Señora Presidenta del Consejo de Gobernadores,
Vuestras Excelencias,
Distinguidos Gobernadores,
Distinguidos invitados,
Señoras y señores:
En nombre de todos los que trabajamos en el FIDA —tanto en la Sede como sobre el terreno— me complace darles la más calurosa bienvenida al 35º período de sesiones de nuestro Consejo de Gobernadores.
En este período en que en gran parte del mundo reina la incertidumbre económica y en que la crisis financiera internacional está afectando a numerosos presupuestos nacionales, les estamos muy agradecidos por su inquebrantable apoyo.
Ustedes han demostrado poseer perseverancia, determinación y paciencia para invertir en el crecimiento a largo plazo— cuando acordaron un incremento sustancial del programa de trabajo del FIDA para el período de la Novena Reposición.
Estamos agradecidos por la confianza que han depositado en el FIDA y por creer en lo que hacemos. No solo hemos recibido un respaldo apreciable de nuestros asociados en el desarrollo con los que trabajamos desde siempre, sino que también hemos recibido importantes contribuciones de países de ingresos medios, economías emergentes y países que suelen ser receptores en lugar de contribuyentes.
Este año el Consejo de Gobernadores tiene por tema “Alimentar al mundo, proteger el planeta”.
Este tema, escogido para respaldar la próxima conferencia de Río+20, refleja el impacto que genera la degradación del medio ambiente en la agricultura y para los pequeños agricultores, impacto que el cambio climático está amplificando a un ritmo preocupante.
Al reconocer este hecho y a fin de contribuir a la aplicación de la política sobre medio ambiente y la estrategia sobre el cambio climático del FIDA, hemos concebido una iniciativa pionera, el Programa de Adaptación para la Agricultura en Pequeña Escala, mediante el cual se ayudará a dirigir financiación hacia inversiones sostenibles y atentas al clima en las comunidades de los pequeños agricultores pobres.
Cuando hace tres años me eligieron para dirigir el FIDA, prometí consolidar y profundizar el proceso de cambio y reforma. También prometí hacer del FIDA un aliado de la población rural pobre cada día más fuerte. Y prometí mantener la agricultura en los primeros lugares de las agendas nacionales e internacionales.
Hoy, el FIDA es una institución renovada. Obtenemos mayores resultados y atendemos a un mayor número de personas. Somos más eficientes, eficaces y transparentes que nunca antes en nuestra historia.
Las cifras hablan por sí solas. Hemos superado los objetivos fijados para el período de la Octava Reposición.
Nuestro índice de eficiencia, que mide la relación entre el presupuesto administrativo y el gasto para préstamos y donaciones, disminuirá al 12,5 por ciento en 2012. El objetivo era del 13,5 por ciento.
Actualmente, el 67 por ciento de nuestra fuerza de trabajo está asignada a los programas, mientras que el objetivo se cifraba en el 65 por ciento.
Además, los proyectos se ejecutan con mayor celeridad pues transcurre menos tiempo entre la aprobación y el primer desembolso. A su vez, se atiende con más prontitud a los beneficiarios de nuestros proyectos, lo que favorece una transformación más rápida de la vida de esas personas.
Nuestra organización ha sido fortalecida, reconfigurada y revitalizada.
La nueva Oficina de Estrategia y de Gestión de los Conocimientos constituye un instrumento poderoso para asegurar que nuestro trabajo se rige por las teorías más recientes.
Nuestra nueva Oficina de Asociaciones y Movilización de Recursos nos ayudará a promover el desarrollo agrícola y a conseguir la participación de otras instituciones.
La nueva Oficina de Ética nos ayuda a adherirnos a las mejores prácticas éticas de las instituciones financieras internacionales.
Puesto que somos una institución financiera internacional, somos totalmente conscientes de la importancia de una supervisión financiera sólida.
El año pasado, establecimos un Departamento de Operaciones Financieras separado, dirigido por un Oficial Financiero Principal. Procedimos a reorganizar la División de Servicios Financieros y del Contralor y a reforzar la División de Servicios de Tesorería.
Hemos adoptado un sistema de presupuestación basado en los resultados. Estamos realizando exámenes del presupuesto a mitad de año, y nuestro plan a medio plazo hará mejorar aún más nuestro nivel de responsabilización.
