Comunicado N.º: IFAD/15/07
Roma, 16 de febrero de 2007 – El número de personas que abandonan sus lugares de origen en busca de nuevas oportunidades económicas está aumentando en todo el mundo. La mayoría de ellas proviene de las áreas rurales más empobrecidas, según informaron los especialistas reunidos en una mesa redonda sobre ‘Migración y empleo en las zonas rurales’, celebrada en el marco de la 30ª Sesión del Consejo de Gobernadores del Fondo Internacional sobre Desarrollo Agrícola (FIDA).
La escasa productividad de las actividades agrícolas es la causa principal de las altas tasas de abandono de las zonas rurales, dijo Aziz Khan, docente de la School of International and Public Affairs de la Columbia University, en New York.
“Si no conseguimos hacer más rentable la agricultura, habrá que buscar otras fuentes de ingreso no agrícola en las zonas rurales” dijo Khan.
“La falta de infraestructuras básicas —como carreteras para poder llegar al hospital o al mercado más cercano— también contribuyen al éxodo hacia zonas urbanas con mejores servicios, recordó Rosemary Vargas-Lundius, Coordinadora de Políticas del FIDA.
Las políticas de desarrollo rural deberían concentrarse en promover acciones que eliminen los motivos de esta inmigración, y en apoyar las iniciativas que los emigrantes quieren apoyar en sus lugares de origen, añadió Vargas-Lundius.
“Por ejemplo, establecer políticas apropiadas de regulación del comercio y de los precios de los productos agrícolas; apoyar los procesos de descentralización administrativa, y mejorar el acceso al crédito de los más pobres puede contribuir a crear un ambiente favorable para la inversión de los emigrantes en el desarrollo de sus lugares de origen”.
Durante los últimos 50 años, alrededor de 800 millones de habitantes rurales han emigrado hacia ciudades más grandes dentro de su propio país, o al extranjero. Según Frédéric Sandron, investigador del Institut de recherche pour le développement de Paris, “la migración al interno de los países es siete veces mayor que la emigración internacional”.
Una de las consecuencias negativas de la emigración, según Sandrón, es el vacío de trabajadores capacitados que deja en las zonas rurales. Otra consecuencia negativa es el cambio del perfil social y demográfico que ocasiona: es el segmento más joven, tanto hombres como mujeres, los que abandonan las aldeas, dejando atrás una población demasiado joven o demasiado anciana para generar renta y dinamismo social.
En opinión del profesor Khan, la comunidad internacional no tiene la capacidad de parar este éxodo masivo, pero si puede canalizar estos flujos “para que sean más eficaces y más organizados”.
Por ejemplo, un flujo de envío de remesas más ordenado, a través del sistema bancario formal, puede tener un impacto mayor en las aldeas de origen de los emigrantes. Las últimas cifras disponibles señalan que en algunos países las remesas enviadas por los emigrantes superan la contribución total del sector agrícola a la renta nacional.
Por su parte, Cecilia Tacoli, Jefa de investigación del International Institute for Environment and Development en Londres, recordó la importancia de las ciudades de tamaño medio —hasta medio millón de habitantes— como receptoras de inmigración rural.
“Estas ciudades no sólo son una fuente importante de trabajo estacional; son además un importante mercado para la producción agrícola de las aldeas vecinas”. En África, por ejemplo, el 80 por ciento de los alimentos que se consumen en las ciudades de tamaño medio proviene de las aldeas vecinas, señaló Tacoli.
Los ponentes de la mesa redonda coincidieron en que la migración debería ser una opción posible para los habitantes de las zonas rurales pobres, pero no la única oportunidad de supervivencia.
Como señaló Benjamin Davies, economista de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en algunos países de América Latina, como México o El Salvador, la emigración se ha convertido en un modelo de vida.
El Consejo de Gobernadores es el máximo órgano de decisión del FIDA. Su reunión anual sirve para discutir el presupuesto y las políticas de lucha global para la erradicación de la pobreza rural. Delegados de los 165 países miembros del FIDA, incluidos ministros de hacienda, de la agricultura y del desarrollo rural, participan en este encuentro.
El FIDA es un organismo especializado de las Naciones Unidas consagrado a erradicar la pobreza y el hambre en las zonas rurales de los países en desarrollo. Por medio de préstamos a bajo interés y donaciones, elabora y financia proyectos que dan a los pobres de las zonas rurales la oportunidad de salir de la pobreza por sí mismos. En la actualidad están en marcha 185 programas y proyectos de erradicación de la pobreza rural financiados por el FIDA, por un valor total de 6 600 millones de dólares. El FIDA ha invertido unos 3 100 millones de dólares en iniciativas de este tipo, que han recibido además cofinanciación de los gobiernos, los beneficiarios, los donantes bilaterales y multilaterales y otros asociados. A pleno rendimiento, esos programas habrán ayudado a cerca de 89 millones de mujeres y hombres pobres de las zonas rurales a forjarse una vida mejor para ellos mismos y sus familias. Desde que inició sus actividades en 1978, el FIDA ha invertido casi 9 500 millones de dólares en 732 proyectos y programas que han contribuido a que cerca de 300 millones de personas pobres del medio rural alcancen mejores vidas para sí mismos y sus familias.Los gobiernos y otras fuentes de financiación en los países receptores, entre ellos los beneficiarios de los proyectos, han aportado casi 9 000 millones de dólares, y los organismos bilaterales, multilaterales y otros donantes han proporcionado otros 7 100 millones de dólares a título de cofinanciación.