Por que el agua es esencial para los sistemas alimentarios sostenibles

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¿Por qué el agua es esencial para los sistemas alimentarios sostenibles?

©FIDA/Nilza Utali

La agricultura es el mayor usuario de las extracciones de agua dulce

Los cultivos de regadío, la ganadería, la pesca, la acuicultura y la silvicultura consumen alrededor del 70 % de las extracciones totales de agua a nivel mundial y más del 90 % en la mayoría de los países menos adelantados, de las cuales se estima que casi el 67 % se utiliza para el riego. Sin embargo, el aumento de la eficiencia del riego no es una prioridad en las agendas de políticas, ya que se ve eclipsado por el problema mundial del acceso al agua potable y al saneamiento. El FIDA incentiva la adopción de prácticas que permitan mejorar la eficiencia del riego y aumentar la productividad del agua, la creación de infraestructura de riego resiliente al cambio climático, la adopción de prácticas adecuadas de gestión del suelo y el agua en las explotaciones agrícolas, y el uso de variedades de cultivo de alto rendimiento y resistentes a la sequía.

La mayor parte de la población mundial depende fundamentalmente de la agricultura de secano para la producción de alimentos

La agricultura de secano produce más del 60 % de los alimentos que se consumen en el mundo. Cuando no hay lluvias eficaces, la seguridad alimentaria está en peligro. En algunos países, la disminución del rendimiento de la agricultura de secano podría ser de hasta el 50 %. La adopción de una gestión resiliente de los recursos hídricos, la conservación del suelo y el agua, el uso de variedades resistentes a la sequía y el riego suplementario beneficiarían a la agricultura de secano en pequeña escala. Para mejorar los medios de vida de las comunidades pobres que se dedican a la agricultura de secano, el FIDA invierte en la captación de agua de lluvia, las medidas de conservación del suelo y el agua, la agricultura de conservación y la agrosilvicultura.

La producción y la elaboración de alimentos pueden contaminar las masas de agua

Los sectores de la producción y la elaboración de alimentos son, por un lado, víctimas de la contaminación, causada por los desechos industriales y las aguas residuales urbanas vertidas en las masas de agua dulce, y, por otro, agentes de contaminación, responsables de una cantidad importante de aguas residuales. El caudal de retorno utilizado para la agricultura transporta fertilizantes y plaguicidas, sustancias que agotan el oxígeno y patógenos. A fin de hacer frente a la contaminación del agua y proteger los ecosistemas, hay que aplicar prácticas menos contaminantes y promover la mejora de las tecnologías y la eficacia del tratamiento, la gestión y la reutilización de las aguas residuales. El FIDA promueve la reutilización segura de las aguas no convencionales, en particular de las aguas residuales, como fuente fiable de agua que puede reutilizarse sin riesgos para compensar la creciente escasez de agua. También puede utilizarse como fuente rentable y sostenible de energía (por ejemplo, con biogás) y nutrientes (por ejemplo, con compost).

Cada año se pierde o desperdicia alrededor del 30 % de los alimentos producidos en el mundo

En los países en desarrollo, el desperdicio y las pérdidas de alimentos se producen principalmente en las primeras etapas de la cadena de valor alimentaria y son atribuibles a las dificultades financieras, técnicas y de gestión relacionadas con las técnicas de cosecha, las instalaciones de almacenamiento y refrigeración y la falta de instalaciones de elaboración para los productos perecederos. La pérdida y el desperdicio de alimentos también suponen un gran despilfarro de recursos, como el agua, la tierra, la energía, la mano de obra y el capital, así como la producción innecesaria de emisiones de gases de efecto invernadero. Para aumentar la eficiencia en las zonas agrícolas, el FIDA invierte en logística e infraestructura, como carreteras, cadenas de frío e instalaciones de almacenamiento, elaboración y comercialización, así como en sistemas agrícolas más sostenibles.

©FIDA/Carla Francescutti

Las decisiones alimentarias afectan a la gestión de los recursos hídricos
A medida que aumenta el poder adquisitivo de los habitantes de los países de economías emergentes, estos exigen dietas más nutritivas, de alta calidad y basadas en la carne. Por unidad de peso, la producción de ingredientes a base de carne requiere más insumos de recursos, especialmente agua y energía, que la producción de alimentos de origen vegetal. Estos cambios en la dieta aumentan la presión sobre los limitados recursos hídricos.

Sin una gestión planetaria de la resiliencia de los recursos hídricos no erradicaremos la pobreza y el hambre
Los alimentos y el agua son las necesidades más básicas y esenciales para la vida humana. El agua desempeña un papel fundamental en todos los aspectos de los sistemas alimentarios, como la producción, la elaboración, la preparación, el consumo y, en parte, la distribución. El acceso a volúmenes esenciales de agua de calidad adecuada es fundamental para la seguridad de los sistemas alimentarios y la estabilidad de la sociedad.

La mala gestión del agua en todos los sectores ha causado una mayor escasez de agua y amenaza la seguridad hídrica
Las políticas actuales de uso del agua en todo el sistema alimentario no son sostenibles desde el punto de vista económico ni ambiental. Muchas de las políticas e inversiones que podrían mejorar el acceso al agua potable y el saneamiento, así como la gestión sostenible de los ecosistemas de agua dulce, también contribuirían a los objetivos más amplios de sostenibilidad alimentaria. Sin embargo, las políticas públicas, como los subsidios que favorecen a los monocultivos industrializados, o los subsidios al agua y la energía, como ocurría en la India, pueden distorsionar los precios relativos de los mercados de alimentos y afectar a la salud de los ecosistemas naturales.

Más de 2 000 millones de personas viven actualmente en países con grave estrés hídrico
Todo el Medio Oriente y Asia Meridional, así como gran parte de China y África del Norte, están especialmente afectados por el estrés hídrico. En todo el mundo, aproximadamente una de cada seis personas está expuesta a una grave escasez o insuficiencia de agua para la agricultura. Más de 3 000 millones de personas viven en zonas agrícolas con niveles altos o muy altos de escasez de agua (que afectan a la agricultura de secano) o de insuficiencia de agua (que afectan a la agricultura de regadío), incluidos 1 200 millones de personas que viven en zonas con graves problemas de agua.

Dado que el abastecimiento de agua limpia y el saneamiento siguen siendo problemas importantes en muchas partes del mundo, el FIDA invierte en estrategias de usos múltiples del agua en las zonas rurales, así como de usos productivos, como embalses o abrevaderos para el ganado y canales de riego. Reconocemos la importancia de los servicios ecosistémicos para el ciclo natural del agua e invertimos en la conservación y rehabilitación de las cuencas hidrográficas para mejorar la sostenibilidad de la producción de alimentos.

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