Excelencias,
Señora Museveni,
Señor Presidente del Consejo de Gobernadores,
Distinguidos Gobernadores,
Señoras y señores:
Es para mí un gran placer darles la bienvenida a Roma y al 28º período de sesiones del Consejo de Gobernadores.
Hace unos días, a principios de mes, Nelson Mandela dijo que Al igual que la esclavitud y el apartheid, la pobreza no es un fenómeno natural. La causan los seres humanos y puede ser superada y erradicada gracias a la actuación de esos mismos seres humanos. Acabar con la pobreza no es un gesto de caridad; es un acto de justicia. Es proteger un derecho humano fundamental, el derecho a la dignidad y a una vida decente. Mientras siga habiendo pobreza, no habrá verdadera libertad.
Señor Presidente del Consejo,
Somos sumamente afortunados de tener hoy con nosotros a dirigentes que han desempeñado un importantísimo papel en la lucha para acabar con la pobreza: el Presidente y la Primera Dama de Uganda y el Primer Ministro de Bélgica. El liderazgo del Presidente Museveni ha hecho de Uganda uno de los países de la región que mejores resultados ha alcanzado en la reducción de la pobreza. Un hecho todavía más notable es que Uganda ha detenido e incluso invertido el signo de su epidemia del SIDA. También nos honra la presencia del Primer Ministro Verhofstadt, la cual subraya su empeño y el de Bélgica por acabar con la pobreza y el hambre y marca la celebración del 20º aniversario del Programa Conjunto del FIDA con el Fondo Belga de Supervivencia.
Al adoptar la Declaración del Milenio, los líderes mundiales reconocieron que la tarea fundamental de la humanidad en los años venideros era erradicar la pobreza y el hambre. Cuatro años después de la Cumbre del Milenio (como muestra con claridad el informe del Proyecto del Milenio), varios países están en vías de alcanzar los objetivos de desarrollo del Milenio, pero otros muchos, sobre todo los situados en el África subsahariana, no lo están. En el informe se señala que, de los 1 100 millones de personas en situación de pobreza extrema en todo el mundo, es decir, aquéllas que viven con menos de 1 dólar al día, 800 millones, o las tres cuartas partes de ellas, viven en zonas rurales. Se trata de pequeños agricultores, pescadores, pastores, personas sin tierra y, sobre todo, mujeres rurales pobres que constituyen una mayoría cada vez más importante de los pobres, lo cual es una situación trágica.
Todo el mundo reconoce claramente que la clave para alcanzar los objetivos de desarrollo del Milenio radica en el avance del desarrollo rural. Si no se consigue aumentar la productividad, la producción y los ingresos agrícolas, seguiremos estando lejos de alcanzar los objetivos de desarrollo del Milenio.
Como se ha reconocido en la reciente evaluación externa independiente del FIDA, el Fondo es la única organización internacional creada para ocuparse exclusivamente de la situación de los pobres de las zonas rurales. De hecho, como se señala en dicha evaluación, el problema que motivó la creación del FIDA sigue existiendo y es poco probable que desaparezca en un futuro próximo. En ese sentido, el FIDA es un bien público vital en el esfuerzo mundial por alcanzar los objetivos de desarrollo del Milenio.
Señor Presidente,
En sus 27 años de funcionamiento, el Fondo ha acumulado una gran
experiencia en el trabajo con los pobres de las zonas rurales, sus comunidades
y sus instituciones para hallar la manera de ayudarles a llevar vidas
más productivas y seguras. Hoy en día, el FIDA es una institución
de desarrollo por derecho propio cuya labor es combatir la pobreza rural.
Nuestros objetivos fundamentales son tres:
Nuestros programas ponen el acento en la igualdad de género, prestan especial atención a las necesidades de los grupos indígenas y marginados y hacen hincapié en la sostenibilidad del medio ambiente. La función del FIDA consiste en llegar a las personas a las que nadie llega y amplificar la voz de los que no tienen voz. Me complace sumamente que los actos paralelos de este año estén consagrados a las opiniones de los pueblos indígenas y de las organizaciones de agricultores. Una parte importante de nuestros fondos va destinada a la financiación rural y estamos participando activamente en el Año Internacional del Microcrédito. En América Latina, por ejemplo, gracias al acceso a la microfinanciación los receptores pobres de remesas ahorran e invierten parte de éstas en mejorar sus medios de sustento a mediano plazo.
