Los sistemas alimentarios prósperos y la alimentación nutritiva para todas las personas van de la mano

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Los sistemas alimentarios prósperos y la alimentación nutritiva para todas las personas van de la mano

©FIDA/GMB Akash

La malnutrición, en sus múltiples formas, sigue siendo uno de los principales desafíos que afectan a las sociedades de todo el mundo. Cientos de millones de personas, muchas de ellas niños, padecen hambre crónica al no tener suficientes alimentos para comer. Al mismo tiempo, el sobrepeso y la obesidad aumentan a pasos agigantados en casi todas las regiones del mundo. En efecto, dentro de un mismo país, comunidad u hogar —e incluso en una misma persona— pueden darse diversos tipos de malnutrición de forma simultánea, y algunas formas de malnutrición, que podrían parecer contrarias entre sí, pueden estar paradójicamente relacionadas. Las perturbaciones sufridas por las cadenas de suministro de alimentos y la gran presión soportada por los sistemas sanitarios a raíz de la pandemia de la COVID-19 no han hecho sino empeorar la situación.

Todas las deficiencias alimentarias, y su impacto negativo en la salud de las personas y en nuestros sistemas sociales, también están directamente ligadas a la salud y la funcionalidad de nuestros sistemas alimentarios. El establecimiento de sistemas alimentarios sostenibles, resilientes e inclusivos permitirá mejorar de manera duradera la salud, la nutrición y la productividad a nivel mundial.

Costos económicos y sociales de la malnutrición

La malnutrición supone una importante carga sobre las economías a nivel mundial; de un modo u otro, afecta a todos los países del mundo.

Por ejemplo, en 2019, 144 millones de niños menores de 5 años sufrían retraso del crecimiento (es decir, experimentaban un crecimiento tardío o deficiente). De ellos, más del 90 % vivían en África o Asia, la mayoría en zonas rurales. El retraso del crecimiento pone en peligro el desarrollo cognitivo y las capacidades físicas de los niños, y provocan que generaciones enteras sean menos productivas de lo que deberían. Asimismo, acarrean repercusiones económicas a largo plazo. Los estudios realizados en el marco de la serie titulada El costo del hambre en África, que hasta la fecha ha abarcado a 21 países de África, muestran que esos países pierden hasta un sexto de su producto interno bruto (PIB) cada año por culpa de la desnutrición.

Mientras tanto, la creciente prevalencia del sobrepeso y la obesidad contribuye al incremento de los casos de diabetes y otras enfermedades crónicas entre los adultos, lo que entraña consecuencias igualmente devastadoras para la salud y la economía. Entre 2006 y 2015, por ejemplo, las enfermedades cardíacas, los infartos y la diabetes provocaron una pérdida total del PIB valorada en USD 13,5 millones en la Argentina, el Brasil, Colombia y México.

Puntos comunes entre la nutrición y el cambio climático

Los agricultores, ganaderos, pescadores y habitantes de los bosques se enfrentan a múltiples desafíos para producir y recolectar alimentos a consecuencia de los cambios en los patrones meteorológicos. Al mismo tiempo, los índices relacionados con la pérdida y el desperdicio de alimentos están disparados. Hoy en día, se pierden o desperdician hasta un tercio de todos los alimentos producidos para el consumo humano. El cambio climático contribuye en parte a esos desperdicios, y los alimentos estropeados provocan, a su vez, que aumenten los niveles de gases de efecto invernadero. Además, también se desperdician los recursos utilizados para producir, transportar, almacenar y elaborar esos alimentos.

Las diversas consecuencias del cambio climático inciden en la seguridad alimentaria y nutricional de millones de personas, sobre todo de las más pobres. No solo ponen en riesgo la disponibilidad de los recursos naturales (y, por tanto, de los alimentos), sino también el acceso a la atención sanitaria y la salud ambiental en general.

