La financiación como motor de la transformación de los sistemas alimentarios: ¿un nuevo papel para los bancos públicos de desarrollo?

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La financiación como motor de la transformación de los sistemas alimentarios: ¿un nuevo papel para los bancos públicos de desarrollo?

©FIDA/GMB Akash

Uno de los principales obstáculos para lograr la transformación de los sistemas alimentarios de forma sostenible e integradora es la falta de recursos financieros adecuados. Estimaciones recientes sugieren que la transformación de los sistemas alimentarios en pro de la salud de las personas, del planeta y de la económica exigirá entre USD 300.000 y USD 350.000 millones durante el próximo decenio. Según el reciente informe Ceres2030, tan solo para alcanzar el ODS 2, se necesitarán USD 14 000 millones adicionales en financiación de donantes y un gasto público de USD 33 000 millones.

Nunca había sido tan urgente intensificar los esfuerzos para erradicar el hambre y transformar los sistemas alimentarios. Esto exigirá centrarse en la recuperación, la reconstrucción y la resiliencia, con énfasis en la transición para pasar de la ayuda humanitaria de emergencia a un modelo que promueva el desarrollo a largo plazo. Durante el pasado decenio, la proporción de las inversiones en los sistemas alimentarios destinada a la ayuda alimentaria de emergencia aumentó considerablemente, algo que no ha sucedido con las medidas para mejorar la resiliencia ante las perturbaciones. Para ser eficaz, la financiación de los donantes debe abocarse a impulsar un cambio de naturaleza sistémica.

Para promover esta transformación, los bancos públicos de desarrollo —instituciones con mandatos públicos en los ámbitos mundial, regional y nacional— tienen una función vital que desempeñar en lo referido a la promoción de inversiones a gran escala para la transformación de los sistemas alimentarios. Estos bancos ya constituyen un aspecto importante de la estructura de financiación de los sistemas alimentarios; de hecho, más de dos tercios de la financiación formal que se destina al sector agrícola provienen exclusivamente de bancos públicos de desarrollo especializados en el sector agrícola. Gracias a sus mandatos centrados en el impacto social, a sus funciones anticíclicas, a sus instrumentos flexibles de financiación y a sus sustanciales recursos, estas instituciones pueden desempeñar un papel importante en la transición hacia sistemas alimentarios más sostenibles e inclusivos.

Los bancos públicos de desarrollo no siempre aprovechan todo su potencial. Para lograrlo, deben intervenir en los segmentos de la economía donde tengan las mayores ventajas comparativas, deben atraer (y no alejar) la inversión privada, y deben demostrar que cuentan con sistemas de gobernanza sólidos.

El mandato, el posicionamiento y los instrumentos de los bancos públicos de desarrollo les permiten potenciar su función como catalizadores de la transición hacia sistemas alimentarios más inclusivos y sostenibles. Como organismos públicos, son capaces de reunir a diversas partes interesadas y establecer y promover normas comunes que promuevan la inversión. Como bancos con mandatos centrados en el impacto social, pueden aprovechar la financiación en condiciones favorables y atraer inversiones adicionales al sector aplicando un conjunto diverso de instrumentos (garantías, instrumentos combinados, financiación en condiciones favorables para innovaciones incipientes, etc.). También pueden aprovechar su amplio alcance y sus redes para reunir a los actores idóneos, promover las buenas prácticas y la innovación, y ayudar a estructurar el entorno de políticas. Todo esto puede disminuir los costos y mejorar el acceso a la financiación a las personas que más la necesitan (aquellas que habitan en las zonas más remotas) e incentivar las prácticas sostenibles.

Existe un amplio margen para que los bancos públicos de desarrollo movilicen financiación adicional e inviertan en las economías agraria y alimentaria con vistas a incentivar las prácticas sostenibles, y destinen recursos a promover las innovaciones que impulsen las prácticas sostenibles y ayuden con mayor eficacia a beneficiar a los habitantes de las zonas rurales más remotas. Existe una oportunidad singular para movilizar un mayor volumen de financiación privada, pero también más financiación en condiciones favorables (por ejemplo, financiación para el clima) y destinarla a financiar e incentivar prácticas sostenibles en los sistemas alimentarios. Los bancos públicos de desarrollo pueden desempeñar un papel catalizador que permita superar algunos de los obstáculos para alcanzar estos objetivos a mayor escala en el sector alimentario y agrario, por ejemplo, al promover la armonización de las normas de lo que se considera financiación verde y establecer los parámetros de interoperabilidad entre las plataformas digitales del sector agrario.

En los planos mundial y regional, pueden ofrecer los recursos y los instrumentos necesarios para reducir los riesgos que entraña la financiación privada (por ejemplo, garantías, coinversiones), a la vez que brindan herramientas sólidas para las tareas de seguimiento y verificación del impacto. En el ámbito nacional, estas instituciones tienen un profundo conocimiento de los actores locales y han establecido vínculos con las pequeñas y medianas empresas agrarias y los pequeños productores de las zonas rurales más remotas, que constituyen el pilar de muchos de los sistemas alimentarios a nivel nacional.

Las iniciativas de financiación estructurada que se han puesto en marcha para garantizar mejores resultados ambientales —la financiación verde— pronto podrían alcanzar los USD 2,36 billones. Los bancos públicos de desarrollo pueden difundir sus conocimientos y experiencias sobre movilización de financiación verde tanto en el sector de la alimentación como en el agrario (por ejemplo, a través de la emisión de bonos verdes), y destinar esa financiación a la promoción de prácticas sostenibles. Pueden ayudar a establecer y promover la adopción de normas comunes para cuantificar y verificar lo que constituye la financiación “verde” en el sector, lo que ayudaría a reducir la incertidumbre y atraer un mayor volumen de fondos.

Muchas de estas ideas ya se están aplicando, y su escala ya podría ampliarse. Las instituciones de financiación del desarrollo a nivel nacional ya cooperan entre sí mediante asociaciones y redes regionales y mundiales. El FIDA está promoviendo la formación de una coalición, lo cual supone un paso concreto para potenciar la capacidad de los bancos públicos de desarrollo de brindar financiación y capital asequible para impulsar la transformación sostenible de los sistemas alimentarios.

 

La edición de 2021 de la cumbre Finance in Common  ofrece la oportunidad de reunir, por segunda vez, a la comunidad mundial de bancos públicos de desarrollo para fortalecer la cohesión y la coordinación y para promover la formalización de compromisos congruentes con la Agenda 2030 y el Acuerdo de París. La coalición ya ha contribuido con la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios de 2021 y con otros importantes eventos internacionales, sobre la base de los resultados de la Cumbre del Grupo de los 20 (G20) que se recogen en la Declaración de Matera del G20 y la reciente declaración de los Ministros de Finanzas y de los Gobernadores de los Bancos Centrales. De conformidad con el mandato del FIDA, existen oportunidades para seguir fortaleciendo las asociaciones y aprovechar nuestras respectivas ventajas comparativas, a fin de catalizar financiación que garantice la disponibilidad y la asequibilidad de alimentos nutritivos, variados e inocuos, capaces de satisfacer todas las necesidades dietéticas, y posibilite que las personas pobres del medio rural tomen decisiones informadas sobre la producción, la compra y el consumo de alimentos.

 

Infórmese más en la cumbre Finance in Common de 2021.