¿En qué ámbitos pueden invertir las instituciones financieras internacionales a fin de "reconstruir para mejorar"?

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¿En qué ámbitos pueden invertir las instituciones financieras internacionales a fin de "reconstruir para mejorar"?

FIDA/Michael Benanav

Antes incluso de la pandemia de la COVID-19, en todo el mundo se estaba registrando una ralentización en la reducción de la pobreza, así como un aumento de la inseguridad alimentaria. El año pasado, hasta 811 millones de personas padecían inseguridad alimentaria en todo el mundo. El cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos han sido dos importantes causantes de estas tendencias, y existe el riesgo de que la situación siga empeorando. Según el Banco Mundial, cuatro de cada cinco personas que viven por debajo del umbral de pobreza internacional habitan en zonas rurales.

En todo el mundo, la pandemia ha tenido un impacto devastador en las economías y ha vuelto a sumir a millones de personas en una situación de extrema pobreza y hambruna. Además, habida cuenta de los ya elevados niveles de pobreza y vulnerabilidad que afrontan los productores en pequeña escala de las zonas rurales, tanto ellos como sus familias se han visto especialmente afectados por estas cuestiones. Por tanto, ¿cuáles deberían ser las prioridades de las organizaciones, como el FIDA, en los próximos años?
 

Donal Brown, Vicepresidente Adjunto del Departamento de Administración de Programas

Los próximos años, las instituciones financieras internacionales (IFI) deberán dedicarse a ayudar a los países en desarrollo, y a sus habitantes, a recuperarse de las perturbaciones sufridas. El desafío consistirá en aprovechar esta situación para redirigir la trayectoria de desarrollo hacia una más sostenible e inclusiva, incorporando al mismo tiempo el empleo de nuevas tecnologías revolucionarias y transformadoras que de verdad ofrezcan nuevas posibilidades para los pobres de las zonas rurales. Por ejemplo, en el caso del FIDA, la pandemia ha permitido introducir y ampliar la escala del acceso a las plataformas de información digitales, ya sea para servicios de extensión, información sobre los mercados u otras necesidades de información.

El FIDA aporta su singular perspectiva sobre la prestación de ayuda a las personas pobres de las zonas rurales a fin de incrementar sus ingresos y mejorar su seguridad alimentaria y nutricional. Sobre todo, deberemos ayudarlos a aumentar su resiliencia para hacer frente a las perturbaciones.

Generalmente, nuestro enfoque se basa en ayudar a los hogares a adoptar prácticas agrícolas más productivas, diversificar sus sistemas de producción y ampliar su base de ingresos más allá de la agricultura. Hacemos especial hincapié en la adaptación de los pequeños productores al cambio climático —en los próximos tres años, el 40 % de nuestras inversiones estarán destinadas a la financiación para el clima. En el marco de una iniciativa única, estamos colaborando con la FAO y el PMA para ayudar a seis países de la región del Sahel a responder a los desafíos interrelacionados que plantean la COVID-19, los conflictos y el cambio climático. En nuestros programas, estamos comenzando a adoptar un enfoque orientado a los sistemas alimentarios, con el objetivo de añadir valor y crear empleo a lo largo de las cadenas de valor agrícolas, desde los proveedores de insumos hasta los vendedores de alimentos. Además, la crisis derivada de la COVID-19 nos ha enseñado cómo el empleo de las tecnologías digitales —información generada por telefonía móvil— puede revolucionar la manera en que los productores pobres reciben y utilizan la información para mejorar sus medios de vida y aumentar su resiliencia frente a las perturbaciones. En consecuencia, estamos trabajando con un gran abanico de asociados para ampliar la variedad de los servicios digitales utilizados, así como su alcance, y adaptarlos a las necesidades locales de los hogares pobres de las zonas rurales.

 

Christine Ciccone, Asesora Especial respecto de la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios

¿Cómo podemos mejorar nuestras inversiones para transformar los sistemas alimentarios? Deberíamos hacerlo teniendo en cuenta las medidas a nuestro alcance que más beneficiarán de manera directa a los productores y agricultores en pequeña escala, y a quienes corren un mayor riesgo de quedarse atrás.

A fin de lograr la transformación, debemos invertir en soluciones que permitan una mayor inclusividad. Las mujeres, los jóvenes y los pueblos indígenas deben ser beneficiarios directos de las nuevas actividades e inversiones. Si no se les incluye en las soluciones, estas no tendrán el carácter transformador que buscamos. Por eso, el FIDA se está centrando en dar un mayor altavoz a las opiniones e ideas de sus principales grupos objetivo en el contexto de la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios.

Existen dos esferas clave en las que podemos invertir para empoderar equitativamente a una gran variedad de productores rurales en pequeña escala, incluidos aquellos que no siempre han sido beneficiarios directos.

La primera de ellas es la financiación. El acceso a la financiación es fundamental para que las personas puedan desarrollar sus negocios. Es aún más importante para quienes pretenden aumentar su resiliencia a fin de proteger sus negocios e incrementar sus ingresos a largo plazo.

La segunda esfera es la tecnología. Uno de los beneficios de la tecnología, sobre todo de la digital, es que puede brindar un acceso instantáneo a información fundamental en todas las etapas del desarrollo y la gestión de un negocio.

Imaginen las posibilidades si combináramos el uso de la tecnología digital con el acceso a la financiación. Es más, imaginen las posibilidades si compartiéramos esas herramientas combinadas con las personas más propensas a quedarse atrás, cuyo potencial sigue desaprovechándose. Esto es especialmente cierto en el sector agrícola, donde el crecimiento económico es entre dos y tres veces más eficaz para reducir la pobreza y la inseguridad alimentaria que el crecimiento en otros sectores. Las inversiones en nuevas soluciones de financiación y tecnología a favor de las personas más pobres del mundo que trabajan en las zonas rurales podrían llegar a ser absolutamente transformadoras.

© FIDA / Panos Pictures / Xavier Cervera

Saheed Adegbite, Director de la Oficina de Estrategia Presupuestaria

Las IFI se enfrentan al reto de determinar las medidas de recuperación, teniendo en cuenta los cambios sociales y económicos ocasionados por la pandemia. Las propias organizaciones deberían centrarse en la utilización eficiente de los recursos, la innovación y la simplificación de las estructuras de gobernanza.

Para el uso de los recursos, hay que replantearse y reequilibrar tanto la distribución de los costos administrativos de las operaciones y los costos directos de los programas, como su asignación entre las distintas categorías de gastos, por ejemplo, los viajes, el personal y los servicios de consultoría. Para muchas organizaciones, esto supone centrarse en mejorar los principales indicadores de eficiencia. La generalización de las nuevas condiciones de trabajo brinda la oportunidad de revisar los costos administrativos, así como de desplegar a más personal y otro tipo de recursos sobre el terreno en las zonas donde son más necesarios para lograr un mayor impacto.

En cuanto a las innovaciones, durante los últimos años el FIDA ha invertido en tecnologías que respaldan los sistemas de administración, finanzas, planificación y recursos humanos, entre otros. Hasta la fecha, esas inversiones se han dirigido a optimizar la eficacia y la eficiencia institucionales con objeto de reducir la burocracia administrativa. En este momento, ya no urge innovar para mejorar la gestión administrativa, sino para respaldar las acciones directas sobre el terreno. Se necesitan tecnologías innovadoras que contribuyan a las cadenas de valor agrícolas y a las "incubadoras de innovaciones" para desarrollar nuevas ideas sostenibles, que se puedan aplicar a mayor escala.

Por último, la fase de reconstrucción también entraña un análisis crítico del sistema de gobernanza y su consiguiente simplificación. La COVID-19 ha demostrado que hasta las decisiones más importantes pueden tomarse a distancia y, de ese modo, ahorrar dinero y reducir el impacto ambiental. En general, no se han observado efectos adversos significativos en la colaboración con los donantes, los Estados Miembros y los asociados. En cambio, se han registrado efectos negativos en la capacidad para llegar a quienes necesitan de nuestros servicios, esto es, los millones de personas marginadas de las zonas rurales más remotas, que se han visto especialmente afectadas por los devastadores efectos económicos de la COVID-19. Este debería ser el objetivo de las nuevas inversiones: llegar a los millones de personas que siguen padeciendo inseguridad alimentaria.