Enabling poor rural people
to overcome poverty



Señor Presidente del Consejo de Gobernadores,
Excelentísimos señores,
Distinguidos Gobernadores,
Invitados,
Señoras y señores

Bienvenidos a Roma, al FIDA y a nuestro 30º aniversario.

Permítanme que me sume al Presidente del Consejo de Gobernadores en dar la más cálida bienvenida a nuestros distinguidos invitados. En este 30º aniversario del FIDA, es un gran placer para mí contar hoy aquí con la presencia de los tres antiguos presidentes del FIDA.

Señor Presidente del Consejo de Gobernadores,

Hace cuatro semanas en Viet Nam tuve ocasión de contemplar los impresionantes resultados del desarrollo rápido. En mi primera visita, hace 25 años, las vidas de la mayoría de las personas de las zonas rurales estaban determinadas por la pobreza más absoluta y el hambre.

El crecimiento agrícola ha apuntalado el crecimiento económico de Viet Nam, reduciendo la pobreza de cerca del 60% que se registraba a principios de los años noventa a menos del 20% en la actualidad. Y, además, el crecimiento que ha tenido lugar en Viet Nam se ha caracterizado por la equidad: los pequeños agricultores son tanto agentes como beneficiarios principales.

Pero 22 millones de personas en los deltas del Mekong y del río Rojo todavía se enfrentan a los efectos del cambio climático: tifones más devastadores, inundaciones, infiltración de agua salina, temperaturas en alza y niveles del mar cada vez más altos.

Todo el mundo en desarrollo se enfrenta a problemas parecidos a los que se registran en Viet Nam.

Hacer frente a la pobreza y el hambre, el cambio climático y la subida de los precios de los alimentos y la energía, además de cumplir los objetivos de desarrollo del Milenio, son hoy en día necesidades imperiosas.

30º aniversario

Señor Presidente del Consejo de Gobernadores,

Este año el FIDA cumple 30 años. El período de mediados de los setenta también fue un momento de rápido crecimiento de los precios de los alimentos y la energía, en el que surgió el temor a la escasez de alimentos y la preocupación de que, en un mundo de abundancia, millones de personas siguieran pasando hambre. Esa preocupación dio pie a la indignación, y la indignación desembocó en la acción.

Una de esas acciones concretas fue la fundación del FIDA, nacido de una asociación única en su género entre las naciones desarrolladas, los países de la OPEP y otros países en desarrollo. Nuestros Estados Miembros fundadores querían una organización que pudiera ayudar a los agricultores pobres a aumentar su productividad, sus ingresos y su seguridad alimentaria.

Hoy en día

Treinta años más tarde, quienes predijeron que la producción de alimentos no lograría mantenerse a la par del crecimiento demográfico se equivocaron. En 2008 el mundo está alimentando a casi el doble de personas prácticamente con la misma superficie de tierra.

También hemos sido testigo de avances increíbles hacia la reducción de la pobreza y el hambre en muchas partes del mundo. En China, por ejemplo, el porcentaje de personas que vivían en situación de pobreza extrema en 1990 era del 33%, esa cifra descendió al 10% hacia 2004 y se prevé que se sitúe en el 2% en 2015. Los avances realizados en China son excepcionales, pero en gran parte de Asia y América Latina la pobreza también ha ido disminuyendo. Y en África, tras los reveses sufridos en los años noventa, el porcentaje de quienes viven en situación de pobreza extrema finalmente también ha empezado a disminuir, aunque las cifras efectivas siguen aumentando. En efecto, algunos países del África subsahariana, en concreto Ghana, cumplirán los objetivos de desarrollo del Milenio antes de tiempo.

Con todo, vivimos en un mundo en el que cerca de 1 000 millones de personas viven en condiciones de pobreza extrema, en el que persiste el hambre y la desigualdad va en aumento, y donde más de 2 000 millones de personas viven con menos de 2 dólares al día.

La clave está en la agricultura

Si deseamos avanzar más deprisa, especialmente en aquellas regiones en las que se está lejos de alcanzar los objetivos de desarrollo del Milenio, tenemos que volver a centrar la atención en la agricultura y, especialmente, en la agricultura en pequeñas explotaciones. Esta convicción se basa en cuatro hechos:

Primero: pese a la urbanización, la mayoría de las personas más pobres del mundo vive en las zonas rurales y seguirá viviendo allí durante muchos decenios más.

