La panadería comunitaria que empodera a las mujeres rurales en Egipto

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La panadería comunitaria que empodera a las mujeres rurales en Egipto

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El pan egipcio siempre ha sido algo extraordinario. Conocido por su textura y sabor característicos, ha sido uno de los productos básicos de la dieta y la cultura del país durante milenios. El pan fresco sigue siendo una parte indispensable del día a día en Egipto. Prácticamente todos los barrios cuentan con su propia panadería, y en muchas de ellas aún se utilizan las recetas y los métodos de cocción que se han ido transmitiendo desde los tiempos de los faraones.

Por eso, cuando Hasaneya Mohasab comenzó a idear su último plan de negocios, pensó que una panadería podía ser un buen punto de partida. Sin embargo, la suya tendría un toque distinto: en ella trabajarían únicamente mujeres del medio rural.

Hasaneya es directora de proyectos de la Asociación de Desarrollo Comunitario de Naqada, una organización sin fines de lucro que se dedica a ampliar las oportunidades económicas para las personas de la provincia de Qena, una región de Egipto que se sitúa cerca la zona central del río Nilo. Hasaneya era consciente de que las mujeres de Qena, al igual que en muchas otras zonas del país, tenían pocas oportunidades de conseguir un empleo remunerado. Debido a las normas sociales y a una serie de factores culturales de otro tipo, muchas de ellas no trabajaban fuera de sus casas después de casarse.

En vista de lo anterior, quería crear un negocio que ofreciera oportunidades de empleo a las mujeres de su comunidad. Gracias al apoyo del Programa de Promoción de los Ingresos Rurales mediante la Mejora del Mercado (PRIME), respaldado por el FIDA y ejecutado en colaboración con el Gobierno de Egipto, Hasaneya recibió un préstamo de 2 millones de libras egipcias (en torno a USD 128 000,00) concedido por un organismo de desarrollo asociado al programa. Utilizó los fondos para establecer oficialmente el negocio y adquirir el equipo y los suministros necesarios.

Gracias a la capacitación recibida en el marco del PRIME en materia de sensibilización sobre las cuestiones de género, Hasaneya fue capaz de diseñar un negocio que respondiera a las necesidades de las mujeres locales. Finalmente, decidió establecer unidades de producción descentralizadas que estuvieran ubicadas cerca de las zonas residenciales, a fin de que las empleadas pudieran regresar fácilmente a sus casas a lo largo del día, en caso de ser necesario.

El siguiente paso fue contactar y contratar a mujeres locales. Por suerte, los cursos de sensibilización sobre las cuestiones de género también la ayudaron a ofrecer una justificación comercial convincente. Junto con su equipo, comenzó a visitar a las mujeres y sus familias en sus hogares para hablar sobre la panadería, haciendo hincapié en que dispondrían de flexibilidad horaria y de un entorno de trabajo seguro. Al principio, unas 10 mujeres aceptaron unirse al proyecto. Después de recibir capacitación a cargo del PRIME sobre una multitud de cuestiones, como el cumplimiento de la normativa sobre inocuidad alimentaria, estrategias de marca y comercialización, comenzaron a trabajar a fondo.

Pronto, el negocio despegó. Rápidamente, sus productos se granjearon una buena reputación en toda la provincia de Qena: deliciosos, frescos y cocinados de manera totalmente casera a partir de los mejores ingredientes. La demanda se disparó, y pronto Hasaneya tuvo que crear nuevas unidades de producción para mantener el ritmo.

A medida que comenzó a correrse la voz sobre la panadería, cada vez más mujeres fueron interesándose en unirse al proyecto. Hasaneya siguió acercándose a algunas de ellas, como había hecho al principio, pero conforme fue pasando el tiempo muchas mujeres comenzaron a contactarla de manera espontánea.

En la actualidad, la panadería cuenta con 40 empleadas en cinco unidades de producción distribuidas en varias comunidades del distrito de Naqada, en Qena. Mientras algunas se dedican a la elaboración de pan, otras se centran en labores como el envasado y la comercialización. Además de los tipos habituales de pan y dulces que se encuentran en numerosas panaderías de Egipto, la panadería de Qena ofrece distintas especialidades en función de las habilidades particulares de cada mujer. Algunas, por ejemplo, preparan shamsi, un pan tradicional leudado al sol siguiendo una receta ancestral. Otras son expertas en elaborar feteer meshaltet, el famoso hojaldre en capas típico de Egipto.

Cada empleada gana 45 libras egipcias al día (unos USD 3). Además de contribuir a los ingresos de sus hogares, esta suma también permite que las mujeres tengan un mayor peso en las finanzas domésticas, tomen decisiones en lo que respecta a las compras e influyan en los gastos familiares. Del mismo modo, esos ingresos son la prueba de su importante contribución al sustento económico de sus familias y demuestran, tanto a las propias mujeres como a sus comunidades, que constituyen una parte esencial de la economía local.

Las mujeres también han hecho gala de una inventiva y una resiliencia que les han permitido enfrentarse a importantes desafíos. El año pasado, por ejemplo, cuando la pandemia de la
COVID-19 impuso el cierre de negocios, entre otras restricciones, comenzaron a experimentar con nuevos modelos empresariales: introdujeron un servicio de entrega a domicilio y ofrecieron sus productos a clientes comerciales como los restaurantes locales. Su negocio no solo no se vio afectado, sino que se benefició de las nuevas oportunidades, y su buena reputación ha seguido extendiéndose por toda Qena.

Consulte más información sobre la labor del FIDA en Egipto.