IFAD Asset Request Portlet

Publicador de contenidos

Discurso de Kanayo F. Nwanze Presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) en la sesión inaugural del 39º período de sesiones del Consejo de Gobernadores

Señor Presidente del Consejo, Excelentísimos señores y señoras, Distinguidos Gobernadores, Señoras y señores:

En nombre de todos los que trabajamos en el FIDA —tanto en la Sede como sobre el terreno— me complace darles la más calurosa bienvenida al 39º período de sesiones del Consejo de Gobernadores del Fondo.

Quisiera dar especialmente las gracias a los representantes de las organizaciones campesinas que han recorrido un largo camino para asistir al Foro Campesino de este año, el cual celebra su décimo aniversario.

Y permítanme expresar nuestro agradecimiento a nuestros colegas de las otras organizaciones con sede en Roma, a saber, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y el Programa Mundial de Alimentos. Nuestra estrecha colaboración ha contribuido a incrementar nuestra efectividad tanto en las actividades de promoción como sobre el terreno.

Desearía aprovechar igualmente esta oportunidad para presentarles a nuestros nuevos Vicepresidentes Adjuntos: Périn Saint-Ange, de Seychelles, para el Departamento de Administración de Programas; Shahin Lauritzen, de Dinamarca, como Oficial Principal de Finanzas y Contralor Principal en nuestro Departamento de Operaciones Financieras; y Henock Kifle, de los Estados Unidos de América, como Jefe de Gabinete en la Oficina del Presidente y del Vicepresidente.

Distinguidos Gobernadores, señoras y señores:

Vivimos tiempos difíciles. Atrocidades. Migraciones masivas. El año 2015 fue el año más caluroso desde que se tiene constancia. La sequía en África Meridional se está agravando y las estimaciones sobre el número de personas que sufren hambre aumentan día a día. La sequía también está afectando varias zonas de las Américas y Asia.

Corremos un riesgo muy real de registrar retrocesos en los logros de desarrollo obtenidos en el ámbito de la pobreza y el hambre en estos últimos años. Este es el telón de fondo de nuestra reunión de hoy.

La situación es urgente. Y esa urgencia se refleja en la Agenda 2030, que insta nada menos que a crear prosperidad, salud y seguridad para todos, protegiendo al mismo tiempo nuestro planeta y sus medios de subsistencia. Y todo ello en los próximos 15 años. La Agenda 2030 y su calendario son ambiciosos, porque el tiempo es un lujo que ya no nos podemos permitir. Debemos actuar ahora.

Sin embargo, la Agenda 2030 llega en un momento en que los gobiernos enfrentan prioridades contrapuestas, como responder a la crisis migratoria o financiar iniciativas de desarrollo a largo plazo.

Se trata de un falso ahorro. Por supuesto, es imperativo responder a las situaciones de emergencia; pero no podemos permitirnos desviar nuestra atención del desarrollo a largo plazo.

Consideren que hoy estamos siendo testigos de la mayor migración masiva de personas desde la Segunda Guerra Mundial.

¿Qué motiva a las personas a migrar? Sin duda, los conflictos; pero también el hambre, la pobreza, las desigualdades, la mala gobernanza, las persistentes humillaciones y la falta de oportunidades. El clima también es un motivo.

Esas son las razones que han forzado a millones de personas de las zonas rurales a abandonar sus hogares semana tras semana, año tras año, aquí en Europa, en mi África natal, en Asia y en las Américas. En efecto, hoy unos 14 millones de personas corren el riesgo de pasar hambre debido a la prolongada sequía en África Meridional.

La Agenda 2030 tiene la finalidad de abordar las causas profundas del desaliento, la desesperación e incluso los conflictos que compelen a las personas a abandonar su patria.

La consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que sustentan la Agenda 2030, dependerá en gran medida de la colaboración con los pequeños agricultores y la transformación de las zonas rurales de los países en desarrollo.

En la actualidad, con la apremiante situación sobre el terreno y el compromiso de la comunidad internacional con la Agenda 2030, el mandato del FIDA es más pertinente que nunca.

El desarrollo agrícola y rural no es solo nuestra actividad principal, sino nuestra ÚNICA actividad y lo ha sido durante casi 40 años.

Como saben, unos 3 000 millones de personas viven en las zonas rurales de países en desarrollo. Representan alrededor del 40 % de la población mundial, pero constituyen más del 70 % de la población más pobre y hambrienta del mundo. La mayoría depende de la agricultura para su vida y sustento. Por ello, centrar nuestra atención en la población rural pobre, en especial los pequeños productores, es fundamental para lograr la
eliminación de la pobreza del ODS1 y la erradicación del hambre del ODS2.

