producción orgánica. Su éxito dependió en gran medida de sus características específicas, en especial las tecnologías y los sistemas de producción que habían aplicado anteriormente, el régimen de tenencia de la tierra y las características del productor y su familia. Como se mencionó anteriormente, los agricultores que ya producían utilizando prácticas más o menos orgánicas encontraron más fácil y menos costoso cumplir con los requisitos de certificación. Estos productores sólo tuvieron que introducir cambios menores en las tecnologías de producción y sus rendimientos por hectárea no disminuyeron como en aquellos que habían utilizado intensivamente insumos químicos. Adicionalmente, los pequeños productores con mayor disponibilidad de mano de obra familiar enfrentaron más fácilmente la mayor demanda de mano de obra de las técnicas de producción orgánica. Finalmente, aquellos con un régimen de tenencia de la tierra más estable pudieron invertir en medidas de conservación de suelos. Por el contrario, los agricultores que ya usaban insumos químicos de manera más o menos intensiva y que contaban con poca mano de obra familiar (un caso típico entre las productoras mujeres) y con una tenencia de la tierra poco estable enfrentaron muchas dificultades para adoptar la producción orgánica. Para incorporar a estos agricultores más pobres al entorno de la producción orgánica sería preciso adoptar medidas específicas para apoyar el período de transición y resolver los problemas de tenencia de la tierra.

La producción orgánica puede ser una alternativa interesante para proyectos dirigidos a pequeños productores. Sin embargo, no debería ser visualizada como una única alternativa, sino como una de las varias posibles para mejorar la producción y los ingresos de los pequeños productores. Asimismo, no debería visualizarse como una solución para los productores de café que sufren la crisis que ha caracterizado a ese producto por sus bajos precios en los últimos años. Varios especialistas han enfatizado que los sobreprecios que se pagan por los productos orgánicos pueden decrecer en el futuro, a medida que aumente la oferta y que nuevos consumidores menos dispuestos a pagar precios tan altos se vayan incorporando al mercado. Si las políticas y proyectos llevaran a un crecimiento muy rápido de la agricultura orgánica, los nuevos productores orgánicos podrían sufrir por precios decrecientes. Por lo tanto, los proyectos deberían promover la agricultura orgánica como una alternativa dentro de un menú de opciones, concentrándose en aquellos productores con mejores condiciones para tener éxito.

Sobre las limitaciones a las que se enfrentan los pequeños productores orgánicos

i) Tenencia de la tierra

La gran mayoría de los productores orgánicos exitosos fueron propietarios de la tierra que trabajaban, mientras que aquellos pequeños productores con tenencia insegura de la tierra parecen no haber podido incorporarse a la producción orgánica. El motivo principal para la exclusión de estos pequeños productores es la necesidad de implementar medidas de conservación de suelos—la inversión más importante requerida al adoptar la producción orgánica. Los retornos de las medidas de conservación de suelos se obtienen en el mediano y largo plazo, por lo que los productores no estuvieron dispuestos a implementarlas si no sabían el tiempo que permanecerían produciendo en la misma tierra. Además, aquellos que arrendaban la tierra debieron obtener el permiso del propietario para realizar las medidas de conservación—permiso que generalmente fue denegado debido al temor del propietario de que la implementación de esas mejoras hiciera más difícil desalojar al productor en el futuro. Como consecuencia, los proyectos que promueven la agricultura orgánica entre pequeños productores deberían concentrarse inicialmente en aquellos con formas estables de tenencia de la tierra, principalmente propietarios. Al mismo tiempo, deberían promover contratos de largo plazo entre los pequeños arrendatarios, así como cláusulas en los contratos que previeran compensaciones al término del mismo por el valor residual de las inversiones realizadas en mejoramiento de las tierras. En estos casos, deberían también apuntar a los propietarios de la tierra con acciones de promoción para que tomen consciencia de la importancia de las medidas de conservación de suelos y obtener su apoyo antes de promover la agricultura orgánica entre los arrendatarios.

ii) Cuestiones sobre la tecnología

Los productores orgánicos más exitosos fueron aquellos que ya aplicaban un sistema de producción caracterizado por tecnologías no basadas en insumos químicos—una situación frecuente entre los pequeños productores que no poseen recursos para pagar insumos costosos. Estos sistemas de producción son frecuentemente vistos en forma negativa por la baja productividad de los cultivos en comparación con los sistemas de monocultivo con alto uso de insumos. Sin embargo, tienen algunas grandes ventajas: a) pueden ser certificados como orgánicos luego de pequeños cambios o aun sin cambios en las prácticas de producción, volviéndose alternativas económicamente viables; b) pueden tener efectos positivos en la conservación del medio ambiente; c) los esfuerzos en capacitación y asistencia técnica serán probablemente significativamente menores que para productores con sistemas de producción más intensivos y diferentes al orgánico; d) el período de transición será menor y menos costoso, dado que los productores posiblemente no experimentarán caídas en los rendimientos que caracterizan a la suspensión de la aplicación de insumos químicos en los sistemas de producción intensivos en el uso de esos insumos. Por lo tanto, proyectos que se propongan promover a la agricultura orgánica entre pequeños productores deberían concentrarse en aquellos productores que ya están produciendo de manera más o menos “orgánica”.