La protección y la mejora de la biodiversidad constituyen elementos clave para revertir este tipo de tendencias. Esto puede lograrse de múltiples formas, por ejemplo, promoviendo el uso de múltiples especies, sobre todo las especies marginadas e infrautilizadas; integrando el empleo de recursos agrícolas, ganaderos, forestales y acuícolas, y conservando y gestionando los hábitats a nivel paisajístico, tanto terrestre como marino. El fomento de la biodiversidad puede, al mismo tiempo, aumentar la resiliencia, proteger los medios de vida y mejorar la nutrición.

Promoción de sistemas alimentarios equitativos e inclusivos

Todas las personas, en especial los grupos más vulnerables, deben tener acceso a los alimentos. Las mujeres y los jóvenes, por ejemplo, a pesar de participar activamente en los sistemas alimentarios de múltiples formas, se enfrentan a un sinfín de obstáculos sociales, económicos y culturales que menoscaban tanto su propia seguridad alimentaria y nutricional, como la de sus hijos. Al mismo tiempo, la falta de integración de ciertos interesados fundamentales, como los productores familiares en pequeña escala, entre otros, impide el establecimiento de sistemas alimentarios sostenibles e inclusivos.

La transformación de los sistemas alimentarios no solo implica asegurar la plena participación de esos grupos, sino garantizar también su empoderamiento. Cuando se benefician de las oportunidades adecuadas y de un amplio acceso a los insumos, los productores en pequeña escala pueden gestionar los recursos naturales de manera sostenible y producir alimentos variados y nutritivos. Para que algunos grupos logren ese tipo de inclusión, tal vez sea necesario dar respuesta a los desafíos que tradicionalmente han impedido su plena participación. Por ejemplo, garantizar una distribución equitativa de las tareas domésticas no solo facilita un equilibrio saludable entre el trabajo y la vida personal para toda la familia, sino que también permite dedicar el debido tiempo al cuidado de los niños pequeños o de las mujeres embarazadas o lactantes.

Soluciones en materia de políticas para establecer sistemas alimentarios resilientes y mejorar la nutrición

Los sistemas alimentarios comprenden actividades que se relacionan entre sí a lo largo de toda la cadena de valor. El análisis de las cadenas de valor desde el punto de vista de los sistemas alimentarios puede dar lugar a un cambio de percepción: de una puramente económica a otra que incorpore la nutrición y la resiliencia, genere demanda de alimentos saludables y anime a invertir en diversos productos básicos, al tiempo que promueve una alimentación más saludable, elecciones alimentarias más sostenibles y la reducción de los desperdicios.

Para mejorar la producción —y la productividad— de los alimentos nutritivos, será necesario contar con el apoyo de los Gobiernos, sobre todo a favor de los productores familiares en pequeña escala. La ayuda prestada a esos agricultores para impulsar su producción y facilitar su acceso a los mercados permitirá mejorar sus medios de sustento y su seguridad alimentaria y nutricional, además de contribuir a la creación de cadenas de valor y sistemas alimentarios resilientes y productivos.

Para maximizar las sinergias y minimizar los desequilibrios dentro de los sistemas alimentarios, es necesario comprender las conexiones físicas y los vínculos institucionales que existen entre esos sistemas. Asimismo, se precisan acciones coordinadas e integradas a todos los niveles gubernamentales y entre todos los sectores, una comunicación eficaz y un equilibrio de poderes y capacidades entre todos los actores involucrados. Ese tipo de coordinación puede incluso propiciar la aplicación de políticas fiscales favorables (por ejemplo, a través de la tributación y la asignación de subsidios) y facilitar las inversiones del sector privado en consonancia con las políticas gubernamentales.

A fin de erradicar el hambre y la malnutrición, los sistemas alimentarios deben producir alimentos más nutritivos y saludables de manera sostenible. Si se garantiza el acceso de todas las personas a alimentos nutritivos, se promueve la inclusividad y se elaboran políticas de apoyo, podremos mejorar nuestros sistemas alimentarios.

Para más información sobre el diseño de proyectos sensibles a la nutrición, véanse los siguientes recursos:

Cadenas de valor sensibles a la nutrición: Guía para el diseño de proyectos

Apoyando una agricultura sensible a la nutrición, a través de especies olvidadas y subutilizadas: Marco operacional

Guía práctica sobre la inversión en especies marginadas e infrautilizadas (en inglés)