Enabling poor rural people
to overcome poverty



Roma, 22 junio 2010 - Una nueva investigación revela que es posible estructurar las inversiones agrícolas en las naciones en desarrollo como alternativas a la adquisición de tierras en gran escala. El estudio documenta una gama de modelos empresariales más integradores que pueden reportar beneficios a los pequeños agricultores y proteger los derechos de estos sobre la tierra, al tiempo que aseguran ganancias a las empresas.

El informe, publicado hoy por el Instituto Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo (IIED), fue encomendado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE).

En el documento se señala que cualesquiera orientaciones internacionales relacionadas con las inversiones agrícolas deberían no sólo abarcar los posibles efectos negativos de las adquisiciones de tierras en gran escala, sino también promover modelos de inversión que maximicen las oportunidades para los pequeños productores.

En él se exponen varias opciones de colaboración entre los grandes inversionistas y los pequeños productores locales que podrían resultar mutuamente provechosas, las cuales se recogen en seis conceptos amplios: agricultura por contrata; contratos de gestión; arrendamiento y aparcería; operaciones conjuntas; empresas de propiedad de los agricultores, y vínculos empresariales entre las fases inicial y posterior (véanse las notas para los editores).

Ninguno de los modelos representas la mejor opción posible para los pequeños agricultores en una situación dada, pues para que un modelo arroje beneficios a los agricultores y siga resultando ventajoso para los inversionistas, en cada contexto específico deben tenerse en cuenta características locales como las modalidades de tenencia de la tierra, las políticas, la cultura, la historia y consideraciones de carácter biofísicos y demográfico.

Según el informe, existen múltiples maneras en que las empresas puedan realizar sus actividades con enfoques más integradores y al mismo tiempo reducir lo más posible los riesgos, y aun así, obtener ganancias. Ello puede suponer unas relaciones de trabajo más estrechas con los asociados, productores y agricultores locales, así como una mayor repartición del valor generado por las inversiones.

El informe se centra en cómo los distintos modelos empresariales pueden distribuir el valor —en cuanto a riesgos, recompensas, sentido de apropiación y capacidad de influir en las decisiones operativas— entre los inversionistas y los asociados locales. En el documento se analizan las ventajas, desventajas, oportunidades y limitaciones de cada modelo, además de las posibles formas en que puede aplicarse en mayor escala.

Tal y como se plantea en el informe, los acuerdos sobre tierras más integradores pueden surtir efecto solo si las empresas los consideran componente económicos genuinos de sus negocios y no una mera parte del programa de responsabilidad como empresas. En el informe se destaca asimismo que es fundamental obrar para reforzar el poder de negociación de los agricultores locales.

También se observa que los gobiernos y los organismos de desarrollo pueden hacer mucho para fomentar modelos empresariales más equitativos e integradores, y prestar apoyo a los pequeños productores en sus relaciones con los gobiernos y los inversionistas.


Tras las siguientes citas del FIDA, la FAO, la COSUDE y el IIED, se proporciona la información de contacto necesaria

Dr. Lorenzo Cotula, Investigador Superior del IIED (coautor): “Las inversiones agrícolas pueden arrojar beneficios a las naciones en desarrollo, pero las grandes transacciones de tierras encierran riesgos elevados porque las poblaciones locales pueden perder el acceso a las tierras y los recursos que han utilizado por generaciones. Las inversiones más prometedoras son las que comprenden la prestación de apoyo a los pequeños productores locales en lugar de las grandes plantaciones.

Andrea Ries, Jefa del Programa Mundial Seguridad Alimentaria (COSUDE): “El informe pone de relieve la función decisiva que pueden desempeñar los asociados en el desarrollo para respaldar y fortalecer el diálogo entre las comunidades de los pequeños productores, los gobiernos y los inversionistas con objeto de fomentar inversiones sostenibles e integradoras en la esfera agrícola.

Harold Liversage, Gerente del Programa de Tenencia de la Tierra (FIDA): “En el FIDA consideramos que la seguridad de los derechos sobre la tierra y el acceso equitativo a este recurso —sobre todo en el caso de los pequeños agricultores— son esenciales para el crecimiento económico y la reducción de la pobreza. Las asociaciones entre los posibles inversionistas y los pequeños agricultores pueden deparar importantes oportunidades, pero no exigen que se transfieran derechos sobre la tierra en gran escala.