Aunque los pequeños productores encontraron en general relativamente simples a las técnicas de producción orgánica, los servicios de extensión desempeñaron un papel importante en la resolución de algunos problemas técnicos. En primer lugar, los exportadores y las empresas de comercialización reconocen que los compradores de los países industrializados se han estado volviendo cada vez más exigentes en cuanto a la calidad de los productos orgánicos. En algunos de los casos estudiados, los productos incluso presentaron problemas de calidad que comprometieron el acceso a los mercados de exportación. Esto puede llevar en el futuro a consecuencias negativas sobre los pequeños productores, dado que algunas grandes empresas que realizaban contratos con pequeños agricultores comenzaron a establecer sus propias plantaciones orgánicas. En segundo lugar, una organización de pequeños productores orgánicos podría verse perjudicada en caso de que uno o más de sus miembros no cumpliera con las normas de producción orgánica, lo que provocaría pérdidas económicas en todos los miembros de la organización y de la confianza de los compradores. Por lo tanto, los servicios de extensión dirigidos a los pequeños productores orgánicos deberían concentrarse en mejorar la calidad de su producción y en controlar que todos ellos cumplan las normas de producción orgánica.

Mientras que universidades e instituciones de capacitación para especialistas agrícolas en la gran mayoría de los países de América Latina han estado incorporando a la agricultura orgánica en sus programas desde mediados de los noventa, los servicios de extensión generalmente tuvieron problemas para encontrar profesionales capacitados en agricultura orgánica—con la excepción del café, cultivo en el que un número sustancial de profesionales había recibido capacitación en servicio. De esta forma, la incorporación de cuestiones relativas a la producción orgánica por parte de la investigación y los programas de universidades e instituciones de capacitación resulta clave para generar una oferta de profesionales con los conocimientos adecuados. Como consecuencia, resulta esencial apoyar estos programas en caso de que no se hayan desarrollado aun y donde la oferta insuficiente de profesionales puede resultar una seria limitante para un proyecto trabajando con la agricultura orgánica.

iii) Financiamiento de la producción orgánica

Resulta sorprendente que la producción orgánica se desarrolló en todos los casos estudiados a pesar del limitado acceso de los productores a crédito formal. Además, las instituciones financieras de la mayoría de los países no reconocieron las diferencias entre la agricultura orgánica y la convencional. Eso quiere decir que tal vez estaban dispuestas a conceder créditos para un cultivo determinado, pero no diferenciaron entre el sistema convencional y orgánico, los que poseen características y necesidades financieras diferentes.

El pasaje a la producción orgánica no requirió inversiones significativas a nivel de finca, principalmente porque la producción dominante previamente era similar a la producción orgánica. Sin embargo, los productores requirieron de algún apoyo financiero. Las inversiones más importantes que los productores debieron realizar al pasar a la producción orgánica consistieron en la introducción de medidas de conservación de suelos. Si bien los pequeños productores usaron principalmente mano de obra familiar para realizarlas, en general debieron contratar algo de trabajo asalariado. Además, los productores orgánicos enfrentaron mayores costos de producción por la implementación de nuevas tareas manuales y el pago de los costos de certificación.

El período de transición—los primeros dos o tres años después que los productores comienzan a producir en forma orgánica—fue el más difícil para los productores orgánicos en términos de las necesidades de financiamiento. Durante ese período los productores debieron realizar las medidas de conservación de suelos y pagar por los costos de inspección sin poder obtener aún la certificación, por lo que en general no recibieron sobreprecios por sus productos. Por esto los pequeños productores se beneficiarían mucho de disponer de crédito de corto plazo para contratar mano de obra asalariada. Este tipo de crédito sería necesario especialmente para las mujeres, las que con frecuencia están solas y tienen menos recursos propios para contratar trabajadores. Adicionalmente, los proyectos podrían proveer subsidios para las inversiones en medidas de conservación de suelos y para cubrir los costos de inspecciones durante el período de transición.

