Período de sesiones del Consejo de Gobernadores en el 25º Aniversario del FIDA - Discurso pronunciado por Lennart Båge Presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA)
Roma, 19 de febrero de 2003

Hoy día, conmemoramos nuestro 25º Aniversario. Estamos orgullosos de las victorias que hemos alcanzado en la lucha contra el hambre y la pobreza y afanosos y anhelantes de conseguir más.
Nos mueve la íntima cólera que experimentamos al contemplar la grave violación de la dignidad humana y de los sueños de los seres humanos a que da lugar la persistente pobreza. Junto con todos ustedes, deseamos reforzar nuestra alianza y nuestro empeño común en erradicar la pobreza.
Agradezco al Presidente de la República Italiana, Excelentísimo Señor Carlo Azeglio Ciampi; al Secretario General, Excelentísimo Señor Kofi Annan, y a su Eminencia el Cardenal Sodano, Secretario de Estado de la Santa Sede, su presencia aquí hoy para expresar su firme solidaridad y su apoyo permanente a los pobres de las zonas rurales.
Deseo asimismo dar las gracias a los señores Jacques Diouf y James Morris por sus contribuciones de esta mañana y por colaborar tan estrechamente con nosotros para aplicar los puntos fuertes de los organismos de las Naciones Unidas con sede en Roma a los problemas mundiales del hambre y la pobreza.
Señor Presidente,
Señor Secretario General,
Excelentísimas Señoras,
Excelentísimos Señores,
Distinguidas Señoras Gobernadoras,
Distinguidos Señores Gobernadores,
Señoras y Señores:
Conmemoramos el 25º Aniversario del FIDA en un momento de gran inseguridad mundial. Les agradezco profundamente que hayan considerado prioritario acudir hoy a este lugar, en momentos de gran incertidumbre y riesgo de guerra.
Ahora bien, el hecho de que nos encontremos reunidos en esta sala no sólo es señal de nuestro compromiso hacia los pobres de las zonas rurales, sino de nuestro compromiso mutuo. Desde los inicios del FIDA, todos nosotros los países de la OPEP, los países de la OCDE y los países en desarrollo hemos aunado nuestros recursos y conocimientos para combatir el flagelo de la pobreza rural en todo el mundo.
A pesar de los progresos alcanzados, nuestra tarea sigue siendo inmensa. La pobreza sigue entre nosotros. Como han podido oír ustedes hoy, una de cada cinco personas vive en pobreza y desesperación extremas.
Es evidente que en los últimos 25 años no hemos conseguido eliminar la pobreza, mas no estoy desanimado, porque hemos conseguido éxitos en cuatro aspectos fundamentales que nos permitirán alcanzar en el futuro nuestras metas.
La lucha contra la pobreza es ahora una prioridad mundial
Las personas encargadas de adoptar decisiones en todo el mundo saben ya que las consecuencias de la pobreza las enfermedades epidémicas, las migraciones, la devastación del medio ambiente y los conflictos armados no respetan las fronteras nacionales. Nos afectan a todos nosotros, donde quiera que vivamos.
La prioridad atribuida ahora a la lucha contra la pobreza se pone de manifiesto en el compromiso asumido por la comunidad internacional respecto del objetivo de desarrollo del Milenio de reducir la pobreza extrema y el hambre en un 50% para 2015. Los países, las organizaciones de las Naciones Unidas, las organizaciones internacionales, las organizaciones no gubernamentales y otras muchas instancias se guían ahora por una misma luz: la de los objetivos de desarrollo del Milenio.
Se está reconociendo que el desarrollo rural es esencial para alcanzar los compromisos del milenio
El segundo terreno en que hemos tenido éxito es la conciencia mundial cada vez más acusada de que únicamente podremos alcanzar los objetivos de desarrollo del Milenio si combatimos la pobreza allá donde existe. Novecientos de los 1 200 millones de pobres que viven con menos de un dólar al día habitan en zonas rurales y dependen de la agricultura y de actividades conexas con ella para obtener sus medios de subsistencia. Gracias a los esfuerzos de ustedes y a los de nuestros asociados, estamos logrando que la pobreza rural sea una cuestión que preocupa a todo el mundo.
Esta conciencia es absolutamente fundamental porque la financiación para la agricultura y el desarrollo rural ha disminuido en un 50% en los 15 últimos años, a pesar de que la agricultura es en la mayoría de los países en desarrollo el principal sector para la obtención de ingresos y empleos y el motor fundamental del crecimiento económico.
