Miel silvestre del pueblo Wichi: un tesoro por descubrir

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Miel silvestre del pueblo Wichi: un tesoro por descubrir

En la comunidad de Larguero, en el Chaco Salteño, un grupo de apicultores indígenas está revalorizando una miel silvestre con características únicas

Los indígenas Wichi siempre han vivido en la zona árida del centro de Chaco, un territorio caracterizado por la escasez de lluvias durante la mayor parte del año y por lluvias intensas en noviembre.

Uno de los productos más importantes para la comunidad es la miel de abeja silvestre, que en lengua indígena se llama twatsaj y que habita en los huecos de los árboles. Dos meses después del comienzo de la floración, a mediados de agosto, la miel comienza a acumularse en las colmenas silvestres. La mejor época para cosechar es en noviembre, cuando empiezan las lluvias. Los hombres observan la actividad de las abejas e identifican los troncos o ramas huecas de los árboles donde se puede encontrar la miel. A medida que lo recogen, dejan algo para que las colonias se alimenten. Extraen la miel y la cera juntas, luego presionan la mezcla para separar la miel. Finalmente, la miel es filtrada para eliminar las impurezas, pasándola tres veces por un paño, antes de ser envasada para su venta.

El Baluarte nació con la participación de Larguero, una comunidad de unas cincuenta personas del grupo étnico Wichi, no lejos del río Pilcomayo y de la triple frontera entre Argentina, Bolivia y Paraguay. El 70% de los cosechadores de miel del Baluarte son jóvenes. Quienes se han dedicado a recolectar y comercializar miel durante más de 10 años, aunque no se encontraban organizados de manera formal. Desde hace un tiempo han comenzado una primera experiencia de promoción de su producto fuera del área de producción, principalmente en Buenos Aires, en algunas tiendas de comercio justo y a través de grupos de compra solidarios.

El Baluarte también apoya el trabajo de las mujeres de la comunidad, que se dedican a la cosecha de frutos silvestres de numerosas especies de árboles (algarrobo, chañar, mistol, quebracho blanco, palo borracho, palo santo, chaguar) que luego se dejan secar y se muelen para la producción de una harina sabrosa y con altos índices nutritivos.

Slow Food recientemente ha entrevistado a Juan Ignacio Pearson, ingeniero agrónomo y coordinador del Baluarte de la miel silvestre del pueblo Wichi, y a Marcela Biglia, ingeniera agrónoma especialista en producción y certificación orgánica y colaboradora del Baluarte, que nos han compartido la experiencia y aprendizaje de la comunidad en el proceso de desarrollo del Baluarte.

¿Cuál es el objetivo que la comunidad quiere lograr con la creación del Baluarte?
El objetivo del Baluarte es sostener la recolección de miel silvestre del pueblo Wichi: una miel única que procede de colmenas silvestres, en las cuales las propias abejas elijen su morada. Además, el Baluarte nació con el objetivo de mejorar el consumo a nivel local, mejorar la cadena productiva y comercial de la miel y, en términos generales, poner en valor la producción de los Pueblos Originarios, como la de la harina de algarrobo por parte de las mujeres integrantes del Baluarte, y lograr la revalorización y preservación de la actividad de recolección de miel silvestre con sus técnicas de recolección transmitidas ancestralmente, de generación en generación, durante miles de años.

¿Qué representa este producto para la comunidad indígena?
La miel silvestre representa una parte esencial de los pueblos Wichi, ya que está directamente ligada con su cultura, sus saberes y su vínculo con el territorio. Allí radica su enorme valor, en que la recolección de la miel es una actividad en la que se demuestra el valor de los conocimientos ancestrales Wichi y, a la vez, se reafirma la propiedad de la Comunidad sobre sus tierras. Además, la miel tiene un sabor único e inconfundible, muy ligado a la memoria gastronómica de la región, esto se debe a la combinación de flores que las abejas visitan para elaborar la miel, y que crecen específicamente en el territorio de la Comunidad. Todo esto sin descartar la importancia que posee en el equilibrio de la alimentación, ya que la miel junto con el pescado, los animales y los frutos del monte son parte del sustento de la vida.

