Enabling poor rural people
to overcome poverty



Excelentísimo Sr Ministro
Presidente del Consejo de Gobernadores,
Distinguido Señor Lennart Båge
Presidente del FIDA,
Distinguidos Gobernadores del Fondo,
Amigos todos:

Es un honor y un insigne privilegio dirigirme a esta asamblea en nombre de los países de América Latina y el Caribe, cuyos Gobernadores me han solicitado que exprese al Señor Presidente nuestra más sincera felicitación por su nombramiento, la cual hacemos extensiva a los demás miembros de la mesa. Estamos seguros que sus altas cualidades profesionales y calidad humana son garantía para alcanzar el mejor de los éxitos en este período de sesiones del Consejo.

Señor Presidente:

Los debates de este Consejo de Gobernadores coinciden con el término de los trabajos de las consultas para la séptima reposición de recursos del FIDA, proceso durante el cual se han examinado de manera exhaustiva diversos temas de vital importancia para el futuro del Fondo, al tiempo que se abrieron otros nuevos que se irán revisando en el curso del presente año, con miras a fortalecerlo.
           
Respecto a la reposición en sí misma, nuestro grupo regional exhorta a todos los países y a  todas las listas a hacer un esfuerzo en sus promesas de contribución, con miras a alcanzar el nivel financiero más elevado posible, conforme a la propuesta de la administración del Fondo, con el propósito de que se puedan ampliar y reforzar los programas y proyectos de cooperación en los países en desarrollo.

Por otra parte, deseamos recordar que en 2005 se presentó a los Estados Miembros los resultados de la Evaluación Externa Independiente (EEI) del FIDA,  que identifica los principales retos y orientación que debería considerar el Fondo para mejorar su funcionamiento. Al respecto, nuestra región considera que el plan de acción 2006-2007, elaborado por la administración, presenta aspectos relevantes dirigidos a implementar las recomendaciones de la EEI.

En este contexto, deseamos remarcar que la EEI arrojó una conclusión fundamental: la validez y pertinencia del mandato del FIDA, es decir, la lucha contra la pobreza rural, meta común de todos los países miembros.
           
Es en este sentido que, los integrantes de América Latina y El Caribe consideramos que el FIDA juega y debe seguir jugando un papel activo y relevante en todos los países en desarrollo, a fin de coadyuvar a que todas las naciones consigan de forma conjunta alcanzar los objetivos de desarrollo del milenio (ODM) establecidos durante la cumbre del milenio, especialmente el ODM-1, relativo a la lucha contra el hambre y la pobreza extrema.

Señor Presidente:

No escapará a su atención, si embargo, existen serios retos para el FIDA y una gran incertidumbre para nuestros países, por lo que el GRULAC aprovecha esta oportunidad para expresar un firme y claro mensaje en relación con algunos temas que consideramos sustantivos y cruciales para el futuro del Fondo.

En primer lugar, nuestros países desean hacer referencia al sistema para la asignación de recursos basado en los resultados (PBAS por sus siglas en inglés), el cual se ha convenido seguir examinando durante 2006. Consideramos que se debe ir aún más allá y determinar si un instrumento financiero de esta naturaleza responde o no a los objetivos y funciones para los que fue creado el FIDA. Expresamos lo anterior, porque a la luz de los datos disponibles los países más pequeños y vulnerables están sufriendo una drástica reducción en el volumen de ayuda financiera que podrían recibir por parte del Fondo para la realización de proyectos y programas.

Vemos esta tendencia con honda preocupación, y nos preguntamos si el camino por el cual avanza el PBAS como mecanismo de racionalización de los recursos disponibles es el correcto. De hecho, al obtener mayor información sobre la aplicación de este sistema y al analizar los distintos escenarios, numerosos países de nuestra región han manifestado serias reservas sobre el  mismo.

El FIDA, Sr. Presidente, no es una institución financiera común y corriente que responde exclusivamente a criterios de tipo financiero, sino un fondo de cooperación para los países en desarrollo, que tiene como premisa, según indica su carta constitutiva, “dar a los campesinos pobres la oportunidad de salir de la pobreza”. Nuestro grupo tiene sólido convencimiento de que no es el momento de convertir el FIDA en un espejo de organismos crediticios gestionados con criterios de administración que persiguen reportar beneficios a sus accionistas.

El Fondo existe porque sus miembros menos prósperos lo necesitan, y sus legítimos dueños no son otros que quienes reciben el beneficio de la cooperación internacional, en asociación solidaria con miembros de mayores recursos financieros. Dicho de otro modo, el FIDA seguirá existiendo mientras haya pobreza rural, y desaparecerá el día en que todos los países del mundo hayan alcanzado el nivel de prosperidad de los que hoy están llamados a ser los principales contribuyentes a las sucesivas reposiciones de fondos.

Es por ello que América Latina y el Caribe actúa con firmeza para que no se impongan criterios o instrumentos artificiales para favorecer la concentración y/o regionalización de los recursos para la cooperación. No aceptaremos mecanismos que establezcan la competencia entre los pobres de los distintos países ni de las distintas regiones. Rechazamos tales mecanismos por considerarlos peligrosos y socialmente injustos.