Todos nosotros sabemos que la mayoría de los países que han disminuido a la mitad la pobreza en los 50 últimos años lo han hecho mediante un proceso de desarrollo que comenzó con el crecimiento de la productividad, la producción y los ingresos agrícolas. China y Corea del Sur son ejemplos de ello, pero hay otros muchos.
Ya hay signos de que estamos extrayendo las oportunas enseñanzas de la historia reciente y de que se ha invertido la disminución de las inversiones en el desarrollo rural. Tengamos en cuenta los compromisos mundiales asumidos por los dirigentes del planeta en la Conferencia sobre la Financiación para el Desarrollo celebrada en Monterrey en 2002. Tengamos igualmente presente que el desarrollo rural es el tema del próximo período de sesiones de alto nivel del Consejo Económico y Social. Recordemos que los países están utilizando el poder que representan los objetivos de desarrollo del Milenio para reforzar sus propios esfuerzos encaminados a combatir la pobreza rural.
Se están produciendo avances
Aunque el número de personas extremadamente pobres no ha variado en los 15 últimos años, el porcentaje de la población mundial que es pobre ha disminuido considerablemente. Centenares de millones de pobres de las zonas rurales han superado la pobreza. Jamás en toda la historia de la humanidad ha habido tantísimas personas que NO son pobres. Jamás en toda la historia de la humanidad tantísimos pobres han salido de la pobreza como en los 25 años últimos. Este logro es importante porque demuestra que es factible reducir a la mitad la pobreza en 25 años.
Sabemos mejor lo que hay que hacer
El cuarto y último logro que deseo subrayar hoy es el más profundo y el que más optimista me hace sentir. Cuando hemos obtenido buenos resultados ha sido porque hemos escuchado a los pobres de las zonas rurales. En nuestros 25 años hemos aprendido más acerca de cómo ganar la batalla contra la pobreza rural. Hoy día sabemos mucho más acerca de lo que funciona y de lo que no funciona. Lo que hacemos ahora se basa en decenios de experiencia y de práctica.
Señoras y Señores:
Hoy subrayaré una de las lecciones que hemos aprendido y que estamos compartiendo con nuestros asociados en todo el mundo y con otros que se están adhiriendo a la lucha contra la pobreza rural. Estas lecciones constituyen ahora la columna vertebral de las orientaciones estratégicas del FIDA y las estamos aplicando en algunas de las zonas más duras y más remotas del mundo.
Los pobres deben dirigir su propio desarrollo
Cuando escuchamos a los pobres, aprendimos que para reducir la pobreza es necesario cambiar las relaciones desiguales de poder a fin de que todo el mundo intervenga en las decisiones que influyen en sus vidas. En respuesta a ello, hemos colaborado con los pobres de las zonas rurales para reforzar sus organizaciones a fin de que pudieran hacer valer sus intereses propios. De este planteamiento debe formar parte el velar por que los pobres formen plenamente parte de la elaboración de las estrategias nacionales de reducción de la pobreza.
Aprendimos que, para que el cambio sea duradero, los pobres de las zonas rurales deben ser la fuerza motriz de su propio desarrollo. Únicamente cuando así sea, podremos establecer cimientos sólidos de una paz, estabilidad y un desarrollo sostenible a largo plazo.
Cuando los pobres adquieren autonomía, las comunidades son más resistentes y capaces de hacer frente al cambio, a las condiciones difíciles y a las catástrofes. Hace 50 años, en Asia cada sequía provocaba habitualmente hambre. Hoy día ya no es así, porque se ha fortalecido la capacidad institucional de respuesta, y las estructuras democráticas han dado a los pobres la posibilidad de hacer valer sus opiniones y propuestas.
Hoy día, en África, donde hay 38 millones de personas amenazadas por el hambre, vemos causas inmediatas como la sequía y las inundaciones. Ahora bien, sus causas estructurales están enraizadas en la debilidad de las instituciones y las infraestructuras y en la vulnerabilidad que la pobreza inflige. En África, el hambre exige nuestro apoyo urgente, pero también se debe prestar igual atención a las causas subyacentes.
