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Discurso de Kanayo F. Nwanze, Presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) en la sesión inaugural del 38º período de sesiones del Consejo de Gobernadores del FIDA

Lugar: Rome, Italy

15 febrero 2015

Sede del FIDA
Roma (Italia)
16 de febrero de 2015

 

Su Majestad,
Presidente Mahama,
Señor Presidente del Consejo,
Excelentísimos señores y señoras,
Distinguidos Gobernadores,
Señoras y señores:

Me complace darles la más calurosa bienvenida al 38º período de sesiones de nuestro Consejo de Gobernadores.

Hoy tenemos el privilegio de acoger en la familia del FIDA a nuestros nuevos miembros: los Estados Federados de Micronesia, la República de Palau y Montenegro.

Con Micronesia y Palau, el número total de países del Pacífico que han solicitado ser miembros del FIDA desde 2013 asciende a cinco, lo que pone de manifiesto nuestro compromiso para con los pequeños Estados insulares en desarrollo ante la perspectiva del cambio climático.

Quisiera dar la bienvenida muy especialmente a los representantes que hicieron un viaje largo, y a veces difícil, para asistir la semana pasada al Foro de los Pueblos Indígenas, y cuya participación en el Consejo de Gobernadores pone de relieve la firme resolución del FIDA para que las opiniones de las personas de las zonas rurales se escuchen en los debates sobre desarrollo. Esperamos con interés escuchar sus opiniones.

Permitanme también aprovechar esta oportunidad para presentarles a los nuevos Vicepresidentes Adjuntos, John McIntire, encargado del Departamento de Administración de Programas, y Josefina Stubbs, a cargo del Departamento de Estrategia y Conocimientos; así como a nuestro nuevo Asesor Jurídico, Gerard Sanders.

Distinguidos Gobernadores, señoras y señores:

Hoy en día el mundo está pagando el precio de años de inacción.

Estamos pagando el precio de la falta de acción en el caso del virus del Ébola con una crisis que hasta la fecha se ha cobrado ya más de 9 000 vidas y ha hecho enfermar a cerca de 23 000 personas. Las comunidades de los tres países más afectados, Guinea, Liberia y Sierra Leona, han quedado devastadas. Las economías se encuentran en recesión. La inseguridad alimentaria y el hambre se ciernen sobre ellas como una segunda crisis. Y todo ello porque, durante 40 años, el virus del Ébola fue una enfermedad del mundo olvidado, el mundo invisible, el mundo rural.

¿Por qué esperar a que un problema como este se convierta en una crisis para actuar?

Seguimos pagando el precio del abandono de la agricultura y la nutrición con las vidas de 160 millones de niños menores de cinco años que padecen retraso del crecimiento porque en los primeros mil días de vida no recibieron una nutrición adecuada. No solo están arruinadas para siempre sus jóvenes vidas, sino que también el futuro de sus naciones se ha quedado rezagado.

El resultado es una disparidad de ingresos de USD 125 000 millones al año entre estos niños y sus coetáneos mejor alimentados, una vez que llegan a la edad de trabajar.

Y también estamos pagando el precio de la inacción en cuanto a la disparidad de ingresos. En el año transcurrido desde que nos reunimos la última vez, el tema ha cobrado impulso. El pasado mes, un informe de Oxfam destacó un grado de desigualdad mundial impresionante. Esto sucedía apenas unas semanas después de que un estudio de la OCDE advirtiera de que una creciente disparidad de ingresos está ligada a la desaceleración económica.

Hoy en día, esa disparidad es mucho mayor de la que se ha registrado en los últimos 30 años. El 48 por ciento de la riqueza mundial está en manos de un 1 por ciento de la población únicamente. Y del 52 por ciento restante, la mayor parte está en manos del 20 por ciento más rico de la población.

Para contrarrestar la desigualdad de ingresos, para resolver la malnutrición infantil crónica, y para evitar sus terribles consecuencias, debemos hacer frente a la pobreza y la privación que persisten en las zonas rurales, donde viven tres cuartas partes de los miembros más pobres del género humano.

