Señora Presidenta del Consejo de Gobernadores,
Distinguido Señor Presidente del FIDA, Kanayo Nwanze en su primer año de gestion,
Distinguidos Gobernadores y Gobernadoras del fondo,
Amigos todos,
Para mi es un honor dirigirme a esta Asamblea en nombre del Gobierno argentino.
Señora Presidenta:
En vísperas del inicio de la Novena Reposición de Recursos del Fondo parece necesario considerar el trabajo compartido, de esfuerzo y apoyo, que los países de ingresos medios realizan con el FIDA.
La Reposición de Recursos es mucho más que la suma de fondos frescos. Es la base que permite definir políticas y planificar acciones para un período determinado. Por ello, todos los miembros del FIDA estamos involucrados y siempre debe tenerse en la mira que el objetivo es contribuir a eliminar la pobreza rural. También es cierto que el compromiso de los países tiene una correlación directa con los resultados obtenidos.
En una época de crisis es indispensable mostrar resultados. En ese sentido, cabe destacar que se han profundizado los mecanismos para tratar de mostrar las bondades del Fondo y su acción en el terreno para que los recursos lleguen con facilidad.
Es por ello que damos la bienvenida a las formas alternativas de movilización de recursos. El Fondo Fiduciario de reciente creación con fondos de España, país al que agradecemos su contribución, debe ser el inicio de operaciones novedosas que, respetando los objetivos y fines del Fondo, le permitan adaptarse a las nuevas circunstancias y desafíos.
Argentina está transitando una senda de crecimiento con equidad, en la cual el desarrollo agropecuario en general, y la agricultura en particular, están cumpliendo un rol central. El Gobierno nacional impulsa fuertemente un modelo de desarrollo nacional con inclusión social. En concordancia con ello, el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, el Ministerio de Economía y Finanzas y la Cancillería Argentina, como así también las otras agencias del Estado, desarrollan las acciones necesarias para su implementación.
En dicho modelo se pondera en su real dimensión el peso específico que tiene el sub-sector de las economías regionales y de agricultura familiar, para lo cual su jerarquización en el universo de las problemáticas a atender con medidas de carácter especial y trato diferencial, constituye de por sí un hecho destacable.
Tanto la Secretaría de Agricultura Familiar y Desarrollo Rural como la Unidad para el Cambio Rural encuentran en el FIDA un socio fundamental. La relación FIDA – Argentina se ha acelerado notablemente en el último año y nuestro objetivo es mantener el ritmo de ejecución de los proyectos.
No podemos dejar de mencionar la Reunión Especializada de Agricultura Familiar del MERCOSUR que, a nivel subregional, es una experiencia innovadora que persigue el fortalecimiento de las políticas públicas para el sector y la promoción del comercio de los productos de agricultura familiar.
Nos parece auspicioso que el lema de esta reunión esté centrado en los jóvenes rurales. En verdad, los jóvenes deberían ser el único lema de la preocupación de nuestra generación. No por la banalidad habitual de decir que los jóvenes son el futuro. En realidad, los jóvenes son hoy: en sus necesidades, en sus deseos y en sus sueños. También en las oportunidades que los adultos debemos elaborar, las posibilidades que debemos ofrecerles.
No hay futuro, pero tampoco hay presente pleno sin una juventud que pueda crecer sana y fuerte, sin una juventud que pueda acceder al pan diario, a la educación, a los servicios sanitarios y con ello a la salud integral.
En una época de expulsión de mano de obra, los jóvenes, cualquiera sea el trabajo que realicen, aparecen como un problema cuando en realidad deben considerarse uno de los elementos para la solución de los problemas productivos. En términos agrícolas la única manera de ligar a los jóvenes a la producción rural, y mantener ese vínculo, es incentivando las políticas que potencien el desarrollo de la agricultura. Existen políticas agrícolas estructurales, como los históricos subsidios a la producción, que inexorablemente desalientan la producción agrícola en los países en desarrollo y más aún en los países más pobres. El arraigo a la tierra, el permanecer en el campo, amar el terruño en este siglo de luces y sombras, solo puede ser posible si los incentivos y las ganancias lo favorecen.
Para los países productores de alimentos y sus poblaciones rurales, especialmente los más jóvenes, un futuro de crecimiento del consumo mundial de alimentos es un gran incentivo para trabajar en políticas agrícolas sustentables.
No es cierto que se hace todo lo posible por los jóvenes: el reto sigue siendo incluir, incluir e incluir. Niños y jóvenes antes que nadie.
Muchas gracias.
19 de febrero 2011