Get sick or go hungry: Afghan nomads battle against COVID-19

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La batalla de los nómadas afganos contra la COVID-19: Enfermarse o pasar hambre

Desde que la COVID-19 llegó al Afganistán a mediados de marzo, los kuchis (nómadas afganos) se han enfrentado a un terrible dilema: enfermarse o pasar hambre. Habitualmente, los kuchis se ganan la vida con el pastoreo de ovejas, cabras y camellos en todo el país, pero a causa del confinamiento de algunas provincias, ese estilo de vida se ha vuelto muy difícil de mantener.

Para la mayoría de las personas, las medidas de confinamiento reducen considerablemente su exposición al virus. Sin embargo, para los kuchis, representan el peligro de que su comercio habitual de ganado y productos lácteos quede bloqueado, y sin comercio, no tienen ingresos y se enfrentan a la escasez de alimentos.

Los kuchis se encuentran entre las poblaciones más pobres y marginadas del Afganistán. Durante siglos, han llevado una vida nómada. Sin embargo, décadas de conflicto, sequía y degradación de las zonas de pastoreo han dañado sus medios de vida. Hoy en día, más de un tercio de los 1,5  millones de kuchis se enfrentan a la inseguridad alimentaria.

“El cierre de los mercados y las tiendas debido al confinamiento impuesto ha tenido un fuerte impacto en la comunidad kuchi”, dice Candra Samekto, Directora del FIDA en el País para el Afganistán. “Los kuchis no pueden vender su ganado ni sus productos lácteos, y cuando logran vender algunos animales en el ámbito local, lo hacen a un precio mucho más bajo que el habitual”. Por ejemplo, en las zonas de Nangarhar y Logar, la venta de cada cordero les reporta un precio inferior en un 40 % al que obtenían antes de la pandemia.

Desde la aparición de la COVID-19, el FIDA y el Gobierno del Afganistán han estado ayudando a los kuchis por medio del Proyecto de Ganadería y Agricultura Comunitarias, actualmente en curso. La ejecución de las actividades del proyecto dirigidas a los kuchis recae en el Comité Neerlandés para el Afganistán.

“En primer lugar, era fundamental informar a los kuchis del virus y explicarles cómo pueden protegerse [a sí mismos]”, afirma Samekto. “Pero no es fácil llegar a ellos; viven en zonas remotas donde las infraestructuras digitales son deficientes y, en su gran mayoría, son analfabetos”.

Desde 2015, en el marco del Proyecto de Ganadería y Agricultura Comunitarias se han establecido 52 unidades veterinarias sobre el terreno y se ha capacitado a 100 kuchis para que se conviertan en paraveterinarios y trabajadores veterinarios básicos. Más de 400 paraveterinarios también han recibido capacitación de actualización. Actualmente, proporcionan servicios de vacunación, desparasitación y tratamiento médico a los pequeños rumiantes de los kuchis en siete provincias del país. La sanidad animal ha mejorado y las tasas de mortalidad han disminuido del 15 % al 6,2 %. Esto ha dado lugar a un aumento del 50 % en la producción de leche y a un incremento del 24 % en los ingresos de los pastores.

Con la llegada de la COVID-19, el FIDA y sus asociados decidieron aprovechar esta sólida red de profesionales para organizar una respuesta. Alrededor de 160 de esos funcionarios de la unidad sobre el terreno recibieron capacitación en campañas de sensibilización y luego alertaron a las comunidades kuchis sobre el virus y les informaron de las medidas de protección, en particular mediante folletos con fotografías para que pudieran comprenderlas fácilmente.

Además, se distribuyeron botiquines de higiene y seguridad sanitaria con mascarillas y jabones a 48 000 hogares.

“El uso del jabón y la mascarilla nos ha ayudado a prevenir la propagación de la enfermedad,” afirma Mir Baaz, un pastor kuchi. “¿Cómo habríamos obtenido información sobre la enfermedad? No tenemos televisión, ni siquiera tenemos electricidad”.

A lo largo de los años, gracias al Proyecto de Ganadería y Agricultura Comunitarias se habían producido otras mejoras que resultaron útiles cuando comenzó la pandemia. En particular, los pastores habían podido reorientar su producción de leche a productos como el gurrot, un queso blando, y el ghee, una mantequilla clarificada que se puede conservar durante largos períodos y que, por lo tanto, puede conservarse para su venta posterior a un precio más elevado. Los pastores también habían recibido capacitación en la elaboración de la leche y se les habían suministrado máquinas de batido y filtración y cámaras de secado. Esto les ha permitido preparar productos lácteos secos que pueden llegar a costar el doble que la leche. Con los confinamientos en pleno apogeo, gracias al Proyecto de Ganadería y Agricultura Comunitarias se ha estado ayudando a los kuchis a aumentar su producción de estos productos de larga duración, que se venderán cuando se reabran más mercados.

A pesar de la resiliencia que se ha logrado crear mediante el proyecto, los kuchis necesitarán más apoyo en el futuro inmediato, ya que el virus sigue propagándose por todo el país.

La reciente reapertura de los principales mercados puede ofrecer cierto alivio. Sin embargo, los precios de los alimentos también han aumentado significativamente en los últimos meses. El precio de la harina de trigo aumentó un 18 % entre marzo y junio, mientras que los costos de las legumbres, el azúcar y el arroz aumentaron entre un 22 % y un 37 %.

Sin ayuda, los kuchis podrían verse obligados a tomar medidas que retrasarían su desarrollo. “Una de las preocupaciones es que vendan sus activos productivos y su ganado para arreglárselas por ahora y no puedan recuperarse después de la pandemia”, explica Samekto. “Estamos explorando medidas adicionales para ayudarles y necesitamos financiación”.

Los kuchis no están solos. Millones de pequeños agricultores y ganaderos de todo el mundo se ven afectados por las medidas de confinamiento. El pasado mes de abril, el FIDA hizo un llamamiento urgente para obtener financiación a fin de ayudar a las personas más vulnerables a través de su Mecanismo de Estímulo para la Población Rural Pobre. Este mecanismo ayuda a las comunidades rurales a seguir cultivando y vendiendo alimentos a pesar de la pandemia y, en particular, asegura el acceso a los insumos, la información, los mercados y la liquidez, de modo que los pobres de todo el mundo no tengan que elegir entre enfermarse o pasar hambre.

Obtenga más información sobre la labor del FIDA en el Afganistán.