Hoy en día, tenemos cerca de 200 programas y proyectos en curso, con los que ayudamos a más de 100 millones de mujeres y hombres pobres de las zonas rurales a mejorar sus vidas.
El FIDA ha invertido casi 3 000 millones de dólares en estas actividades. Con la cofinanciación, esas inversiones se han duplicado con creces, hasta llegar a los 6 100 millones de dólares.
Me complace poder decir que el FIDA está llegando a más pobres de las zonas rurales que en toda su historia.
Estamos avanzando en la dirección justa. En la Sexta Reposición, movilizamos un 20 por ciento más de recursos que en la reposición anterior.
En los últimos tres años, hemos aumentado nuestro programa de trabajo en un 28 por ciento, alcanzando un nivel récord de 500 millones de dólares al año, lo cual no hubiese sido posible de no haber invertido en reformar la institución, en la gestión financiera, en los recursos humanos, en la calidad operacional, en la concepción de políticas, en comunicaciones y en una supervisión y una evaluación más estrechas de nuestros programas.
En los últimos años, hemos trabajado a conciencia para
reforzar nuestra eficacia, nuestra transparencia y el impacto de nuestras
actividades. El renovado acento puesto en el diálogo sobre políticas
y las actividades de promoción nos está ayudando a incorporar
las cuestiones relativas al desarrollo agrícola y rural en el programa
de actividades mundiales.
Hemos desarrollado un sistema de orientación estratégica,
constituido por un marco estratégico y por estrategias regionales
y de programas en los países que impulsan la elaboración
de nuevos proyectos y nuestro programa de trabajo y presupuesto anual.
También hemos instaurado un sistema global de medición y
seguimiento de los resultados, el impacto y el desempeño, complementado
por una Oficina de Evaluación independiente.
Nos estamos centrando en el impacto sobre el terreno haciendo más
hincapié en nuestra presencia directa y en la integración
de innovaciones.
Hemos reforzado nuestras capacidades en materia de planificación estratégica, comunicación, políticas y recursos humanos. Hoy día, el 40 por ciento del personal del cuadro orgánico del FIDA son mujeres.
En los últimos cuatro años, distinguidos Gobernadores, hemos iniciado juntos un viaje para hacer del FIDA una institución más fuerte que se constituya en la asociada de todos ustedes en la lucha contra la pobreza rural y en la procura del desarrollo y la dignidad humana de los pobres de las zonas rurales olvidados.
Se ha reconocido ampliamente el empeño del FIDA por reducir la pobreza rural y fomentar el desarrollo rural. El Informe sobre la pobreza rural en el año 2001 ha contribuido notablemente a que el tema del desarrollo rural vuelva a estar presente en el programa mundial de desarrollo.
Según se indica en el borrador de informe de la evaluación externa independiente, estamos a la par de otras importantes instituciones multilaterales de financiación, y la mayoría de nuestros proyectos dan buenos resultados. Es un buen punto de partida si tenemos en cuenta que nuestros programas se ejecutan en algunas de las partes más remotas y marginadas del mundo. Pero no es suficiente. Debemos lograr mejores resultados, y lo conseguiremos.
Acojo con agrado la evaluación externa independiente, que será finalizada en abril. Me siento orgulloso de que hayamos sido objeto de un estudio tan plenamente independiente y transparente de nuestro impacto, nuestras operaciones, nuestro régimen de gobierno y la gestión de nuestros recursos humanos. Muchos de ustedes ya han leído sus conclusiones, o han oído hablar de ellas, porque hemos distribuido ampliamente entre los funcionarios y los miembros de la Junta todos los borradores de informe y las respuestas a ellos.
Señor Presidente,
Las iniciativas de los últimos cuatro años constituyen
una sólida base para el futuro. El propio FIDA es una alianza singular
entre países en desarrollo, países de la OPEP y países
de la OCDE, que ha sido utilísima para la institución y
que, a mi entender, en el mundo actual es más valiosa que nunca.
