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Discurso pronunciado por Lennart Båge, Presidente del FIDA, ante el 37º Congreso Mundial de Agricultores de la FIPA

Sr. Presidente, Presidente de la FIPA, Sr. Wilkison,
Excelencias,
Señoras y señores,
Amigos y colegas:

Es para mí un grande honor y un privilegio dirigirme al 37º Congreso Mundial de Agricultores de la FIPA y participar en la conmemoración de su 60º aniversario.
Permítanme que, en primer lugar, les felicite por estos 60 años, consagrados a fortalecer el poder de los agricultores del mundo. Les deseo una felicísima celebración de este aniversario y pleno éxito en sus deliberaciones e iniciativas futuras.

La FIPA fue fundada y se ha desarrollado casi paralelamente al sistema de las Naciones Unidas cuya representación ostento en estos momentos. La FIPA comparte con las Naciones Unidas los valores de progreso, justicia social, paz y derechos humanos.
¿Cómo podría ser de otro modo si, como dice un proverbio coreano, “la agricultura es el cimiento fundamental del bienestar humano”?

¿Cómo podría ser de otro modo tratándose de los miembros de la FIPA, que alimentan a la humanidad y que gestionan las tierras, las aguas y la diversidad biológica de nuestro planeta?

Deseo además dar las gracias a la Federación Nacional de Cooperativas Agrícolas de Corea por su cálida bienvenida. Me gustaría poder quedarme más tiempo en su país para aprender más cosas acerca de las innovaciones, los éxitos y los progresos de los agricultores coreanos.

Señor Presidente:
Las mujeres y los hombres de las zonas rurales, los productores de alimentos de los países en desarrollo y, sobre todo, los centenares de millones de ellos que todavía luchan por salir de la pobreza y el hambre son la razón misma de la existencia del FIDA y una parte muy importante de los miembros de la FIPA.

 

Le felicito por el aumento del número de miembros de países en desarrollo de la FIPA en los últimos años, en especial por conducto de su Comité de Cooperación al Desarrollo. Aprovecho la ocasión para felicitar a la Sra. Elisabet Gauffin por haber sido elegida nueva Presidenta de ese Comité.

Asistimos a un aumento del número y el vigor de las organizaciones campesinas en casi todas las regiones del mundo en desarrollo. Cada vez hacen oír más su voz en las negociaciones y los foros políticos internacionales, ya sea en la OMC, en la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible de Johannesburgo o, más recientemente, en la Conferencia Internacional sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural celebrada en Porto Alegre. Vemos cómo las organizaciones campesinas intervienen muy activamente en los procesos de integración subregional como la CEDEAO, el MERCOSUR o la ASEAN. Son señales muy positivas del aumento de la influencia y el poder de los agricultores.
Por su condición de federación mundial, la FIPA tiene miembros muy diversos: del hemisferio sur y del hemisferio norte, de tierras agrícolas ricas y de zonas marginadas, desde agricultores que utilizan la tecnología moderna a otros —la inmensa mayoría— que trabajan con sencillos aperos manuales y conocimientos tradicionales.

En este contexto, se necesita más que nunca un diálogo mundial para perseguir intereses comunes y para que un sentimiento de solidaridad que pueda superar las amenazas de competencia enconada entre agentes con posibilidades muy desiguales nos infunda vigor. La diversidad de los miembros que integran su federación es también un instrumento poderoso para el aprendizaje entre iguales y para el apoyo a una labor de promoción y presión coordinada a favor de un aumento de las inversiones públicas en el desarrollo agrícola de los países en desarrollo y un aumento de la asistencia oficial para el desarrollo destinada a la agricultura por los países industrializados.

Estos son algunos de los rasgos singularísimos y de los grandes valores de la FIPA.

Señor Presidente:
La economía mundial está creciendo rápidamente. Aquí, en Asia, constatamos un progreso impresionante hacia el logro de los objetivos de desarrollo del Milenio. Lamentablemente, no sucede lo mismo en todas partes y, de continuar las tendencias actuales, en muchos países, en particular en el África subsahariana—pero no sólo allí—, no se alcanzará el primer ODM: reducir la pobreza y el hambre a la mitad para 2015.

