Indigenous youth in agriculture during COVID-19

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Los jóvenes indígenas en la agricultura durante la crisis de la COVID-19

La pandemia de la COVID-19 ha obligado a muchas personas a replanteárselo todo: sus prioridades, su trabajo, incluso su papel en la sociedad. Los que ya eran vulnerables, en particular las personas pobres, quienes viven en zonas rurales y los que pertenecen a grupos marginados, como las mujeres y los pueblos indígenas, no son una excepción. Sin embargo, a pesar de las consecuencias socioeconómicas a menudo devastadoras que ha causado la pandemia, muchos han logrado, gracias a su determinación y creatividad, mantener su trabajo a flote y, al mismo tiempo, preservar la seguridad y la salud.

Los jóvenes indígenas de Koraput, un distrito rural del estado indio de Odisha, tampoco son una excepción. Antes de que se produjera el brote de la COVID-19, muchos ya participaban en un proyecto de agricultura centrado en los jóvenes, financiado por el Fondo de Apoyo a los Pueblos Indígenas del FIDA y ejecutado por Pragati Koraput, un asociado local. Gracias al apoyo del proyecto, han podido sobrellevar lo peor de la crisis e incluso se sienten seguros para volver a hacer planes para el mundo que vendrá después de la crisis sanitaria. Aquí les presentamos tres de esas historias.

Biswanath

Con tan solo 21 años, Biswanath, miembro de la tribu paraja, ya tiene más experiencia agrícola que muchos de sus compañeros participantes en el proyecto. Tras la muerte prematura de su padre, Biswanath dejó los estudios y comenzó a trabajar en la agricultura para ayudar a su madre. Pese a que desde muy temprano se había interesado por el mundo de los agronegocios, nunca le había dedicado mucho tiempo al desarrollo de sus habilidades, hasta que se incorporó al proyecto de jóvenes agricultores.

El proyecto le llevó a hacer una visita al Instituto Indio de Conservación de las Aguas y el Suelo, donde pudo ver demostraciones de las técnicas agrícolas más avanzadas. Se sintió inspirado y terminó la visita decidido a poner en práctica en su propia tierra de cultivo algunas de las ideas que había visto.

Cuando se produjo la crisis de la COVID-19, entró en el confinamiento con la misma determinación que había mostrado todo el tiempo. Se fijó una meta: no solo aumentar su producción, sino también obtener más ingresos, en comparación con el período anterior a la pandemia. Aprovechó el tiempo para asistir a las sesiones de capacitación del proyecto y estudiar el sistema de intensificación de cultivos, un conjunto de técnicas que ayudan a los agricultores a aumentar de forma sostenible su rendimiento.

La estrategia dio sus frutos: hizo que su familia pasara lo peor del confinamiento, y les ayudará a crecer aún más cuando haya terminado por completo. Ahora que se han relajado en cierta medida las restricciones, espera vender sus excedentes de mijo a un precio fijado por el Gobierno y vender sus hortalizas en un mercado al aire libre cercano.

Biswanath se está preparando para dedicarse a la agricultura a tiempo completo. En la próxima kharif (temporada de siembra que tiene lugar durante el monzón), planea cultivar por primera vez chile, mijo africano y brinjal (berenjena). Gracias a su arduo trabajo y a su inteligente estrategia, ha encontrado el éxito como productor agrícola en pequeña escala, y es una fuente de inspiración para los demás aspirantes a jóvenes agricultores de su aldea.

Kamala

Kamala, de 25 años, pertenece a la tribu gadaba. Nunca había estado particularmente interesada en entrar en el sector agrícola, pero cuando oyó hablar del proyecto para jóvenes, se sintió intrigada. Después de incorporarse al proyecto, comenzó enseguida a asistir a las sesiones de capacitación sobre el sistema de intensificación de cultivos.

En su conservadora aldea rural de Badamput, ser mujer puede ser todo un reto, y la COVID-19 no podía sino agravar la situación. Kamala y las demás mujeres de la aldea dependen de los hombres para prácticamente todo lo que necesitan, lo que confería a las medidas de prevención, como las restricciones de movimiento, un grado extra de exigencia.

Para Kamala, las sesiones de capacitación sobre el sistema de intensificación de cultivos han sido mucho más que una oportunidad para aprender técnicas agrícolas. Fue precisamente en esas sesiones donde oyó hablar por primera vez de la COVID-19 y donde se enteró de las medidas de prevención, como el distanciamiento físico, el uso adecuado de las mascarillas y las prácticas correctas de lavado de manos. También fue allí donde aprendió las técnicas agrícolas que han ayudado a su familia, y a las demás mujeres de la aldea, a sobrellevar el confinamiento y a empezar a planificar el futuro.

Después de comenzar la capacitación, Kamala logró convencer a su familia para que adoptara las prácticas de intensificación de cultivos para la producción de mijo y de hortalizas orgánicas. Además del aumento del rendimiento que confían obtener en esos dos cultivos, también han comenzado a cultivar frijoles y tienen planes para empezar a cultivar mijo africano.

También ha comenzado a transmitir sus nuevos conocimientos a otras mujeres de la aldea, enseñándoles las prácticas que han ayudado a su familia a empezar a prosperar. Gracias a su labor de transmisión de conocimientos, se ha convertido en una líder, y ha encontrado también su propia voz.

Gangadhar

Gangadhar pertenece a la tribu paraja. Como Kamala, nunca estuvo muy interesado en la agricultura, a pesar de que le ofrecía un futuro seguro en su aldea natal de Karanjiguda. En su lugar, comenzó a estudiar, y a los 19 años ya había terminado dos cursos en la universidad. Pero cuando el proyecto de jóvenes agricultores llegó a su aldea, le llamó la atención. Empezó a asistir a las sesiones de capacitación sobre el sistema de intensificación de cultivos del proyecto e incluso empezó a cultivar algunos productos por su cuenta.

En las reuniones del proyecto fue también donde oyó hablar por primera vez de la COVID-19. A medida que la pandemia se fue extendiendo por todo el mundo, las sesiones se dedicaron a sensibilizar a los participantes y a mostrar las medidas de prevención. Gangadhar no tardó un segundo en difundir la noticia entre sus paisanos.

Al principio, el confinamiento no le resultó fácil. Tuvo dificultades para comprar semillas y vender sus hortalizas debido a las restricciones de movimiento en su aldea. También comenzó a preocuparse por la posibilidad de que se cancelaran las sesiones de capacitación y perder, por tanto, esa oportunidad de aprendizaje.

Afortunadamente, el personal del proyecto se puso rápidamente a trabajar para prestar apoyo a sus participantes. Consiguieron reanudar las sesiones presenciales de capacitación sobre el sistema de intensificación de cultivos relativamente pronto, adoptando todas las medidas de precaución necesarias. Gangadhar y sus compañeros participantes también recibirán asistencia para comprar semillas y abono orgánico, lo que les ayudará a salir del apuro hasta que mejore la situación de la COVID-19.

Gangadhar ya está haciendo planes para cuando llegue ese día. Ahora tiene la esperanza de desarrollar su carrera en la agricultura, haciendo uso de las técnicas intensificación de cultivos que ha aprendido. También quiere construir un estanque para recoger el agua de lluvia de su granja con la esperanza de diversificarse hacia la piscicultura.

 

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