“Entre bastidores”: todo lo que siempre quiso saber sobre los proyectos del FIDA

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“Entre bastidores”: todo lo que siempre quiso saber sobre los proyectos del FIDA

©FIDA/GMB Akash

Como muchos de nuestros lectores saben, nuestra labor en el FIDA se centra en proyectos que benefician a las personas pobres que viven en algunas de las zonas más rurales del mundo. Por supuesto, detrás de cada proyecto hay mucho trabajo cuidadoso y detallado, ¡y ustedes ha estado preguntando al respecto! A través de las redes sociales, nuestros lectores nos envían un sinfín de preguntas y comentarios para saber más sobre la manera en que diseñamos y ejecutamos nuestros proyectos. A continuación, contestamos algunas de las preguntas más comunes.

¿Cómo se seleccionan las áreas de proyectos?

Cuando el FIDA está buscando nuevas zonas geográficas para sus proyectos, lo primero que hace es trabajar con los funcionarios del Gobierno y con otros interesados locales, como organizaciones de productores, las ONG e institutos de investigación, para definir en qué zonas del país la pobreza rural está más extendida y es más grave. Cuando es posible, recurre a los datos que ya existen, así como a los conocimientos de las partes interesadas locales y a las prioridades de los gobiernos participantes. También toma en cuenta todos los programas y proyectos de desarrollo que se estén ejecutando en la zona, no solo para evitar la duplicación de los esfuerzos, sino también para promover, siempre que sea posible, las sinergias entre las diversas intervenciones.

Tras haber definido las potenciales zonas, el FIDA sigue investigando para entender cuáles son los principales factores detrás de la pobreza en esas zonas y para definir qué oportunidades económicas podrían abrirse para las personas que viven allí. La selección definitiva de la zona del proyecto, un proceso conjunto en el que participan el FIDA, los funcionarios del Gobierno y otras partes interesadas pertinentes, busca hallar el equilibrio entre las necesidades, las oportunidades y las prioridades nacionales.

¿De qué manera participan las personas en los proyectos?

Tras haber seleccionado la zona de influencia del proyecto, el FIDA trabaja incansablemente para definir quiénes son los pobres “económicamente activos” de la zona, es decir, personas con escasas probabilidades de progresar económicamente sin apoyo externo, pero que podrían beneficiarse de las oportunidades económicas que ofrece un proyecto. En general, este grupo está compuesto por los pequeños productores agrícolas.

Para el FIDA, garantizar la participación de los grupos más marginados —las mujeres, los jóvenes de las zonas rurales y, en muchos casos, los pueblos indígenas— es fundamental. También brega por incluir a las personas de otros grupos marginados que posiblemente nunca hayan sido consideradas “económicamente activas”, como las personas con discapacidades.

La intención no es excluir a las personas que estén en mejor situación; de hecho, el éxito del proyecto podría depender de incluir un número limitado de agricultores comerciales y empresarios de la localidad. Más bien, lo que el FIDA busca impedir es el “acaparamiento por la elite” de los beneficios del proyecto y asegurarse de que los reciban quienes realmente los necesitan.

El proceso de diseño de un proyecto supone definir qué oportunidades económicas están al alcance de los pequeños productores pobres y otras personas, y luego elaborar un conjunto de intervenciones que les permita aprovecharlas. Para lograrlo, el FIDA consulta a las organizaciones de las poblaciones rurales locales, como las agrupaciones y las asociaciones de agricultores, las agrupaciones de ahorro y crédito, las asociaciones de usuarios de agua, los grupos de gestión de los recursos naturales y los grupos que reúnen a las mujeres, los jóvenes y los pueblos indígenas, y trabaja estrechamente con ellos. Es una manera muy eficaz de asegurar que quienes se beneficiarían a mayor grado del proyecto puedan participar activamente en él, y de que los proyectos se aboquen a cosas que interesen a las personas.

Con cada vez más frecuencia, los proyectos financiados por el FIDA también trabajan estrechamente con inversores y empresarios que están activos en las zonas de influencia del proyecto y que pueden ofrecer servicios y mercados a los pequeños productores para ayudarlos a ampliar su actividad. El FIDA y los proyectos que financia siempre buscan maneras de definir quiénes son estas personas, trabajar con ellas y apoyarlas.