Las principales inversiones fuera de las fincas requeridas por la producción orgánica fueron similares a las de la producción convencional, incluyendo infraestructura de empaque y almacenamiento para productos como café, cacao, hortalizas y banano. Debido a que estas inversiones son demasiado grandes para un productor individual, son realizadas generalmente por organizaciones de productores o empresas comercializadoras. Cuando las organizaciones de productores funcionaron bien, esas inversiones les permitieron capturar una proporción significativamente más alta del precio final de los productos orgánicos. Por lo tanto, los proyectos deberían poner a disposición recursos financieros para apoyar inversiones en infraestructura de empaque y almacenamiento de grupos de productores bien organizados y con perspectivas de éxito. Además, debería asegurarse financiamiento para que la organización pudiera comprar la producción de sus miembros.

Sobre el fortalecimiento de las organizaciones de agricultores

Las organizaciones desempeñaron un papel fundamental en la incorporación de los pequeños productores a la producción orgánica por diversas razones:

a) Hicieron posible aprovechar economías de escala en la comercialización de la producción, manejando volúmenes interesantes para los compradores. Estos compradores prefirieron negociar con organizaciones porque de esa forma redujeron los costos de transacción derivados de negociar y supervisar el cumplimiento de contratos.

b) Pudieron capacitar a un gran número de pequeños productores en los principios de la producción orgánica, así como promover entre ellos la adopción de nuevas tecnologías.

c) Consiguieron organizar un sistema de seguimiento o “sistema de control interno” para verificar que sus miembros cumplieran con las normas de producción orgánica. Cuando un sistema de control interno funcionó bien, los costos de certificación por productor se redujeron notablemente, dado que las certificadoras no realizaron inspecciones de todos los miembros de la organización, sino sólo de una muestra de ellos.

d) Lograron atraer a organismos gubernamentales y ONG para que ayudaran a la organización y a sus miembros a adoptar los cambios necesarios para iniciar con éxito la producción orgánica.

En base a lo anterior, los programas y proyectos que fomenten la producción orgánica entre pequeños agricultores deberían apoyar fuertemente a sus organizaciones. Esto no es tarea fácil, dado que la producción orgánica impondrá exigencias de organización importantes, incluyendo entre otras las siguientes: a) los productos orgánicos de los países en desarrollo tienen como principal destino la exportación, por lo que la organización deberá tratar con compradores más exigentes en cuanto a calidad y a puntualidad de las entregas; asimismo, la exportación exige una mejor organización logística y mayor coordinación; b) la certificación de la producción exigirá costosas inspecciones y otros gastos (especialmente durante el período de transición), el establecimiento y mantenimiento de un sistema de control interno, y una gran participación de las bases para evitar los casos de individuos aislados que no cumplen con las normas de producción orgánica. Por lo tanto, los proyectos que promuevan la agricultura orgánica entre pequeños agricultores deberían focalizarse en organizaciones que muestren una perspectiva razonable de éxito.

Los proyectos que trabajan con pequeños productores deberían centrarse en fortalecer organizaciones de productores que se dediquen a la comercialización de la producción, la difusión de tecnologías orgánicas entre sus miembros y la implementación de un sistema de control interno para verificar que los productores cumplen con las normas de producción orgánica. Los proyectos deberían apoyar fuertemente el período de transición hacia la certificación de la producción, subsidiando costos de certificación, la capacitación intensiva a los miembros de la asociación en las características de la producción orgánica, los mercados y los problemas del incumplimiento de las normas de producción, y la organización de un sistema de control interno eficaz y participativo.

Un sistema de control efectivo requerirá: a) fortalecer las habilidades de administración y organización de los productores a través de capacitación y asistencia técnica en esos temas; b) facilitar el acceso a algunos recursos materiales, sobre todo una computadora y programas informáticos para organizar la información y vehículos para realizar las inspecciones; c) capacitar en forma intensiva a todos los miembros de la organización desde los inicios del proceso para que comprendan los fundamentos de la producción orgánica y los riesgos derivados del incumplimiento de las normas. Los sistemas de control interno más eficaces y menos costosos no fueron los basados en un departamento técnico especializado dentro de la organización, sino aquellos en los que todos los miembros participaron activamente, y ellos mismos, a nivel de base, controlaron cualquier desviación de las normas de producción orgánica y decidieron las sanciones que debían imponerse.

Sobre la comercialización de la producción

La comercialización de los productos orgánicos en forma directa a través de organizaciones de productores que establecieron contactos directos con compradores resultó clave para que los productores obtuvieran mejores precios. Los contratos de largo plazo fueron los mejores porque proporcionaron un mercado seguro y precios más estables. El acceso al comercio justo también incrementó sustancialmente el precio final y redujo aun más la inestabilidad de precios.