Segundo: la vasta mayoría de la población rural pobre depende directamente de la agricultura para sobrevivir.

Tercero: se ha demostrado una y otra vez que la inversión en agricultura tiene un poderoso impacto en la reducción de la pobreza. El crecimiento agrícola ha impulsado un crecimiento económico más generalizado a lo largo de la historia, desde la Inglaterra del siglo XVIII pasando por el Japón del siglo XIX hasta la India del siglo XX. Y los resultados del crecimiento agrícola son realmente palpables. Por lo que se deriva del Informe sobre el Desarrollo Mundial del año pasado, el crecimiento del PIB generado por la agricultura es hasta cuatro veces más eficaz en la reducción de la pobreza que el crecimiento generado por otros sectores.

Cuarto: hasta hace pocos años, el gasto público en el sector agrícola en la mayoría de los países pobres estaba en franco retroceso, y la ayuda al desarrollo destinada la agricultura no sólo había descendido sino que se había desplomado, pasando del 18% de toda la ayuda, en 1979, al 3,5% en 2004 y a un penoso 2,9% en 2006.

Teniendo en cuenta todo esto, los gobiernos y las organizaciones de donantes se comprometieron a prestar más atención a la agricultura. Pero dichas promesas siguen sin poner sobre el tapete lo relacionado con, por ejemplo, las tortillas, el ugali, el matoke o —en este Año Internacional de la Papa— las papas.

Gracias al apoyo de todos ustedes, el FIDA ha ido contra corriente. Los programas apoyados por el FIDA han llegado a más de 300 millones de personas de las zonas rurales en África, Asia y América Latina, y les ha ayudado a conseguir el acceso a la tierra, el agua, la financiación, los mercados y la tecnología. Nuestro programa de trabajo ha sido objeto de un incremento medio anual del 10% en los últimos cinco años, y esta tendencia seguirá este año y el que viene. Cerca del 50% de la financiación del FIDA se dirige a África, lo que nos sitúa entre las tres instituciones multilaterales principales en ese continente. Como resultado del Plan de Acción, estamos mejorando la eficiencia de los servicios que prestamos, la eficacia de la focalización y la sostenibilidad de los beneficios.

FIDA: resultados e impacto

Señor Presidente del Consejo de Gobernadores,

En los 30 años que llevamos trabajando nos hemos mantenido fieles a los principios que inspiraron nuestra fundación: ver el mundo desde la perspectiva de aquellos a quienes tratamos de ayudar y empoderar, es decir, los agricultores pobres de Mozambique, los pastores nómadas de Siria, los habitantes de los bosques de Nepal, los pueblos indígenas del Perú y los pescadores de Bangladesh. Y velar por que los programas estén impulsados por las propias personas pobres.

Entre todos los grupos de población rural pobre, las mujeres suelen ser las más desfavorecidas, ya que son quienes tienen menos acceso a la tierra, a los ingresos, a las tecnologías y a los conocimientos. Pero, aun así, ocupan un lugar central en la economía rural y, a menudo, son quienes producen la mayor parte de los cultivos alimentarios, especialmente en África. Desde hace tiempo una de las prioridades del FIDA ha sido empoderar a las mujeres; se trata de un importante legado recibido de mis predecesores que se materializa prácticamente en cada uno de los proyectos del FIDA.

Los pueblos indígenas y las minorías étnicas se encuentran entre las poblaciones más pobres del mundo. Suponen a nivel mundial el 5% de la población total y, sin embargo, representan el 15% de las personas más pobres del mundo. Suelen habitar en tierras altas alejadas y a menudo son los custodios de la diversidad biológica. Como parte de la atención concedida a la pobreza, el FIDA lleva tiempo reconociendo la importancia de prestar apoyo a esas comunidades. Hoy en día, en respuesta a la solicitud de los gobiernos de los Estados Miembros, más del 30% de nuestros programas en América Latina y Asia se dedican a apoyar a estas comunidades. El mes de septiembre pasado se dio un gran paso en esta dirección cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. Además, la asociación del FIDA con el Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas es un elemento clave de nuestro compromiso con los representantes de los pueblos indígenas.

