Enabling poor rural people
to overcome poverty



Consejo de Gobernadores del FIDA
27º período de sesiones

Roma, 18 de febrero de 2004

Señor Presidente,
Distinguidas Gobernadoras, Distinguidos Gobernadores,
Señoras y señores:

Permítanme darles la más cordial bienvenida a Roma y a este 27º período de sesiones del Consejo de Gobernadores.

Es un honor para nosotros contar con la presencia del Presidente de Burkina Faso, el Excmo. Sr. Blaise Compaoré, quien gracias a la prudencia y audacia demostradas en la dirección de su país se ha convertido en uno de los portavoces más elocuentes del punto de vista africano, especialmente por lo que se refiere al comercio internacional.

Como siempre, es un placer dar la bienvenida a los colegas de nuestras organizaciones hermanas en Roma, Jacques Diouf, Director General de la FAO, y Jean-Jacques Graisse, Director Ejecutivo Adjunto del PMA. Su presencia aquí nos recuerda la gran complementariedad y la estrecha y creciente colaboración existente entre nuestros tres organismos.

Señor Presidente:

El año que acaba de terminar se ha caracterizado por las notables turbulencias en los asuntos internacionales pero, también, por una mayor toma de conciencia de los problemas de fondo que desencadenan los conflictos y el terrorismo. No cabe duda de que en una situación de pobreza generalizada, en la que cientos de millones de personas están atrapadas en un ciclo de privaciones,

Lennart Båge Presidente del FIDAhambre y vulnerabilidad, es imposible instaurar un orden internacional estable y pacífico. La pobreza a tal escala es una cuestión de seguridad tanto como de humanidad.

La Cumbre del Milenio y los objetivos de desarrollo del Milenio han motivado a la mayoría de las organizaciones dedicadas al desarrollo a adoptar la reducción de la pobreza como uno de sus principales objetivos. Pero, aun así, pocas de ellas dan prioridad a las zonas rurales, donde vive la mayoría de los pobres. De los 1 200 millones de personas en condiciones de pobreza extrema en todo el mundo, 900 millones viven en zonas rurales y son pequeños agricultores, pastores, trabajadores sin tierras, pueblos indígenas y otras personas cuya subsistencia depende de la agricultura y actividades conexas. Un alto porcentaje de estas personas son mujeres y niñas. Para alcanzar los objetivos de desarrollo del Milenio, habrá que acelerar marcadamente el ritmo del desarrollo rural. En la mayoría de los países de bajos ingresos, esto significa conseguir que el sector de la agricultura en pequeña escala sea más productivo y dinámico.

El FIDA es una de las pocas instituciones de desarrollo centrada explícitamente en la pobreza rural y, más concretamente, en ayudar a los productores a elevar su productividad e ingresos y encontrar la manera de salir de la pobreza. En el sector rural de muchos países de bajos ingresos, el Fondo es una importante fuente de financiación, y en algunos países, especialmente del África subsahariana, es la principal fuente de apoyo multilateral para el desarrollo agrícola y rural.

Así pues, si bien es cierto que la mayoría de las organizaciones de desarrollo ahora se concentra en la pobreza, lo hacen de manera diferente y complementaria. El objetivo del FIDA de ayudar a los pobres de las zonas rurales a aumentar su productividad y mejorar su rendimiento está en buena armonía con el de las instituciones financieras internacionales de mayores dimensiones y las demás organizaciones de las Naciones Unidas que prestan apoyo en las esferas de la infraestructura, la salud, la educación y la creación de capacidad.

Señor Presidente:

Hoy en día, se reconoce cada vez más la importancia del desarrollo rural y la agricultura para alcanzar los objetivos de desarrollo del Milenio. El Grupo de los Ocho, en la cumbre celebrada el año pasado, hizo hincapié en que era necesario aumentar la inversión productiva en el desarrollo rural y agrícola. Países como el Canadá están aumentando el apoyo que prestan al desarrollo agrícola y rural, mientras que, por su parte, los países en desarrollo están renovando su interés por la agricultura y el sector rural. En su última cumbre, la Unión Africana se comprometió a aumentar al 10 por ciento las asignaciones presupuestarias dedicadas a la agricultura. La Nueva Alianza para el Desarrollo de África (NEPAD) está otorgando especial prioridad a la agricultura, y el FIDA está colaborando estrechamente con la NEPAD para apoyarla en su empeño de fomentar el desarrollo rural en África.