La inmensa mayoría de las personas pobres y que padecen hambre en este mundo son agricultores que tienen pequeñas explotaciones familiares y jornaleros rurales sin tierras. Su problema es mejorar sus medios de vida en el contexto de un mercado mundial que cambia rápidamente y de nuevas formas de competencia para obtener influencia y recursos. Mientras que los pobres de las zonas rurales no estén en situación de abordar más adecuadamente esos desafíos seguirá existiendo el riesgo de que, lo que aporte prosperidad a los demás, para ellos signifique una pobreza continua y más honda.
Aunque las inversiones materiales son esenciales, sabemos que en los problemas principales que afrontan los agricultores familiares con pequeñas explotaciones intervienen las relaciones con otros y, por consiguiente, un elemento fundamental del desarrollo es crear capacidad institucional y organizativa entre los pobres mismos. Se debe facultar a los agricultores de escasos recursos para que hagan frente a los problemas que se les plantean.

Esto es fundamental para nosotros. No vemos a los pequeños agricultores como beneficiarios de la asistencia internacional, sino como ciudadanos, pequeños empresarios, productores de riqueza. De hecho, son la columna vertebral de la búsqueda de crecimiento económico y social en la mayoría de los países en desarrollo, en los que la agricultura es el principal sector económico, el que genera más empleo y con el que se obtienen mayores ingresos de exportación. Los pobres de las zonas rurales deben ser el sujeto de sus propias vidas, y no el objeto de los programas de bienestar de otros. Y ustedes, las organizaciones campesinas y las agri-agencias que ustedes han creado con fines de cooperación, deben desempeñar un papel esencial en el empoderamiento de estas personas.

El FIDA y la FIPA comparten muchas perspectivas y objetivos. De camino a Seúl, he releído su declaración de política de 2004 sobre “recomendaciones para eliminar la pobreza rural y alcanzar la seguridad alimentaria”. Una vez más, me llamó la atención cuántas semejanzas hay entre el análisis y los objetivos prioritarios expuestos en ese documento y el Marco Estratégico del FIDA. Permítanme que mencione algunas de ellas:

  • volver a invertir recursos públicos en la agricultura;
  • centrar las actividades de desarrollo en las personas y sus organizaciones;
  • hacer participar a los agricultores en los procesos de adopción de decisiones;
  • fomentar la capacidad de acción de las agricultoras;
  • garantizar un acceso seguro y a largo plazo a los recursos naturales, económicos y productivos;
  • aumentar la capacidad de comercialización de los agricultores, y
  • establecer normas comerciales justas y equitativas.

Esta comprensión común y estos objetivos compartidos entre el FIDA y las organizaciones campesinas fueron enunciados claramente en el primer taller que celebramos con dirigentes campesinos en febrero de 2005 en Roma. En el 35º Congreso que celebraron ustedes en El Cairo en 2002, dije, y permítanme que me cite, lo siguiente: “Nuestras instituciones han tenido una asociación larga y mutuamente beneficiosa. Confío plenamente en que hoy se inicie una colaboración aún más estrecha entre nosotros”.
Rememorando los últimos cuatro años, creo que podemos estar orgullosos de los progresos que hemos alcanzado en nuestra colaboración, y deseo rendir homenaje a los dirigentes de la FIPA y a su Presidente, Jack Wilkinson, por estos logros. Su empuje para que se obtengan resultados es un ejemplo para todos nosotros. Ahora tenemos los medios necesarios para ir mucho más lejos. Permítanme que me centre en los progresos que hemos alcanzado recientemente en la asociación entre el FIDA y las organizaciones campesinas.

Acabo de mencionar el taller que celebramos en febrero de 2005, por iniciativa de la ROPPA, la FIPA y Vía Campesina, para estudiar la posibilidad de celebrar un foro campesino coincidiendo con el período de sesiones del Consejo de Gobernadores del FIDA. Se trataba de un proyecto ambicioso, pero de ese taller surgió algo aún más ambicioso y prometedor: no sólo una reunión periódica, sino un proceso permanente de consulta de abajo a arriba que abarca las operaciones sobre el terreno y el diálogo sobre políticas.

