Keeping the family happy and healthy: Hafeeza’s story

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Una familia feliz y sana: la historia de Hafeeza

Hace cuatro años, una serie de desgracias pusieron en peligro la vida de Hafeeza Begum.

Una repentina enfermedad obligó a su marido a cerrar su negocio: un puesto de té en Dighulia para, donde viven, que forma parte del distrito de Tangail ubicado en la zona central de Bangladesh. Poco antes, Hafeeza había perdido a su bebé a causa de complicaciones en el embarazo.

Aunque estaba física y psicológicamente al límite, Hafeeza, de 24 años, sabía que le correspondía a ella recomponer su familia. No tenían mucho tiempo: no disponían de dinero para pagar la matrícula escolar de su hijo y su hija, y tenían dificultades para llenar la despensa. Estuvo algunos días reflexionando sobre la posibilidad de trasladarse a la capital para buscar trabajo pero, con su marido postrado en la cama y totalmente dependiente, no podía irse. Hafeeza sabía que tenía que encontrar la manera de ganar dinero desde casa.

Entonces, en su mente empezó a darle vueltas a una idea. Había visto que otras mujeres de su barrio criaban ganado y aves de corral para su venta en el mercado. En todo momento parecía que estaban muy orgullosas de su negocio, y Hafeeza las tenía en alta estima. No obstante, nunca se había planteado poner en marcha su propio negocio, hasta ese momento.

“Me daba miedo —dice—. Mucho miedo. Me venían a la mente demasiadas preguntas sin respuesta. ¿De dónde sacaré el dinero que necesito para empezar? ¿Y si fracaso?”. Nunca antes había participado en el mundo empresarial, ni siquiera había tenido la oportunidad de terminar la escuela. No había trabajado fuera de casa antes de que todo esto ocurriera. No tenía ahorros ni bienes a su nombre, y no conocía a nadie que estuviera dispuesto a cubrir los gastos iniciales.

Tras meditarlo mucho, Hafeeza se reunió con un representante de Society for Social Service (SSS), una organización asociada del Proyecto de Promoción de la Comercialización y las Empresas Agropecuarias PACE, financiado por el FIDA. Él le explicó que el proyecto PACE está trabajando en el desarrollo de la avicultura en pequeña escala a partir de razas indígenas de aves de corral en dos distritos de Bangladesh, y solían conceder préstamos para poner en marcha nuevos negocios.

A pesar de todas sus dudas, Hafeeza sabía que no tenía muchas opciones, así que optó por la que tenía a mano. En 2017, recibió un préstamo de BDT 20 000 (unos USD 250) de SSS para poner en marcha su empresa avícola. En ese momento se convirtió en uno de los 350 000 prestatarios de microcréditos en el marco de proyectos respaldados por el FIDA en Bangladesh.

Entre la gestión de su nueva empresa y el cuidado de su familia, los dos meses siguientes se le pasaron volando. Hafeeza siguió en contacto con el personal del proyecto PACE, que le enviaba periódicamente suministros, como pienso para las aves. Cuando los pollos de su primer lote ya habían crecido, los vendió a través del centro de servicios para productores gestionado en el marco del proyecto PACE.

No obstante, la cría de los pollos no fue sencilla. Enfermaban continuamente y, aunque el personal de PACE facilitaba regularmente medicamentos a Hafeeza para los pollos, sus enfermedades acabaron afectando las ventas. Incluso después de haber completado la cría y el envío del primer lote al centro de servicios para productores, Hafeeza no podía evitar la sensación de que había vendido los pollos en el momento equivocado.

Al final de esos meses, su peor pesadilla se hizo realidad: no logró obtener las ganancias necesarias, es decir no había podido conseguir el rendimiento esperado de su primera inversión. Le preocupaba que su negocio nunca despegara.

Se dio cuenta de que necesitaba más formación. Cuando le concedieron el préstamo, asistió a una sesión de orientación donde le enseñaron los aspectos básicos de la producción y venta, pero tal vez no era suficiente. Afortunadamente, el proyecto PACE ofrecía a menudo más cursos. Hafeeza se apuntó a clases sobre gestión de la explotación y la alimentación, prevención de enfermedades y vacunación, comercialización y venta.

El final de esos cursos coincidió con su segundo intento en la avicultura. En esa ocasión, destinó 50 días a criar 250 pollitos y, cuando crecieron, por fin obtuvo buenos beneficios. Desde entonces, nunca ha mirado hacia atrás.

Tres años después, Hafeeza y su familia están prosperando. Ha ampliado con esmero su explotación y ha invertido parte de sus ganancias cuando ha sido necesario, un esfuerzo que considera gratificante y entretenido. Ahora posee una casa grande y, además de dedicarse a la avicultura, está cultivando las tierras que heredó de su padre. Su hijo de siete años va a la escuela y espera inscribir a su hija de cuatro años el próximo curso. Incluso ha podido usar parte de sus ingresos para ayudar a su marido, que ya se ha recuperado por completo de su enfermedad y ha abierto una nueva tienda en la que vende comida y té.

“Comencé mi nuevo viaje en un momento convulso. Mi marido y yo estábamos devastados a nivel físico y económico. Pero hemos logrado dejar eso atrás —declara—. Ahora mis hijos comen lo suficiente y mi marido ha vuelto a trabajar”.

Hafeeza posa para una foto delante de su gallinero.

El trabajo de Hafeeza sirve para apoyar a su familia, pero también forma parte de una tendencia más amplia que está revolucionando la alimentación, la salud y la estabilidad económica en Bangladesh. Para muchos hombres y mujeres jóvenes del país, especialmente los que viven a las afueras de los municipios, la avicultura es la única fuente de ingresos importante disponible. Muchos avicultores en pequeña escala han logrado mejorar sus medios de vida durante los últimos años, a menudo con una gran limitación en cuanto al apoyo o al acceso a recursos como la financiación o las tecnologías modernas. Aunque la pobreza persiste en esas zonas, se ha reducido de manera considerable y muchas familias tienen un mejor acceso a necesidades básicas como los alimentos, la atención sanitaria y la vivienda digna.

Estas mejoras en los medios de vida de los campesinos se deben en gran medida a la mayor demanda de huevos y aves de corral en el país. Los alimentos ricos en proteínas, como los huevos y la carne de pollo, que antes eran poco comunes, ahora están disponibles para los bangladesíes de todos los estratos. Solo esos dos alimentos representan el 36 % de la ingesta de proteínas de todo el país. Recientemente, las autoridades sanitarias nacionales están mirando cada vez más hacia el sector avícola como una fuente de proteínas asequible, principalmente en respuesta a la recomendación de los médicos del país de aumentar el consumo de proteínas con el fin de reforzar el sistema inmune frente a la COVID-19.

Actualmente, aunque el negocio de Hafeeza todavía se está adaptando a los efectos de la pandemia, ella se muestra más optimista que nunca. Su objetivo a largo plazo de adquirir más terreno para ampliar su explotación avícola y hortícola no ha cambiado. Quiere comunicar a aquellos que están pasando momentos duros que es importante no perder la esperanza y no dejar pasar las oportunidades de crecer y aprender.

Con la resiliencia y determinación que ha mostrado, no solo ha logrado la estabilidad para ella y su familia, sino que también ha formado parte del esfuerzo dirigido a alimentar a su país.

 

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