La agricultura climáticamente inteligente apoya los sistemas alimentarios de las zonas rurales de Georgia

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La agricultura climáticamente inteligente apoya los sistemas alimentarios de las zonas rurales de Georgia

Si no fuera por el minucioso cuidado que Irina Mshvenieradze, de 39 años, prodiga a sus tierras, estas apenas se distinguirían de los campos situados a su alrededor: suelos desnudos a causa del viento y la desertificación. Las frecuentes tormentas de viento también acarrearon otros problemas, como los cambios de temperatura extremos que debilitaron aún más el suelo y expusieron sus manzanos y zarzamoras a una serie de enfermedades y plagas. A pesar de sus ingentes esfuerzos, las cosechas de Irina fueron disminuyendo año tras año.

No es la única a la que le ocurrió. En los últimos años, los agricultores de las zonas rurales de Georgia han tenido que hacer frente a serias pérdidas en la producción e importantes amenazas a su seguridad alimentaria. El cambio climático ha dado lugar a un bombardeo constante de fenómenos meteorológicos extremos, como inundaciones, sequías o tormentas de viento, que han degradado la tierra y han dificultado enormemente la subsistencia de los agricultores. Por ejemplo, tras la contundente temporada de lluvias torrenciales, granizo y viento ocurrida en julio de 2012, muchas zonas del país quedaron en condiciones de extrema urgencia y nunca terminaron de recuperarse.

Como no estaba previsto que esos patrones meteorológicos cambiaran en un futuro cercano, la atención se centró en ayudar a los agricultores de Georgia a adaptarse a ellos y mitigar sus efectos. La situación de los agricultores en pequeña escala del país era especialmente apremiante, ya que muchos de ellos carecían de acceso a los recursos financieros y las tecnologías, incluidas las técnicas agrícolas más avanzadas, que se precisaban para emprender esos cambios.

Adopción de un enfoque holístico para restablecer el sistema alimentario

El Proyecto de Modernización de la Agricultura, Acceso a los Mercados y Resiliencia (AMMAR), puesto en marcha en 2015, se diseñó con el objetivo de dar solución a esos desafíos. El proyecto forma parte del programa que está ejecutando el Ministerio de Agricultura de Georgia con miras a modernizar el sector agrícola del país, para lo que cuenta con el apoyo del FIDA, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM) y el Organismo Danés de Desarrollo Internacional (DANIDA).

Dado que todo el sistema alimentario se había visto tremendamente perjudicado, el personal del proyecto supo que debían adoptar un enfoque holístico que abordara todos los componentes del sistema de manera simultánea. En consecuencia, decidieron promover prácticas agrícolas climáticamente inteligentes y un conjunto de enfoques que ayudaran a los agricultores a transformar sus sistemas agrícolas para responder al cambio climático y, al mismo tiempo, aumentar de manera sostenible sus rendimientos e ingresos.

Desde entonces, el proyecto ha ayudado a muchos agricultores de Georgia a restablecer sus ecosistemas locales y a dar con nuevas formas de producir y vender sus productos que no solo sustentan sus negocios, sino también el medio ambiente. Por ejemplo, se ha fomentado la poda periódica de los árboles frutales, una práctica que ayuda a evitar los daños derivados del calor y la humedad; se ha ayudado a los agricultores a construir y mantener paravientos; se ha introducido la apicultura (una forma excelente de respaldar la productividad agrícola y la biodiversidad, al tiempo que se aumentan y diversifican los ingresos rurales), y se ha brindado capacitación a los agricultores en materia de compostaje y lombricultura (la cría de lombrices de tierra) con vistas a mejorar la calidad del suelo. Asimismo, se han introducido nuevas prácticas, como el uso de invernaderos, para proteger los cultivos frente a los peligros meteorológicos.

En el marco del proyecto también se han proporcionado numerosos equipos, desde redes antigranizo y fertilizantes orgánicos hasta sistemas de riego por goteo y viveros de siembra, a fin de ayudar a los agricultores a sacar el máximo provecho a las nuevas prácticas agrícolas climáticamente inteligentes. Asimismo, se imparten sesiones periódicas de capacitación, se mantienen algunas parcelas de demostración para brindar ejemplos de las mejores prácticas y se organizan visitas de intercambio entre distintos grupos de agricultores. En concreto, esta última actividad brinda a los participantes la oportunidad de intercambiar enseñanzas y conocimientos, además de permitirles estudiar nuevas oportunidades en sus economías locales y regionales.

Importancia de los paravientos: una solución para numerosos desafíos

Si bien la degradación de la tierra sufrida por las poblaciones rurales de Georgia obedece a numerosas causas, hay un único factor que ha demostrado ser el principal causante, a saber, la erosión del viento. En consecuencia, la instalación de paravientos ha constituido un elemento fundamental de las actividades del proyecto. En colaboración con el Centro Regional para el Medio Ambiente del Cáucaso, hasta la fecha el proyecto ha instalado paravientos, a modo de prueba, a lo largo de más de 2 800 hectáreas de tierra. La reducción conseguida en la velocidad del viento ha entrañado múltiples beneficios, como un mejor control de la erosión del suelo, una distribución más favorable de la nieve, una mejora de la producción alimentaria y maderera, un aumento de la productividad ganadera y un incremento de la calidad y el rendimiento de los cultivos. En total, los paravientos suponen una reducción de 234 toneladas de dióxido de carbono equivalente en las emisiones de gases de efecto invernadero. Asimismo, brindan un hábitat a más de 1 000 especies animales.

En cuanto Irina supo que se estaban instalando paravientos en el marco del proyecto, presentó su solicitud. En noviembre de 2019, recibió 920 plantones de árboles grandes, como álamos, cipreses y arces, junto con los materiales necesarios para proteger las plántulas en crecimiento y gestionar los flujos de agua. Tras asistir a una serie de sesiones de capacitación sobre cómo construir y mantener el paravientos, estuvo lista para comenzar.

Para el verano siguiente, su trabajo ya estaba dando sus frutos. Además de proteger sus ocho hectáreas del viento, el paravientos contribuye a la retención de humedad en el suelo y da sombra a los manzanos y las zarzamoras, lo que aumenta la cantidad y la calidad de sus cosechas y, por tanto, sus ingresos. El incremento de la biodiversidad en la zona situada en torno al paravientos también permite cierto control natural de las plagas y, gracias a esto, Irina no necesita usar plaguicidas.

“Estoy encantada con la ayuda brindada por el proyecto”, cuenta.

En general, la promoción de las prácticas agrícolas climáticamente inteligentes y la introducción de tecnologías innovadoras han contribuido enormemente a aumentar la resiliencia al cambio climático del sector agrícola en Georgia. En concreto, los buenos resultados logrados en la puesta a prueba de los paravientos han alimentado las esperanzas de llevar esta práctica a otras zonas. Para ello, el proyecto ha contribuido al diseño de un marco de políticas que ayude a instalar paravientos en todo el país. Por supuesto, la transformación de los sistemas alimentarios es una empresa tremendamente compleja, que comprende elementos biofísicos, socioeconómicos, políticos e institucionales que afectan a todos los componentes del sistema. Por esa razón, entre otras muchas, resulta fundamental ampliar la escala de las prácticas climáticamente inteligentes en aras de promover su sostenibilidad en todo el sistema. Gracias al constante interés y entusiasmo demostrados por los agricultores, se espera que la cuestión siga cobrando impulso.

Obtenga más información sobre la labor del FIDA en Georgia.