“Cashroots” movement builds community resilience in the Solomon Islands

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El movimiento “cashroots” mejora la resiliencia comunitaria en las Islas Salomon

Simon Chottu trabaja duro y juega duro. Como coordinador de eventos, ha pasado los últimos años organizando fiestas de hip-hop y eventos y competencias musicales por todo el Pacífico sur. Cuando a principios de este año la vida nocturna quedó paralizada, primero debido a las restricciones que impuso la COVID-19, y poco tiempo después, tras el paso de un devastador ciclón tropical que asoló su país, las Islas Salomón, se dio cuenta de que el negocio familiar y los pequeños productores en su comunidad de Guadalcanal estaban pasando por un momento difícil. Desde entonces, ha estado trabajando con más ímpetu que nunca para valerse de sus habilidades como organizador y recaudador de fondos a fin de ayudarlos en la reconstrucción. El movimiento “cashroots” ha cobrado fama a nivel nacional, y él está seguro de que será útil para lograr que los desafíos socioeconómicos actuales se transformen en oportunidades.

Simon Chottu, a la izquierda, promueve la asociación de agricultores “cashroots” en la radio nacional.

Cinco decenios construyendo resiliencia

La familia de Simon ha sido la propietaria y la operadora de Chottu’s Guadalcanal Products (CGP) por más de 50 años. El padre de Simon, Jack, fundó la empresa junto con sus padres, cuando la familia se dedicaba a la agricultura de subsistencia y vendía copra, es decir, pulpa seca de coco que se utiliza para la producción de aceite. Hoy, CGP es un productor comercial y uno de los principales proveedores de aceite de coco de primera calidad para el mercado mayorista nacional.

La empresa llegó a un punto de inflexión en 2016, cuando en el marco del Programa de Desarrollo Rural (RDP II) se invitó a Jack a ser asociado principal. El programa, una iniciativa conjunta entre el FIDA, la Unión Europea, el Banco Mundial, el Departamento de Asuntos Exteriores y Comercio de Australia y el Gobierno de las Islas Salomón, ayuda a pequeñas empresas como CGP a crecer al invitarlas a asesorar a los pequeños productores que las abastecen, con lo que se establece una red de eslabones de comercio local.

Jack estableció una pequeña asociación de 20 mujeres y hombres de las comunidades cercanas dedicados al cultivo del coco y a la producción de copra. En consonancia con el enfoque de desarrollo impulsado por la comunidad que aplica el Programa de Desarrollo Rural, Jack trabajó con diligencia con los agricultores. Escuchó sus necesidades, los capacitó en el uso de prácticas agrícolas modernas y los ayudó a desarrollar actividades comerciales sostenibles.

Jack Chottu, fundador de Chottu’s Guadalcanal Products, frente al galpón de secado de copra de la empresa.copra drying shed

Con el tiempo, los esfuerzos de Jack han ayudado a los agricultores a aumentar su capacidad de producción y la calidad de su copra, que le venden a CGP al mismo precio que obtendrían en el mercado. Ahora disponen de suficientes ingresos para cubrir sus necesidades básicas, tales como la atención sanitaria y los derechos de matrículas escolares, y les sobra algo para reinvertir en sus operaciones.

A la vez, CGP accedió a la fuente confiable de copra de calidad que necesita para fomentar la prosperidad y la sostenibilidad de sus actividades. La nueva máquina de molienda provista en el marco del programa de desarrollo rural también fue de ayuda, ya que reforzó la capacidad de producción de CGP. Jack lo resumió perfectamente: “El concepto se basa en la noción de yo te ayudo, tú me ayudas”.

No podría haber llegado en un momento más apropiado.

Resistir un impacto doble

El 25 de marzo, el Gobierno declaró un estado de emergencia nacional por la COVID-19. Las fronteras del país y sus mercados nacionales cerraron, incluido el mercado central Honiara, el principal punto de venta mayorista en Guadalcanal, donde CGP vende la mayor parte de su aceite de coco y otros subproductos.

Apenas unos días más tarde, el ciclón tropical Harold tocó tierra en las Islas Salomón y destruyó infraestructura agrícola clave, incluidas numerosas carreteras y puentes que son fundamentales para conectar a los productores, los procesadores y los mercados de la asociación.

El cierre de los mercados ya había sido un duro golpe para CGP. La demanda desapareció de la noche a la mañana, lo que los obligó a almacenar la mayor parte de su producción en un depósito. Para agravar la situación llegó el ciclón, acompañado de lluvias torrenciales que cayeron sobre el depósito de madera y arruinaron su producción de copra. No había otra opción que deshacerse de todo el producto.

Y como Simon descubrió poco después de volver al negocio familiar, la disrupción había afectado la totalidad de la red. El doble impacto había ocasionado pérdidas de ingresos graves y generalizadas, y la supervivencia de todos, desde los pequeños productores hasta las agroempresas, como CGP, estaba bajo amenaza.

Tras ver el éxito de la pequeña asociación de su padre, Simon se trazó el objetivo de ayudar a la comunidad a reconstruirse y retomar las actividades comerciales. También sabía que, más allá de ayudar en el negocio de la familia, había otras cosas en juego

“Los productores rurales son la columna vertebral de la economía de este país”, señaló.

Poner a prueba la resiliencia y fortalecerla

Cuando el Gobierno anunció que haría disponible un paquete de estímulo económico para mitigar los impactos de la COVID-19, los agricultores recurrieron a CGP para que los ayudara a llenar sus solicitudes. Simon convocó una reunión con toda la asociación, y también invitó a cualquier persona que necesitara ayuda con el papeleo. Más de 200 agricultores de toda la zona noroccidental de Guadalcanal asistieron al encuentro.

Simon escuchó a los productores rurales expresar sus preocupaciones y problemas. En esa primera reunión, así como en las siguientes, orientó las conversaciones sobre las maneras de organizarse y las estrategias para promover el desarrollo agrícola en la zona. Las noticias sobre el grupo se extendieron con rapidez, y a medida que este se hacía cada vez más numeroso, Simon se dio cuenta de que podía ser justo lo que necesitaba para poner en práctica sus habilidades.

Integrantes de la Asociación para el Desarrollo del Noroeste de Guadalcanal se reúnen en la zona de reuniones en la localidad de Pisei.

El 21 de agosto, nació la nueva Asociación para el Desarrollo del Noreste de Guadalcanal con 1 221 miembros registrados. Apenas 48 días más tarde, cuando el Primer Ministro de las Islas Salomón, Manasseh Sogavare, visitó la sede central de la asociación en la localidad de Pisei, el número de miembros prácticamente se había duplicado. Agradeció a la asociación por su buena labor y dijo: “Insto a otros a contribuir más a la economía del país, como lo está haciendo esta asociación. Fue una buena idea traer a mis ministros para que vieran lo que ustedes están logrando”.

Los comienzos no fueron fáciles. El mismo Simon reconoce que mantener la resiliencia de los agricultores en medio de una crisis mundial es sumamente complejo.

“Al principio, había mucha desconfianza”, cuenta. “Los agricultores tienden a trabajar solos, así que la idea de trabajar colectivamente era algo totalmente nuevo para ellos. Pero cambiaron de opinión cuando comenzaron a entender que la asociación les pertenece, y que son sus propias comunidades las que impulsan acciones que irán en su beneficio y mejorarán su futuro”.

En reconocimiento por su labor, el Primer Ministro Sogavare también les obsequió SI$ 10 000 (unos USD 1 200), una suma ciertamente impresionante, pero especialmente para una asociación recién inaugurada.

La asociación está trabajando para poner en marcha un mecanismo eficaz de oferta y demanda basado en el establecimiento de colectivos de productores y la formación de vínculos con empresas mayoristas y carniceros, y está promoviendo activamente las ventas en las redes sociales, en programas radiales y en la prensa escrita. Al vender de manera colectiva, los agricultores están obteniendo mejores precios. Los productores de copra han obtenido SI$ 3,00 por kilo del producto, en vez de los SI$ 2,40 que habrían recibido si hubieran vendido su producción de manera individual. Los horticultores han inaugurado con éxito un mercado en el que fijan sus propios precios, y los productores de noni también están cosechando beneficios.

El apoyo del FIDA al enfoque de desarrollo impulsado por la comunidad que sustenta al Programa de Desarrollo Rural ha tenido impactos duraderos en CGP. La familia ha construido un negocio sostenible, resiliente y con la capacidad de ayudar a otros, y cuando la situación se volvió difícil, Simon pudo actuar con decisión porque se dio cuenta de que la crisis también podía tener efectos positivos. Sigue estando comprometido a lograr sus objetivos. “Como presidente de la asociación, continuaré trabajando por su crecimiento y para orientar a los agricultores a fin de que puedan mejorar sus habilidades, alcanzar sus metas de negocios y avanzar hacia un futuro sostenible”, expresó.

Recientemente, el estado de emergencia nacional se extendió hasta el 25 de noviembre, una noticia desoladora para los agronegocios y los productores, pero Simon no ha perdido su determinación. “Aprendimos lecciones importantes durante el primer confinamiento. Sabemos que tenemos que hacer todo lo que esté a nuestro alcance para garantizar que la cadena de abastecimiento entre los productores, los procesadores y los consumidores no se interrumpa”, dijo. “Nosotros, los pequeños productores y procesadores en las comunidades rurales, debemos demostrar que somos resilientes aun en estos tiempos difíciles, y prepararnos para lo que sea que pueda suceder”.

 

Puede leer más sobre la labor del FIDA en el país en el siguiente enlace: Islas Salomón.