Señor Presidente del Consejo de Gobernadores,

La microfinanciación es una esfera en la que el FIDA ha desempeñado una función precursora, desde que empezara a prestar apoyo al Banco Grameen en 1980. Actualmente, cerca de dos tercios de los programas que reciben apoyo del FIDA tienen un componente de financiación rural que se centra en el crédito, los ahorros, los seguros y las remesas. Con un único proyecto en Maharashtra, en la India, en el que la inversión del FIDA ha sido de USD 40 millones, se ha atraído cofinanciación por la cifra de cerca de USD 170 millones, lo cual ha permitido llegar a más de 1 millón de hogares, o bien más de 6 millones de personas.

En más de 40 países, las remesas representan más del 10% del PIB y, aproximadamente, un tercio llega directamente a las familias rurales, relegando a un segundo plano cualquier otro tipo de flujo de recursos. Según un informe reciente del FIDA, en 2006 el valor de las remesas ascendió a USD 300 000 millones, de los que se beneficiaron directamente más del 10% de la población del mundo en desarrollo. Por esa razón, el FIDA está tratando de establecer sistemas de financiación rural por conducto de los cuales las remesas puedan convertirse en un recurso para el desarrollo.

Más de la mitad de los proyectos del FIDA guardan relación con el agua, desde los proyectos de riego en pequeñas explotaciones y gestión de los recursos hídricos en Guatemala hasta los proyectos de puntos de aguada para el ganado en el Sudán, pasando por los de acceso a recursos hídricos para uso doméstico en China y Mauritania.

El FIDA ha apoyado, a menudo por conducto del sistema del Grupo Consultivo sobre Investigación Agrícola Internacional (GCIAI), la investigación agrícola en relación con los cultivos que encierran importancia para los agricultores pobres del medio rural. Ha quedado demostrado que la investigación agrícola, que con tanto éxito lideró la primera Revolución Verde en Asia, arrojó tasas de rentabilidad que superaron el 40%. En los próximos años se prestará especial atención a la investigación sobre variedades de cultivos resistentes a las sequías, las plagas y la salinidad.

Gracias a la labor financiada por el FIDA en relación con las dos principales plagas de la mandioca en África, la chinche harinosa y la arañuela verde, y con las variedades mejoradas resistentes a los virus, como la cultivar triploide, ha aumentado de manera espectacular la productividad, y ha sido posible conseguir la seguridad nutricional de 200 millones de personas pobres en toda la franja de cultivo de la mandioca. Esta labor,
unida al apoyo prestado por el FIDA para la elaboración posterior a la cosecha, ha servido de sostén para la revolución de la mandioca. Muchos países africanos han pasado a ser autosuficientes, y Nigeria es ahora unos de los mayores productores de mandioca en el mundo.

El FIDA también ha apoyado el desarrollo del NERICA, una nueva variedad de arroz que combina la resistencia de las especies de arroz africanas locales y la alta productividad del arroz asiático. En la actualidad hay más de 100 000 agricultores en 27 países de todo el África subsahariana que cultivan 200 000 hectáreas de NERICA de tierras altas. Nuestro objetivo actual de extender su uso plantea tanto oportunidades como desafíos. Confío en que en la Cuarta Conferencia Internacional de Tokio sobre el Desarrollo de África (TICAD IV), que se celebrará en el Japón en el curso de este año, podamos tratar esta cuestión.

Por medio del Foro Campesino, el FIDA ha conseguido reunir a organizaciones de pequeños agricultores y productores rurales para que compartan ideas y experiencias y hagan oír la voz de los campesinos pobres. Este año se han congregado en Roma más de 70 organizaciones nacionales, regionales y mundiales que representan a cientos de millones de campesinos de todas las partes del mundo. Gracias a esta asociación, los representantes de las organizaciones campesinas participan ahora en la elaboración de la mayoría de los proyectos, programas y estrategias en los países financiados por el FIDA, haciendo que sean de mejor calidad y más sostenibles.

Señor Presidente del Consejo de Gobernadores,

El pasado mes de mayo en el Paraguay tuve la oportunidad de reunirme con representantes de los pequeños agricultores. Un grupo, integrado por 641 agricultores, había conseguido, con el apoyo del FIDA, invertir en un sistema de almacenamiento refrigerado y cumplir las normas fitosanitarias necesarias para vender sus productos en los mercados nacionales y de exportación. Ahora este grupo abastece al mercado central de Asunción de productos frutícolas y hortícolas y exporta a Buenos Aires y Montevideo. El año pasado consiguieron en promedio más de USD 2 000 por agricultor con la venta de sus productos.

