Anka’s story: Working smarter – and fairer – in Montenegro

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La historia de Anka: trabajar de manera más inteligente —y más justa— en Montenegro

A pesar de la enorme belleza de sus escarpadas montañas, Montenegro puede llegar a ser un lugar inhóspito para vivir, especialmente para las mujeres. A lo largo de los años, los sistemas educativos y la sociedad del país, de gran tradición patriarcal, han dado lugar a una desigualdad de género profundamente arraigada. Esas desigualdades están presentes en todos los aspectos de la vida montenegrina, desde el mercado laboral hasta la posición social, pero todas obedecen a una misma circunstancia: la distribución desigual de las responsabilidades familiares y domésticas.

Las mujeres de las zonas rurales soportan un volumen de trabajo especialmente elevado. Los hogares suelen ser de gran tamaño y las tareas cotidianas incluyen una serie de labores agrícolas, además de los quehaceres domésticos. Afortunadamente, en los últimos años, las instituciones gubernamentales y las organizaciones no gubernamentales, junto con las propias mujeres, han comenzado a trabajar para cambiar esa situación.

En ese contexto, las iniciativas como el Proyecto para la Transformación y la Agrupación del Medio Rural, respaldado por el FIDA, son más importantes que nunca. El proyecto hace especial hincapié en el empoderamiento de las mujeres de las zonas rurales al adoptar un enfoque de carácter transformador en materia de género: emplea una metodología que tiene por objeto empoderar económicamente a esas mujeres, reducir su carga de trabajo y promover su inclusión en la toma de decisiones en el hogar y la vida pública.

Ese tipo de enfoques funcionan. Basta con preguntárselo a Anka Popović.

Anka vive en el municipio de Šavnik, ubicado en una zona rural de Montenegro. La agricultura constituye la única fuente de ingresos de su familia. Cuando su marido aún vivía, ella se dedicaba principalmente a las tareas domésticas, así como a algunas de las labores agrícolas más fáciles. Sin embargo, tras el fallecimiento de su esposo, todas las responsabilidades agrícolas recayeron sobre sus hombros. Además de los quehaceres domésticos, ahora da de comer a las vacas y las gallinas, limpia el granero, ordeña a las vacas y hace queso. Además, suele ir al bosque a recoger moras, que utiliza para hacer zumos y mermeladas. Para vender todos sus productos, debe transportarlos ella misma hasta la carretera principal, que se encuentra a 30 minutos de su casa.

Sus hijos la ayudaban en lo que podían, talando leña y cortando la hierba de las extensas praderas que rodean su casa. Sin embargo, sus otros trabajos como jornaleros a veces los obligaban a ausentarse del hogar durante largos períodos, de modo que Anka debía hacerlo todo ella sola. En particular, cortar la hierba resultaba especialmente problemático. Aunque el viejo cortacésped de la familia, comprado de segunda mano, ayudaba a reducir en cierto modo la carga de trabajo, seguía siendo una tarea físicamente muy exigente.

Anka hace una pausa para la foto en sus terrenos. © 

Proyecto para la Transformación y la Agrupación del Medio Rural.

Evidentemente, la prioridad era reducir la carga de trabajo de Anka. El Sistema de Aprendizaje Activo de Género (GALS), un instrumento utilizado por el Proyecto para la Transformación y la Agrupación del Medio Rural y por otros muchos proyectos del FIDA para ayudar a los participantes a reflexionar sobre sus dinámicas personales y familiares, ayudó a Anka y a su familia a hacer precisamente eso.

Anka y sus hijos comenzaron asistiendo a un conjunto de talleres del GALS organizados por el proyecto. En esos talleres, tuvo la oportunidad de reflexionar sobre lo que quería lograr y los objetivos que se quería fijar para su vida, y también aprendió métodos para iniciar una conversación sobre los aspectos que quería cambiar. Por su parte, sus hijos quedaron realmente sorprendidos cuando vieron las arduas labores físicas que había tenido que desempeñar su madre, sobre todo a la hora de cortar la hierba.

Por suerte, el proyecto no solo contribuyó a que se entablara una conversación en el hogar, sino que también ayudó a la familia en la compra de una máquina recolectora de forraje. Esta nueva máquina les permite trabajar de forma mucho más eficaz, pues reduce el volumen de trabajo de Anka y le permite disfrutar de más tiempo libre. Asimismo, tiene otros beneficios: ahora tienen excedentes de forraje para vender, y pueden cortarlo todo en un día, lo que reduce la posibilidad de que se deteriore.

Al haber aprendido gracias a los talleres que la planificación de las actividades y la colaboración pueden aumentar tanto la productividad como los ingresos, los miembros del hogar de Anka decidieron redistribuir el trabajo. Sus hijos optaron por dedicarse íntegramente a cortar la hierba y talar la leña, así como contribuir a la limpieza del granero y la cosecha de hortalizas. También comenzaron a ayudar con la venta de los productos, concertando citas con los clientes para que pudieran reunirse en la carretera con Anka a la hora fijada.

A través de otros talleres impartidos por el proyecto, Anka ha tenido la oportunidad de aprender a expresar su opinión y hacerla valer, e incluso de participar en los procesos de toma de decisiones. Por ejemplo, pese a haberse dedicado siempre al sector agrícola, Anka no disponía de una explotación agrícola registrada en el Ministerio de Desarrollo Agrícola y Rural. Gracias a las aptitudes adquiridas, finalmente decidió registrar su hogar y ponerse a sí misma como cabeza de familia. También ha mejorado sus competencias en materia de agricultura gracias a la capacitación impartida por el equipo del proyecto en colaboración con una serie de expertos.

Anka tiene grandes planes para 2020: quiere expandirse y aumentar su producción. Ya ha tomado la iniciativa y ha solicitado ayuda para comprar otra vaca. Ahora que su carga de trabajo se ha reducido gracias a la mejora de la maquinaria y la distribución de las tareas, finalmente tiene tiempo para cuidarla. Además, sus hijos pueden trabajar para la familia y planificar ellos mismos su propio tiempo, sin estrés. Tienen pensado seguir los pasos de Anka.

Las estrictas normas en materia de género de Montenegro están empezando a cambiar. Si bien los avances se producen a un ritmo más lento en las zonas rurales que en las ciudades, los hogares de todo el país están descubriendo formas de equilibrar los procesos y las costumbres tradicionales con los nuevos patrones más equitativos de distribución del trabajo —y eso es gracias a la ardua labor realizada por personas como Anka y su familia.

Obtenga más información sobre la labor del FIDA en Montenegro.