Señor Presidente del Consejo de Gobernadores,
Señores Gobernadores,
Señor Presidente Kanayo Nwanze,
Damas y Caballeros,
A nombre del Gobierno brasileño, es un honor proferir estas palabras al Consejo de Gobernadores, en su 33ª (trigésima tercera) sesión y la primera bajo la administración del Presidente Nwanze.
Hace un año, cuando este Consejo se reunió por la última vez, estábamos frente aquella que pareciera ser una de las peores crisis económicas de la historia. Todas las proyecciones indicaban una profunda recesión mundial, con inevitables impactos en los niveles de empleo e ingreso. Los retos colocados a todos los países, sin excepción, eran inmensos.
Las acciones coordinadas, de carácter contracíclico, adoptadas de forma tempestiva por la mayoría de los países, fueron esenciales en el proceso de control de la crisis y de amortiguación de sus efectos. Observamos, como resultado, un proceso recesivo más ameno y breve que lo esperado.
Aún quedan dudas y desconfianzas, en especial en las naciones más desarrolladas, que fueron los epicentros de los sismos sufridos por la economía mundial en la segunda mitad del 2008.
Brasil pudo superar los retos que le fueron puestos en razón del sólido compromiso con la responsabilidad fiscal y con el control inflacionario, a través de la adopción de una estrategia de desarrollo centrada en el crecimiento con distribución de ingreso, aumento real del sueldo mínimo y la inclusión de una porción de la población, antes marginada, en el mercado de consumo de masa.
Con esos principios, adoptamos medidas para enfrentar a la crisis que no alterasen el curso de nuestro ciclo de crecimiento, priorizando la manutención de los niveles de inversión y consumo.
En lo que se refiere a la agricultura familiar, segmento económico responsable por cerca de 70% de los alimentos producidos en el País, se ha profundizado la estrategia de estímulo e inserción del sector.
El establecimiento de políticas públicas específicas, la adaptación de tecnologías, la organización de la producción y de mercados institucionales (con el objetivo de garantizar el ingreso y la producción de millones de familias y, a la vez, el suministro urbano) contribuyeron para el control de la inflación, para una alimentación de mejor calidad y para la inserción de ese segmento de la sociedad en el proceso productivo nacional.
Esa experiencia de Gobierno nos viene demostrando la importancia de la construcción de estrategias nacionales de desarrollo para la erradicación del hambre y de la pobreza rural. Esas estrategias deben buscar la inserción de la pequeña agricultura en el proceso productivo, por intermedio de la facilitación del acceso al crédito, del seguro agrícola y de otros mecanismos que garanticen mayor estabilidad y seguridad a la agricultura familiar generando empleo y renta en el ámbito rural.
En función de su experiencia exitosa, Brasil está dispuesto a compartirla y replicarla en otras naciones, lo que incluso ya viene siendo hecho en el ámbito de los países del Mercosur.
Es precisamente en ese contexto de difusión de buenas prácticas en términos de políticas públicas que el FIDA, como organismo financiero de carácter multilateral especializado en la erradicación de la pobreza rural, asume una función primordial. Como tal, debe ejercer el papel de facilitador para la discusión y difusión de políticas y prácticas públicas exitosas, además de trabajar en la concepción de mecanismos, financieros y no-financieros, para la promoción de la innovación, de la transferencia de conocimiento y en la formación de capacidades.
El fortalecimiento de la presencia física del FIDA en los países es importante para la intesificación de ese proceso, no sólo para mejorar la implementación de los proyectos, sino, también, para hacer posible un mayor nivel de participación del organismo en el diálogo de políticas y experiencias de los países en el ámbito de las estrategias nacionales de reducción de la pobreza rural, elemento importante para la reproducibilidad de políticas públicas externas.
Señores Gobernadores, Señor Presidente, este año iniciaremos las discusiones sobre la relación del FIDA con los llamados “países de ingreso mediano”. Hemos recibido con mucho interés la iniciativa del organismo, formalizada en el ámbito de la 8ª recomposición de capital, al proponer el establecimiento de una estrategia con el objetivo de actuar de forma más eficaz con esos países, teniendo como premisa la confirmación de que su mandato dedicado a la reducción de la pobreza es pertinente y compatible con su actuación en esos países.
En ese aspecto, nos gustaría resaltar que la relación del FIDA con los países de ingreso mediano deberá ir más allá de la esfera financiera. Se debe llevar en consideración que esos países son interlocutores importantes en la cooperación sur-sur y triangular, particularmente en el proceso de difusión de conocimientos y buenas prácticas de políticas.
Brasil desea también la normalización de las relaciones entre el FIDA y Cuba.
Reiteramos que el FIDA debe avanzar en el sentido de alcanzar los estándares de gobernanza y eficiencia de las principales Instituciones Financieras Internacionales. Reconocemos que hubo avances, pero es necesario reforzar algunos aspectos, como la implementación de una política de recursos humanos que ofrezca mayor flexibilidad y diversificación geográfica de su cuerpo funcional, como forma de reflejar su carácter de organismo multilaral. No menos importantes son los avances necesarios en la eficacia y principalmente eficiencia de los sistemas administrativos y gerenciales, para hacer frente a los servicios requeridos por la perspectiva de una cartera de proyectos relativamente elevada para la actual estructura operativa.
Por último, Señoras y Señores, no podemos dejar de mencionar la tragedia ocurrida en Haití en los primeros días de este año y reafirmar la importancia de una movilización solidaria de toda la comunidad internacional con el objetivo de iniciar acciones de mediano y largo plazo a favor de la recuperación de la seguridad alimentaria de ese país. Es importante reforzar que ese esfuerzo debe necesariamente guiarse por el criterio de respeto a la soberanía de Haití, Con una cercana articulación junto a su Gobierno, de modo a que se inicie un proceso de construcción e implementación de un plan nacional de seguridad alimentaria, en consonancia con los principios de la Declaración de Roma.
En ese aspecto, la participación del FIDA en ese esfuerzo nos parece fundamental, tanto por su experiencia como organismo especializado en agricultura familiar y con actuación efectiva en Haití, cuanto por su potencial en detectar nuevas oportunidades en el sector agrícola, que podrían venir a suavizar la precaria situación económica y social haitiana.
Antes de concluir, me gustaría aprovechar esta oportunidad para informar, que de 10 a 12 de mayo, se llevará a cabo en Brasilia, la reunión de Ministros de Agricultura de Brasil y de los Países Africanos, compromiso asumido por el Presidente Lula durante la Cumbre de la Unión Africana, ocurrida en julio de 2009. Con esa iniciativa, Brasil se propone a cooperar con los países africanos en el intercambio de conocimientos y experiencias en términos de políticas públicas para la agricultura familiar, contribuyendo de ese modo con los esfuerzos para la reducción de la pobreza en el campo.
Muchas gracias,
17 de febrero 2010