El FIDA trabajó en estrecha colaboración con las otras organizaciones con sede en Roma para contribuir a la elaboración de la Agenda 2030. Y también apoyamos a los Estados Miembros en la redacción de un objetivo que vinculara la agricultura sostenible en pequeña escala con la seguridad alimentaria y la nutrición.

Tengan también en cuenta que el cambio climático ya está incidiendo en la agricultura y en los países en desarrollo. Por ello, centrar nuestra atención en la población rural pobre, en especial los pequeños productores, es fundamental para lograr las medidas en defensa del clima del ODS13.

En el Acuerdo de París sobre el cambio climático de diciembre, se reconoció la vulnerabilidad de la producción alimentaria al cambio climático. El FIDA ha llevado a cabo una labor puntera en este ámbito, con una estrategia sobre el cambio climático que se remonta a 2010 y la creación del Programa de Adaptación para la Agricultura en Pequeña Escala en 2012.

Hoy, dicho programa es la mayor fuente de financiación mundial dedicada a apoyar la adaptación de los pequeños agricultores al cambio climático.
Como consecuencia, gran parte de la labor del FIDA sobre el terreno incluye medidas climáticas.

El FIDA reconoció hace tiempo que nunca lograremos los objetivos de la “pobreza cero” y el “hambre cero” si no empoderamos a las mujeres. La Política del FIDA sobre la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer asegura que nuestro trabajo contribuya a la igualdad de género del ODS5.

Al mismo tiempo, la labor que llevamos a cabo a fin de ayudar a la población rural a desarrollar sus empresas y crear asociaciones incluyentes contribuye a alcanzar el objetivo de promover el trabajo decente y el crecimiento económico del ODS8.

 

En el Marco Estratégico del FIDA (2016-2025) se expone cómo el FIDA puede consolidar su contribución a los ODS, alcanzando al mismo tiempo el objetivo general de la institución de facilitar que la población rural salga de la pobreza y logre la seguridad alimentaria con medios de vida remunerativos, sostenibles y resilientes.

El enfoque del FIDA es empezar con las personas, invertir en ellas para que puedan expandir sus actividades y mejorar sus vidas a través de sus propios esfuerzos, no mediante dádivas.

Nuestro éxito sobre el terreno habla por sí solo. Gracias a la financiación rural en Etiopía, las mujeres han desarrollado sus actividades y las han articulado en microempresas. Los productores de café en los altiplanos de Nicaragua han entrado en los mercados de California; los jóvenes en Egipto están transformando el desierto en tierras de cultivo rentables; los agricultores de Uganda están colaborando entre sí para expandir sus empresas en lugar de aislarse; los pequeños agricultores en la India se han convertido en importantes proveedores de Tesco en el Reino Unido.

omunidades enteras en África, Asia y América Latina se han transformado con más escuelas, mejores clínicas, más agua potable y una mejor atención sanitaria maternoinfantil.

A eso me refiero cuando hablo de la amplia efectividad del desarrollo rural. De hecho, en el documento final de la tercera Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, que se celebró el verano pasado en Addis Abeba, se destacó la repercusión del FIDA.

Cito textualmente:

“Reconocemos los esfuerzos del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola destinados a movilizar inversiones para posibilitar que las personas que viven en la pobreza mejoren su seguridad alimentaria y nutrición, aumenten sus ingresos y se fortalezca su resiliencia.”

Las personas resilientes son aquellas que creen en su futuro, que pueden invertir en ellas mismas y que no necesitan abandonar sus hogares y familias en busca de trabajo o seguridad.

La transformación de las zonas rurales y la creación de esa resiliencia es fundamental para lograr los ODS.

Es gracias a ustedes —nuestros Estados Miembros— que el FIDA está en condiciones y bien situado para contribuir a la consecución de los ODS y al fortalecimiento de esa resiliencia.

Quiero expresar un gran agradecimiento igualmente a nuestro personal, cuya dedicación y compromiso lo ha hecho posible. Constituyen nuestro bien más preciado. Y gracias también a nuestros cónyuges, esposas, maridos, compañeras, compañeros y familias, por su apoyo, paciencia y aguante (día y noche).

Gracias al apoyo que ustedes prestaron a la reorganización interna del FIDA, hemos incrementado nuestra eficiencia, eficacia y capacidad para alcanzar los ODS en los próximos años.