El pasado mes de abril, visité diversos distritos en la parte sudoccidental de Orissa, que se hallan entre los más desfavorecidos de la India. Tres cuartas partes de la población local, que asciende a 1,4 millones de personas, viven por debajo de la línea de pobreza. El 50% de estas personas pertenecen a grupos tribales. Los índices de analfabetismo entre las mujeres llegan a alcanzar el 90%. Gracias a un programa apoyado por el FIDA, y cofinanciado por el DFID y el PMA, cerca de 7 000 mujeres y hombres de distintas tribus han podido tomar posesión de títulos de propiedad sobre la tierra por primera vez en sus vidas.

Como resultado de esto, han podido dejar de lado las prácticas de corta y quema, y trabajar la tierra que acaban de poseer de manera más productiva y ecológica, además de poder enviar a sus hijos a la escuela.

La reforma del FIDA – el Plan de Acción

Señor Presidente del Consejo de Gobernadores,

Hace dos años los órganos rectores del FIDA ratificaron el Plan de acción del FIDA para mejorar su eficacia en términos de desarrollo. Me enorgullece comunicarles que, en estos dos años, hemos cumplido los compromisos que habíamos asumido tanto por lo que se refiere a los plazos como al presupuesto.

En 2007 comenzamos a poner en práctica las prioridades estratégicas de la organización enunciadas en el Marco Estratégico del FIDA (2007-2010).

Pusimos en pie los instrumentos y procesos institucionales necesarios para mejorar las operaciones del FIDA a nivel de los proyectos y los países. La calidad del diseño de los proyectos se está reforzando mediante nuevas directrices, un nuevo sistema de mejora de la calidad y un nuevo sistema autónomo de garantía de la calidad.

Para cumplir el mandato del FIDA contamos con una nueva política de focalización, y estrategias de innovación y gestión de los conocimientos. Estamos aplicando la nueva política de supervisión y, a finales de 2007, más de la mitad de la cartera de proyectos del FIDA había pasado a estar bajo supervisión directa.

Hemos incorporado a las actividades generales las iniciativas de presencia en los países. Y los recursos humanos y financieros del FIDA se están alineando con los objetivos de la organización.
Hemos desarrollado un nuevo sistema institucional de planificación y gestión del desempeño para medir los resultados y presentar información al respecto. Este sistema constituye la base de la planificación y presupuestación, por conducto del programa de trabajo y presupuesto basado en los resultados.

El informe sobre la eficacia del FIDA en términos de desarrollo, que se presentó por primera vez el año pasado, pone de manifiesto que nuestros resultados en esferas clave como la eficacia, la eficiencia y la sostenibilidad están mejorando. Aunque ahora la tarea es mantener y profundizar la reforma, estamos empezando a ver resultados claros.

Los cimientos sobre los que se han apoyado todos los esfuerzos de reforma y fortalecimiento del Fondo en los últimos años han sido la dedicación y el arduo trabajo del personal del FIDA, tanto en Roma como en todo el mundo. El personal desempeña un papel clave en la confirmación de los valores fundamentales del FIDA. Deseo rendirle homenaje por haber estado a la altura de los retos que planteaba el Plan de Acción y por su compromiso para hacer que el FIDA sea incluso más eficaz en su misión.

Me complace que sea en el año del 30º aniversario del FIDA cuando nos traslademos a la nueva Sede permanente. Les invito a todos ustedes a participar en la inauguración, que está previsto que tenga lugar en julio de este año.

La función del FIDA en la arquitectura internacional

Señor Presidente del Consejo de Gobernadores,

Para que nuestras actividades sean eficaces es fundamental que trabajemos en asociación. Y nuestros principales asociados son, por supuesto, los propios países en desarrollo: los gobiernos de nuestros Estados Miembros, la población rural pobre y sus organizaciones.

