Cooperativas agrícolas para reducir el hambre

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Cooperativas agrícolas para reducir el hambre

Ana Sofía used to work long hours with her husband as a labourer on other farms in rural El Salvavdor. The family struggled to make ends meet. Everything changes when she recieved support to join a farmers cooperative. ©IFAD/Carla Francescutti

25 de septiembre de 2015 – El deseo de dar una educación a sus hijos fue lo que impulsó a Ana Sofía Amaya a poner en marcha su propia granja agrícola.

Vecina del Caserío Chaguantique, Cantón Cabos Negros, municipio de Jiquilisco, en el sureste de El Salvador, Sofía acostumbraba a trabajar durante horas junto a su marido como jornalera para otras granjas.

"Entre los dos ganábamos cinco dólares al día por seis horas de duro trabajo. Cuando tuvimos a los dos niños, nos dimos cuenta de que aquello no era sostenible," dice Ana Sofía.

"Con ese dinero no podíamos pagar la educación de nuestros hijos. Así que nos pusimos a cultivar nuestro pequeño huerto y empezamos a vender las verduras."

Ana Sofía y su marido cultivaron maíz, elote (una variedad de maíz), pipián (un tipo de calabaza) y plátanos. Pero, una vez más, no fue suficiente. La familia se mantenía manteniéndose a duras penas.


Al formar parte de una cooperativa agrícola mayor, Ana Sofía se sintió empoderada y negoció mejores precios para sus productos y precios más bajos para insumos agrícolas como semillas, fertilizantes y equipos.

Junto con su esposo y otros agricultores de la zona, Ana Sofía intentó poner en marcha una asociación de productores pero, sin el asesoramiento técnico, jurídico y financiero adecuado, fracasó.

Solo después de que el personal del Proyecto de modernización y desarrollo rural de la región oriental (PRODEMORO), financiado por el FIDA, entrase en contacto con ellos la asociación consiguió despegar y nació la Cooperativa Brisas de Chaguantique.

El proyecto enseñó a agricultores como Ana Sofía a desarrollar un plan viable de negocios, así como a identificar sus necesidades de apoyo técnico. También aportó crédito para financiar estas iniciativas.

Al formar parte de un grupo más numeroso, Ana Sofía se sintió fortalecida y negoció mejores precios para sus productos y precios más bajos para insumos agrícolas como semillas, fertilizantes y equipos.

 

"Antes de entrar en la cooperativa agrícola, pensaba que no podía desarrollarme, que no podía crecer. No imaginaba que una "campesina" como yo tenía derecho y la capacidad para llegar adonde estoy hoy." 

La cooperativa también ayudó a Ana Sofía a obtener los derechos sobre su tierra y un mejor acceso a los mercados. Ventajas que ella sola no hubiera podido negociar. "Nosotros no sabíamos nada del comercio formal: dónde vender o a quién. El comercio informal y los coyotes (intermediarios) se llevaban todas nuestras ganancias", explica Ana Sofía.

"Nos decían 'te doy tanto' y lo aceptábamos sin cuestionarlo. Ya no es así. Ahora que sabemos más, podemos decidir".

Con los años, el apoyo financiero del proyecto financiado por el FIDA ha permitido a su cooperativa poner también en marcha un vivero, un almacén y dos grandes invernaderos en los que cultivan pimientos.

El proyecto también ha puesto a disposición de la asociación formadores que ayudan a los agricultores a maximizar y diversificar su producción y así poder vender sus productos en mercados locales, nacionales e internacionales.


Desde que entró a formar parte de la cooperativa, Ana Sofía y su marido han incrementado en más del doble sus ingresos mensuales: de 200 a 450 USD.

Ana Sofía trabaja actualmente con otras cuatro cooperativas de la zona para poner en marcha una gran planta de almacenamiento, lo que les permitirá vender a tiendas más grandes como el Grupo Calleja —una de las mayores cadenas de supermercados de El Salvador— Walmart y restaurantes locales.

"Tenemos planeadas más actividades, como contratar empleados o comprar un vehículo que nos permita transportar nuestros productos de forma más rápida y fácil", dice Ana Sofía.

Entre sus sueños está la construcción de una casa de mayor tamaño y alcanzar una mejor situación económica que le permita no tener que pedir préstamos tan a menudo.

Sean cuales sean sus sueños, Ana Sofía se siente ya muy orgullosa de lo lejos que ha llegado.

"La Ana Sofía de cuatro años atrás desapareció hace tiempo. Ahora soy otra persona. Sé quién soy, lo que quiero y lucho por ello".