Los contratos de pequeños productores con empresas comercializadoras y procesadoras de productos orgánicos les facilitó el acceso al mercado, a servicios de extensión, y en ocasiones a créditos, pero también tuvieron ciertas desventajas. Los productores se encontraron en general en una situación relativamente débil para negociar con las empresas debido a su insuficiente información y débil organización, lo que llevó a que obtuvieran precios relativamente bajos y a que aceptaran términos contractuales desventajosos. Adicionalmente, los esquemas de contrato entre pequeños productores y empresas comercializadoras pueden enfrentar diversos obstáculos, entre ellos los altos costos de monitorear el cumplimiento de los mismos y las normas de producción orgánica por los agricultores, y especialmente las dificultades de las empresas para apropiarse de los beneficios de sus esfuerzos debido al desvío de producción a otros compradores en momentos en que los precios resultan mayores que los establecidos en los contratos. A partir de estas consideraciones, empresas agroindustriales y comercializadoras podrían desempeñar un importante papel en la promoción de la producción orgánica, en particular a partir de su demanda por los productos orgánicos y la provisión de conocimientos tecnológicos hacia los productores y sus asociaciones, más que en esquemas de agricultura de contrato.

Si bien casi todos los casos en este estudio incluyeron productos orgánicos para exportación, los mercados internos de los países en desarrollo muestran buenas posibilidades de crecimiento para esos productos y probablemente sean una opción interesante para los pequeños agricultores, dado que su acceso es más fácil y suelen ser menos exigentes en calidad. Por lo tanto, los proyectos que promuevan la adopción de la agricultura orgánica por parte de pequeños productores podrían trabajar en un principio con productos para el mercado interno, sobre todo cuando existan posibilidades de vender los productos a supermercados y cadenas de alimentos preparados.

Sobre el papel de las políticas públicas

Los pequeños productores orgánicos y sus organizaciones frecuentemente aprovecharon el apoyo de programas y organismos gubernamentales, recibiendo recursos públicos y asistencia técnica para implementar los cambios necesarios para pasar a la producción orgánica. Sin embargo, casi ninguno de estos organismos, programas y proyectos se dirigieron específicamente a la producción orgánica. Las políticas e instituciones públicas específicas para la agricultura orgánica jugaron un papel marginal tanto en el surgimiento de la producción orgánica en los diversos países como en el éxito de los pequeños productores orgánicos en los casos estudiados en particular. Mientras que esta evidencia sugiere que no serían necesarias las políticas e instituciones específicas, resulta importante apoyar su desarrollo cuando no existan por varias razones:

a) Los países importadores de productos orgánicos (sobre todo de la Unión Europea) han venido exigiendo en los últimos años la creación por los países exportadores de leyes y organismos gubernamentales especializados en agricultura orgánica. Estas leyes e instituciones tienen por objeto asegurar a los países importadores que los productos orgánicos se producen y certifican de acuerdo a sus propias normas.

b) Leyes y organismos gubernamentales adecuados en el sector de la agricultura orgánica proveen protección a los productores y exportadores de los países en desarrollo en caso de conflictos con los compradores u otros tipos de problemas en los mercados externos. Además, resultan esenciales para establecer negociaciones internacionales con gobiernos a fin de que abran el acceso a sus mercados.

c) Los costos de certificación que deben enfrentar los agricultores deberían disminuir al existir leyes y normas nacionales que promueven el establecimiento de empresas de certificación nacionales.

d) De acuerdo a la experiencia de los países que han logrado mayores avances en establecer políticas e instituciones específicas para la agricultura orgánica, un programa dedicado a ese tema puede ser a la vez efectivo y de bajo costo. No necesitaría un presupuesto muy grande ni demasiado personal técnico para funcionar bien, sino ideas claras y una fuerte coordinación con otros organismos gubernamentales y actores del sector privado, a fin de aunar esfuerzos y evitar duplicaciones innecesarias.

Sobre el papel de las ONG

Las ONG desempeñaron un papel importante en el surgimiento de la agricultura orgánica en los diversos casos estudiados, por lo general como promotoras de modelos alternativos de producción entre agricultores basados en la utilización de los recursos locales en sustitución de insumos externos. Además, apoyaron a las organizaciones de pequeños productores en la adopción de métodos de producción orgánicos y en la comercialización de sus productos. Muchas de estas ONG tenían contactos con las organizaciones más importantes de comercio justo y de productos orgánicos, y contaban con conocimientos suficientes para asistir a los gobiernos en la redacción de normas y las negociaciones con otros gobiernos. Los proyectos que trabajan con la agricultura orgánica deberían apoyarse en su implementación en ONG con conocimientos y experiencia en la producción orgánica.