Nota informativa MB/11/08
En una carrera contra el tiempo, el FIDA hace lo posible por contribuir a la labor de recuperación tras el paso de los huracanes y estimular la producción agrícola en las zonas septentrionales, las más pobres de la isla
Roma, 17 de noviembre de 2008 – Los habitantes de Haití no pueden dejar de pensar ni un momento en la próxima cosecha. Más de la mitad de los suministros alimentarios de la isla son importados, por lo que el alza de los precios de los alimentos en lo que va de año ha representado un duro golpe, al dejar a muchas familias hambrientas y provocar revueltas populares.
Aunque se depositaron grandes esperanzas en la producción local, cuatro huracanes azotaron Haití durante un período clave para la agricultura local, destrozando buena parte de la cosecha, la infraestructura agrícola y el ganado.
Se está combatiendo una batalla contra el tiempo. Si la cosecha se echara a perder de nuevo, la situación imperante de hambre no haría más que empeorar. Para evitarlo, Haití tiene que volver a poner en pie su sector agrícola. Los pequeños agricultores que tenían poco para subsistir dependían de las pequeñas sumas de dinero que sus parientes en el extranjero les enviaban. Pero la recesión económica mundial está poniendo también en peligro las remesas de los haitianos expatriados.
El FIDA está afrontando junto con la población rural pobre dos retos decisivos —estimular la producción agrícola y apoyar programas de remesas— con soluciones sencillas pero innovadoras: la distribución de un saco de semillas y la introducción de una tarjeta que reduce el costo del envío de efectivo al propio país de origen.
Un saco de semillas
Más de 240 000 pequeños agricultores son los destinatarios de un saco que contiene semillas de hortalizas y cereales, yuca, batata y plantas de banano. El FIDA ha puesto a disposición 10,2 millones de dólares estadounidenses para ayudar a los pequeños agricultores a comenzar a plantar de nuevo.
El paquete de recuperación agrícola, iniciativa ejecutada por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), organismo hermano del FIDA, está concebido para tener un rápido impacto en la producción local y aumentar la cantidad de alimentos disponibles en los mercados locales.
Se trata de una reacción excepcional, basada en los 30 años que el FIDA lleva financiando proyectos a medio y largo plazo de ayuda a la población rural.
La operación más reciente es un programa de 27 millones de dólares dedicado a rehabilitar sistemas de riego colectivos utilizados por miles de pequeños agricultores pobres en dos de las zonas más necesitadas del país: las provincias del Nordeste y Noroeste.
“El potencial agrícola de Haití sigue siendo extraordinario, a pesar de la amplitud de la deforestación y la erosión de los suelos. Si tan sólo pudiéramos llevar agua a las pequeñas parcelas agrícolas, que están muy dispersas, los agricultores, incluso sin fertilizantes, podrían incrementar considerablemente los rendimientos y lograr hasta tres cosechas anuales”, explica Anna Pietikainen, Gerente del Programa del FIDA en Haití.
En el marco del proyecto, 18 000 familias de zonas rurales apartadas recibirán ayuda para que los pequeños agricultores puedan cultivar una mayor variedad de productos y aumentar la producción mejorando la ordenación del agua.
“El proyecto de riego prevé la participación —y el consiguiente empoderamiento— de las asociaciones locales de usuarios del agua en la ordenación de sus recursos hídricos, con el fin de sacarles el máximo partido”, señala Josefina Stubbs, Directora de la División de América Latina y el Caribe del FIDA, quien el 21 de noviembre se reunirá con altos funcionarios gubernamentales y el Primer Ministro haitiano para intensificar las medidas sobre el terreno.
Una tarjeta que conecta los Estados Unidos y Haití
Las remesas provenientes de la diáspora haitiana, en su mayor parte residente en los Estados Unidos, han representado durante largo tiempo el sustento para muchos haitianos, han superado con creces la inversión extranjera directa o la ayuda al desarrollo, y han llegado hasta la población pobre que vive en zonas aisladas.
El FIDA apoya programas de remesas innovadores que contribuyen a que el flujo de dinero sirva no sólo para satisfacer las necesidades cotidianas sino también para fortalecer la economía rural.
Una de esas iniciativas es el banco alternativo Fonkoze ("hombro con hombro", en criollo), que se dirige a las personas desprovistas de servicios bancarios concediéndoles préstamos para pequeños negocios, ofreciéndoles productos de ahorro concebidos expresamente para la población pobre y servicios de cambio de divisas a tipos preferenciales y de transferencia de dinero a bajo costo, y financiando actividades de alfabetización y capacitación en técnicas empresariales.
La crisis financiera y la desaceleración económica ya están afectando a las remesas, especialmente en los Estados Unidos, donde viven muchos haitianos. Según el Banco Interamericano de Desarrollo, este año, por primera vez después de años de crecimiento de dos dígitos, va a disminuir el valor de las remesas enviadas desde los Estados Unidos a América Latina y el Caribe.
En respuesta a esa situación, el FIDA está intensificando su apoyo a un proyecto innovador: una tarjeta prepago integrada para enviar remesas destinada a los haitianos que viven en los Estados Unidos. La tarjeta funciona en el circuito Visa, el costo de mantenimiento es de tan sólo un dólar al mes, el empleador del titular puede depositar directamente en ella fondos sin cargo alguno y el titular hacer depósitos en las “cuentas de inversión” de Fonkoze abiertas por las familias de las zonas rurales de Haití. El dinero de esos fondos se pone a disposición en forma de micropréstamos para proyectos comunitarios rurales.
Con estos proyectos, el FIDA ha financiado siete proyectos en Haití, para los que ha aprobado préstamos por valor total de 84,3 millones de dólares, y ha prestado apoyo en forma de donación a organizaciones locales por un total de 2,2 millones de dólares.
El FIDA se instituyó hace 30 años con la finalidad de combatir la pobreza rural, una de las consecuencias fundamentales de los episodios de sequía y hambruna que se sucedieron a principios de los años setenta.Desde 1978, el FIDA ha invertido más de 10 000 millones de dólares estadounidenses en préstamos a bajo interés y donaciones que han ayudado a más de 400 millones de mujeres y hombres muy pobres de las zonas rurales a incrementar sus ingresos y sustentar a sus familias.El FIDA, institución financiera internacional y organismo especializado de las Naciones Unidas, es una asociación mundial entre los países de la OCDE, la OPEP y otros países en desarrollo. En la actualidad el FIDA presta apoyo a más de 200 programas y proyectos en 85 países en desarrollo y un territorio.