Ya lo he dicho antes, pero permítanme que lo repita: es en las zonas rurales, y no en las urbanas, donde la pobreza es más profunda.

Debemos transformar las comunidades rurales para que ofrezcan empleos dignos, condiciones dignas y oportunidades dignas. Para que nuestras naciones pueda n tener un crecimiento equilibrado, y para que los 3 000 millones de personas que viven en las zonas rurales puedan realizar su potencial.

No nos engañemos. Necesitamos a las zonas rurales. Y según vayan creciendo nuestras ciudades, las vamos a necesitar aún más. Las necesitamos para cultivar los alimentos que consumimos y mantener los ecosistemas que nos proporcionan agua y aire limpios. No podemos tener ciudades sanas sin zonas rurales sanas.

Para crear economías rurales pujantes hacen falta jóvenes llenos de energía y entusiasmo. Pero, ¿por qué iba a quedarse un hombre o una mujer joven en su pueblo si no hay electricidad ni un baño que funcione? ¿Si no hay ningún centro de salud? ¿Si no hay centros de formación profesional? ¿Si no hay ninguna perspectiva de empleo aparte de trabajar en el campo hasta deslomarse con los aperos que usaban sus padres y abuelos, que estarían mejor en un museo que en el campo de un agricultor del siglo XXI?

No necesitamos más migración de las granjas y los pueblos a las ciudades. No necesitamos ciudades más grandes, !ni tampoco barriadas más grandes!

Pero lo que sí necesitamos es una transformación rural que produzca una distribución más equitativa del empleo, los servicios, las oportunidades y la riqueza entre las zonas rurales y urbanas.

Distinguidos Gobernadores, señoras y señores:

Agradezco sinceramente que muchos de ustedes, nuestros Estados miembros, hayan manifestado su voluntad de hacer algo al respecto al respaldar el programa de trabajo de la FIDA9 y con sus promesas de contribución a la FIDA10.

Me complace comprobar que al final de la serie de consultas sobre la FIDA10 del pasado mes de diciembre, mantuviéramos como objetivo para el programa de préstamos y donaciones los USD 3 000 millones que habíamos alcanzado para la FIDA8 y la FIDA9, con un objetivo de contribución de USD 1 440 millones. Para las comunidades rurales que se benefician de los proyectos respaldados por el FIDA, esta es una muy buena noticia.

El FIDA invierte en la población rural. El FIDA invierte en los espacios rurales. El FIDA invierte en la transformación rural.

Según nuestro informe más reciente sobre la eficacia en nuestras actividades de desarrollo (RIDE) alrededor de 98,6 millones de personas se benefician de los servicios del FIDA, con lo que ya hemos superado el objetivo de 90 millones que nos habíamos fijado para la FIDA9.

Son esas mujeres y hombres que ahora pueden acceder a servicios financieros rurales, que han recibido formación en técnicas agrícolas y en gestión de recursos naturales, que están recibiendo capacitación en negocios e iniciativa empresarial. Que pueden contribuir a la transformación de sus comunidades.

Solo gracias a los valiosos asociados con que cuenta el FIDA, que apoyan nuestra labor y comparten nuestra visión de un mundo sin hambre y sin pobreza, hemos sido capaces de llegar hasta esas personas.

Y también gracias a ustedes, nuestros Estados miembros presentes aquí hoy, el FIDA ha sido capaz de ampliar su alcance.

El liderazgo del FIDA en la transformación rural se reconoció en una serie de eventos de alto nivel el pasado año, desde el Premio Mundial de la Alimentación en Iowa hasta la celebración del 40 aniversario del Instituto Internacional de Investigación en Ganadería en Addis Abeba. Y esta semana es un honor para nosotros que la Red de Liderazgo a favor de la agricultura, una iniciativa de la Fundación Rockefeller y de la Unión Africana, haya elegido al FIDA para celebrar aquí su Segunda Reunión de Ministros de Agricultura y Finanzas de África.