Gracias a la clarividencia que ustedes mostraron al apoyar el nuevo modelo operativo del FIDA, hemos reforzado nuestra presencia en los países, con 40 oficinas del FIDA en los países actualmente operativas y 10 más de próxima apertura.

Nuestro Marco Estratégico para 2016-2025 aboga por una descentralización aún mayor, de modo que nuestras oficinas en los países acaben ocupándose de la mayoría de nuestros programas y proyectos, fortaleciendo así nuestra labor sobre el terreno y acercándonos a las personas a las que nos

Distinguidos Gobernadores, señoras y señores:

Como saben, yo soy científico de profesión. Los científicos creen en la necesidad de actuar sobre la base de datos empíricos. No obstante, los organismos e instituciones de desarrollo no cuentan con una sólida tradición de evaluación rigurosa del impacto.

Por ello, en estos últimos años, el FIDA ha invertido en la elaboración de una metodología destinada a evaluar nuestro impacto. El FIDA es —creo— el único que ha emprendido un proceso de evaluación del impacto de esta magnitud ¡y que lo ha completado en solo tres años!

Ello ha dado como resultado un instrumento de primera clase que
constituye un bien público, en forma de conocimientos. Y me complace decir que ya está suscitando el interés de otras instituciones financieras
internacionales y organismos de desarrollo.

Hoy podemos aseverar con bastante certeza que el enfoque del FIDA con respecto al desarrollo está cosechando sólidos resultados y que muchos de los programas y proyectos que respaldamos tienen un impacto sustancial en los ingresos, la resiliencia, la nutrición y el empoderamiento de género.

También cabe destacar que los participantes en nuestros proyectos están hoy en una situación mucho mejor de la que hubieran estado sin el FIDA.

Permítanme ofrecerles algunas estadísticas.

139 millones de personas ya se han beneficiado de los proyectos que se iniciaron o se cerraron entre 2010 y 2015, esto es, ¡más de la población total del Japón!
5 millones de hectáreas de tierra cuentan ahora con una mejor gestión ambiental y de suelos gracias a los proyectos realizados en ese mismo período.
40 millones de mujeres y hombres tendrán ingresos agrícolas notablemente más elevados gracias a nuestros proyectos nuevos y en curso.

¡Estos son resultados de los que podemos estar orgullosos! Y pocas instituciones pueden brindar datos tan estadísticamente sólidos y comprobables.

Al elaborar nuestros instrumentos de evaluación del impacto, hemos aprendido algunas cosas importantes, por ejemplo, que evaluar el impacto sobre la base de un solo indicador —como el umbral de pobreza— es erróneo e inadecuado.

Ahora estamos aplicando las enseñanzas extraídas en la fase de diseño de los programas, a fin de mejorar nuestra efectividad en el ámbito del desarrollo, lo que también nos permitirá evaluar el impacto de manera mucho más rigurosa.

Además de la iniciativa para la evaluación del impacto, el FIDA está preparando igualmente un informe sobre desarrollo rural a fin de obtener mayor información sobre los factores que han propiciado una importante reducción de la pobreza y la desnutrición en los últimos tres decenios.

 

Las conclusiones preliminares indican que esas mejoras han sido el resultado de una transformación rural inclusiva y que el aumento de la productividad de las pequeñas explotaciones familiares y de las empresas rurales pequeñas y medianas es fundamental.

Distinguidos Gobernadores, señoras y señores:

Desde hace años, el FIDA tiene claro que la asistencia oficial para el desarrollo solo constituiría uno de los instrumentos de financiación de la era posterior a 2015. Por consiguiente, en estos últimos años, hemos estudiado nuevas vías de financiación del desarrollo.

El Fondo Fiduciario de España incluyó nuestro primer préstamo soberano. El más reciente de nuestros nuevos instrumentos de financiación es el marco para la obtención de empréstitos soberanos, que está proporcionando los medios para movilizar recursos adicionales y gestionarlos de manera más flexible. Ya ha facilitado un acuerdo de financiación con el Banco de Desarrollo KfW de Alemania.

Estas fuentes innovadoras de financiación ayudarán al FIDA a satisfacer la creciente demanda de los Estados Miembros, pero son un complemento y no un sustituto de nuestro mecanismo central de financiación mediante las reposiciones. Las contribuciones de nuestros Estados Miembros a través del ciclo trienal de reposición del FIDA seguirán siendo la fuente principal de los recursos básicos del Fondo.