En los próximos años, colaboraré más profunda
y activamente con todos los grupos en que se vertebran nuestros Estados
Miembros. Es menester alimentar y desarrollar más esta alianza
para que podamos alcanzar una reposición mayor y un programa de
trabajo más amplio, sustentado por un programa eficaz de cambio
para hacer frente a las necesidades y oportunidades que vayan surgiendo.
En ese sentido, la evaluación externa nos está facilitando
valiosas observaciones y recomendaciones acerca de la manera de mejorar
la institución.
Las tendremos plenamente en cuenta.
Confiamos en poder dar una respuesta más detallada y global a las recomendaciones de la evaluación externa independiente en el período de sesiones que la Junta Ejecutiva celebrará en abril de 2005.
Para que el FIDA haga más, y lo haga mejor, creo que debemos avanzar en tres frentes principales.
En primer lugar, debemos aumentar nuestros recursos para poder llegar
a más personas. Desearía que nuestro programa de trabajo
aumentase por lo menos un 10 por ciento al año. En el presente
Consejo de Gobernadores se organizará la Consulta sobre la Séptima
Reposición de los Recursos del FIDA. Debemos velar por completarla
oportunamente a finales de este año y alcanzar un
nivel de reposición sustancialmente superior al anterior.
En segundo lugar, debemos utilizar los recursos de manera más eficaz
para obtener un impacto mayor y más sostenible. La clave del impacto
radica en que los países se identifiquen con las actividades y
los proyectos. Tenemos que participar activamente en la formulación
y la ejecución de las estrategias de reducción de la pobreza
impulsadas y coordinadas por los países y armonizar nuestros esfuerzos
sobre la base de las prioridades y los procesos de los países prestatarios.
Dentro del FIDA, reforzaremos nuestros equipos en los países para
poder participar más activamente en el apoyo a la ejecución,
el diálogo sobre políticas y la gestión de conocimientos
en esos países. Reforzaremos aún más nuestra función
normativa y la creación de alianzas y asociaciones.
En un entorno que cambia rápidamente, la innovación es fundamental. Pondremos en práctica, junto con nuestros asociados, innovaciones que permitan generar soluciones novedosas y promover su repetición y ampliación. Estrechamente relacionada con la innovación está la aplicación de un enfoque más sistemático de la gestión de conocimientos, tanto dentro de la institución como con nuestros asociados en la esfera del desarrollo.
De hecho, las alianzas y las asociaciones son el cimiento mismo de nuestro
planteamiento. Tenemos una colaboración de larga data, y cada vez
más estrecha, con las organizaciones hermanas de las Naciones Unidas
con sede en Roma, con otras organizaciones de las Naciones Unidas, con
el Banco Mundial y con instituciones financieras multilaterales, además
de con el Grupo Consultivo sobre Investigación Agrícola
Internacional y el Fondo para el Medio Ambiente Mundial. También
tenemos firmes alianzas fuera del sistema de las Naciones Unidas con la
sociedad civil y el sector privado. En colaboración con la Coalición
Internacional para el Acceso a la Tierra, por ejemplo, ayudamos a las
personas de las zonas rurales a obtener acceso a la tierra y a los recursos
naturales. Con el Mecanismo Mundial, estamos ayudando a aplicar la Convención
de Lucha contra la Desertificación. Las actividades cofinanciadas
con el Fondo de la OPEP son muchas y siguen aumentando.
Entre nuestras muchas asociaciones bilaterales están la ya tradicional
con el Fondo Belga de Supervivencia y la reciente Iniciativa para la integración
de innovaciones con el Reino Unido. Pero nuestras principales asociaciones
son, sin lugar a duda, las existentes con los países miembros prestatarios.
En tercer lugar, debemos reforzar la capacidad de la institución de prestar más y mejor apoyo. La entrega y el empeño de los funcionarios con respecto a nuestra meta compartida de erradicar la pobreza rural y el hambre son esenciales. Su labor ha sido incansable. Para hacer realidad el potencial de cada uno de los funcionarios del FIDA debemos fortalecer aún más nuestro sistema y nuestras capacidades en materia de recursos humanos. La formación y la contratación son esenciales para mejorar la capacidad del personal. La diversidad de la plantilla del FIDA es uno de los puntos fuertes más importantes de la institución que hay que mantener y potenciar.