Por primera vez en la historia del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, la serie de sesiones de alto nivel celebrada el año pasado estuvo dedicada al tema del desarrollo rural. En la sesión de apertura de dicho período de sesiones, el Secretario General, Sr. Kofi Annan, destacó la nueva alianza mundial a favor del desarrollo e hizo hincapié en que “todo esto sólo puede conseguirse si existe un compromiso auténtico de conseguir que el desarrollo rural vuelva a ser uno de los temas centrales del programa de desarrollo”.

Según ha ido aumentado el reconocimiento de la importancia fundamental de la pobreza rural, la atención se ha ido concentrando en la manera de fomentar las condiciones para que los pequeños agricultores aumenten su productividad y rendimiento. Llevamos más de 40 años acumulando experiencia en la promoción del desarrollo, y tal vez la enseñanza más importante extraída es que debemos escuchar a los pobres y que son ellos quienes deben dirigir su propio desarrollo.

Para conseguirlo, necesitan tener un acceso seguro a la tierra y el agua, así como a otros bienes, una tecnología más productiva y sostenible, mercados accesibles y eficaces e instituciones que les apoyen. Y, lo que es más importante, deben ser capaces de organizarse y adquirir mayor protagonismo en la adopción local y nacional de decisiones.
El mundo al que se enfrentan los pobres está en evolución: ofrece nuevas posibilidades pero también plantea nuevos riesgos. Muchos países en desarrollo han adoptado reformas de gran envergadura que hacen que las decisiones sobre inversiones y los precios estén determinados por factores comerciales más que por los gobiernos o las instituciones públicas. Es más, tal como se indica en el documento de referencia del debate de expertos del Consejo de Gobernadores sobre “Comercio y desarrollo rural”, los mercados locales y nacionales cada vez están más vinculados a los mercados mundiales.

Sólo hay que ver lo que ha ocurrido en los últimos años con los precios del café y el cacao y las consecuencias que esto ha acarreado a los agricultores pobres de América Latina y África. Pensemos en el algodón. Acabamos de escuchar las elocuentes y emotivas palabras del Presidente Compaoré al describir las graves consecuencias de los subsidios en los agricultores pobres dedicados al cultivo del algodón en Burkina Faso y otros países africanos.

Todos nosotros hemos depositado grandes esperanzas en la Ronda de Desarrollo de Doha, uno de cuyos principales objetivos es crear unas condiciones equitativas para los países en desarrollo, abordando las restricciones comerciales y los subsidios a los productos agrícolas.

Es fundamental que la Ronda de Doha llegue a buen término para que se abran nuevas oportunidades comerciales a los pequeños agricultores. Pero, tal y como se destaca en el documento del debate de expertos, los agricultores pobres sólo se beneficiarán de estas oportunidades si aumentan la producción y consiguen que sus productos ocupen un lugar más alto en la cadena de valor, recurriendo a la elaboración, el embalaje y el empaquetado, el etiquetado, el control de calidad y una comercialización mejor. A la comunidad dedicada al desarrollo se le plantean dos problemas básicos.

El primero de ellos, es financiar programas que ayuden directamente a los grupos pobres del medio rural a elevar la productividad y establecer una relación eficaz con los agentes comerciales a fin de disfrutar plenamente de los beneficios de una producción mayor. El segundo se refiere a aprovechar los conocimientos e ideas que estas personas hayan ido adquiriendo para activar cambios institucionales y normativos más amplios que permitan incorporar la reducción de la pobreza como aspecto destacado en las economías de mercado actuales. En otras palabras, para reducir la pobreza rápidamente es preciso complementar una base bien arraigada a nivel local con planteamientos generales eficaces.
Ésta es la dificultad que el FIDA hará todo lo posible por resolver.

