Ecuador: Un año tras el terremoto

Miles de edificios -incluido el de la foto, en Portoviejo (Manabí, Ecuador)- fueron destruidos por el terremoto de abril de 2016. A través del Programa del Buen Vivir Rural, financiado por el FIDA e implementado por el Ministerio ecuatoriano de Agricultura, Ganadería, Acuacultura y Pesca (MAGAP) desde el año 2013 en Manabí, la comunidad se movilizó para despejar los accesos, reunir agua y alimentos y hacérselos llegar a las personas que permanecían aisladas. Foto: UNDAC/Manabí
Miles de edificios -incluido el de la foto, en Portoviejo (Manabí, Ecuador)- fueron destruidos por el terremoto de abril de 2016. A través del Programa del Buen Vivir Rural, financiado por el FIDA e implementado por el Ministerio ecuatoriano de Agricultura, Ganadería, Acuacultura y Pesca (MAGAP) desde el año 2013 en Manabí, la comunidad se movilizó para despejar los accesos, reunir agua y alimentos y hacérselos llegar a las personas que permanecían aisladas. Foto: UNDAC/Manabí

19 de abril de 2017 - La casa se derrumbó. Y con ella, todas sus pertenencias y recuerdos. Afortunadamente, Manuel Reyes y su familia sobrevivieron. No todo el mundo tuvo tanta suerte. Ha pasado un año desde que Ecuador sufrió el terremoto más destructivo de los últimos 70 años, que mató a 663 personas y dejó a cerca de 80.000 sin hogar y sin medio de subsistencia.

La provincia costera de Manabí, de donde procede Reyes, fue una de las más vapuleadas por el terremoto. Durante los días posteriores, miles de familias fueron alojadas en refugios, pero muchas otras quedaron aisladas sin agua ni comida. La dispersión geográfica y las largas distancias obstaculizaron enormemente la ayuda a las zonas más dañadas.

A través del Programa del Buen Vivir Rural, financiado por el FIDA e implementado por el Ministerio ecuatoriano de Agricultura, Ganadería, Acuacultura y Pesca (MAGAP) desde el año 2013 en Manabí, la comunidad se movilizó para despejar los accesos, reunir agua y alimentos y hacérselos llegar a las personas que permanecían aisladas. 

Manuel Reyes posa delante de su casa, destruida por el terremoto de abril de 2016. Hoy trabaja junto a otros pescadores y agricultores familiares para reconstruir la comunidad con el apoyo del FIDA. ©MAGAP
Manuel Reyes posa delante de su casa, destruida por el terremoto de abril de 2016. Hoy trabaja junto a otros pescadores y agricultores familiares para reconstruir la comunidad con el apoyo del FIDA. ©MAGAP

"El terremoto nos dejó una gran lección", continúa. "Los pueblos organizados, la diversidad productiva y la cohesión territorial son clave para ayudar a las comunidades a encontrar caminos de convivencia y prevención frente a los desastres naturales"."El terremoto expuso las fragilidades de los habitantes del área afectada, a las que se sumaron las dificultades para que el apoyo llegara. Los proyectos impulsados a través del Programa del Buen Vivir Rural asumieron la acción solidaria con los afectados y rápidamente iniciaron el proceso de reactivación productiva", señala Hugo Dután, director del Programa del Buen Vivir Rural.

Aunque durante el último año Ecuador ha experimentado cientos de temblores y movimientos sísmicos de magnitud inusualmente elevada, hoy los miembros de la comunidad sienten que son más resilientes a los desastres naturales, gracias al trabajo realizado a través del programa. Reyes es uno de los beneficiarios y presidente de COGAEVISMA, una cooperativa de pesca artesanal.

"Después del terremoto, todo estaba destruido", asegura. "No sólo perdimos nuestras casas, también nuestros modos de vida. Durante un mes entero, no tuvimos ningún lugar para conservar el pescado. Gracias al proyecto, ahora contamos, entre otras cosas, con una planta de conservación y congelación, que supone una gran diferencia".  

"Organizamos varias ferias gastronómicas y tenemos un mercado local permanente, donde podemos vender nuestros productos. Esto no ha cambiado tras el terremoto. Sabemos que es muy importante seguir trabajando unidos para sobreponernos a esta terrible situación", añade Reyes.El programa ha facilitado las infraestructuras necesarias para seguir adelante y ha organizado a los agricultores en grupos y cooperativas, además de ponerles en contacto con proveedores y empresas locales del sector privado. Este tipo de actividades, además de distintos talleres y ferias de gastronomía, han ayudado a la comunidad a crecer ante la adversidad.

El programa ha contribuido también a capacitar a las instituciones y gobiernos locales y ha reforzado las prácticas de gestión de los recursos para asegurar una sostenibilidad duradera.

Tras el terremoto, muchos pescadores perdieron también su modo de vida, ya que no tenían ningún lugar para conservar el pescado. Gracias al proyecto financiado por el FIDA, ahora cuentan con una planta de conservación y congelación. ©MAGAP
Tras el terremoto, muchos pescadores perdieron también su modo de vida, ya que no tenían ningún lugar para conservar el pescado. Gracias al proyecto financiado por el FIDA, ahora cuentan con una planta de conservación y congelación. ©MAGAP

Durante los últimos diez años, Ecuador ha hecho grandes esfuerzos para luchar contra la pobreza y la desigualdad, aumentando el gasto social y la inversión en infraestructuras, lo que se ha traducido en la modernización de hospitales y escuelas y en la mejora de las comunicaciones dentro del país. La tasa global de pobreza descendió del 38 por ciento en 2006 al 26 por ciento en 2014, y la de pobreza extrema se redujo al 5,7 por ciento, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

Sin embargo, la reciente desaceleración económica ha obstaculizado esta tendencia positiva. La tasa de pobreza rural es casi el doble que la de pobreza urbana. El devastador terremoto del pasado año agravó considerablemente lo que ya era una situación complicada.

"Los agricultores familiares de Ecuador desempeñan un papel esencial para romper el ciclo de pobreza y la desigualdad en la región. Facilitándoles las herramientas y la capacitación necesarias, esperamos diversificar la economía rural, generar empleo e incrementar sus ingresos de forma que puedan salir de la pobreza", asegura Caroline Bidault, gerente de Ecuador para el FIDA.

A pesar del legado de devastación dejado por el terremoto, Reyes se muestra optimista sobre el futuro: "Ha pasado un año y podemos decir con orgullo que somos una comunidad con un espíritu de lucha indomable, que no se rinde nunca, ni siquiera ante los acontecimientos más destructivos e impredecibles de la naturaleza".

Desde 1978, el FIDA ha invertido un total de US $ 130 millones en diez programas y proyectos relacionados con el desarrollo agrícola en Ecuador, beneficiando a más de 271.767 hogares. Con un costo de US $ 63 millones, el Programa del Buen Vivir Rural ha ayudado a 25.000 hogares rurales pobres en situación de inseguridad alimentaria (aproximadamente el 16% de la población rural del país) en nueve provincias.