¿Quién se encarga de la gestión del proyecto, y cuál es el papel del FIDA más allá de la financiación?

Los proyectos que el FIDA cofinancia son proyectos gubernamentales. El FIDA otorga un préstamo o una donación al Gobierno del país participante, y luego el proyecto es regido mediante un convenio de financiación entre el FIDA y el Gobierno. Se espera que todos los proyectos promuevan las prioridades nacionales de políticas del Gobierno participante y contribuyan a su cumplimiento.

Como resultado, en general los proyectos son gestionados por equipos pequeños denominados unidades de gestión del proyecto. Sus miembros pueden ser funcionarios gubernamentales, a menudo (pero no siempre) del ministerio de agricultura, o pueden ser asistentes técnicos que han superado un riguroso proceso de selección. En algunos casos, la unidad de gestión de proyecto puede funcionar dentro de la órbita de una organización contratada, como una ONG local. No obstante, en todos los casos la unidad de gestión rinde cuentas al Gobierno (a menudo mediante alguna especie de comité directivo), y en lo referido a la gestión del proyecto, por lo general se espera que la unidad aplique los procedimientos del Gobierno para las tareas de planificación y presupuestación, de gestión financiera y elaboración de informes y de adquisiciones y contrataciones.

De manera similar, la puesta en marcha de actividades específicas del proyecto está a cargo de los ministerios, las dependencias gubernamentales y los proveedores de servicios contratados pertinentes. En función de su naturaleza exacta y de los recursos locales disponibles, la puesta en marcha de determinadas actividades podría asignarse a una ONG (por ejemplo, movilización comunitaria) o a empresas privadas (por ejemplo, la reconstrucción de canales de riego). Sin embargo, se espera que se rindan cuentas por todas las actividades a la unidad de gestión de proyectos, que también debe supervisarlas.

Cuando los habitantes de las zonas rurales necesitan formular observaciones o plantear preocupaciones, pueden hacerlo durante las sesiones de consulta específicas que se organizan a lo largo del ciclo de vida del proyecto, o valiéndose de mecanismos que les permiten comunicarse directamente con el FIDA.

Durante el período de ejecución del proyecto, puede decirse que la función del FIDA implica la prestación de “supervisión y apoyo a la ejecución”. El Fondo trabaja para garantizar que la gestión del proyecto se ajuste a los procedimientos definidos en el convenio de financiación, en particular en lo referido a la gestión financiera y las adquisiciones y contrataciones, a la vez que coopera estrechamente con la unidad de gestión del proyecto y la apoya en su función de gestión. Para cumplir esta labor, los especialistas técnicos y los consultores del FIDA visitan cada proyecto como mínimo una vez al año, y a menudo dos veces. Tras cada visita, califican el desempeño del proyecto en función de un conjunto de indicadores y dan seguimiento a cualquier mejora o ámbito problemático. Durante la visita, también se aseguran de recabar los comentarios de quienes participan en el proyecto para determinar si sus expectativas se están cumpliendo.

¿Qué sucede cuando el proyecto termina?

Se espera que los resultados alcanzados por los proyectos, así como sus efectos sobre los participantes y las economías locales, sean sostenibles y trasciendan el ciclo de vida del proyecto. En ese sentido, se espera que los pequeños productores puedan, por ejemplo, continuar usando las tecnologías mejoradas de producción incorporadas a través del proyecto, o continuar integrando las organizaciones de productores que les permiten negociar la venta de sus productos con los compradores. Sobre todo, todas las partes implicadas —el FIDA, la unidad de gestión del proyecto y también los participantes— deben elaborar planes concretos que garanticen que las habilidades adquiridas y las capacidades mejoradas durante el proyecto puedan mantenerse más allá de su fecha de finalización.

No obstante, el objetivo no es que los proyectos sean tan solo un fin en sí mismos. El FIDA trabaja con los gobiernos para aprovechar las enseñanzas extraídas de cada proyecto y determinar en qué medida sería posible ampliar la escala de las innovaciones útiles introducidas mediante dichos proyectos valiéndose de políticas y programas propios para cada país.

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