Por el contrario, nuestra región defiende con tenacidad la especificad del FIDA, es decir, ayudar a los más pobres entre los pobres. La pobreza rural es una realidad catastrófica y escandalosa, y sus terribles consecuencias tienen lugar no sólo en los países menos avanzados, sino también en otros de ingresos medios, e incluso existen los llamados “bolsones de pobreza” en sociedades en franco proceso de desarrollo. En ese principio de especificad se basa la universalidad del Fondo y su carácter multilateral. Consideramos, por lo tanto, que es deber de todos los países proteger esta identidad de la institución. Debemos reconocer que el FIDA es patrimonio de todos los países, y especialmente de sus poblaciones rurales más marginadas.

La región de América Latina y el Caribe es consciente de los problemas de hambre y pobreza en todo el mundo, por lo que desea expresar su más amplia y firme solidariedad con los países en desarrollo de las otras regiones, en particular, África, Asia, y Medio Oriente. Debemos reconocer que el hambre y la pobreza son flagelos de la humanidad que no distinguen raza, género, edad, credo político, fe religiosa o ubicación geográfica.

Podemos afirmar con orgullo que nuestra región promueve férreamente la solidaridad entre los países en desarrollo en todos los foros del sistema de las Naciones Unidas, y en el caso del FIDA dicha solidaridad se materializa con la transferencia neta de recursos de nuestra región hacia nuestras regiones hermanas, ya que mediante el pago de reflujos aportamos de forma constante más recursos de los que recibimos. El excedente que resulta es y debe ser canalizado a las otras regiones, en una manifestación concreta y eficaz de los principios de la cooperación sur-sur.

Además, debemos tener presente que la fuente de riqueza de una institución como el FIDA estriba en su carácter multiregional, ya que le ofrece una ventaja comparativa en materia de diversidad que debe aprovecharse y acrecentarse. En este sentido, deseamos resaltar que la experiencia de nuestro continente es altamente positiva y diversificada, por lo que puede y debe ser compartida con otras regiones. Vivimos en un mundo globalizado en donde todos debemos aprender los unos de los otros.

Señor Presidente:

En otros asuntos, el grupo de América Latina y el Caribe respalda plenamente las propuestas para revisar el sistema de votos del FIDA y el funcionamiento y composición de sus órganos rectores, con miras a consolidar al Fondo como una institución democrática y transparente. Debemos estar conscientes de que a diferencia de otras instituciones financieras, todos los países miembros somos contribuyentes al Fondo. Es por ello que debemos contar con los mecanismos para que todos los países, pequeños o grandes, pobres o pudientes, tengan voz y voto en el proceso de toma de decisiones de la institución.

Esto es válido en dos ámbitos fundamentales: primero, en que todos los miembros debemos tener información permanente y actualizada sobre los procesos administrativos internos, incluyendo la designación de personal en posiciones de responsabilidad, de modo que podamos verificar que dichos procesos se ajustan al legítimo control político que los miembros de un organismo internacional han de tener sobre una gestión que, en definitiva, ha de responder a sus intereses comunes.

En segundo lugar, los órganos rectores del Fondo han de estar abiertos a la inspección, el escrutinio y la verificación, en un ambiente abierto y con carácter rutinario, de todos sus miembros. Los principios de institucionalidad democrática –que con tanta pertinencia se exigen a muchos países menos avanzados como catalizadores del desarrollo- deben ser plenamente incorporados a la Junta Ejecutiva, cuyas deliberaciones deben estar abiertas a la participación activa, esto es, con derecho a voz sobre todos los temas de la agenda, a la universalidad de los Estados Miembros, los cuales actuarían en calidad de observadores, tal como sucede en el Consejo de la FAO y en la Junta Ejecutiva del PMA. Esta innovación fortalecería al FIDA, dándole la oportunidad de nutrirse de las experiencias de todos sus componentes examinando, además, su adecuación a los objetivos fijados por los miembros, y discutiendo en profundidad la visión de futuro que habrá de determinar decisiones estratégicas y medidas concretas en ruta a la consecución de sus objetivos.

Asimismo, la región de América Latina y el Caribe reitera su preocupación y solicita a la administración prestar una mayor atención al momento de buscar e implementar iniciativas o mecanismos que pudieran poner en riesgo la estabilidad financiera del Fondo, como son aquellos relativos a los esquemas de donaciones o apoyo al pago de la deuda, ya que si bien es cierto que debemos maximizar el uso de los recursos disponibles y el nivel de liquidez del Fondo es adecuado, no hay certidumbre ni garantía sobre los mecanismos compensatorios que permitirían recuperar dicho flujo de recursos, especialmente aquellos destinados a fondo perdido.

Sr. Presidente:
           
Estamos viviendo un momento oportuno que debemos aprovechar para reflexionar sobre el futuro del FIDA, sobre su dimensión, sobre sus mecanismos, sobre el alcance de sus proyectos y el impacto en la reducción de la pobreza rural a nivel mundial.

No será una tarea fácil, pero es responsabilidad de todos nosotros contribuir al fortalecimiento del FIDA para que cumpla cada vez más y mejor la misión para la que fue creado.

Hacemos propicia la ocasión para dar la bienvenida, a nombre de nuestro grupo regional, a NIUE como nuevo miembro del FIDA.

Muchas gracias.