El apremio de las necesidades planteadas en África es aún mayor a causa de la pandemia del VIH/SIDA que amenaza los cimientos mismos de las sociedades africanas. Hace 15 años, no se consideraba que el VIH/SIDA fuese un problema primordial, porque la tasa de infección era baja. Ahora, contemplamos las consecuencias devastadoras del tiempo que se ha perdido en ese continente, donde está desapareciendo toda una generación de agricultores. Mucho más que un problema de salud, su impacto social y económico en África es catastrófico.
Mientras actuamos en África, debemos ayudar a evitar que suceda lo mismo en otros lugares incorporando estrategias de prevención y lucha contra el VIH/SIDA en todos los proyectos que llevemos a cabo.
Estamos colaborando activamente con la Nueva Alianza para el Desarrollo de África (NEPAD) para hacer frente a las tareas del desarrollo rural que se plantean en el continente africano.
Los pobres de las zonas rurales ofrecen garantías a los bancos
A partir de nuestro apoyo al Banco Grameen de Bangladesh a finales del decenio de 1970, el FIDA ha ensayado y respaldado en todo el mundo programas de microfinanciación, gracias a los cuales grupos de personas pobres pueden contraer préstamos y ahorrar. Tomando préstamos de importe reducido, estas personas, sobre todo mujeres, mejoraron las explotaciones agrícolas, adquirieron semillas, ganado y equipo e iniciaron pequeñas empresas.
Habiendo alcanzado casi el 100% del reembolso de los préstamos, aprendimos que los pobres son empresarios eficaces, agentes impulsores del cambio, en lugar de objetos de caridad. Más adelante, nos basamos en nuestra experiencia para establecer sistemas enteros de financiación rural que permiten salir de la pobreza.
Tomemos nuestro programa en Tanzanía, en una región en la que el 90% de los habitantes de las zonas rurales son pobres. El programa crea instituciones de microfinanciación que son propiedad de los propios aldeanos, quienes las gestionan. Consolida la capacidad de esas instituciones para atender las necesidades de los pobres, crea un marco regulador y las vincula a los bancos comerciales. Además, ayuda a los aldeanos a aprender a utilizar prudentemente los servicios financieros. Creemos que el programa ayudará a más de 1 500 000 personas a transformar sus vidas.
Los pobres deben tener acceso a la tierra, el agua, la información y la tecnología
Los pobres de las zonas rurales, en particular las mujeres y las poblaciones indígenas, nos dijeron que la incertidumbre acerca de la tenencia de las tierras era un obstáculo capital para el desarrollo. En respuesta a ello, respaldamos los esfuerzos de los campesinos por alcanzar el derecho a cultivar sus tierras y dar carácter oficial a sus derechos tradicionales a utilizar los bosques, los pastos y demás recursos naturales.
También nos consagramos al acceso al agua. Puede que la escasez de agua sea el problema mundial cada vez más agudizado que amenaza los medios de sustento de los pobres, además de la paz y la seguridad. No basta con ejecutar grandes proyectos de regadío, que muchas veces ni siquiera son la mejor manera de atender los intereses de los pobres de las zonas rurales.
En el FIDA nos hemos centrado en pequeños proyectos concebidos y gestionados por asociaciones locales de usuarios del agua, que han mejorado la productividad agrícola, han reducido las enfermedades transmitidas por el agua y han aliviado, sobre todo entre las mujeres, jóvenes y niñas, la agotadora tarea de transportar agua a largas distancias a diario.
Los pobres nos dijeron que necesitaban información y una mejor tecnología agrícola. En respuesta a ello, respaldamos investigaciones sobre los tipos de cultivos y ganado de que dependen los campesinos pobres y ayudamos a desarrollar servicios de extensión agrícola que satisfagan sus verdaderas necesidades, sobre todo las de las mujeres. Aumentó la productividad agrícola.
Los pobres necesitan acceso a los mercados
En el último decenio, los países en desarrollo han aplicado reformas de largo alcance y han adoptado políticas orientadas al mercado. Atrapados en la transición económica y carentes de pericia y de activos, muchos pobres quedaron atrás. Nos dijeron que necesitaban acceso a los mercados: a vías de comunicación, a conocimientos especializados, a información y a poder para negociar con intermediarios comerciales más poderosos. Respondimos apoyando las asociaciones de agricultores e impartiendo formación y prestando servicios financieros, que les ayudaron a participar en las nuevas economías de mercado. A medida que se difundan la liberalización y la mundialización, se ofrecerán más oportunidades a los pobres de las zonas rurales. Ahora bien, ¿ podrán ellos aprovecharlas?