Desarrollaremos aún más nuestros sistemas de rendición de informes sobre los resultados, garantía de la calidad y autoevaluación.
Tenemos que consolidar los avances realizados en los últimos años en materia de reforma administrativa y en el terreno del desarrollo de los recursos humanos y financieros.
Sobre la base de las recomendaciones de la evaluación y de nuestra propia experiencia, presentaremos un plan de acción para los próximos cuatro años que estará cuidadosamente estructurado y gestionado y dotado de los recursos necesarios. Serán muy importantes para ello las enseñanzas extraídas de la aplicación de los planes de acción de las Reposiciones Quinta y Sexta y el Programa de Cambio Estratégico.
Señor Presidente,
El tsunami que destrozó las vidas de tantísimas personas
en diciembre pone de manifiesto la vulnerabilidad de los pobres. Pues
bien, el apoyo aportado espontáneamente es muestra no sólo
de generosidad sino también del sentimiento de humanidad que compartimos.
Esta catástrofe no hizo distinción entre ricos y pobres;
todos conocieron el dolor de la pérdida, pero son los pobres quienes
soportan la carga más pesada dados sus escasos activos.
En el FIDA, estamos trabajando con nuestros Estados Miembros para ayudar a las personas damnificadas por el tsunami no sólo a reconstruir sus comunidades sino a superar la pobreza, que es la razón primera de que sean tan vulnerables.
Inevitablemente, el mundo dirigirá su atención a otros problemas y, cuando lo haga, nosotros, en el FIDA, seguiremos centrados en las consecuencias de este tsunami y en la tragedia permanente de la pobreza y el hambre generalizadas.
Señor Presidente,
Todos los días mueren en el mundo personas pobres por malnutrición, el VIH/SIDA y otras enfermedades y conflictos. Sólo en África mueren cada mes más de 200 000 personas por estas causas. Las catástrofes naturales, como el tsunami de Asia y los huracanes de Centroamérica, agravan aún más la privación crónica de centenares de millones de otras personas.
Al mismo tiempo, nos hallamos en un momento que encierra grandes promesas ya que gracias a la Declaración del Milenio y los objetivos de desarrollo del Milenio se ha creado un marco internacional convenido dentro del cual erradicar la pobreza.
Como Uganda, muchos países en desarrollo están dando muestras de su firme determinación de focalizar sus energías, políticas y recursos en acabar con la pobreza, en particular apoyando un desarrollo rural más rápido.
Al igual que Bélgica, muchos países desarrollados han prometido aumentar sustancialmente en los próximos años su asistencia oficial para el desarrollo.
En los últimos cuatro años han aumentado los recursos que dedicamos a luchar contra la pobreza. En el futuro, deben duplicarse. No es algo que vaya a pasar de la noche a la mañana, pero los próximos días serán testigo del principio de ese proceso que nos acercará a nuestro objetivo.
Durante el último decenio, la comunidad dedicada al desarrollo ha cometido el error de no prestar demasiada atención al desarrollo rural. Ahora, sin embargo, la pobreza rural ocupa un lugar destacado en el esfuerzo mundial por alcanzar los objetivos de desarrollo del Milenio. Ha llegado la hora de restablecer el equilibrio.
La experiencia del FIDA demuestra claramente que, si se les da la oportunidad, los pobres pueden aumentar su productividad y sus ingresos y salir por sí mismos de la pobreza. Sólo un tercio del uno por ciento de la asistencia oficial para el desarrollo se encauza a través del FIDA. Habida cuenta del desafío que suponen los objetivos de desarrollo del Milenio y de la capacidad del FIDA, debemos preguntarnos si nos hemos fijado las prioridades adecuadas. ¿Podemos nosotros todos los asociados en el desarrollo juntos modificar esta situación?
Yo creo que sí podemos y debemos hacerlo.
Juntos podemos relegar la pobreza rural a la historia.
Muchas gracias.