Señora Presidenta,
Excelencias,
Distinguidos delegados e invitados,
Señoras y señores:
Antes de realizar esta declaración, debo expresar la solidaridad de mi país y la mía propia para la hermana República de Haití ante el terrible desastre que ha golpeado a su pueblo. El Presidente de Ecuador, en su calidad de Presidente Pro Tempore de UNASUR ha liderado una resolución de los países miembros comprometiendo ayuda material por 200 millones de dólares para asistir a la reconstrucción del país, en especial de su agricultura, y aliviar la situación de dolor de sus habitantes.
En la mayoría de los países pobres, como se evidencia en el mío, Ecuador, los pequeños agricultores campesinos producen más de las dos terceras partes de los alimentos que consume nuestras poblaciones. También es esta agricultura la que produce el grueso de las divisas que genera la exportación de alimentos y fibras de origen agrícola.
En contraste con esta realidad, encontramos la inaceptable paradoja que surge del hecho que la mayor pobreza, en términos de concentración y tamaño, se encuentra precisamente en el sector rural de nuestros países: son los campesinos y campesinas que producen una parte sustancial de nuestra riqueza quiénes sufren la mayor deprivación. Particularmente dramático resulta el hecho de que aquellos que producen los alimentos que mantienen a nuestras sociedades son los que padecen hambre y desnutrición.
El tema de esta reunión del FIDA, de cómo llegar de las cumbres a los campesinos, es de particular importancia para reflexionar sobre esta situación que no puede ser mas tiempo soslayada en medio de declaraciones de gran sonido, pero que permanecen resonando en las asambleas y foros de organismos internacionales sin provocar los cambios necesarios que permitan a nuestras sociedades salir del círculo vicioso de la pobreza.
En mi país, Ecuador, el cambio mas importante lo constituye la adopción de la Nueva Constitución de la República del Ecuador, carta fundamental que, por primera vez en la historia ecuatoriana, ha sido el resultado de una consulta popular que la votó por abrumadora mayoría, en la que se consagran principios que, reconociendo una realidad de inequidad e injusticia en la distribución de la riqueza del país, establecen mandatos que hacen relación con la calidad de la vida de los ecuatorianos. Estos son en especial el Sumak Kawsay, el Buen Vivir, como objetivo social, y la Soberanía Alimentaria, como requisito básico para alcanzar tal buen vivir.
El concepto de soberanía alimentaria es bastante más amplio ya que engloba al de seguridad alimentaria. Éste último hace referencia a la existencia de alimentos disponibles para una sociedad, pero el primero asegura que aquellos alimentos sean realmente adquiridos por todas las personas, ya que se refiere al acceso que tienen las personas a aquellos.
¿Por qué la importancia de imponer la Soberanía Alimentaria como un mandato constitucional? Porque este concepto engloba el requerimiento previo de permitir a los individuos la capacidad de comandar su acceso. Esto solo es posible si la sociedad garantiza los medios para asegurar el acceso, lo cual ocurre en las economías de mercado solo si existen los ingresos necesarios de las personas para adquirirlos. Esto implica que la Soberanía Alimentaria descarta la dependencia de alimentos que resulta de las “ayudas alimentarias” que han marcado las acciones para lograr la seguridad en la alimentación.
Lograr la capacidad de acceso a los alimentos y a la vida digna de los individuos en las sociedades pobres está de la mano con asegurar el acceso al trabajo como la manera digna de eliminar la pobreza. En las sociedades rurales, donde están los campesinos y campesinas de nuestros países y donde se concentra la pobreza, la manera más general y apropiada de asegurar el trabajo a la población es a través del acceso al principal medio de producción rural: la tierra.
Por esto, las políticas que buscan la seguridad alimentaria, uno de los temas centrales de las cumbres celebradas en los foros internacionales, deben asegurar que los campesinos y las campesinas de los países pobres tengan acceso a la tierra y junto con ella a los medios para hacerla producir.
Ecuador también está interesado en una nueva visión política en lo referente a otorgamiento de créditos en base al ingreso medio de sus habitantes, ya que sus medidas son de gran importancia. La concentración de nuestra economía hace que las medidas promedio no reflejen la realidad, por tanto proponemos que éstas sean revisadas y que, más bien, reflejen las mediciones de acuerdo a la población beneficiada por los proyectos.
La consecución de los objetivos anteriores debe centrar el esfuerzo para hacer aterrizar las resoluciones que se toman a nombre de los habitantes rurales de las partes del mundo menos desarrolladas, con el fin de eliminar la pobreza. El compromiso del FIDA de encaminar los esquemas de financiamiento hacia las decisiones soberanas de los países, tiene especial importancia en la circunstancia actual en que confluyen los compromisos adoptados por foros de cumbre como el realizado por convocatoria de la FAO en Noviembre pasado, o como el compromiso tomado en la reunión del G-20 en L’Aquila con respecto al fondo para cortar el hambre en el mundo.
Si las decisiones tomadas en aquellos espacios internacionales no se llevan a los objetivos que animan a esta reunión del FIDA, volveremos a celebrar reuniones sin límite en las que buenas intenciones y lúcidos análisis se convierten simplemente en un nuevo cúmulo de promesas no cumplidas.
17 de febrero 2010