Señora Presidenta del Consejo,
Vuestras Excelencias,
Distinguidos Gobernadores,
Estimados huéspedes,
Señoras y señores:
En nombre de todos nosotros aquí en el FIDA, tengo el privilegio y el placer de darles la bienvenida al 34º período de sesiones del Consejo de Gobernadores.
Son tiempos difíciles para quienes nos preocupamos por el estado de la pobreza rural y la seguridad alimentaria mundial. Con las inundaciones —en Australia, Brasil y Sri Lanka— ocupando una vez más los titulares de los periódicos; las recientes sequías en China, Kenya y Somalia; el alza vertiginosa de los precios de los alimentos en muchas partes del mundo. El cambio climático, el malestar social, un mundo cada vez más hacinado a medida que crece la población, hasta llegar a los 7 000 millones de habitantes previstos este año, y los 9 000 millones de aquí a 2050. Está claro que reducir la pobreza y garantizar la seguridad alimentaria hoy o en un mañana no es un asunto sencillo.
Funcionar en este entorno complejo es un desafío, pero un tipo de desafío que el FIDA está en buenas condiciones de abordar. Hoy aquí, me complace poder informar sobre los progresos que hemos conseguido con miras a allanar el camino para que el FIDA sea más eficiente, más ágil y, sobre todo, más eficaz para contribuir a lograr la seguridad alimentaria mundial hoy en día, y en los próximos años.
Aspectos destacados de 2010
Cuando nos reunimos en nuestro Consejo de Gobernadores del año pasado, les mostré de dónde veníamos y lo que habíamos logrado en 2009. Desde entonces, hemos cumplido toda una serie de etapas fundamentales. Hemos aumentado el importe de la cofinanciación en cerca del 140 por ciento hasta un total de 1 600 millones de dólares; nuestros desembolsos han alcanzado una cifra récord de 457,6 millones de dólares; hemos seguido ampliando nuestra presencia en los países y a finales del año pasado se había aprobado la apertura de 30 oficinas en los países; y hemos presentado nuestro primer plan a medio plazo. Se trata de un plan eslabonado de trabajo de tres años de duración que ayudará al FIDA a utilizar todos los recursos de la manera más eficiente para reducir la pobreza rural.
Además de lo anterior, hay en curso una serie de reformas en muchos frentes entre ellos el de la gestión de los recursos humanos, la eficiencia administrativa, la gestión financiera y la eficacia organizativa.
En el informe anual se presenta información pormenorizada acerca de estos aspectos y de todos los logros operacionales que hemos conseguido en 2010. Un borrador de dicho informe está a su disposición para que lo lean cuando les resulte conveniente.
Así que en vez de dar más detalles sobre los logros conseguidos en el pasado, me gustaría mirar hacia adelante: hacia 2015, punto final de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, y dónde se hallará el FIDA en ese momento.
Nunca debemos perder de vista que la labor que realizamos está estrechamente entrelazada con el primero de estos objetivos: reducir a la mitad el porcentaje de personas que viven en la pobreza extrema y padecen hambre.
La nueva filosofía del FIDA
Las zonas rurales del mundo son la clave para resolver algunos de los desafíos más importantes con que se enfrenta la humanidad. El desarrollo de las zonas rurales es fundamental para superar el hambre y la pobreza, mitigar el cambio climático, alcanzar la seguridad energética y proteger el medio ambiente.
Seguramente habrán observado que en la filosofía del FIDA ha habido un cambio sutil, pero importante, en los últimos años. Los contextos y las perspectivas del desarrollo agrícola están cambiando rápidamente. Hemos visto un veloz crecimiento del alcance de los supermercados, a nivel local, nacional y mundial, y el desarrollo de cadenas de valor modernas y consolidadas de productos agrícolas. Estos mercados nuevos y en evolución abren oportunidades a la población rural pobre para generar más ingresos que nunca, pero solo si son capaces de compensar los elevados costos iniciales.