Trabajamos en estrecho contacto con nuestras organizaciones hermanas en Roma, la FAO y el PMA, así como con otros organismos de las Naciones Unidas en diversas actividades, cuestiones normativas y prácticas operacionales. Asimismo colaboramos estrechamente con ellos en actividades que se enmarcan en la iniciativa piloto “Una ONU”. Yo mismo he sido testigo en Viet Nam, donde compartimos una oficina con la FAO, de las ventajas que representa esta iniciativa.

El FIDA es también una institución financiera internacional y, como tal, mantenemos una relación muy estrecha con otras instituciones financieras. La presencia hoy aquí de Donald Kaberuka, Presidente del Banco Africano de Desarrollo, y del Dr. Ngozi Okonjo-Iweala, Director Gerente del Banco Mundial, simboliza la fuerza de nuestra alianza.

Hemos trabajado con el Banco Mundial en diversos proyectos desde Bolivia al Camerún, pasando por Egipto e Indonesia, y nuestra reciente colaboración en el Informe sobre el Desarrollo Mundial ha supuesto una nueva etapa en esta asociación que se remonta a tanto tiempo atrás.

Asimismo estamos profundizando la asociación que tenemos desde hace tiempo con el Banco Africano de Desarrollo, para empezar, con una evaluación conjunta que nos ayudará a colaborar más eficazmente para abordar los desafíos con que se enfrenta la agricultura en África.

En África, la Nueva Alianza para el Desarrollo de África (NEPAD) y el Programa Global de Desarrollo Agrícola de África (CAADP) ofrecen un marco para todos nuestros esfuerzos.

Permítanme que mencione también otros dos asociados clave en África, el Fondo OPEP para el Desarrollo Internacional, con el que trabajamos en 21 países de África, así como de otras partes del mundo, y el Fondo Belga de Supervivencia, una asociación única en su género entre una institución multilateral y un organismo bilateral.

Pero la arquitectura internacional está cambiando con la aparición de fundaciones y ONG activas en la esfera del desarrollo, algunas de ellas con recursos comparables a las instituciones internacionales. Especialmente interesante es la iniciativa AGRA, Alianza para la Revolución Verde en África, presidida por el antiguo Secretario General, Kofi Annan. Se trata de un nuevo asociado para el FIDA en nuestra labor de asegurar que África pueda conseguir su propia revolución verde. La colaboración que establezcamos con estos nuevos agentes añadirá una nueva dimensión a la labor del FIDA.

Todos nosotros tenemos la obligación imperiosa de trabajar bajo el liderazgo de los gobiernos de nuestros Estados Miembros de manera armonizada. Así lo establece el programa de París. Y el FIDA contribuirá activamente en llevar adelante este programa en la importante reunión que se celebrará en Accra en septiembre.

Nuevos desafíos

Señor Presidente del Consejo de Gobernadores,

El cambio climático ocupa un lugar central en el entramado de los nuevos desafíos. Debido a una combinación desastrosa de temperaturas en alza, variabilidad climática, temporadas agrícolas inciertas, disponibilidad de agua en disminución, nuevas plagas y enfermedades, y una diversidad biológica cada vez menor cabe la posibilidad de que se invierta el sentido de los recientes progresos conseguidos en la reducción de la pobreza en muchas partes del mundo. Se prevé que África será el continente que salga peor parado, si se tiene en cuenta que al menos 75 millones de personas están expuestas a un riesgo cada vez mayor de estrés por escasez de agua.

Pero este problema no se circunscribirá solamente a África, sino que todas las regiones se verán afectadas. Cientos de millones de pequeños agricultores, pastores y otros grupos rurales pobres viven en zonas marginales, con un grave riesgo de degradación y desertificación. Es de prever que como consecuencia del cambio climático futuro cerca de 50 millones de personas más queden expuestas al riesgo de hambre de aquí a 2020. Aquellas personas que menos responsabilidades tienen en relación con este problema serán las primeras en verse afectadas y a quienes la situación perjudicará más gravemente.

En pocas palabras, el precio del desarrollo simplemente ha aumentado. Se necesitarán cantidades sustanciales y adicionales de dinero para ayudar a los países pobres a adaptarse al cambio climático y hacer que nuestras inversiones contemplen medidas para prevenir los efectos de dicho cambio.

