Comunicado de prensa IFAD 09/04
Roma, 19 febrero Cándida Hernández y Merlin Peña forman parte de los 14,5 millones de latinoamericanos que viven en Estados Unidos y que cada año envían unos 40.000 millones de dólares para ayudar a sus familias y en su caso para crear fuentes de trabajo que impidan a otros hombres y mujeres como ellas a tener que abandonar sus propios países.
Sus relatos, en una mesa redonda realizada en el 27ª Consejo de Gobernadores del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), que se celebró en Roma el miércoles y jueves, contribuyeron a dar mayor fuerza a la idea lanzada en esta reunión por esta agencia de Naciones Unidas sobre las remesas de los emigrantes.
La División de América Latina y el Caribe del FIDA se propone ayudar a las organizaciones de emigrantes a crear proyectos de desarrollo con las remesas que mandan a sus países y abaratar además los costos del envío de sus dineros.
Cándida Hernández es del estado mexicano de Oaxaca, en el sur de México, que a los 25 años debió emigrar a Estados Unidos en búsqueda de un trabajo que le diera para vivir y al mismo tiempo ayudar a sus padres y a sus nueve hermanos.
Ahora que tiene 43 años, que vive y trabaja en Los Angeles, está preocupada no solo de su familia, sino también, a través de una organización de emigrantes, envía dinero para ayudar a su comunidad a crear fuentes de trabajo para que nadie esté obligado a emigrar porque la vida fuera de su país es muy dura.
Su organización está formada por unas 60 personas que viven en distintos lugares de Los Angeles y que provienen de su mismo pueblo, Aloquezco de Aldama, donde ahora viven solo mujeres porque los hombre debieron emigrar.
Las remesas a México alcanzan a 14.00 millones de dólares
anuales y, según una encuesta sobre ka migración, el 42%
de los migrantes mexicanos proceden de las zonas rurales .
Además, como ahora tiene 43 años y mira hacia el futuro,
una parte de las remesas es de inversión, en una fábrica
que se construye en su pueblo, a donde desea regresar. Es lo que
siempre hemos querido, porque hemos tenido que vivir afuera no por gusto
o placer, sino por obligación y necesidad.
Según un estudio difundido por el FIDA, las remesas que envían los emigrantes a América Latina y el Caribe han sobrepasado el nivel de la Inversión Directa para el Desarrollo (IED) y la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD).
La guerra obligó a Merlin Peña a salir de El Salvador, como a la mayoría de los 2,5 millones de salvadoreños que vive en Estados Unidos. Vivo en Boston desde hace 22 años y medio. Era muy joven, tenía 22 años, dos hijos y estaba esperando otro, cuando abandoné mi país junto a mí esposo. Ahora tiene 46 años y cuatro hijo.
Calificó de positivo que el FIDA organice también el envío de dinero porque nosotros lo hacemos a través de los viajeros, gente que viaja todos los meses a nuestro país y que lleva dinero y cosas y trae de vuelta también encomiendas que mandan sus familiares, sobre todo, alimentos y productos artesanales.
Además de enviar dinero a sus familiares, a través de una organización que crearon en Boston, lo mandan para realizar obras sociales en el departamento de San Vicente, en la zona central de El Salvador, y queremos crear ahora, con la ayuda del FIDA, proyectos de desarrollo que creen fuentes de trabajo para que los jóvenes no tengan que salir. Las remesas a El Salvador representan el 15% de su Producto Interno Bruto (PIB).
La posibilidad de colaborar con los migrantes es un tema que el FIDA considera de vital importancia por el fuerte vínculos que mantienen con la población rural pobre.