Señor Presidente:

En los últimos tres años hemos promovido iniciativas importantes para mejorar tanto el contexto de la política estratégica de las intervenciones del Fondo como nuestros sistemas internos, con miras a conseguir el mayor impacto de la manera más rentable posible. Mediante el Marco Estratégico, las estrategias regionales y los COSOP, además de los planes de acción de las Reposiciones Quinta y Sexta, el Fondo ha fortalecido sus planteamientos estratégicos para erradicar la pobreza. Estos instrumentos nos han permitido también entablar un diálogo sobre la reducción de la pobreza.

El año pasado, el FIDA concedió préstamos y donaciones por una cantidad aproximada de USD 435 millones. Estas intervenciones beneficiarán directamente a cerca de 10 millones de mujeres y hombres pobres, muchos de ellos en el África subsahariana, que sigue siendo la zona donde la reducción de la pobreza plantea más dificultades. Desearíamos que, en los próximos años, el nivel de préstamos del Fondo aumentara notablemente para poder abarcar a un número mucho mayor de pobres de las zonas rurales. Esto nos permitiría utilizar plenamente la capacidad del FIDA para elaborar intervenciones innovadoras que respalden los esfuerzos que los Estados Miembros están haciendo para erradicar la pobreza.

Durante una visita que realicé a Etiopía el año pasado pude comprobar con mis propios ojos cómo estos proyectos podían cambiar la vida de la gente. Gracias al Programa Especial a Nivel Nacional, agricultores como Kenem Demisse, de la región de Oromia, producen tres cosechas al año. Ahora, en lugar de cultivar sólo maíz, también produce pimientos, tomates, frijoles y otras hortalizas para el consumo de su familia y la venta en los mercados locales, con lo que ha acumulado algunos ingresos en efectivo para mejorar su casa, comprar fertilizantes y semillas y pagar los gastos de escolarización y atención sanitaria.

Otra innovación importante ha sido la recogida de aguas de los manantiales de montaña para proporcionar agua potable a aldeas como la de Offa, en la región meridional. Antes de eso, las aldeanas, como Almaz Konse, tenían que desplazarse varios kilómetros para ir a buscar agua y ésta ni siquiera era potable. Ahora, dispone de agua no contaminada y salubre en su propia aldea, lo que ha supuesto una auténtica revolución en su vida.

El Proyecto de Desarrollo de las Comunidades de Pastores, en Etiopía, aprobado el año pasado, aprovecha los esfuerzos desplegados anteriormente para ayudar a los pequeños productores a diversificar su producción. Gracias a esta nueva intervención, 450 000 hogares de pastores pobres tendrán la posibilidad de producir cultivos y realizar actividades no
agrícolas, además de la cría de ganado. Este proyecto, elaborado junto con la Asociación Internacional de Fomento (AIF), está situado en cuatro regiones donde las sequías frecuentes y graves han agotado los recursos ganaderos, y la falta de servicios sociales y económicos ha deteriorado la salud y la productividad.

El proyecto se basa totalmente en la demanda de los beneficiarios: éstos se encargan de elegir las inversiones que desean que se realicen y las actividades económicas que van a sacar adelante. Por desgracia, las sequías y las catástrofes son una constante en la vida de la población pobre de esta zona. Un rasgo importante del nuevo proyecto es un sistema de alerta rápida acompañado de un plan para imprevistos en caso de catástrofe, que permitirá actuar rápidamente utilizando los fondos del proyecto y, tal vez lo que es más importante, otras fuentes de socorro de emergencia cuando nuevas sequías se abatan sobre ellos.

Las zonas con escasos recursos donde vive la mayoría de los agricultores y pastores pobres están muy expuestas al riesgo de desertificación y degradación de la tierra. La amplia experiencia del Fondo en apoyo de programas para la reducción sostenible de la pobreza en dichas zonas tuvo como consecuencia que se le eligiera para albergar al Mecanismo Mundial de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación. Hoy en día, el FIDA también es un organismo de ejecución del Fondo para el Medio Ambiente Mundial, lo que refuerza su papel en la lucha contra la degradación de las tierras. El FIDA y los demás miembros del Comité de Facilitación, entre otros el Banco Mundial, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y los bancos regionales de desarrollo, han ayudado al Mecanismo Mundial a elaborar un ambicioso plan de actividades, con el objetivo de ayudar a los Estados Miembros a preparar planes de acción para luchar contra la desertificación y movilizar los recursos necesarios para poner en práctica dichos planes.
En muchas zonas rurales, las malas carreteras y los mercados deficientes siguen siendo un gran problema; además, la inexistencia de mercados vecinos y la dificultad de acceder a los mercados nacionales o extranjeros influyen considerablemente en los ingresos que reciben los agricultores. Cuando visité Ghana pude ver los efectos de esta situación. Los agricultores pobres que utilizaban variedades mejoradas habían aumentado la producción de mandioca en un 60%, pero los mercados locales no habían podido absorber ese aumento de la producción, con lo que los precios se habían desplomado, privando a esos agricultores de la mayor parte de los beneficios de su arduo trabajo.