Alexander Müller, Director General Adjunto de la FAO: “El informe expone diversas formas en que las inversiones agrícolas en los países en desarrollo, en particular las inversiones internacionales y en gran escala, pueden multiplicar las oportunidades para los pequeños agricultores. Esto ayudará a evaluar y diseñar proyectos de inversión agrícola dirigidos a mejorar la seguridad alimentaria de todos.


Notas para los editores

La realización de la investigación estuvo a cargo del mismo equipo que el año pasado produjo el primer estudio detallado sobre adquisiciones de tierras en gran escala y sus posibles efectos. Véase el sitio web:

Los principales modelos empresariales expuestos en el informe pueden definirse del modo siguiente:

La agricultura por contrata se refiere a acuerdos de suministro preestablecidos entre agricultores y adquisidores. Normalmente, los agricultores locales cultivan y entregan en una fecha convenida productos agrícolas por una cantidad y calidad especificadas. A cambio de ello, la empresa proporciona insumos iniciales, como crédito, semillas, fertilizantes, plaguicidas y asesoramiento técnico, los cuales pueden imputarse al precio de adquisición final, y acepta adquirir los productos suministrados, por lo general a un precio fijado.

Los contratos de gestión y arrendamiento se refieren a las diversas disposiciones con arreglo a las cuales un agricultor o una empresa de gestión agrícola explotan la tierra agrícola perteneciente a un tercero. Los contratos de gestión pueden ser de arrendamiento o aparcería, pero implican la “custodia”, el manejo de la tierra en nombre de su dueño. A menudo, como incentivo para el manejo de la explotación agrícola, el contrato prevé una u otra forma de repartición de beneficios en lugar de una tarifa fija. El arrendamiento y la aparcería son versiones de contratos de gestión en los que los agricultores, por ejemplo, un pequeño productor, labran la tierra de una agroindustria de mayor magnitud o de otros agricultores. En el caso del arrendamiento, se suele fijar una tarifa fija, mientras que en la aparcería, el terrateniente y el aparcero se reparten la cosecha (o los ingresos derivados) conforme a un porcentaje acordado con antelación.

Las actividades conjuntas conllevan la propiedad de una actividad empresarial por dos agentes de mercado independientes, como por ejemplo una agroindustria y una organización campesina. Las actividades conjuntas suponen una repartición de los riesgos y beneficios financieros y en la mayoría de los casos, aunque no siempre, de la autoridad decisoria, en función del nivel de participación en el capital. Las empresas de propiedad de agricultores son estructuras empresariales constituidas oficialmente a fin de que los agricultores puedan aunar sus activos para emprender una actividad determinada (por ejemplo, elaboración o comercialización), tener acceso a financiación o limitar la responsabilidad de los miembros a título individual. Estos tipos de actividad suelen pertenecer a cooperativas para facilitar las transacciones comerciales.

El término “vínculos empresariales entre las fases inicial y posterior” engloba un conjunto de oportunidades comerciales, aparte de la producción agrícola directa, tanto para la agroindustria como para los pequeños productores y las pequeñas empresas locales.

En el informe se advierte que ningún enfoque es perfecto. Un ejemplo lo ofrece la agricultura por contrata, que prevé que los pequeños agricultores se incorporen a la cadena de valor y puedan vender sus productos a un precio convenido. Este hecho puede representar un apoyo para los pequeños productores pobres, a fin de que tengan más acceso a los mercados, pero también dar lugar a una relación de explotación, en la que los pequeños agricultores son en realidad trabajadores económicos que soportan todo el riesgo de la producción agrícola.

Comunicado de Prensa No.: IFAD/41/2010


El Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) trabaja con la población rural pobre para que pueda cultivar y vender más alimentos, aumentar sus ingresos y determinar la orientación de sus propias vidas. Desde 1978, el FIDA ha invertido más de 12 000 millones de dólares estadounidenses en donaciones y préstamos a bajo interés en los países en desarrollo, con lo cual ha empoderado a unos 370 millones de personas para que salgan de la pobreza. El FIDA es una institución financiera internacional y una organización especializada de las Naciones Unidas con sede en Roma, donde se encuentra el mecanismo central de las Naciones Unidas para el sector de la alimentación y la agricultura. Se trata de una asociación de 165 miembros única en su género, integrada por países de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), otros países en desarrollo y la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE).