Enabling poor rural people
to overcome poverty



Señor Presidente del Consejo de Gobernadores, Señor Presidente del FIDA, distinguidos Gobernadores, señoras y señores.
           
Señor Presidente del Consejo de Gobernadores, Señor Presidente del FIDA, distinguidos Gobernadores, señoras y señores delegados.

Señor Presidente, en primer término, deseo felicitarlo por su elección, así como a los los demás miembros de la mesa. Estamos seguros de que bajo la acertada conducción suya este Consejo cumplirá con sus altas metas.  También celebramos el ingreso de Niue como Estado miembro del FIDA.

Colombia, a la par de casi todos los países en desarrollo, ha hecho esfuerzos importantes para erradicar el hambre y la pobreza, con la implementación de programas y políticas de desarrollo rural, que buscan mejoramiento sustancial en las condiciones de vida de sus habitantes; en particular, de aquellos de las áreas rurales. Como consecuencia de esas políticas, se ha incrementado la superficie cultivada para la producción de alimentos, ha aumentado la generación de empleo agrícola y se ha expandido el comercio agropecuario.

Sin embargo, países con el potencial agrícola de Colombia viven una paradoja, pues mientras por el proceso de globalización se les exige abrir los mercados y volcar su producción hacia los mercados internacionales, la difícil competencia y los problemas de acceso, hacen la prosperidad, esquiva e incierta. El breve período de precios altos en los productos primarios que hemos disfrutado en los últimos dos o tres años, no oculta la realidad de que, en el largo plazo, la capacidad de compra de nuestros productos de exportación se ha reducido significativamente.  Por eso, el desarrollo rural que promueven organismos como FIDA, debe impulsar economías que generen valor agregado en los países en desarrollo y ofrezcan empleos de calidad, que permitan romper el círculo vicioso de pobreza y marginalidad, padecido durante tanto tiempo.

En este panorama general de nuestra región, Colombia vive particularidades que hacen su situación más difícil. La violencia propiciada por el narcoterrorismo, mafia, guerrilla y paramilitarismo, lo que conocemos como el denominado problema mundial de las drogas, generan desplazamiento, deterioran las tierras en las que se asientan los cultivos ilícitos y causan serios daños a la economía. Aunque la política de seguridad democrática del gobierno del Presidente Uribe ha reactivado la inversión en muchos campos de la economía, el retorno de los campesinos desplazados de sus tierras y la reparación de las víctimas de la violencia constituye uno de los retos más difíciles de los colombianos.

Colombia es buen ejemplo de lo que ocurre en la región, en términos económicos. A pesar de que en años recientes hemos tenido muy buenos indicadores macroeconómicos, gran parte de la población, continua sin tener acceso a los beneficios del desarrollo. Hasta hace poco tiempo, el 51% de la población urbana y  83% de la población rural, es decir, cerca de 10.6 millones de personas, se encontraban por debajo de la línea de pobreza.

Por ello, Señor Presidente, nuestros esfuerzos demandan, además, la cooperación internacional.

El Presidente Bage indicó a la Junta Ejecutiva el pasado mes de diciembre, que existe tendencia positiva a aumentar la asistencia al desarrollo, de lo cual nos complacemos porque creemos firmemente que la cooperación internacional es el mejor camino para resolver los grandes problemas que enfrenta la humanidad.  El bienestar del mundo en desarrollo no sólo es del interés de su población y de sus gobiernos, sino que es también un buen negocio para los países con altos niveles de ingreso.  La experiencia reciente ha demostrado, una vez más, que las sociedades con alto nivel de prosperidad, son más pacíficas, más estables y mejores socios del progreso.  Aumentar los recursos para la cooperación, y en este caso los fondos destinados al FIDA, es asunto de sentido común y decisión inteligente de todos.

A diferencia de la ayuda humanitaria, que permite atender necesidades y urgencias de corto plazo, la labor del FIDA apunta a generar en los países en los que actúa eficazmente, capacidad propia para enfrentar los problemas del desarrollo rural y eliminar  la pobreza. Así las cosas, deseo felicitar al FIDA, por la labor cumplida en cabeza de su presidente y el equipo de colaboradores

El compromiso adquirido con la comunidad internacional, por parte de los países desarrollados, señaló unas metas que lamentablemente no se han cumplido en su integridad. En este punto deseo hacer referencia a la presentación del Gobernador de España que anunció el compromiso de su país para aumentar los aportes y pidió no discriminar a los países latinoamericanos en las políticas del FIDA. La preocupación mayor para este Consejo,  no debe ser la muy limitante de repartir recursos escasos entre las distintas regiones o niveles de desarrollo, sino el reconocimiento de que el crecimiento de todos los países, requiere esfuerzos mayores de la comunidad internacional aportante. Esto es, aumentar globalmente los recursos disponibles; es decir, en términos coloquiales, no se trata de discutir el tamaño de la tajada (cada vez más reducido), sino aumentar el tamaño de la torta, o sea de la cooperación internacional.

De esta manera, con los aportes adicionales que deben suministrar los países desarrollados, hasta alcanzar la meta del 0.7% del PIB, podremos avanzar con seguridad, hacia la meta colectiva de cumplir con los objetivos del milenio: el combate eficaz contra el hambre, la mejora en la capacidad adquisitiva de las distintas comunidades del mundo y, especialmente, asegurar un nivel de vida digno a todos los seres humanos.   

Muchas Gracias