Los pequeños agricultores afrontan los efectos del cambio climático en los Andes ecuatorianos

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Los pequeños agricultores afrontan los efectos del cambio climático en los Andes ecuatorianos

Francisco Don Pacho Garcés es el presidente de la asociación de pequeños agricultores de la comunidad Fray Mariano Benítez, en la provincia de Tungurahua, en el centro del Ecuador. Él atestigua cómo la vida de las comunidades de pequeños agricultores mejora sustancialmente cuando tienen acceso a suficiente agua para sembrar y cultivar. ©IFAD/Juan I. Cortés

Roma, 22 de marzo – En las montañas de la región central del Ecuador, la falta de agua representa un desafío importante para los pequeños agricultores. Sin agua suficiente y fácilmente accesible, la producción agrícola resulta casi imposible.

Para afrontar este problema, el Gobierno del Ecuador construyó décadas atrás un sistema de riego básico que no satisface las necesidades de la comunidad.

Dicho sistema permitía a los agricultores de Fray Mariano Benítez un acceso muy limitado al agua, por lo cual en la comunidad sólo se lograba producir cultivos resistentes a la sequía, tales como el maíz y el chocho.

Francisco Garcés, conocido como Don Pancho, es el presidente de la asociación de pequeños agricultores de esta comunidad situada en las laderas de los Andes, a más 3.000 metros de altitud y a menos de una veintena de kilómetros de Ambato, la capital de la provincia de Tungurahua.

Hace 64 años que vive en esta región, y entiende perfectamente los problemas ambientales que afectan su comunidad.

“Muy pocos cultivos pueden crecer en esta zona sin riego. No a esta altitud, con este sol que golpea tan fuerte. La tierra es de buena calidad, pero el clima es demasiado seco”, explica.

“Sólo podemos usar el sistema de riego una vez cada dos semanas. Antes, abríamos la esclusa y las tierras se inundaban de agua, pero en un par de días estaban de nuevo secas”.

En estas condiciones, era difícil ganarse la vida. Los miembros de la comunidad se veían frecuentemente obligados a buscar otras fuentes de ingresos en otras regiones del Ecuador y, últimamente, en Europa.

Rothman Jácome, un agrónomo que nació en una comunidad no muy lejos de Fray Mariano Benítez conoce bien los sacrificios que la gente de la comunidad ha tenido que hacer durante años.

El nuevo sistema de riego por goteo permite el almacenamiento del agua en depósitos durante dos semanas, hasta que está disponible un nuevo suministro. ©IFAD/Juan I. Cortés

“Siempre ha sido difícil cultivar aquí”, asegura. “Pero la situación ha empeorado enormemente en los últimos años, debido al cambio climático”.

Jácome trabaja para el Ministerio de Agricultura, Ganadería, Acuacultura y Pesca (MAGAP). Este departamento del Gobierno del Ecuador implementa el Programa del Buen Vivir en Territorios Rurales, financiado por el FIDA.

Son los fondos de este programa, junto con las colaboraciones de las autoridades locales y de los propios beneficiarios los que han hecho posible que, desde hace un año, se haya instalado en la zona un sistema de riego por goteo y por aspersión que está cambiando la vida de los pequeños agricultores de la comunidad de Fray Mariano Benítez. El nuevo sistema complementa la estructura original y es más moderno, eficiente y adaptable a distintas condiciones climatológicas.

Ahora el agua se puede almacenar en depósitos excavados en la tierra y recubiertos de membrana plástica por dos semanas, hasta que un nuevo suministro de agua proveniente del viajo canal de riego está disponible. La red de aspersores y goteos que parte de estos depósitos permite a los agricultores racionar el agua para el riego de forma acorde con las condiciones meteorológicas y las necesidades de sus cultivos.

Gracias al proyecto, más de cien familias tienen acceso a este sistema mejorado de riego y se estima que duplicarán sus ingresos mensuales en los próximos meses.

Los agricultores de Fray Mariano Benítez ya pueden cultivar una mayor variedad de cosechas tales que incluye la mora, el tomate de árbol y la alfalfa, y han encontrado una fuente adicional de ingresos: el pescado.

Los depósitos donde se almacena el agua pueden servir también como criaderos de peces. Las truchas, carpas y tilapias que se crían en ellos mantienen el agua libre de insectos y su venta en el mercado local permite a los miembros de la comunidad complementar los ingresos obtenidos de la agricultura.

El proyecto ha tenido también otros resultados menos tangibles. La comunidad está ahora más unida, y se ha dado cuenta de que sus ideas se pueden llevar a cabo. Algunos han empezado incluso a implementar iniciativas que van más allá de las respaldas con los fondos del proyecto y han construido invernaderos que aumentan todavía más la productividad de sus tierras.

El nuevo sistema de riego está incluso contribuyendo a invertir el flujo migratorio. Segundo, el hijo de Don Pancho, regresó de España después de que sus familiares le hablaron del proyecto. Con un optimismo lleno de cautelas, por primera vez pensó que podría ganarse la vida trabajando como agricultor en las colinas que le vieron nacer.

Mientras contempla su primera cosecha de moras obtenida gracias al sistema de riego mejorado, Don Pancho no oculta su satisfacción.  

 

“No fue fácil convencer a los miembros de la comunidad para que apostasen por el éxito del proyecto, y todavía falta mucho por hacer. Pero todo el esfuerzo empleado en sacarlo adelante han valido la pena”, dice Don Pacho, sonriendo.