Hemos mejorado ulteriormente la supervisión financiera mediante la contratación de nuevos auditores externos por primera vez en la historia del FIDA.
El año pasado, también en este caso por primera vez, las consultas sobre la reposición fueron presididas por un presidente externo.
Asimismo, hemos seguido intensificando nuestra presencia sobre el terreno, con el resultado de que a finales de 2011 llegamos a contar con 64 miembros del personal en las oficinas en los países. Al concluir el año, el FIDA proporcionaba financiación a 240 programas y proyectos en 94 países y un territorio.
Consideren que hace cuatro años supervisábamos directamente solo el 18 por ciento de los proyectos que reciben nuestro apoyo. En julio de 2011, este porcentaje había aumentado al 93 por ciento.
La supervisión directa en los países nos ha ayudado a ejecutar un programa de préstamos y donaciones más cuantioso. Nos ha ayudado además a llegar a un mayor número de personas y ha reforzado la calidad de nuestro trabajo sobre el terreno. También nos ha permitido intensificar nuestro diálogo sobre políticas con los gobiernos. Hemos constatado mejores resultados en los países en que está presente una oficina del FIDA que en los países que carecen de ellas.
La capacidad del FIDA para ampliar la escala de sus operaciones implica que estamos atendiendo a más personas, y cambiando la vida de un mayor número de seres humanos. En 2010, 43,1 millones de personas recibieron servicios mediante proyectos apoyados por el FIDA, frente a los 29,2 millones de 2007.
Todas estas medidas han brindado una mayor agilidad, eficacia y constancia a nuestra capacidad de producir resultados. No se trata simplemente de nuestra opinión, sino del juicio de la Oficina de Evaluación Independiente del FIDA y de los exámenes y evaluaciones realizados por terceros, como los gobiernos australiano, británico y sueco, el Instituto Brookings, el CAD de la OCDE y la Red de Evaluación del Desempeño de Organizaciones Multilaterales (MOPAN).
Los esfuerzos que hemos desplegado para hacer del FIDA un instrumento de movilización de recursos eficaz están dando sus frutos. Por cada dólar aportado al FIDA en el marco de la Octava Reposición, movilizamos otros seis a favor de programas de desarrollo rural.
Quisiera dedicar unos instantes a dar las gracias a los miembros del personal del FIDA, tanto en la Sede como en el terreno, pues ellos son nuestro mayor recurso, y el más valioso. Precisamente gracias a su dedicación, compromiso y profesionalidad ha sido posible lograr cambios tan drásticos en el FIDA. Y gracias a su compromiso y profesionalidad, en los años venideros podremos cumplir nuestro programa de trabajo más ambicioso.
Dondequiera que ellos se encuentren, en el Brasil, la India, Kenya, el Senegal, Viet Nam o aquí en Roma, ¡quisiera rendirles homenaje a todos!
Señoras y señores:
Nos hemos mantenido fieles al mandato y la misión del FIDA. Nos hemos mantenido fieles a los valores del FIDA. Nos hemos mantenido fieles al modus operandi del FIDA mediante asociaciones y partiendo desde la base. Nuestros esfuerzos ofrecen a la población rural pobre la oportunidad de producir y vender una mayor cantidad de alimentos, incrementar los ingresos y tomar las riendas de sus vidas.
Los cambios que hemos adoptado nos permitirán hacer más, y mejor. Nos permitirán actuar en mayor escala y al mismo tiempo ser más eficaces y eficientes. Y nos permitirán contribuir a transformar un mayor número de vidas.
Este es un momento muy estimulante para ocuparse de desarrollo rural y para trabajar en el FIDA.
Nuestro programa de trabajo cada vez mayor nos ha convertido en un protagonista importante del desarrollo agrícola y rural.
Nuestra experiencia y conocimiento, basados en más de 35 años de trabajo en zonas remotas, en las que muy pocos asociados en el desarrollo e instituciones financieras internacionales se han aventurado, nos distingue de otras entidades del sector.
Nuestra voz —y las voces de la población rural pobre alrededor del mundo— es cada día más fuerte.