Como las subvenciones y las restricciones del comercio distorsionan los mercados y los precios agrícolas, los productores agrícolas no se beneficiarán plenamente de sus inversiones y no podrán sostenerlas. Abordar la agricultura desde el punto de vista del desarrollo en la Ronda de Doha de negociaciones comerciales acaso sea la medida más importante que podemos adoptar para conseguir generalizar la reducción de la pobreza.
Las mujeres son agentes impulsores del cambio
Los pobres de las zonas rurales nos enseñaron al cabo de poco las funciones que las mujeres desempeñan en la economía rural. Las mujeres producen y preparan la mayoría de los alimentos, generan ingresos, buscan combustible, acarrean agua y se ocupan de sus familias. Son las arquitectas de la seguridad alimentaria de las familias, a pesar de lo cual muchas veces son las últimas de la fila: vulnerables a la pobreza, la malnutrición, las enfermedades y la desesperación.
Aproximadamente el 70% de las personas extremadamente pobres del mundo son mujeres. En los países en desarrollo, ellas poseen menos del 2% de las tierras y sólo reciben el 5% de los servicios de extensión. A pesar de su importante papel en la agricultura, las mujeres africanas reciben menos del 10% de los créditos oficiales disponibles para pequeños campesinos y apenas el 1% del crédito total destinado al sector agrícola.
Pues bien, nuestra experiencia en el FIDA ha demostrado que, gracias a modalidades específicas de apoyo, ellas pueden convertirse en agentes impulsores del cambio, que acaban por transformar sus vidas y la de sus familias, así como sus comunidades. Lo que necesitan son cosas que la mayoría de nosotros damos por descontadas: apoyo mutuo, capacitación, la posibilidad de participar en la adopción de decisiones y acceso a créditos. Buena parte de ello se obtiene en los grupos de autoayuda.
Es necesario prestar especial atención a las poblaciones indígenas
El FIDA colabora con las poblaciones indígenas desde sus comienzos, sencillamente porque la mayoría de los 300 millones de indígenas de la tierra viven en zonas rurales y son pobres. Nuestra labor con ellos nos ha enseñado mucho: la importancia de la tenencia segura de las tierras, el valor que tiene respetar y alimentar la diversidad, la necesidad de planteamientos participativos y la necesidad asimismo de invertir durante períodos largos para alcanzar resultados.
La población rural pobre impulsa el crecimiento económico
El desarrollo de muchos países industrializados se puso en marcha gracias al crecimiento de la productividad, los ingresos y los excedentes en las zonas RURALES.
Nuestra labor nos ha enseñado que la reducción de la pobreza rural no debería concebirse únicamente como un objetivo de carácter humanitario. En la mayoría de los países de bajos ingresos, la población rural pobre conforma la minoría más importante y con frecuencia la mayor parte de la población. Si se incrementa la productividad y se moviliza el potencial de los productores rurales pobres, se les dará la posibilidad de aumentar sus ingresos y se generarán excedentes de alimentos para los habitantes de las zonas urbanas.
Los grupos en mejor situación de los sectores relativamente avanzados suelen gozar de acceso a las instituciones, los activos productivos y los servicios financieros, técnicos y de otra índole. Si se logra que la porción rural y más pobre de la economía sea más productiva, esos productores con mayores recursos podrán aprovechar el incremento de la producción rural y adquirir poder a fin de mejorar su propia producción. El desarrollo rural y el progreso urbano podrán a continuación aunarse en un ciclo virtuoso que lleve la economía hasta una trayectoria de mayor crecimiento. En cambio, el estancamiento de la economía no sólo afianzará aún más la pobreza, sino que sofocará el crecimiento de toda la economía.
Si África debe crecer un 7% para alcanzar las metas de los objetivos de desarrollo del Milenio, breve parte de ese crecimiento deberá proceder de la economía rural.
Detengámonos un momento a examinar el impacto de las inversiones del FIDA. En los últimos 25 años, el Fondo ha aportado más de 8 000 millones de dólares estadounidenses para financiar programas de desarrollo rural que han movilizado un volumen total de inversiones superior a 22 000 millones de dólares estadounidenses. Esto se logró gracias a las contribuciones adicionales obtenidas de cofinanciadores externos y de los gobiernos e instituciones de los países receptores.