En consecuencia, el punto de partida es aumentar la producción, pero es igualmente importante que haya mercados accesibles y eficientes que tiendan un puente a los pobres para que puedan salir de la pobreza.

Tomemos por ejemplo un programa para Guatemala aprobado el año pasado, el Programa Nacional de Desarrollo Rural. El objetivo central del programa es potenciar la capacidad de acción de los agricultores y trabajadores sin tierra pobres —muchos de ellos indígenas, que a menudo constituyen un grupo olvidado de entre los pobres—, creando las condiciones adecuadas para que aumenten la productividad y se integren en la corriente principal del desarrollo nacional. Con dicha intervención se ayudará a los pequeños agricultores y a otros productores rurales a establecer vínculos con empresas de elaboración de productos agrícolas, mayoristas y otros agentes comerciales, lo que les permitirá acceder a los mercados nacionales e incluso extranjeros.

Gracias a este programa y a intervenciones parecidas que reciben el apoyo del FIDA en El Salvador, Honduras y Nicaragua, estamos haciéndonos una idea clara de la idoneidad del marco normativo. Sobre la base de esto, se entablará un diálogo con el Ministerio de
Agricultura de Guatemala para ayudar a dar forma a políticas e instituciones eficaces que favorezcan el desarrollo rural y la reducción de la pobreza y apoyar la estrategia de descentralización del Gobierno.

Señor Presidente:

Según nuestra experiencia, cuanto más sólidamente se apoya el diálogo sobre políticas en la experiencia operacional acumulada sobre el terreno, más eficaz resulta. Diseñar los proyectos en colaboración con los beneficiarios, los gobiernos prestatarios, la sociedad civil y el sector privado es, de por sí, una forma de establecer un diálogo sobre políticas en pequeña escala para elaborar nuevos planteamientos y modelos.

En el Proyecto de Desarrollo de la Pesca Artesanal en Nampula, en Mozambique, por ejemplo, se detectó la necesidad de modificar la norma relativa a la luz de malla de las redes de pesca permitida por el reglamento vigente. Gracias al proyecto también se consiguió convencer al Gobierno para que ampliara la zona de exclusión de la pesca industrial a tres millas de la costa en lugar de una. En Sudán, como resultado del proyecto de regeneración en Gash, el Gobierno ha elaborado un nuevo marco jurídico relativo al acceso a la tierra y el tamaño de las explotaciones, lo que es particularmente importante en esta zona de riego por inundación expuesta a la utilización excesiva y la degradación de la tierra.

La financiación rural constituye un ejemplo más de lo anterior. La eficacia de los grupos de autoayuda que se pusieron en marcha por primera vez en el marco del Proyecto de Promoción de la Mujer en el Estado de Tamil Nadu y el Proyecto de Crédito Rural en Maharashtra, ambos apoyados por el FIDA en la India, ha hecho que el Gobierno adopte este método como elemento básico de los programas nacionales de lucha contra la pobreza. En líneas más generales, nuestra experiencia en fomento de instituciones de microfinanciación nos ha llevado a colaborar con muchos países en la elaboración de marcos jurídicos y normativos adecuados aplicables a los sistemas de financiación rural.

El acceso a derechos de tenencia de tierras seguros se ha destacado como un importante factor de la reducción de la pobreza rural. El FIDA alberga a la Coalición Internacional para el Acceso a la Tierra, una entidad singular que reúne a organizaciones de la sociedad civil y a organismos multilaterales y bilaterales de desarrollo. La Coalición apoya iniciativas en diversos países para utilizar mecanismos relacionados con los mercados y de otro tipo en favor de la reforma agraria. Además, actúa como una red de difusión de conocimientos sobre las mejores prácticas en esta esfera de vital importancia.