¿Nos puede contar una historia relacionada con este producto?
La miel siempre ha sido un alimento muy atractivo para la Comunidad. Desde el tiempo de los antiguos Wichi se recolectan y consumen muchas clases diferentes de miel y de polen (o flores como le decimos nosotros) de abejas sin aguijón (o Meliponas) como Wos Chalas, Wejñat, No´tewos y Wosa, que tienen sus colmenas en huecos en los árboles. Entre las que no tienen aguijón también están las Nezla, que construyen sus colmenas bajo tierra. También se consume miel, realmente deliciosa, de avispas con aguijón, que construyen sus colmenas colgando de las ramas de los árboles como el Wo´na o No´walhek. Todas estas mieles se consumen en la actualidad , pero solo es posible comercializar la miel de abeja ya que se produce en mayor r volumen. La miel de avispa solo se extrae para consumo personal.

¿Cómo se sienten dentro del movimiento Slow Food y qué significa para ustedes ser parte de una red global?Esta es la primera experiencia de vinculación con redes externas de nuestra comunidad, por lo cual es todo nuevo y genera mucha emoción.  En 2019 dos jóvenes se inscribieron en la Terra Madre Indígena de México, lo que pensamos que nos llevaría muchos años.  En términos generales no nos sentimos cómodos dejando nuestro territorio, pero con estos espacios de cooperación que hemos realizado con Slow Food, se han generado los vínculos necesarios para abrir y mostrar nuestro territorio y para animarnos a querer explorar nuevas zonas. Ha sido increíble la emoción que sentimos al  establecer vínculos con otros grupos de Comunidades Indígenas, o con personas que producen y consumen alimentos sanos, . Este es un gran avance que se produce por ser parte de la red global.

Otra experiencia fue la de haber sido contactados desde Suiza por personas interesadas en comprar para comprar la miel recolectada en nuestras tierras.  Vender en esas condiciones genera una gran confianza y valorización de nuestro producto.

Estamos viendo cómo se valora nuestra comida e inevitablemente afecta a cómo la valoramos nosotros mismos.

¿Qué significa para los apicultores comercializar su miel?

La posibilidad de que la miel recolectada por nosotros pueda ser comercializada a un precio justo es muy importante. El trabajo que representa para nuestra población, su recolección y procesamiento, puede permitir que los  jóvenes de nuestra comunidad obtengan un ingreso decente y justo de esta actividad.  Es importante que Tsatotaj continúe creciendo, tanto para el futuro de los jóvenes como para el fortalecimiento de las cuestiones vinculadas a nuestra cultura. Estamos percibiendo un gran interés en otras partes del mundo por nuestra cultura, esto está generando un cambio ya que comenzamos a percibir como comunidad que nuestro producto merece ser defendido y que puede ser llevado hacia mercados que lo valoran.

¿Por qué es importante esta forma de resistencia, a través de la comida, en tu comunidad?

Una parte central de vivir bien para nosotros (Wichi) es poder seguir saliendo a Campear, término coloquial local, que significa caminar por nuestro territorio buscando alimentos. Hay un gran saber que se transmite de generación en generación sobre la información del monte, hay mucho conocimiento y vínculo con el territorio, nuestros árboles, nuestras aguas. Ese vínculo es el que garantiza la tranquilidad y la paz, y como consecuencia el resultado del “Buen Vivir”. Es por ello que sostener la recolección de miel nos reafirma como pueblo Wichi, sobre todo frente a la homogeneización cultural que representa la globalización. Defender la recolección es también defender la cultura ancestral, el saber reconocer la vida propia y la apropiación del monte y de su también, ya que esa apropiación es la que nos brinda identidad.

El Baluarte Slow Food de la miel silvestre del pueblo Wichi cuenta con el apoyo del FIDA (Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola), a través de un proyecto que tiene como objetivo permitir a las comunidades defender y promover su patrimonio gastronómico. slowfood.com