No se puede seguir ignorando a los pequeños agricultores en las conversaciones sobre el cambio climático

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No se pueden seguir ignorando las necesidades de los pequeños agricultores en las negociaciones sobre el cambio climático

©FIDA/Susan Beccio

Las personas pobres de las zonas rurales se encuentran entre las más afectadas por el cambio climático, aunque contribuyen muy poco a las causas que lo generan. Estas personas merecen una parte justa de la financiación para el clima a fin de mejorar su resiliencia, y deben tener voz en las conversaciones mundiales sobre el clima.

La 26.ª Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) ofrece una oportunidad para poner en primer plano a las mujeres y los hombres pobres del medio rural. Tras años de progreso, el hambre está aumentando nuevamente, y este incremento de los niveles de hambre ha coincidido con tres de los cuatro años más calurosos que se han registrado. Además, la producción de alimentos se ve afectada por la presión que ejercen el aumento de la intensidad y frecuencia de las sequías, los brotes de plagas, las tormentas y las inundaciones.

La subsistencia de unos 2 500 millones de personas depende de los 500 millones de pequeñas explotaciones agrícolas del mundo, que son especialmente vulnerables al aumento de las temperaturas y los fenómenos meteorológicos extremos. Por otro lado, los agricultores en pequeña escala solo son responsables de alrededor del 5 % de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial. Los pequeños productores dependen en gran medida de la agricultura de secano. Las inundaciones repentinas, o incluso los períodos breves sin lluvias, pueden hacer que se pierdan las cosechas, lo que se traduce en hambre y falta de dinero para destinar a las escuelas, artículos de primera necesidad y semillas para la siguiente temporada de cultivo. La insuficiencia crónica de inversión en infraestructura, por ejemplo, para el almacenamiento de agua y riego, ha hecho que los pequeños productores se vean en una situación particularmente vulnerable.

La escasez de agua y las sequías están afectando a cada vez más personas en todo el planeta. Cerca de 5 000 millones de personas en todo el mundo se enfrentarán al menos a un mes de escasez de agua al año para 2050. Las inundaciones atraen mucha atención debido a los drásticos daños que producen, pero los efectos de las sequías son profundos y duraderos. Sus consecuencias a largo plazo incluyen el deterioro de la salud, enfermedades y la alteración de los sistemas alimentarios.

Estos efectos pueden ser catastróficos para la nutrición de los niños, a menudo con consecuencias irreversibles. Los niños nacidos durante los períodos de sequía alcanzan una menor estatura física, reciben menos educación, tienen menos capacidad de acción y, en última instancia, consiguen menos riqueza en el transcurso de su vida. La sequía afecta a múltiples generaciones, ya que los hijos de las madres que han sufrido el impacto de la alteración de las precipitaciones durante la infancia tienen más probabilidades de sufrir malnutrición.

El impacto del cambio climático en la población rural pobre es más evidente en África que en cualquier otro lugar. La agricultura contribuye al 32 % del producto interno bruto de África, y cientos de millones de africanos dependen de unas precipitaciones cada vez más imprevisibles para cultivar sus alimentos. África ha sufrido fenómenos climáticos más frecuentes e intensos durante el último decenio. Se prevé que algunos de los mayores cambios en el clima se registren en África, debido a su compleja combinación de sistemas meteorológicos en gran escala. La región del Sahel es particularmente vulnerable al cambio climático, donde hay 300 millones de personas afectadas.

La buena noticia es que, en los últimos años, se ha observado un rápido desarrollo de nuevas tecnologías, variedades de cultivos resistentes a las sequías y mejores herramientas para la gestión de los recursos hídricos, aunque los agricultores precisan fondos para poder adoptar estas soluciones. Necesitan recursos para construir un estanque, producir cultivos resilientes al cambio climático, y transportar y vender sus cultivos.

Por ello, el FIDA está dando prioridad a la financiación para el clima en su labor con los pequeños productores rurales. El Fondo fue uno de los primeros promotores de la adaptación al cambio climático y, para 2019, la financiación para el clima representaba una tercera parte de su programa.

Una importante esfera de atención prioritaria es la mejora de la asignación y gestión de los recursos hídricos. En 2019, el FIDA financió sistemas de riego para 58 000 hectáreas de tierras agrícolas. Las intervenciones del Fondo relacionadas con el cambio climático aumentaron el rendimiento en casi un 140 % en el caso de algunos cereales y hasta en un 300 % en el caso de algunas hortalizas. En Nepal, el Fondo ayudó a los agricultores a introducir variedades de arroz tolerantes al estrés que crecieron bien y resistieron los efectos de las sequías. En años posteriores, estableció grupos de productores de semillas para posibilitar el acceso continuo de los agricultores a estas variedades y garantizar que la mejora de la resiliencia al cambio climático se mantuviera en los años y decenios venideros.

De todos modos, es preciso ampliar la escala de las soluciones. Para ello, es necesario que la financiación mundial para el clima esté mejor dirigida a las poblaciones pobres y sea suficiente, accesible y adecuada. Desafortunadamente, hoy está muy lejos de eso.

Menos del 2 % de la financiación mundial para el clima llega a los pequeños productores agrícolas, una proporción inaceptablemente baja. También preocupa que, en general, la financiación para el clima no sea adecuada. Se debe hacer más para que los países desarrollados cumplan los compromisos asumidos en virtud del Acuerdo de París de movilizar USD 100 000 millones adicionales en financiación para el clima. El nivel total de la asistencia extranjera para el desarrollo (sin considerar el apoyo humanitario) se mantuvo estable entre 2009 y 2018, lo que indicaría que el monto de la financiación para el clima no es adicional, sino que está sustituyendo a la asistencia destinada a otros fines o se está reetiquetando como financiación para el clima.  

Mientras que las anteriores Conferencias de las Partes se han centrado principalmente en la mitigación del cambio climático, la COP26 se concentrará en la adaptación y resiliencia a dicho fenómeno. Esta es una oportunidad para incluir a la población rural pobre en la toma de las decisiones. También cabe destacar que la COP26 tendrá lugar pocos meses después de la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios de 2021, lo que permitirá vincular los programas relativos al clima, la alimentación y la pobreza. En 2021, tendremos una importante oportunidad para transformar los sistemas alimentarios y poner fin al hambre y la pobreza de una manera que sea sostenible desde el punto de vista ambiental, una oportunidad que no podemos perder.

 

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