Ese mismo año, el proceso empezó a cobrar dinamismo aquí, en Asia, al celebrarse las primeras consultas de ámbito nacional y regional, en Sri Lanka y Filipinas. También se celebraron consultas nacionales en cinco países de África. El FIDA participó en las reuniones de los comités regionales de África y el Mediterráneo. En Roma recibimos a una importante delegación de AgriCord y empezamos a trabajar en una colaboración concreta.
Con el proceso del Foro Campesino estamos construyendo un marco común e integrador con miras a una interacción permanente entre el FIDA, las organizaciones campesinas y los gobiernos de nuestros Estados Miembros, que abarque desde el plano nacional al mundial. Y ahora estamos institucionalizando la colaboración con las organizaciones campesinas en algunos de nuestros procesos operacionales fundamentales. No se trata únicamente de entablar diálogos y de intercambiar experiencias, sino de colaborar sobre el terreno en programas de desarrollo y en el establecimiento de marcos normativos favorables a los pobres.

He dicho que se trata de un marco integrador porque reconocemos la diversidad y las distintas fases de desarrollo de las organizaciones que los campesinos y los productores rurales crean para representar sus intereses. Me refiero a la FIPA y a otras redes mundiales de productores rurales y, asimismo, a organizaciones subregionales como la ROPPA, la SACAU o la COPROFAM. Lo dicho se aplica también a las muchas organizaciones nacionales o locales que todavía no están afiliadas a ninguna red y con las que colaboramos a través de nuestros proyectos sobre el terreno. Queremos que el proceso del Foro Campesino esté abierto a todas ellas.

Hace tres meses, en febrero de 2006, el Foro Campesino se reunió por vez primera coincidiendo con la celebración del Consejo de Gobernadores del FIDA. Tuve entonces la ocasión de encontrarme con muchos de ustedes y de escuchar atentamente la declaración que hicieron en la sesión plenaria del Consejo de Gobernadores.

Señor Presidente,
Señoras y señores:
Permítanme que aproveche esta oportunidad para responder a las muchas peticiones y recomendaciones que el Foro Campesino formuló al FIDA.

Ustedes pidieron al FIDA que respaldara las actividades que ustedes realizan en materia de creación de capacidad en el ámbito de las políticas. Pidieron apoyo directo a fin de que sus miembros puedan interactuar con el mercado de manera más equitativa y lucrativa y recomendaron la financiación directa para la creación de capacidad en las organizaciones campesinas conforme a sus propias prioridades.

Como bien saben, el FIDA invierte la mayoría de sus recursos en préstamos a los gobiernos de sus países miembros para proyectos de desarrollo rural. Muchos de esos proyectos tienen componentes enteros de creación de capacidad de los grupos campesinos de base, las asociaciones de regantes, las pequeñas cooperativas y las instituciones financieras rurales. A medida que aumentan el número de miembros y la capacidad de las organizaciones campesinas nacionales, una parte cada vez mayor de esos proyectos de desarrollo puede y debe diseñarse con esas organizaciones y deben ser ellas las que los ejecuten directamente, de acuerdo con los gobiernos. Así sucede ya en varios países, entre ellos Malí, la India, Rumania y el Senegal, y en el futuro cada vez será más frecuente.

El FIDA tiene también un servicio de donaciones: el instrumento que podemos utilizar para financiar directamente las organizaciones campesinas. Ya hemos aprobado algunos programas regionales en ese sentido, en particular en África, entre ellos un programa conjunto con AgriCord, y estamos preparando otros en Asia sudoriental y en América Latina. También está aumentando el número de donaciones de pequeña cuantía que concedemos a organizaciones campesinas nacionales.