Quisiera aprovechar esta oportunidad para darles las gracias a nuestros
Estados Miembros, que han apoyado tan generosamente nuestra labor.

Es gracias a ustedes que la Décima Reposición de los Recursos del FIDA fue la mayor en la historia del Fondo. Hasta la fecha, hemos recibido promesas de contribución de 91 Estados Miembros, en comparación con 79 en el mismo período de la Novena Reposición de los Recursos del FIDA. Animo a quienes aún no han anunciado sus promesas de contribución a que lo hagan hoy.

Es gracias a ustedes que nuestro programa de préstamos y donaciones superó su máximo de USD 3 000 millones, alcanzando el monto de USD 3
090 millones en el marco de la Novena Reposición de los Recursos del FIDA. Y es gracias a ustedes que en 2015 el volumen anual de aprobaciones de proyectos y donaciones llegó a un máximo histórico de USD 1 400 millones.

Esa es una inversión notable para las comunidades rurales a las que servimos.

Como consecuencia, millones de mujeres y hombres tienen ahora acceso a servicios financieros y reciben capacitación en tecnologías agrícolas, gestión de los recursos naturales y capacidad empresarial.

El 49 % de ellos son mujeres y su número está creciendo. Distinguidos Gobernadores, señoras y señores:
Los resultados que aquí les brindo reflejan los efectos de una transformación en el seno del FIDA que se inició hace algunos años y que está ayudando a incrementar la agilidad y la eficacia de la institución. Con la reforma de la gestión de los recursos humanos, la mejora del modelo operativo, la presencia reforzada en los países, el perfeccionamiento de los instrumentos de gestión de los conocimientos y la mayor variedad de instrumentos financieros, el FIDA está preparado y en condiciones para desempeñar un papel central en la consecución de los ODS.

 

En resumen:

primero, una reorganización interna de los procesos, la gestión y los recursos humanos y una sólida estructura orgánica que facilitan que el FIDA pueda desempeñar su función única, como institución financiera internacional y como organismo de desarrollo de las Naciones Unidas;

segundo, un modelo operativo asentado en un plan de descentralización institucional;

tercero, una institución con una capacidad de respuesta mundial, basada en los conocimientos y con una cultura de evaluación rigurosa del impacto y de difusión de los conocimientos; y

cuarto, una reestructuración y ampliación de nuestro modelo de financiación y de nuestra base de recursos mediante instrumentos innovadores para asegurar una sostenibilidad a largo plazo.

La aplicación de esos cambios ha requerido varios años, pero ahora estamos recogiendo sus frutos. Al abordar los asuntos incluidos en el programa y adoptar decisiones que influirán en el futuro de la organización, recordemos que el desarrollo no es una solución a corto plazo.

Requiere una inversión de tiempo, esfuerzo y dinero día tras día, semana tras semana, mes tras mes, hasta que los cambios se asienten plenamente; pero sus frutos valen mucho la pena.

Es gracias a la visión y apoyo inquebrantable de nuestros Estados Miembros, así como a la dedicación y compromiso de nuestro personal y al apoyo de nuestras familias, que hemos conseguido cambiar sustancialmente la vida de millones de mujeres, niños y hombres en las zonas rurales.

Antes de concluir, permítanme que señale nuevamente a su atención la situación de los niños, mujeres y hombres que están huyendo de conflictos, hambre, desigualdades, humillaciones o pobreza extrema.

Su número está aumentando. En las primeras seis semanas de este año, solo en el Mediterráneo, más de 76 000 migrantes y refugiados han llegado por mar a Europa. Eso es casi diez veces más que hace un año.

El número de muertos también ha aumentado. Hasta la fecha, 409 personas han perdido la vida, en comparación con 69 en el mismo período de 2015.

La mayoría procede de países devastados por la guerra, pero decenas de miles no vienen de zonas en conflicto. No obstante, ya sea que escapen de crisis provocadas por el hombre o de catástrofes naturales, su desesperación es siempre muy real.

Como dice el poeta Warsan Shire: “nadie pone a sus hijos en un barco
a no ser que el agua sea más segura que la tierra”.

Este año, más que nunca, es crucial que nos comprometamos a invertir en el desarrollo a largo plazo.

Si mantienen su apoyo, el FIDA ayudará a crear un mundo sin hambre y sin pobreza, un mundo de oportunidades y dignidad, y un mundo en el que la tierra sea siempre más segura que el mar.

Gracias.

 

Sede del FIDA, Roma (Italia)
17 de febrero de 2016