En el ámbito del Foro Económico Mundial de Davos, las reuniones del G-8 y el G-20 y la Conferencia sobre el Cambio Climático que se celebró el pasado mes de diciembre en Durban, y la Conferencia Río+20 que se llevará a cabo este verano, hemos planteado incesantemente la cuestión que más nos importa. Los pequeños agricultores pueden no solo proveerse a sí mismos de alimentos, sino también contribuir a alimentar al mundo.
Nuestro mensaje se escucha. Ha llegado el momento de que los pequeños agricultores desempeñen la función que les corresponde en el crecimiento económico y la seguridad alimentaria.
Por decirlo llanamente, la agricultura es un sector en expansión. En vista de que según las previsiones la población mundial superará los 9 000 millones de personas en 2050, con toda seguridad la demanda de alimentos aumentará en los próximos años.
Nuestra tarea es dar a los pequeños agricultores, y a todo el que viva en las zonas rurales, la posibilidad de formar parte de esta expansión mediante el desarrollo de su potencial. A medida que aumenten las personas que migran a las ciudades, quienes se queden atrás cobrarán mayor importancia, porque la agricultura es ante todo una actividad rural.
Cuando esos agricultores son reconocidos como empresarios en pequeña escala, cuando tienen acceso a recursos e incentivos más adecuados, y cuando tienen asimismo acceso a los mercados y a un entorno favorable, pueden transformar sus comunidades, sus propias vidas, e incluso el mundo. Cabe recordar que unos dos mil millones de personas viven y trabajan en las pequeñas explotaciones del planeta.
Permítanme ofrecerles tres ejemplos muy rápidamente. Lo que estoy por contarles no son relatos de los miembros del personal, sino que lo he visto con mis propios ojos.
En Kenya, conocí a Jane Njaguara, quien puede mandar a sus hijos a la escuela gracias a las ganancias obtenidas con su negocios de productos lácteos, que puso en marcha con tan solo una cabra. Ahora da empleo a otras personas, lo que proporciona ingresos y oportunidades para la comunidad en la que vive.
En la provincia china del Sur de Gansu, una zona aquejada por frecuentes sequías, muy parecidas a las duras condiciones que imperan en muchas zonas de África, los agricultores pueden proveerse a sí mismos y sus familias de alimentos. Además, obtienen mayores ingresos.
En la aldea de Jiao He, conocí a Li Guo Chin, un agricultor cuyos ingresos eran inferiores a dos dólares estadounidenses al día en 2006. Hoy día, sus ingresos brutos han aumentado a unos 35 dólares.
En Guatemala, conocí a Pedro Tun, un pequeño agricultor y presidente de una asociación de productores.
Gracias al apoyo de un proyecto financiado por el FIDA, esas personas pudieron comprar equipo de riego, construir un nuevo almacén y trabajar con asociados del sector privado para llevar sus productos a nuevos mercados. Hoy día, los venden a algunos de los mayoristas más importantes del mundo, como Wal-Mart, de los Estados Unidos.
Estas son las personas con las que trabajamos. Mediante actividades agrícolas pequeñas han podido alimentar a sus familias, adquirir medicamentos, educar a sus hijos, volver a construir sus viviendas e invertir en sus negocios.
Lo que más me ha impactado de todos los programas y las comunidades rurales que visité ha sido la capacidad de resistencia y recuperación de las personas, su deseo, firme decisión y capacidad de transformar sus vidas.
¿Cuáles son las perspectivas para el futuro?
Las consultas relativas a la Novena Reposición de los Recursos del FIDA nos han aportado una hoja de ruta para 2015, por cuya senda vamos bien encaminados.
Consolidaremos nuestra presencia en los países, y consolidaremos la reforma institucional, especialmente en materia de recursos humanos.
Nuestra auditoría de las funciones nos permitirá alinear en mayor medida las funciones y los objetivos estratégicos del FIDA.
La evaluación de la eficiencia a nivel institucional —que a mi entender es la primera de su clase para cualquier IFI u organismo de las Naciones Unidas— nos dará la posibilidad de garantizar aún más a nuestros Miembros el uso óptimo de los recursos.
Gracias al considerable mejoramiento del marco de medición de los resultados, podremos dar muestra de nuestro firme empeño por conseguir resultados concretos. Podremos proporcionar una evaluación más amplia y exhaustiva del impacto en términos de desarrollo —en particular, el número de personas que ayudamos a salir de la pobreza.