A este respecto, nos comprometemos a: primero, supervisar de cerca el progreso en esta esfera de la financiación directa dirigida a las organizaciones campesinas; segundo, duplicar, por lo menos, el número y el volumen de donaciones para creación de capacidad a organizaciones campesinas en 2006-2007, en comparación con los dos últimos años. Mediante consultas nacionales y regionales dentro del proceso del Foro Campesino, se determinarán las esferas en que se establecerá una colaboración. También esperamos mucho de nuestra nueva asociación con AgriCord.

El análisis de las propuestas de proyectos en una fase temprana de la elaboración de nuestras estrategias en los países y el ciclo del programa en el país facilitará un aumento de la financiación directa mediante donaciones a las organizaciones campesinas nacionales, al igual que una mejora de la calidad de las propuestas de proyectos presentadas al FIDA por estas organizaciones.

Ustedes recomendaron que las organizaciones campesinas participen —y, en todos los casos, al menos sean consultadas— en la elaboración de las estrategias del FIDA en los planos nacional y regional.

Estamos de acuerdo con el principio de la consulta sistemática a las organizaciones campesinas en la preparación de nuestros documentos de estrategia en los países. Aplicaremos este principio en los países en que existan las oportunas organizaciones nacionales, como ya ocurre en Siria, Nicaragua, Madagascar, Egipto y el Senegal, y formará parte de la próxima política sobre la asociación del FIDA con las organizaciones campesinas. Pasaremos además de las consultas a la participación activa allá donde exista la capacidad suficiente para hacerlo y de acuerdo con los gobiernos.

Ustedes recomendaron que las organizaciones campesinas intervengan sistemáticamente en el diseño, la ejecución y la evaluación de los proyectos que financia el FIDA.

El FIDA se esforzará en aumentar la participación de las organizaciones campesinas en el diseño y la ejecución de los proyectos y programas, en consulta con los gobiernos. El FIDA supervisará de cerca el nivel y la frecuencia de la participación de las organizaciones campesinas nacionales en el diseño y la ejecución de los proyectos e informará al respecto al Foro Campesino.

Ustedes recomendaron que el primer ciclo del Foro Campesino (2006-2008) comprenda un número considerable de consultas nacionales en cada región, cuyas conclusiones alimenten los debates de los foros regionales o subregionales, antes del período de sesiones del Consejo de Gobernadores de 2008.

Nos comprometemos a organizar 20 consultas nacionales a más tardar a finales de 2007 y cuatro consultas regionales o subregionales antes del período de sesiones de 2008 del Consejo de Gobernadores. La calidad de esas consultas y la de sus resultados dependerá muchísimo de las organizaciones campesinas. Sabemos que necesitan tiempo para prepararse y consultar a sus miembros, por lo que esas consultas se planearán con suficiente antelación.

Ustedes recomendaron que se institucionalice la interfaz entre el Foro Campesino y el Consejo de Gobernadores del FIDA.

Los Gobernadores del FIDA han acogido con agrado la iniciativa de celebrar el Foro Campesino coincidiendo con el Consejo de Gobernadores, situación que de hecho se ha institucionalizado. Lo dije con toda claridad en mi discurso de clausura de la sesión plenaria del Consejo de Gobernadores en febrero y se oficializará aún más.

Ustedes propusieron que se elaboren principios de actuación convenidos, o un código de conducta, para guiar las interacciones y las asociaciones entre las organizaciones campesinas y el FIDA.

Estamos trabajando en ello y, previa consulta con la FIPA y otras redes internacionales y regionales, se integrarán esos principios de actuación en nuestra política sobre la asociación con las organizaciones campesinas. Consideramos que esos principios de actuación son un compromiso conjunto de utilizar con transparencia y eficacia los recursos y de rendir cuentas a nuestros responsables respectivos. Este punto es esencial para nosotros. La asistencia crea una dependencia de los donantes y con excesiva frecuencia influye en la rendición de cuentas a las personas a las que las instituciones deben servir.
El Foro Campesino recomendó inscribir el acceso a los recursos naturales, la tierra y el agua en los programas de actuación a todos los niveles y facilitar el diálogo entre los gobiernos y los representantes de los pequeños campesinos, las mujeres del medio rural, los pueblos indígenas, las comunidades costeras y otros grupos marginados. Han pedido ustedes al FIDA que preste servicios de apoyo a los beneficiarios de la reforma agraria y, en determinados países, para ayudar a regularizar los derechos de los usuarios y de propiedad.