De esta manera, cada dólar aportado por el FIDA generó casi dos dólares más para los pobres de las zonas rurales. En la actualidad, el FIDA financia cada año proyectos y programas valorados en alrededor de 1 000 millones de dólares estadounidenses. Estos proyectos prestan apoyo a 10 millones más de personas pobres de las zonas rurales cada año, es decir más de 200 millones de personas desde que el FIDA inició sus actividades.
Esos 10 millones de personas son únicamente los beneficiarios directos. Sabemos que nuestras inversiones en el desarrollo rural no sólo ayudan a la población rural pobre, sino también a la sociedad en conjunto. Cuando reflexionamos sobre las inversiones que realiza el FIDA en la esfera del desarrollo rural, es fundamental tener en cuenta los efectos catalíticos que se producen en las economías de los países en desarrollo y la manera en que la reducción de la pobreza mejora la calidad de vida de las personas tanto ricas como pobres, al estimular la estabilidad y aumentar la seguridad.
La lucha contra la pobreza protege el medio ambiente
A menudo, las personas pobres del medio rural son las primeras víctimas de la degradación del medio ambiente. Cuando buscan desesperadamente alimentos e ingresos, no tienen más alternativa que ejercer presión sobre las tierras y los recursos de los que dependen para sobrevivir. La degradación consiguiente agrava a la larga la pobreza, pues destruye la base de sus medios de subsistencia.
Ahora bien, nuestra experiencia con la población rural pobre demuestra que, si se cuenta con inversiones adecuadas, esas personas pueden invertir los daños medioambientales y aumentar con creces la productividad agrícola, en especial si se les alienta a aplicar métodos tradicionales.
Un acceso más seguro a la tierra, la tecnología y los servicios financieros, más la oportunidad de organizarse, son más eficaces, permite a los agricultores romper el vínculo entre la pobreza y la degradación del medio ambiente, lo cual repercute en todo el planeta, pues la población rural pobre a menudo desempeña una función de custodia de los recursos naturales del mundo.
En el FIDA aplicamos ampliamente todas estas enseñanzas y compartimos nuestros conocimientos y los resultados son alentadores. Los pobres están aprovechando el crédito y los métodos técnicos mejorados para incrementar su productividad y sus ingresos y para proteger los recursos naturales de que dependen. Al mismo tiempo, adquieren mayor confianza, dignidad, respeto por sí mismos y fortaleza.
Durante una visita que realicé en noviembre al Proyecto de Crédito Rural en Maharashtra, en la India, pude comprobar por mí mismo cómo unas mujeres extremadamente pobres habían incrementado sus ingresos y mejorado su posición dentro de sus comunidades. Quedé impresionado por la confianza que tienen en sus propios medios y su capacidad para compartir sus opiniones y negociar con las autoridades públicas y otros funcionarios.
Las mujeres me dijeron que la participación en los grupos de autoayuda había cambiado sus vidas. Una de ellas me dijo: Ya no estoy sola.
Otra me afirmó: Ahora me atrevo a ir al banco y pedir un préstamo.
Una tercera explicó que cuando se golpea a una de nosotras, vamos en grupo a hablar con su marido, todas juntas.
En Maharashtra, pude observar personalmente lo que había señalado el examen externo oficial: Hay claras señales de que el FIDA ha hecho contribuciones, directas e indirectas, hacia la consecución de los objetivos de desarrollo del Milenio consistentes en erradicar la pobreza extrema y el hambre, promover la igualdad entre el hombre y la mujer y la autonomía de la mujer, y garantizar la sostenibilidad del medio ambiente.
Señor Presidente:
En los últimos dos años hemos venido fortaleciendo al FIDA para que actúe con sensibilidad aún mayor en favor de las necesidades de la población rural pobre. El año pasado elaboramos un marco estratégico general que orientará la labor del FIDA en los próximos tres años. Posteriormente, ajustamos nuestras estrategias regionales. Ahora, trabajamos para que nuestros recursos sean asignados de manera que podamos lograr nuestros objetivos.
Somos profundamente conscientes de que los recursos que se nos confían están destinados a ayudar a la población rural pobre. En el último decenio, el presupuesto administrativo del FIDA se ha reducido o mantenido a un nivel de crecimiento real nulo, mientras que en ese mismo período nuestro programa de labores ha crecido en casi una tercera parte.