Como consecuencia, mientras que nuestro mandato básico y nuestra población-objetivo no han cambiado, estamos definiendo con más precisión nuestro enfoque.
En lugar de idealizar el concepto de que las mujeres, los hombres y los niños pobres de las zonas rurales se sitúen por encima de la línea de pobreza, estamos abogando por la creación activa de economías rurales pujantes. Economías rurales donde los jóvenes consideren que tienen un futuro, economías rurales que ofrezcan una gama de oportunidades atractivas para que las personas puedan elegir, economías rurales que les permita hacer realidad sus aspiraciones personales.
El objetivo del FIDA es hacer posible que los pequeños agricultores y otras personas pobres del medio rural adquieran unas condiciones de vida mucho mejores de las actuales. De ese modo, serán capaces de gastar e invertir en sus propias oportunidades de subsistencia y en la economía local.
Para conseguirlo —y yo creo que esta es la cuestión fundamental— es esencial reconocer que no vamos a sacar a la gente de la pobreza si seguimos actuando como hasta ahora. Para que tenga lugar una transformación, primero tiene que haber un cambio de mentalidad. El primer paso es reconocer que la agricultura a cualquier escala es una actividad comercial. Y las actividades comerciales necesitan contar con vínculos claros a lo largo de toda la cadena de valor: desde la producción hasta la elaboración, pasando por la comercialización y el consumo.
El segundo paso es liberar el potencial de un activo que cada uno de nosotros tenemos, ya sea uno rico o pobre, con tierras o sin tierras. Ese activo es nuestra capacidad de ser creativos, ser innovadores, tener un espíritu emprendedor. Una persona pobre, incluso si tiene tierras, seguirá siendo pobre si no es creativa. Pero una persona pobre, aunque no tenga tierras, puede salir de la pobreza si tiene los medios para ser creativa e innovadora.
Para que el FIDA logre sus objetivos, se necesitan tres tipos de inversiones: inversión de capital político para encabezar una transformación del sector rural; inversión en capital humano para desarrollar y equipar a las personas pobres, sobre todo los jóvenes, e inversión de capital financiero.
Tomemos como ejemplo el caso de Elysée Nkundabagenzi de Rwanda. Elysée vivía en una comunidad donde las personas eran extremadamente pobres y padecían malnutrición, y ella y sus vecinos recibieron pequeños préstamos, cabras y vacas, además de formación para la creación de huertos familiares.
Elysée ahora produce una cantidad suficiente de hortalizas y leche para comer y le sobra para vender en el mercado. Puede enviar a sus hijos a la escuela y contratar un seguro de salud. Además, ha podido dejar su choza de paja y se ha mudado a una casa nueva.
En todos los programas y proyectos respaldados por el FIDA que he visitado, me ha impresionado, es más, asombrado, el deseo y la capacidad de las personas de transformar sus propias vidas cuando gracias a las inversiones adecuadas se han visto empoderadas para hacerlo.
También es de crucial importancia invertir en las mujeres y los hombres jóvenes del medio rural para conseguir economías rurales pujantes. Los acontecimientos recientes ponen de manifiesto la energía, la creatividad y el poder de los jóvenes, y también la importancia de que puedan considerar que tienen un futuro en las sociedades en que viven.
En las zonas rurales, estos jóvenes son la próxima generación de agricultores, productores y trabajadores. Démosles las habilidades y la confianza que necesitan para dirigir explotaciones rentables o poner en marcha negocios, y se erigirán en los ciudadanos íntegros y los líderes comunitarios del mañana. Ignorémoslos, y no tendrán más remedio que abandonar sus hogares y familias para conseguir trabajo en las ciudades, en busca de una vida mejor pero a menudo solo al encuentro de más miseria.
