Enabling poor rural people
to overcome poverty



IFAD 08/07

Roma, 12 de septiembre de 2007. El Vicepresidente del FIDA, Kanayo Nwanze, pondrá de relieve, esta semana, el papel del desarrollo rural para poner freno a la degradación de la tierra en su intervención ante la Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, que va a celebrar su octavo período de sesiones en Madrid.

“La gente suele considerar la desertificación simplemente como un problema ambiental, sin embargo también afecta negativamente a la economía y la agricultura”, ha afirmado Nwanze. “La mejor manera de proteger los recursos naturales es a través del desarrollo rural, de modo que los agricultores y los pastores pobres logren superar el hambre y la pobreza.”

Nwanze estará en Madrid los días 13 y 14 de septiembre para intervenir en la serie de sesiones de alto nivel de la Convención de Lucha contra la Desertificación. Durante su visita, Nwanze mantendrá asimismo conversaciones bilaterales con altos funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores español.

El FIDA trabaja con agricultores de subsistencia, pastores nómadas, jornaleros y otras personas que dependen de tierras frágiles para sobrevivir. La experiencia demuestra que la desertificación y la degradación de la tierra son, a la vez, causa y consecuencia de la pobreza rural.

El FIDA cuenta con una amplia experiencia en la lucha contra la desertificación. La decisión de crear un organismo de las Naciones Unidas con sede en Roma consagrado a la lucha contra la pobreza rural se tomó en 1974, tras la sequía y las hambrunas que habían asolado el continente africano durante los seis años anteriores.

En la actualidad el 70 por ciento de los programas y proyectos que reciben apoyo del FIDA se ejecutan en entornos marginales y ecológicamente frágiles. Entre 1999 y 2005, el FIDA destinó préstamos y donaciones por valor de 2 000 millones de dólares estadounidenses a la ejecución de programas y proyectos relacionados con la degradación de la tierra y la desertificación.
El FIDA es uno de los principales patrocinadores de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación y alberga en su sede al Mecanismo Mundial, un organismo subsidiario de la Convención que ayuda a los países a movilizar y gestionar recursos para detener la desertificación. El FIDA es el donante único que más contribuye al Mecanismo Mundial, gracias a lo cual los planes de acción del Mecanismo puedan ejecutarse en 29 países diferentes. Esta labor complementa el papel del FIDA como proveedor de apoyo técnico y financiero de otras iniciativas que tienen que ver con la Convención.
La Conferencia de las Partes, el órgano decisorio de la Convención, se reunirá en la capital española del 3 al 14 de septiembre.


El Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) es una institución financiera internacional y un organismo especializado de las Naciones Unidas consagrado a erradicar la pobreza y el hambre en las zonas rurales de los países en desarrollo. Mediante la concesión de préstamos a bajo interés y donaciones, elabora y financia programas y proyectos que dan a la población rural pobre la oportunidad de salir de la pobreza por sus propios medios. En la actualidad están en marcha 195 programas y proyectos de erradicación de la pobreza rural financiados por el FIDA, cuyo valor total asciende a 6 700 millones de dólares. El FIDA ha invertido unos 3 100 millones de dólares en esas actividades, que han recibido además cofinanciación de los gobiernos, los participantes en los proyectos, los donantes multilaterales y bilaterales y otros asociados. Esas iniciativas ayudarán a cerca de 86 millones de mujeres y hombres pobres de las zonas rurales a forjarse una vida mejor para ellos mismos y sus familias. Desde que inició sus actividades en 1978, el FIDA ha invertido 9 600 millones de dólares en 738 programas y proyectos que han beneficiado a más de 307 millones de mujeres y hombres pobres del medio rural. Los gobiernos y otras fuentes de financiación en los países receptores, entre ellos los participantes en los proyectos, han aportado 9 100 millones de dólares, y los organismos bilaterales, multilaterales y otros donantes han proporcionado otros 7 100 millones de dólares a título de cofinanciación.