Estamos determinados a mejorar aún más nuestra eficiencia, y para ello nos valemos de la tecnología de la información, con miras a fortalecer la gestión de nuestros recursos humanos y financieros así como nuestra administración. Asimismo, nuestra eficacia se ve fortalecida por el establecimiento de asociaciones más sólidas con otros organismos que se ocupan de fomentar el desarrollo.
Por ejemplo, la colaboración con nuestros organismos hermanos de las Naciones Unidas con sede en Roma es más fructífera que nunca. Esos organismos son además nuestros asociados en el Mecanismo Mundial y en la Coalición Internacional para el Acceso a la Tierra, que el FIDA se enorgullece en acoger.
También hemos reforzado nuestra colaboración con otras organizaciones de las Naciones Unidas, el Banco Mundial y otras instituciones financieras internacionales. Nuestra colaboración con el Banco Mundial, que data de hace largo tiempo, se ha afianzado aún más en el último año gracias a la labor realizada conjuntamente para ampliar diversos programas de lucha contra la pobreza rural en determinados países. Con el Banco Interamericano de Desarrollo estamos forjando una nueva asociación para erradicar la pobreza rural en América Latina, que contará también con la participación de otros organismos bilaterales y multilaterales que trabajan en esa región.
Las asociaciones con organizaciones de la sociedad civil son desde hace mucho un elemento esencial en el FIDA. Hemos unido nuestras fuerzas desde el nivel local hasta el nivel mundial para contribuir a potenciar la capacidad de acción de los pobres. En efecto, casi todos nuestros programas conllevan la participación directa de organizaciones no gubernamentales e instituciones de la sociedad civil como asociados fundamentales.
La colaboración que desde hace muchos años nos une a la sociedad civil se ve complementada por una creciente cooperación con entidades del sector privado. La tarea que tenemos planteada consiste en promover condiciones atractivas para que el sector privado invierta en iniciativas encaminadas a aumentar la productividad de las regiones y poblaciones pobres.
Señor Presidente:
Me complace informarle de que los Estados Miembros del Fondo han ultimado
con éxito las negociaciones para la Sexta Reposición. En
el informe de la Consulta se establecen las directrices sobre las cuestiones
de políticas más importantes, como el sistema de asignación
basado en los resultados, la presencia sobre el terreno, la medición
de los resultados y el impacto, una función de evaluación
más independiente y una evaluación externa independiente
del FIDA. El informe, junto con la resolución sobre la Reposición,
se han presentado a este Consejo para su aprobación. El nivel convenido
para la Sexta Reposición es considerablemente superior al de la
Reposición anterior, ya que muchos países de todas las partes
del mundo han aumentado significativamente sus contribuciones.
Les agradezco la confianza que han depositado en nosotros.
Considero que este resultado es un primer paso del FIDA hacia el cumplimiento de las promesas formuladas ante la Conferencia sobre la Financiación para el Desarrollo celebrada el año pasado, de incrementar la asistencia para el desarrollo e invertir más en el desarrollo rural y la erradicación de la pobreza rural.
Con este Consejo de Gobernadores, estoy por finalizar dos años como Presidente del FIDA. Han sido años arduos, pero sumamente enriquecedores y satisfactorios, y en muchos aspectos es mérito del personal del FIDA, cuya dedicación hacia la erradicación de la pobreza rural es en verdad ejemplar. Su duro trabajo es nuestro principal activo.
Quisiera presentarles al miembro más reciente del equipo del personal directivo superior del FIDA, la nueva Presidenta Adjunta encargada de Finanzas y Administración, la Señora Ana Knopf, de El Salvador. La Sra. Knopf posee una destacada experiencia en el Banco Interamericano de Desarrollo y es un gran placer para mí darle la bienvenida al FIDA.
Señor Presidente:
Nuestra tarea consiste en dar a los pobres de las zonas rurales la oportunidad de salir de la pobreza. Nunca he entendido tan cabalmente el significado de nuestra misión como el día en que, el año pasado, dos adolescentes de la comunidad maya de la península del Yucatán me entrevistaron para un programa de radio.
Fuertemente arraigados en su comunidad y su historia propias, tenían grandes aspiraciones. Deseaban influir en las personas que adoptan las decisiones en todo el mundo. Tenían claros objetivos para el futuro, y me dijeron que de esa manera llegarían hasta ellos.
¡Qué gran privilegio es apoyarlos!
Gracias a todos por su apoyo y por su colaboración durante este
año.