El FIDA ya actúa en este terreno, entre otras cosas, colaborando con la FIPA en su condición de miembros cofundadores de la Coalición Internacional para el Acceso a la Tierra. Aumentaremos nuestros esfuerzos en este terreno y, por ese motivo, estamos elaborando en la actualidad una política propia sobre el apoyo para un acceso equitativo a la tierra y a los recursos naturales. El FIDA prestó apoyó a la conferencia celebrada recientemente por la CIRADR en Porto Alegre y estamos trabajando en su seguimiento junto con la FAO y la Comisión Internacional de Planeamiento (CIP) en la que están representadas la FIPA y otras organizaciones campesinas.

Ustedes recomendaron que el FIDA apoye la realización de una evaluación del impacto de las políticas de integración de los mercados regionales y de la liberalización de los mercados en la agricultura familiar y los medios de subsistencia de los pobres de las zonas rurales.

Reconocemos la importancia y la utilidad de esa iniciativa, pero, como supera las capacidades del FIDA, para llevarla a cabo estableceremos una asociación con otras instituciones internacionales o regionales. Estamos llevando a cabo con el IFPRI un estudio sobre las consecuencias de la liberalización del comercio en los pequeños campesinos de la región de Cercano Oriente y África del Norte. Actualmente, estamos trabajando en una iniciativa conjunta con la FAO en apoyo de la Secretaría del Grupo ACP y las redes subregionales de campesinos de las regiones del Grupo ACP con miras a una revisión a mitad de período de los procesos de acuerdo de asociación económica con la UE.

Ustedes pidieron al FIDA que prosiga y amplíe su apoyo a la creación de plataformas regionales de diálogo y negociaciones entre las organizaciones campesinas y los gobiernos en el seno de las instituciones subregionales y regionales.
El FIDA apoya la participación de las organizaciones de productores familiares en la Reunión Especializada en Agricultura Familiar (REAF) del MERCOSUR. En África occidental y central actuamos en asociación con otros donantes y organizaciones campesinas en el «mecanismo central» sobre desarrollo rural subregional. Estamos analizando actualmente la posibilidad de establecer una asociación con organizaciones de productores de la ASEAN y del CAFTA de Centroamérica.

Durante el Foro Campesino, hablé con usted, Sr. Wilkinson, de la idea de colaborar con la FIPA y el Consorcio Europeo para la Investigación Agrícola en los Trópicos (ECART) en el estudio de modelos que hayan dado buenos resultados en lo tocante a potenciar la capacidad de acción de los productores en los mercados y la gestión de los riesgos en la agricultura familiar.

Recientemente, nos han llegado dos propuestas de investigación formuladas por ustedes, que tienen gran pertinencia e interés habida cuenta de la rápida y preocupante concentración de las cadenas de suministro de productos agroalimentares y de la evolución de los mercados. Consideramos muy positiva esta idea de una asociación tripartita entre el FIDA, organizaciones campesinas e instituciones de investigación. Nuestro personal está analizando actualmente estas propuestas y, en breve, debería reunirse con personal de la FIPA y del ECART para llegar a un acuerdo acerca de un proyecto, por lo menos, que habrá de iniciarse antes de que concluya este año.
Ahora bien, ¿por qué todas estas medidas, todos estos compromisos? No sólo porque reconocemos que el desarrollo agrícola es fundamental para la reducción de la pobreza. Más que nada, porque la calidad de vida de toda la humanidad está vinculada en gran medida a una visión de la agricultura y la producción de alimentos: a una visión que respete a la gente y la naturaleza y que reconozca sus necesidades y límites.

Sólo cuando los agricultores familiares y las comunidades rurales sean nuestra principal preocupación, cuando reconozcamos las múltiples y vitales funciones que desempeñan, cuando les garanticemos acceso a todo lo que el mundo moderno ofrece, estaremos trabajando realmente por un progreso equitativo y sostenible de todas las naciones.

