El desarrollo sostenible no es posible si no se erradican el hambre y la pobreza extrema
Nos encontramos ante una encrucijada: la eliminación del hambre y la pobreza, mediante métodos que no comprometan el futuro de la vida en el planeta, está a nuestro alcance. Tal es la esencia de la sostenibilidad. Para ello no solo será necesario aceptar a nivel universal el derecho de todas las personas a no padecer hambre, sino también introducir cambios profundos en la forma en que producimos y consumimos alimentos, y en que manejamos los recursos de la Tierra.
Río+20 nos brinda una excelente oportunidad, pues nos permite agrupar distintas agendas de seguridad alimentaria y desarrollo sostenible con miras a construir el futuro que deseamos. Cada vez tenemos mayores conocimientos sobre cómo eliminar el hambre y la pobreza en formas que también promuevan una gestión eficaz de los recursos naturales, fomenten la inclusión social e impulsen el crecimiento económico.
Mil trescientos millones de personas viven en situación de pobreza extrema, y cerca de 900 millones padecen desnutrición crónica. Además, otros mil millones de personas sufren una falta de vitaminas y minerales, lo que se ha dado en llamar "hambre oculta". La desnutrición en los niños les impide alcanzar su pleno potencial físico y cognitivo, y ello tiene un costo por lo que respecta a las vidas humanas, los medios de subsistencia y el crecimiento económico. Es menester que todos comprendamos que las ideas sobre el desarrollo sostenible planteadas en Río no pueden concretarse si el hambre y la pobreza persisten.
Podemos y debemos prestar ayuda a fin de que las personas pobres en todo el mundo tengan acceso a los alimentos que necesitan, y debemos respaldar sus esfuerzos por liberarse de forma definitiva del ciclo de la pobreza. Pero los ecosistemas y la biodiversidad del mundo ya están sometidos a una presión extrema como resultado de la explotación excesiva, la degradación y los efectos del cambio climático. Nos enfrentamos ahora al reto de aumentar un 60 por ciento la producción mundial de alimentos antes de 2050 y, al mismo tiempo, manejar la base de los recursos naturales de forma tal que no dejemos desprovistas a las futuras generaciones.
Se puede lograr. Podemos alcanzar nuestra meta de eliminar el hambre a la vez que promovemos la producción sostenible de alimentos. Sabemos cuáles son las herramientas y políticas adecuadas. Lo que necesitamos con mayor urgencia son sistemas de gobernanza e instituciones que promuevan la responsabilización y permitan asegurar la ampliación y aplicación de tales herramientas y políticas.
Río+20 debe demostrar la voluntad política de mejorar la gobernanza, introducir reformas de políticas y, fundamentalmente, pasar a la acción. Todos nuestros esfuerzos por lograr un "desarrollo sostenible" serán en vano si no podemos alimentar a la humanidad y salvaguardar los recursos de los que depende la vida.
Se trata de un reto que involucra a todos y supone la adopción de medidas por parte de los gobiernos, el sector privado y la sociedad civil, así como los productores y consumidores de alimentos. La responsabilidad es de todos. Debemos explotar el pleno potencial de las asociaciones y realizar una labor intersectorial que suprima las barreras que a menudo han promovido la falta de coordinación y eficiencia en las actividades de desarrollo. Deben mantenerse los principios de inclusión, equidad e igualdad de género, así como un enfoque basado en los derechos tanto en el proceso de consultas como en la adopción de medidas. Podemos asimismo consolidar instituciones ya existentes, integradoras, como el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial.
Debemos ser conscientes de que la inversión en nuestros sistemas alimentarios se centra en las personas y el sector privado. Las personas que trabajan en los 500 millones de pequeñas explotaciones agrícolas de todo el mundo constituyen los pilares de muchas economías rurales, y son quienes más invierten en la agricultura en el mundo en desarrollo. Son asimismo custodios de una gran parte de los recursos naturales y la biodiversidad del planeta. Su potencial en cuanto empresarios es enorme, pero muy a menudo carecen de los recursos que necesitan para prosperar, alimentar a sus familias y contribuir a la seguridad alimentaria y nutricional de otras personas.
Las mujeres son agentes impulsores del cambio. La mayoría de los pequeños agricultores son mujeres. Si a estas se les otorgara el mismo acceso que tienen los hombres a los activos, los servicios y otros recursos, la reducción de la pobreza y la promoción de la seguridad alimentaria podrían verse sumamente beneficiadas. No desperdiciemos ese potencial, no excluyamos sus voces.
Debemos ampliar las redes de seguridad y promover medios de vida y entornos resistentes. Para que las personas más pobres y vulnerables que viven tanto en zonas rurales como en zonas urbanas tengan acceso a una alimentación adecuada y nutritiva en todo momento necesitan ser apoyadas mediante la investigación, la educación, la asistencia y programas de protección social o redes de seguridad. Los países con inseguridad alimentaria y las comunidades expuestas a una creciente degradación de la tierra y escasez de recursos, a cambios en el régimen de lluvias y a fenómenos meteorológicos extremos, así como a un empeoramiento de las condiciones del mercado, a un repunte de los precios de los alimentos y otros tipos de crisis deben adoptar medidas de gestión del riesgo de catástrofes y aumentar su capacidad de resistencia.
Se necesita contar con sistemas de tenencia responsables* a fin de garantizarle a la población pobre los derechos de acceso a la tierra, la pesca y los bosques. Los métodos y tecnologías agrícolas que tienen en cuenta la naturaleza y que no se oponen a ella pueden contribuir a que tales sistemas produzcan más, y de forma más sostenible. Al promover la diversificación de los cultivos se puede asegurar que la agricultura produzca una variedad de alimentos adecuados para la salud y la nutrición, y se puede también proporcionar la capacidad de resistencia necesaria para hacer frente al cambio climático.
Deben asimismo tomarse medidas con las que pueda combatirse el desperdicio de una tercera parte de los alimentos producidos a nivel mundial o bien su pérdida como resultado del deterioro, de daños o bien por otras causas. Si se sacara el máximo partido de lo que ya se produce y cosecha no debería aumentarse tanto la producción a fin de alimentar a una población cuyo número está en aumento, se incrementarían los ingresos y mejoraría la seguridad alimentaria de los agricultores pobres, y se disminuiría además al mínimo el impacto de la producción de alimentos en los ecosistemas mundiales.
El futuro que queremos está a nuestro alcance. Los organismos con sede en Roma dedicados a la alimentación y la agricultura, en conjunto, se comprometen a colaborar con las organizaciones internacionales, los gobiernos, las instituciones de investigación, la sociedad civil y las organizaciones no gubernamentales, las cooperativas, las organizaciones de pequeños agricultores, las comunidades y el sector privado, en todos los niveles. Debemos, todos juntos, aunar esfuerzos para responder a este desafío.
Aprovechemos esta oportunidad histórica. Dediquémonos a transformar los sistemas de producción alimentaria y consumo poco sostenibles con que contamos actualmente a fin de garantizar que todas las personas tengan acceso a suficientes alimentos nutritivos. Debemos actuar ahora.
* Las Directrices voluntarias sobre la gobernanza responsable de la tenencia de la tierra, la pesca y los bosques en el contexto de la seguridad alimentaria nacional, recientemente aprobadas por el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial, describen los principios y prácticas en los que pueden basarse los gobiernos cuando redactan leyes y aplican derechos sobre la tierra, la pesca y los bosques.