International Day for the Elimination of Violence against Women

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Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

Todos los años, con el fin de sensibilizar al público sobre la violencia de género en todo el mundo, las Naciones Unidas ha designado el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Este día también da inicio a los 16 Días de Activismo contra la Violencia de Género, que culminan con el Día Internacional de los Derechos Humanos que se celebra el 10 de diciembre.

Las Naciones Unidas define la violencia contra la mujer como «todo acto de violencia de género que resulte, o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada». En todo el mundo, el 35 % de las mujeres han experimentado violencia física o sexual en algún momento de su vida, pero en algunos países esa cifra llega al 70 %. Estas estadísticas reflejan una cruda realidad que no solo dificulta enormemente los derechos de la mitad de la población mundial, sino que también obstaculiza la lucha mundial contra la pobreza y el hambre. Los datos obtenidos sobre el terreno confirman que la violencia basada en el género afecta negativamente a las aptitudes laborales, los conocimientos, la salud y la capacidad de trabajo de las personas; a las redes y relaciones de confianza; a los activos, incluidas las tierras, las propiedades y los recursos; y a los ingresos disponibles.

El término "violencia de género" se suele utilizar indistintamente con "violencia contra la mujer", lo que refleja el hecho de que se comete un número desproporcionado de delitos de género contra la mujer. Se trata de una pandemia mundial, profundamente arraigada en la desigualdad entre los géneros, y es fundamentalmente una violación de los derechos humanos. La violencia basada en el género no tiene fronteras sociales ni económicas. Está presente en todos los países, ricos y pobres, y afecta a todos los grupos socioeconómicos.

Estas desigualdades también repercuten profundamente en la labor que realizan el FIDA y otros organismos especializados en el desarrollo. Para que los programas de desarrollo sean más eficaces, las mujeres deben poder participar plenamente en la sociedad, tanto como agentes económicos como en la adopción de decisiones, funciones que la violencia de género desalienta. Entretanto, el empoderamiento económico de la mujer rural, el primer objetivo de la política del FIDA en materia de género, puede contribuir a reducir su vulnerabilidad al abuso y a fortalecer su independencia. Esta es una de las muchas razones por las que la igualdad entre los géneros es uno de los cinco principios de compromiso en que se basa el Marco Estratégico del FIDA para 2016-2025, y por las que ha sido una parte fundamental de la labor del FIDA durante decenios.

Aumentar el empoderamiento económico de la mujer

Muchos programas financiados por el FIDA apoyan los medios de vida de las mujeres en la agricultura en pequeña escala, la pesca, la ganadería y las empresas rurales. Al permitir un mayor acceso a la tierra, el crédito y otros recursos productivos, estas iniciativas aceleran el empoderamiento económico y social de la mujer rural. En el proceso, permiten a las mujeres un mayor grado de seguridad frente a los daños.

En la India, por ejemplo, el Programa Tejaswini de Potenciación de la Mujer Rural, financiado por el FIDA, promovió 75.000 grupos de autoayuda para mujeres. Los grupos ofrecían apoyo financiero y social, manteniendo el capital y los beneficios a salvo de los parientes varones (que de otro modo podrían tratar de tomarlos) siempre que fuera necesario. En algunos casos, el sentido de confianza fomentado en estos grupos permitió a las mujeres hacer frente a la violencia doméstica, el alcoholismo y las cuestiones relacionadas con las castas en la esfera pública. Hasta la fecha, más de un millón de mujeres han participado en estos grupos.

Ayudar a las mujeres a ocupar un asiento en la mesa

Los líderes tradicionales y políticos, los funcionarios del gobierno local y los líderes de opinión desempeñan un papel vital en la vida de la comunidad. A fin de que todo cambio a nivel del sistema sea sostenible, debe ser apoyado por estos líderes, y las mujeres deben ser incluidas entre ellos. Por este motivo, los esfuerzos del FIDA para prevenir la violencia contra la mujer también incluyen el fortalecimiento de su representación en las organizaciones de productores y en los órganos comunitarios de toma de decisiones. El FIDA también trabaja con los hombres de las zonas rurales para promover un cambio de comportamiento positivo.

En Burundi, por ejemplo, el Programa de Desarrollo de Cadenas Productivas, apoyado por el FIDA, proporcionó a las mujeres dirigentes la formación jurídica necesaria para ayudar a otras mujeres a reclamar sus derechos en casos de conflictos relacionados con la tierra o de violencia sexual.

Promover el cambio cultural a nivel de los hogares

Pese a que las mujeres rurales están empoderadas económicamente, pueden seguir sin tener capacidad de decisión en sus hogares y comunidades. Por lo tanto, es fundamental promover el cambio cultural en el hogar. Por lo general, en él participan todos los miembros de la familia, especialmente los hombres.

La información de los proyectos apoyados por el FIDA muestra que los enfoques basados en el diálogo, como el Sistema de Aprendizaje de Acción de Género (GALS) y las metodologías basadas en los hogares, pueden mejorar las relaciones entre los géneros y reducir la violencia de género a nivel de los hogares y las comunidades. Gracias a estas y otras medidas transformadoras de las cuestiones de género, muchas mujeres también adquieren el control de los bienes y los ingresos del hogar, lo que mejora su productividad y su empoderamiento socioeconómico.

En Argentina, por ejemplo, el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca ha puesto en marcha En Nuestras Manos, un plan integral de apoyo a la mujer rural. El plan, financiado por el programa PROCANOR, apoyado por el FIDA, busca reducir las profundas brechas de género en las zonas rurales de la Argentina, centrándose especialmente en el apoyo a las víctimas de la violencia de género.

La violencia de género sigue siendo un problema que muchas personas -en particular las mujeres y las niñas- encuentran en sus lugares de trabajo, comunidades y hogares, socavando su salud, productividad, inclusión socioeconómica y empoderamiento general. En el FIDA creemos que mejorar la igualdad entre los géneros y fomentar la capacidad de recuperación es fundamental para prevenir y detener la violencia de género. Por ello, seguimos comprometidos a invertir en la transformación a más largo plazo de la condición de la mujer y los papeles de los géneros en todo el mundo.

Conozca más sobre la labor del FIDA y el empoderamiento de la mujer rural.