Crear economías rurales más pujantes
El FIDA ya está adoptando medidas para crear economías rurales más pujantes. Gracias a los programas y proyectos que respaldamos, se están gestando las condiciones para que los pequeños agricultores y otras personas pobres del medio rural se conviertan en empresarios en los mercados nuevos y en evolución. La labor consiste, entre otras cosas, en promover la reducción de los costos de transacción, apoyar a las organizaciones de productores rurales, ampliar los servicios financieros a las zonas rurales y garantizar que los pequeños agricultores tengan acceso a infraestructura, servicios públicos e información. Otro elemento fundamental es alentar a los asociados a invertir en la buena gobernanza.
De hecho, el FIDA de 2015 aprovechará lo que el FIDA de hoy ya hace mejor: defender a la población rural pobre; amalgamar a los asociados para que financien programas de desarrollo rural sostenible; empoderar a la población rural pobre y ampliar un modelo que parte desde la base para que las personas pobres del medio rural sean los verdaderos asociados en su propio desarrollo.
El FIDA tiene una ventaja absoluta cuando se trata de trabajar con los pequeños agricultores y defender sus intereses. En su calidad de institución financiera internacional y organismo especializado de las Naciones Unidas, somos la única organización dedicada exclusivamente a la reducción de la pobreza rural en los países en desarrollo.
Gozamos de un reconocido prestigio en el sector del desarrollo agrícola y rural desde hace más de 30 años. Por habernos mantenido firmemente anclados en nuestro enfoque, incluso en momentos en que muchos donantes y gobiernos volcaban su atención en otras esferas.
Asociaciones
Cada vez con más frecuencia, nuestros asociados en el desarrollo, tanto nacionales como internacionales, están invirtiendo sus propios recursos por conducto de programas del FIDA a través de la cofinanciación. Permítanme citar una cifra de los resultados obtenidos en el primer año de la Octava Reposición de los Recursos, es decir 2010, que habla por sí sola de nuestra sólida capacidad de establecer asociaciones: por cada dólar que se ha aportado a la reposición, el FIDA ha movilizado otros seis dólares más de sus asociados para programas de desarrollo rural.
En 2015 las asociaciones tradicionales seguirán definiendo al FIDA. Pero en los últimos años, hemos ampliado nuestra estrategia de asociación para incorporar al sector privado. Consideramos que la participación responsable del sector privado es un elemento decisivo para optimizar las oportunidades económicas en las zonas rurales. Trataremos de atraer inversiones del sector privado a través de asociaciones con el FIDA. Al mismo tiempo, intentaremos invertir en las pequeñas y medianas empresas necesarias para sostener unas economías rurales florecientes, y trataremos de fortalecerlas, entre ellas, las de elaboración de productos agrícolas, comercialización y servicios financieros. También intensificaremos nuestras asociaciones con los sectores agroindustrial y de agronegocios.
A menos que el espacio rural se transforme en economías pujantes y competitivas, la población pobre se quedará atrás y será incapaz de participar en las nuevas oportunidades económicas que se presenten.
El FIDA también estudiará la creación de asociaciones financieras nuevas e innovadoras que puedan ayudarnos a ampliar aún más nuestro programa de trabajo. Un ejemplo de ello es el Fondo Fiduciario de España para el mecanismo de cofinanciación, que fue aprobado en 2010. Mediante un préstamo del Gobierno de España, de más de 285 millones de euros, equivalentes a 400 millones de dólares, y una donación de 14,5 millones de euros, podremos ampliar la escala de nuestras operaciones y, al mismo tiempo, seguir proporcionando el apoyo financiero que tanto necesitan los agricultores en pequeña escala.
El nuevo Fondo Fiduciario de España da testimonio de la credibilidad y la confianza que el FIDA inspira como asociado en el desarrollo agrícola y rural, así como de su capacidad en cuanto que institución financiera internacional. De hecho, el FIDA ha recibido recientemente el respaldo del Comité de Asistencia para el Desarrollo de la OCDE y de la Red de Evaluación del Desempeño de las Organizaciones Multilaterales al considerarla una organización sólida y centrada en los resultados.