Íntimamente relacionadas con el cambio climático se perfilan otras dos tendencias de importancia cada vez mayor: los precios de los alimentos y los biocombustibles. Los precios de los alimentos han aumentado drásticamente en los últimos años a medida que una población cada vez mayor exige más alimentos y una dieta más variada. En los últimos tres años, los precios del trigo y el arroz se han duplicado mientras que los precios del maíz han subido en un 50%.
El aumento de los precios de los alimentos y el potencial de los biocombustibles representa un arma de doble filo que se cierne sobre la población rural pobre y, por un lado, ofrece oportunidades mientras que, por otro, plantea nuevos desafíos. El alza de los precios de los alimentos podría provocar que la agricultura en pequeñas explotaciones fuera más productiva y económicamente viable, incluso si se plantean
riesgos para quienes son compradores netos de alimentos. Los biocombustibles, especialmente los de segunda generación que pueden cultivarse en tierras marginales, podrían ofrecer a los pequeños agricultores una nueva fuente importante de ingresos.

Estas dos tendencias están haciendo que el “espacio rural” resulte más atractivo para invertir. El FIDA ha acumulando 30 años de experiencia en la prestación de apoyo a los pequeños agricultores para que se organicen, tengan acceso a servicios financieros y tecnológicos, promuevan el riego en pequeña escala y establezcan condiciones de intercambio favorables con los bancos comerciales, los comerciantes y los elaboradores de productos agrícolas. Asimismo, hemos adquirido gran experiencia en ayudar a la población rural pobre a gestionar su vulnerabilidad medioambiental. El acuerdo por el que se decidió que el Mecanismo Mundial de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CLD) estuviera albergado en el FIDA se basó en esta experiencia, y gracias a él se han reforzado todavía más los esfuerzos en la lucha contra la degradación de la tierra.

Por lo tanto, cabe decir que el Fondo está en buena posición para ayudar a que estas nuevas oportunidades se traduzcan en una mayor productividad e ingresos más cuantiosos para millones de pequeños agricultores. Cabe destacar dos aspectos, concretamente, mejorar la eficacia de la prestación de servicios públicos y atraer mayores cuantías de inversión del sector privado al “espacio rural”, cuya importancia será decisiva para conseguir que los pobres del medio rural puedan hacer frente eficazmente a los cambios que se perfilan sobre sus vidas.

La población rural pobre a menudo se encuentra impotente pero no es indiferente. La manera en que gestionan sus tierras nos afecta a todos nosotros. El hecho de que almacenen o liberen carbono dependerá de las oportunidades que tengan y de los incentivos que se les ofrezcan. Podemos ayudarles a ser parte de la solución, ayudándoles a alimentar al mundo y a almacenar carbono.

Conclusión

Señor Presidente del Consejo de Gobernadores,

El año 2007 marcó un hito. Fue un año en el que los precios de los alimentos alcanzaron niveles sin precedentes y el cambio climático dominó las cabeceras de los periódicos y en el que el mundo redescubrió la importancia de la agricultura.

El viernes iniciaremos los debates sobre la Octava Reposición de los Recursos del FIDA, en los que se definirá el rumbo del FIDA en el período que va hasta 2015. Esbozaremos nuestro programa para los años que seguirán a la Consulta sobre la reposición.

Gracias en gran medida al Plan de Acción, el FIDA es la institución justa en el momento oportuno y en la situación adecuada para conseguir una contribución mucho mayor. Y la manera de conseguirlo será colaborando con nuestros asociados. Me congratulo con el Banco Africano de Desarrollo y el Banco Mundial por el significativo aumento en las contribuciones, de hasta el 50%, conseguido recientemente en sus últimas reposiciones. Confío en que los compromisos que recabemos para nutrir nuestros recursos con miras a financiar nuestros programas en el período de la Octava Reposición sean como mínimo comparables.

Los desafíos que tenemos ante nosotros son ingentes y el tiempo sigue su curso. Como declaró el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, en su mensaje de Año Nuevo: que 2008 sea el año consagrado a “los mil millones de personas olvidadas por la economía mundial”.

Por lo tanto, hoy aquí insto a la comunidad internacional a que invierta en los pequeños agricultores, con el fin de ayudarlos a hacer frente al triple flagelo de la pobreza, el cambio climático y el alza de los precios de los alimentos. Sus vidas, y nuestro futuro en común, dependen de ello.