En este momento lo más importante, a mi entender, es elaborar modelos eficaces que permitan a los productores pobres de las zonas rurales integrarse satisfactoriamente en los mecanismos de mercado. El reconocimiento de la importancia cada vez mayor de los mercados en la vida económica de los productores pobres de las zonas rurales no debería interpretarse como un laissez faire. Por el contrario, los gobiernos y sus asociados externos tienen una responsabilidad incluso mayor de configurar instituciones, políticas y prácticas favorables que ayuden a los pobres de las zonas rurales a beneficiarse de la liberalización y la globalización, en lugar de estar expuestos a salir todavía más empobrecidos de esa situación.

El FIDA participa en actividades de armonización y en mecanismos de coordinación, tales como los documentos de estrategia de lucha contra la pobreza (DELP), los programas sectoriales y el Marco de Asistencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDAF), con la intención de incluir las realidades a las que se enfrentan los pobres de las zonas rurales en los procesos normativos. En muchos de los DELP iniciales no se prestaba la debida atención al desarrollo agrícola y rural. El Fondo está tratando de modificar esta situación y lograr que las necesidades de los pobres de las zonas rurales, que a menudo constituyen la gran mayoría de la población de los países de bajos ingresos, reciben atención desde el punto de vista normativo y financiación adecuadas.

La Mesa Redonda relativa a la región de África oriental y meridional, que se celebrará mañana, está dedicada al tema “Enfoques por sectores y mecanismos de apoyo presupuestario: desafíos y oportunidades para el desarrollo rural”. Tengo la certeza de que ofrecerá a los países de la región y a sus asociados en el desarrollo una valiosa oportunidad de examinar la experiencia adquirida con esos enfoques y comprobar cómo el Fondo puede contribuir de la mejor manera posible a ellos. En las otras cinco mesas redondas se tratarán asuntos de importancia para cada una de las regiones respectivas. El debate de expertos y las mesas redondas son parte de nuestro constante empeño en hacer del Consejo de Gobernadores un foro interactivo que permita a los Gobernadores compartir sus ideas de manera eficaz. El objetivo es conseguir que la semana del Consejo de Gobernadores se convierta en una importante plataforma para debatir cada año los temas de la erradicación de la pobreza y el hambre y la aceleración del desarrollo agrícola y rural.

Señor Presidente:

Al tiempo que reforzamos el marco estratégico y operacional del Fondo, estamos llevando a la práctica un amplio programa de cambio.

De este programa forman parte la aplicación de un sistema de asignación de recursos basado en los resultados y una mayor presencia del Fondo sobre el terreno en los países prestatarios. Además, se ha elaborado una nueva política de donaciones para ampliar el volumen total de éstas y utilizarlas con el fin de mejorar los resultados, cuando éstos son deficientes, y en situaciones concretas, como en países en situaciones posteriores a un conflicto, cuando se necesitan mecanismos de financiación más flexibles.

Uno de los intereses básicos de nuestras intervenciones ha sido concebir planteamientos innovadores para ayudar a los grupos de personas pobres de las zonas rurales a encontrar la manera de salir de la pobreza. Ahora, gracias al estímulo que ha supuesto una contribución recibida del Reino Unido de USD 10 millones, hemos formulado un programa de innovaciones para que la generación y aplicación de prácticas innovadoras se realice de manera más sistemática en toda la elaboración de programas.

También estamos adoptando medidas para reforzar nuestra capacidad de evaluar el impacto y los resultados de las actividades. En el marco del sistema de gestión del impacto y los resultados se está elaborando una metodología sistemática a tal fin, y el nuevo carácter independiente de la Oficina de Evaluación garantizará que se realicen evaluaciones fidedignas.

Por lo que respecta al presupuesto del Fondo, se está aplicando un nuevo método de presupuestación por actividades con objeto de calcular los gastos teniendo en cuenta los efectos y los resultados en lugar de los insumos y los costos. También se están modernizando los procedimientos generales de gestión financiera y de recursos humanos para convertir al FIDA en una institución del siglo XXI. A fin de apuntalar este proceso de modernización, en el marco del Programa de Cambio Estratégico se está creando una plataforma de información que permita una gestión eficaz de los recursos humanos y financieros.

