1 de marzo de 2012, Roma - Las organizaciones rurales fuertes como las agrupaciones de productores y las cooperativas son cruciales para reducir el hambre y la pobreza. Permiten a los pequeños productores desempeñar un papel más importante a la hora de satisfacer la creciente demanda de alimentos en los mercados locales, nacionales e internacionales, al tiempo que mejoran sus propias oportunidades económicas, sociales y políticas.
Esta reflexión es el hilo conductor de diversos estudios de casos que aparecen en una nueva publicación de la FAO y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA).
La publicación Buenas prácticas en la creación de instituciones rurales innovadoras para aumentar la seguridad alimentaria incluye un prólogo firmado por el Director General de la FAO, José Graziano da Silva, y el Presidente del FIDA, Kanayo F. Nwanze. Lanzada con ocasión del Año Internacional de las Cooperativas, incluye treinta y cinco casos de innovaciones institucionales exitosas que han empoderado a los pequeños productores y contribuido a la seguridad alimentaria en diversas regiones del mundo.
"Para ser completamente productivos, los pequeños agricultores, pescadores, criadores de ganado y usuarios de los bosques en los países en desarrollo tienen gran necesidad de servicios que no se encuentran en las zonas rurales", afirman en el prólogo José Graziano da Silva y Kanayo F. Nwanze.
"Existe la necesidad de reconocer el papel fundamental de estas organizaciones y mecanismos institucionales innovadores para ser más eficaces en los esfuerzos de reducción de la pobreza y mejora de la seguridad alimentaria", añaden.
Los estudios de casos describen algunos de los servicios y recursos que estos mecanismos institucionales y nuevos modelos de participación público-privada pueden ofrecer a los pequeños productores. Éstos incluyen el acceso y la gestión de los recursos naturales, el suministro de insumos como semillas y equipos, permitir el acceso a los mercados, la mejora de la información y la comunicación, y la ayuda a los pequeños productores para que sean tenidos en cuenta en los procesos de toma de decisiones.
Las escuelas de campo para agricultores desarrolladas por la FAO en Asia y posteriormente en África, han permitido a millones de pequeños agricultores analizar sus sistemas de producción, identificar sus dificultades y oportunidades, probar soluciones y adoptar nuevas prácticas que mejoran sus medios de subsistencia y su seguridad alimentaria.
Algunos de los estudios de casos también demuestran la importancia de incorporar a los jóvenes en las organizaciones de pequeños productores y en los procesos de toma de decisiones.
"Al tiempo que ponen de relieve los factores de éxito para que las organizaciones de pequeños productores prosperen, estas buenas prácticas pueden permitir a los profesionales del desarrollo y a otras partes implicadas aprender de las iniciativas exitosas en varios países para respaldarlas y reproducirlas. Esperamos que los responsables de las políticas y los profesionales del desarrollo en los países en desarrollo aprovechen estos estudios de casos para fomentar asociaciones innovadoras entre las partes interesadas pertinentes que contribuyan a estrategias efectivas de seguridad alimentaria y desarrollo rural ", afirman Graziano da Silva y Nwanze.
Apoyo para las mujeres
Las mujeres en los países en desarrollo están entre quienes se han beneficiado de las organizaciones rurales y otras instituciones innovadoras.
De media, las mujeres constituyen un 43 por ciento de la mano de obra agrícola en los países en desarrollo, pero suelen estar peor remuneradas, tienen empleos menos seguros y gozan de menor acceso que los hombres a recursos agrícolas como tierra, ganado, mano de obra agrícola, educación, servicios de extensión, crédito, fertilizantes y equipos mecánicos.
La publicación sobre las buenas prácticas demuestra cómo las organizaciones rurales, incluyendo las cooperativas, pueden ayudar a las mujeres campesinas a superar las limitaciones sociales, económicas y medioambientales a las que se enfrentan mediante la prestación de servicios como el acceso a mercados, información, extensión y recursos naturales:
Las organizaciones de productores y los vínculos a organizaciones no gubernamentales (ONGs), la comunidad científica y los agentes públicos y privados también ayudan a los pequeños productores, tanto hombres como mujeres, a expresar sus preocupaciones e intereses con el fin de influir en los procesos de formulación de políticas.
Las mujeres y las cooperativas
El 2 de marzo de 2012, un evento paralelo de la 56ª sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer del Consejo Económico y Social de la ONU (27 de febrero – 9 de marzo) se centrará en cómo pueden las cooperativas apoyar a las mujeres rurales y contribuir a la reducción de la pobreza y el hambre. Representantes de la FAO, el FIDA, organizaciones rurales y otras entidades participarán en la mesa redonda en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York.
Aviso para los medios de comunicación n.º: IFAD/22/2012
El Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) trabaja junto con las personas pobres de zonas rurales a fin de darles la oportunidad de cultivar y vender más alimentos, aumentar sus ingresos y determinar la orientación de sus propias vidas. Desde 1978, el FIDA ha invertido aproximadamente 13.700 millones de dólares estadounidenses en donaciones y préstamos a bajo interés dirigidos a países en desarrollo, lo cual ha permitido que unos 405 millones de personas salieran de la pobreza, y con ello ha contribuido a crear unas comunidades rurales pujantes. El FIDA es una institución financiera internacional y una organización especializada de las Naciones Unidas con sede en Roma, donde se encuentra el mecanismo central de las Naciones Unidas para el sector de la alimentación y la agricultura. Se trata de una asociación de 168 miembros, única en su género, integrada por países de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), otros países en desarrollo y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).