Además, afinaremos la atención a la ampliación de la escala de los objetivos del FIDA.
También intensificaremos las asociaciones con el sector privado, a fin de que los pequeños agricultores se conviertan en asociados más visibles en el ámbito de los esfuerzos que despliegan por abastecer al mundo de alimentos.
El Programa de Adaptación para la Agricultura en Pequeña Escala hará del FIDA un líder en la esfera de la financiación atenta al clima a favor de los pequeños agricultores.
Asimismo, ampliaremos nuestra presencia en los estados frágiles y las zonas remotas de los países en desarrollo en los que el FIDA trabaja desde siempre.
El período de la Novena Reposición coincide con los años conclusivos de la campaña mundial dirigida a alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Lo que hagamos en los próximos años contribuirá directamente al cumplimiento del primer objetivo, es decir, reducir a la mitad el porcentaje de personas que viven en situación de pobreza extrema y padecen hambre. Prevemos que en 2015, al concluir el período de la Novena Reposición, llegaremos a atender a entre 80 y 90 millones de personas.
También contribuirá al tercer objetivo, relativo a la igualdad de género, y al séptimo objetivo, proteger el medio ambiente. Asimismo, contribuirá indirectamente a la mayoría de los demás ODM, porque son muchos los problemas del mundo que tienen sus raíces en la pobreza y el hambre.
En cada foro, cada conferencia, cada reunión y cada cumbre seguiremos siendo portavoces de los pequeños agricultores, pescadores, pastores, trabajadores agrícolas sin tierras, y de las mujeres y los jóvenes.
En casi todas las sociedades rurales, las mujeres son las principales dispensadoras de cuidados. Pero también son, y cada día más, agricultoras y trabajadoras agrícolas. Ellas serán nuestra prioridad fundamental.
Debemos asimismo velar por las necesidades de los jóvenes. Tenemos que aprovechar el inmenso caudal de energía que poseen y brindarles oportunidades, especialmente en las zonas rurales.
Necesitamos que los jóvenes de hoy sean los agricultores de mañana. Si creamos una variedad de posibilidades de empleo para la juventud en el medio rural, contribuiremos a frenar el éxodo hacia las ciudades y al extranjero.
Llevaremos adelante nuestra labor encaminada a lograr los objetivos fijados para el período de la Novena Reposición, y lo haremos mediante asociaciones.
Quienes participaron en el Foro Campesino a principios de esta semana habrán tenido la oportunidad de conocer a algunos de nuestros asociados más importantes, los agricultores de los países en desarrollo. El Foro Campesino, que se celebra cada dos años, agrupa a líderes de las organizaciones campesinas de todo el mundo a fin de que establezcan contacto entre ellos y con el personal y los asociados del FIDA.
También seguiremos forjando vínculos sólidos con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), nuestras organizaciones hermanas con sede en Roma.
Espero con sumo interés trabajar con mis nuevos colegas, José Graziano da Silva en la FAO, y Ertharin Cousin cuando se traslade al PMA en abril.
Sacaremos partido de nuestros fortalezas y sinergias a lo largo del amplio espectro de actividades que abarcan desde la asistencia humanitaria hasta el desarrollo, a fin de mejorar la seguridad alimentaria y eliminar la pobreza y el hambre.
Soy consciente de que no nos espera un año fácil. La incertidumbre económica que asoló a tantos países el año pasado al parecer se prolongará. Sé que buena parte de nuestros Estados Miembros tendrán que hacer frente a necesidades nacionales apremiantes a breve plazo.
Sin embargo, tengo la certeza de que mantendrán la resistencia y la determinación necesarias para seguir invirtiendo a largo plazo.
El desarrollo agrícola y rural es fundamental para que la seguridad alimentaria y nutricional perdure. Es el camino a seguir hacia el empleo, la creación de riqueza y el crecimiento económico. Constituye la base de la cohesión social, el empoderamiento de la mujer y la igualdad de género. Y es el fundamento de la paz y la seguridad en el mundo.
Juntos, tenemos la capacidad de crear un futuro mejor para millones de personas. Demostremos que poseemos la perseverancia y la determinación necesarias para marcar una diferencia concreta.
Muchas gracias.
22 de febrero de 2012