Otra importante iniciativa convenida por los Estados Miembros es la evaluación externa independiente, cuyo mandato es evaluar la contribución del Fondo a la reducción de la pobreza rural de manera pormenorizada. Mis colegas y yo, personalmente, damos gran importancia a esta iniciativa y esperamos con interés poder hacer nuestras aportaciones. Tengo la seguridad de que la evaluación externa independiente generará conocimientos muy valiosos, no sólo sobre el FIDA, sino también sobre los medios más eficaces de superar la pobreza rural.

Señor Presidente:

Permítame que haga una mención del personal del FIDA. En cualquier institución la calidad y la dedicación de su personal es su principal activo. Desde el primer momento me ha impresionado profundamente el compromiso del personal del FIDA con la reducción de la pobreza y su voluntad sin límites de dedicar el tiempo que sea necesario para llevar a buen fin la misión del Fondo.

Estos últimos tres años, cargados de tantas iniciativas, han exigido un gran esfuerzo del personal. Sólo puedo decir que me siento feliz y orgulloso de la manera en que ha reaccionado.

Señor Presidente:

El FIDA tiene 26 años de experiencia práctica en la lucha contra la pobreza rural en las condiciones económicas, sociales y ecológicas más variadas imaginables. El Fondo, que financia programas de lucha contra la pobreza por un valor de inversión que oscila entre USD 700 y USD 900 millones anuales con destino a cerca de 10 millones de pobres de las zonas rurales, se cuenta hoy en día entre las principales instituciones dedicadas a erradicar la pobreza y alcanzar los objetivos de desarrollo del Milenio.

Siempre hemos tratado de ver la pobreza desde la perspectiva de los pobres: como productores que participan activamente, si bien en condiciones desiguales, en el mercado. En este contexto económico determinado por el mercado al que cada vez se enfrentan más los pobres de las zonas rurales, la experiencia de colaboración que el FIDA tiene con ellos en tanto que productores, especialmente con las mujeres pobres del medio rural, es directamente pertinente.

Los objetivos de desarrollo del Milenio y el nuevo reconocimiento del desarrollo rural proporcionan el contexto apropiado para intensificar la contribución del FIDA a la erradicación de la pobreza, y el fortalecimiento del planteamiento estratégico del Fondo y los procesos de trabajo, la oportunidad. Sin embargo, a tal fin necesitamos recursos para atender las necesidades de los países pobres de África, América Latina y Asia, así como las expectativas de otros países en transición o desarrollo de llegar a encontrar soluciones innovadoras para acabar con la pobreza.

Las negociaciones sobre la Séptima Reposición que empezarán el próximo año proporcionan una oportuna base para ello. En la última reposición, los Estados Miembros de los países en desarrollo y desarrollados reafirmaron el valor que asignan al FIDA mediante un aumento significativo de sus contribuciones. Confío en que durante la Séptima Reposición no sólo se consoliden estos logros, sino que aumente sustancialmente el nivel total de contribuciones.

Señor Presidente:

La pobreza generalizada, es decir, el hecho de que cerca de 1 200 millones de personas estén condenados a llevar una vida lastrada por la privación crónica, no sólo es un ultraje contra la moral en este siglo XXI sino, además, un peligro cada vez mayor para la estabilidad y el bienestar de la sociedad en un mundo globalizado.

La cuestión no es si se pondrá fin a la pobreza generalizada, sino cuándo. ¿Cuántos años o decenios tienen que pasar todavía? ¿Cuántos cientos de millones de vidas más deben echarse a perder en medio de la miseria? Tenemos los conocimientos, y sin lugar a dudas los recursos, y los pobres tienen el talento, la competencia y la capacidad para encontrar la manera de salir de la pobreza. Lo único que necesitan es la oportunidad, y lo que debemos hacer es encontrar la voluntad colectiva para crear dicha oportunidad.

Gracias a su apoyo, el FIDA, con un cuarto de siglo de experiencia sobre el terreno en la lucha contra la pobreza, está preparado para ponerse a la cabeza de ese esfuerzo colectivo que nos acerque todo lo posible a ese día.

Muchas gracias.