Nuestra experiencia y nuestra inversión en lograr la eficiencia y la transparencia están dando sus frutos. El FIDA goza de la plena confianza de sus Estados Miembros, las organizaciones campesinas, y las mujeres y los pueblos indígenas.
Nos hemos dedicado con ahínco a construir esa confianza: sobre el terreno, con la creación de nuevas oficinas en los países y la ampliación de nuestra presencia; en Roma, con la celebración bienal del Foro Campesino que reúne a líderes de organizaciones campesinas de todo el mundo para interactuar con el personal y los asociados del FIDA; y en el marco del Foro de los Pueblos Indígenas, recién creado, a cuyo respecto tengo el placer de anunciar que ha sido oficialmente establecido en el FIDA tras un taller celebrado en los últimos dos días. Se prevé que su primera reunión mundial tendrá lugar en 2013, coincidiendo con el Consejo de Gobernadores del FIDA.
Informe sobre la pobreza rural
De cara al futuro, el FIDA de 2015 también estará determinado por las conclusiones del Informe sobre la pobreza rural, recientemente publicado. El informe es la evaluación más completa y actualizada del estado de la pobreza rural. Nuestra labor ya se rige por las conclusiones del informe, entre ellas los cuatro pasos esenciales para eliminar la pobreza y el hambre,
Estos consisten en:
Conclusiones
Según el FIDA mire hacia el futuro, seguiremos aumentando la escala de la labor que realizamos sobre el terreno, al tiempo que ampliamos nuestros esfuerzos por promover el desarrollo rural. Porque sabemos que la agricultura en pequeña escala puede liderar el crecimiento económico en los países en desarrollo y sacar a millones de personas de la pobreza, pero solo si está orientada al mercado, si es rentable y si es sostenible desde el punto de vista ambiental.
Y está empezando a suceder. Miren a Viet Nam. Miren a la República Unida de Tanzanía. Miren a Ghana. En cada uno de estos países, los pequeños agricultores están liderando el crecimiento agrícola y económico.
Con su apoyo constante, el FIDA reunirá la fuerza, la creatividad y la determinación necesarias para estar a la altura de los desafíos que plantea trabajar en un entorno cada vez más complejo, y para afrontar con éxito las dificultades que quedan por delante.
Nos estamos dedicando con tesón a esta labor en el período de la Octava Reposición. A fin de poder realizar un examen puntual de los recursos antes de que finalice este período, la Junta Ejecutiva ha ratificado un proyecto de resolución para la organización de la Consulta sobre la Octava Reposición de los Recursos del FIDA, con miras a su aprobación durante este período de sesiones del Consejo de Gobernadores.
Les invito a examinar oportunamente este tema a fin de autorizar el comienzo de la Consulta.
Al centrar nuestra atención en estos temas y otras esferas de interés durante los próximos dos días, espero que seamos capaces de tener presente la visión del FIDA en 2015. Puesto que el trabajo de hoy sentará las bases para los logros del mañana.
Llamamiento a la acción
Para garantizar que estos logros se materializan, me gustaría hacer un llamamiento a la acción a todos y cada uno de los aquí presentes.
A nuestros Estados Miembros de países en desarrollo, les pido que asuman compromisos concretos para la inversión de capital político, de capital financiero y en capital humano en sus países con miras a crear las condiciones propicias para que el desarrollo rural sea todo un éxito. Porque el cambio no puede imponerse desde fuera, debe cultivarse desde dentro.
A nuestros Estados Miembros de los países donantes y otros asociados, les pido que reconozcan a los países que han demostrado su compromiso prestándoles apoyo con las políticas y las inversiones adecuadas.
Y al personal del FIDA, les pido que trabajen incansablemente para ampliar el apoyo que prestamos al desarrollo rural sobre el terreno, que muestren los resultados obtenidos, y que defiendan una visión nueva y más dinámica del desarrollo rural.
El futuro está en nuestras manos.
Gracias por su atención.
Roma, 19 de febrero de 2011