Señor Presidente:
Para concluir, permítame que me refiera, aunque sea brevemente, al tema de la conmemoración del 60º aniversario de la FIPA, que reafirma con fuerza las múltiples funciones de la agricultura: fortalecer el poder de los agricultores por la diversidad, la sostenibilidad, la salud y la paz.

No hay ningún sector de la economía que sea tan diverso como la agricultura; una agricultura que es diversa por sus productos, su manera de producir, su modo de gestionar y conjugar la tierra, el agua, la diversidad biológica y el trabajo. Además, en todo el mundo los habitantes de las zonas rurales son los custodios de la extraordinaria diversidad de las culturas, los idiomas y los conocimientos tradicionales de los seres humanos. En el FIDA, atribuimos un gran valor a esta diversidad de las culturas y las agriculturas, entre otras cosas prestando especial atención a los problemas especiales que deben afrontar las minorías étnicas y los pueblos indígenas.

La diversidad de los modelos agrícolas está amenazada por una competencia cada vez mayor entre fuerzas también cada día más desiguales, por la disminución del apoyo de las políticas públicas y el aumento del poder del sector de los supermercados, sumamente concentrado. En tales condiciones, ¿cómo mantener y promover la diversidad en este mundo que se está globalizando rápidamente?

No hay más respuesta que invertir en el desarrollo agrícola de los países, las regiones y las comunidades rurales que están amenazados por la marginación y la exclusión: para que puedan modernizarse, diversificarse y desarrollarse a su manera, para reconocer plenamente, en todas partes, las múltiples y vitales funciones que desempeñan los agricultores familiares, comprendidos sus derechos y deberes en tanto que custodios de nuestro patrimonio de recursos naturales.

Todo ello no puede hacerse sin muchos más recursos públicos dedicados a la agricultura en los países en desarrollo, sin políticas que lo propicien y sin un nivel adecuado de protección de sus mercados nacionales o regionales. A propósito de esta última cuestión, la Ronda de Desarrollo de Doha y las negociaciones regionales de acuerdos de libre comercio deben dejar suficiente espacio político a los países en desarrollo y deben atender las voces de los pobres.

La paz es la primera condición del desarrollo equitativo y de la erradicación del hambre. Ahora bien, la pobreza está estrechamente asociada al estallido de guerras y conflictos, como reconoció claramente hace dos años el Grupo de alto nivel de las Naciones Unidas sobre las amenazas, los desafíos y el cambio. Todo progreso que se alcance en la reducción de la pobreza, en el empoderamiento de la gente, en el establecimiento de instituciones públicas que rindan cuentas y en la cooperación entre las naciones es un progreso hacia la paz y me siento dichoso de que la FIPA comparta con las Naciones Unidas esta preocupación esencialísima.

Señor Presidente,
Señoras y señores:
Como todos ustedes saben, la pobreza es mucho más que los bajos ingresos. Es la privación de capacidades básicas. Como dice el profesor Amartya Sen, Premio Nobel, consideremos que “el desarrollo es el proceso de ampliar la verdadera libertad de que disfruta la gente”. Consideremos que la expansión de la libertad y de las capacidades de la gente es “la finalidad esencial y el medio principal del desarrollo”. Esto es mucho más que el aumento del PIB: “el desarrollo tiene que preocuparse más por mejorar las vidas que llevamos y la libertad de que disfrutamos. Ampliar las libertades que tenemos motivos para valorar no sólo hace más ricas y libres de trabas nuestras vidas, sino que además nos permite ser personas sociales más plenas, ejercer nuestros deseos e interactuar con el mundo en que vivimos e influir en él”.

Estoy seguro de que ustedes, que trabajan colectivamente en favor del empoderamiento y el desarrollo de centenares de millones de campesinos, en pro de un mundo de dignidad, seguridad y prosperidad para todos, apreciarán tanto como yo estas palabras de Amartya Sen.

Les deseo pleno éxito en sus deliberaciones, sus iniciativas y en nuestra futura colaboración.

Muchísimas gracias.

Seúl, 17 de mayo de 2006