Como bien saben, la agenda para el desarrollo sostenible después de 2015 se centra en la erradicación de la pobreza, y pone el acento en el crecimiento integrador, la reducción de las desigualdades y el aumento de la capacidad de resistencia. La considerable experiencia acumulada por el FIDA en la reducción de la pobreza, la agricultura sostenible y el crecimiento integrador nos sitúa en una buena posición para desempeñar una función primordial en la era posterior a 2015.

Este año el FIDA participará, con sus aportaciones, en una serie de importantes acontecimientos mundiales, entre otros, la Expo 2015 aquí en Italia; la Conferencia sobre Financiación para el Desarrollo en Addis Abeba; la Cumbre de las Naciones Unidas para aprobar la agenda para el desarrollo después de 2015 en Nueva York, y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en París.

También estamos trabajando de manera coordinada con nuestras organizaciones hermanas con sede en Roma para que los temas de la seguridad alimentaria, una mejor nutrición y la agricultura sostenible sigan siendo algunas de la prioridades esenciales de la era de desarrollo después de 2015.

Distinguidos Gobernadores, señoras y señores:

El año pasado hablé de los cuatro pilares sobre los que se sustenta el FIDA moderno. Tres de estos se encuentran ya bien afianzados.

En primer lugar, el cambio de modelo operativo, que ha hecho que el FIDA se centre más en los países y menos en Roma, con 40 oficinas en los países.

En segundo lugar, la reorganización interna de los procesos, la gestión y la estructura organizativa, y la reforma de los recursos humanos.

En tercer lugar, la reorganización del Departamento de Estrategia y Conocimientos del FIDA para ofrecer a la comunidad dedicada al desarrollo ideas nuevas, pruebas documentales e instrumentos para lograr una mayor participación en el diálogo sobre políticas orientado a la transformación de las vidas y los medios de subsistencia de la población rural.

Hoy, quisiera darles información actualizada sobre los progresos que hemos conseguido en cuanto a este último pilar, esto es, ser más creativos en la manera en que movilizamos y utilizamos los recursos financieros. La necesidad de encontrar nuevas fuentes de financiación no es ninguna novedad. Desde hace ya muchos años ha quedado claro que la asistencia oficial para el desarrollo (AOD) destinada a la agricultura no va a volver a los niveles máximos que alcanzó en los ochenta, y las restricciones fiscales que se registran en muchas economías han ejercido una gran presión sobre los donantes tradicionales.

Al mismo tiempo, el hambre y la pobreza siguen siendo problemas graves en África Subsahariana y Asia Meridional, y la demanda de servicios del FIDA es mayor que nunca.

Detrás de todo esto está el reconocimiento de que la agricultura en pequeña escala tiene el potencial de satisfacer las necesidades de seguridad alimentaria y contribuir, al mismo tiempo, a reducir la pobreza y lograr un mayor crecimiento económico y un mejor bienestar social.

En los últimos años, hemos salvado la diferencia con fondos específicos como el Programa de Adaptación para la Agricultura en Pequeña Escala (ASAP) y el Fondo Fiduciario de España, gracias a los cuales el FIDA ha podido ampliar su programa de trabajo para satisfacer la demanda creciente y las nuevas necesidades. Sin embargo, esos fondos no siempre proporcionan los reflujos de los préstamos necesarios para sustentar el crecimiento sostenible de nuestra institución.

Como parte de las sesiones de consulta sobre la FIDA10, el FIDA está elaborando un marco para la obtención de empréstitos de fuentes de financiación soberanas. Y ya hemos puesto en marcha una asociación en ese sentido con el Banco Alemán de Desarrollo (KfW) mediante la firma de un acuerdo de financiación innovador de hasta EUR 400 millones en noviembre del año pasado.

El FIDA se considera tanto un organismo especializado de las Naciones Unidas como una institución financiera internacional, y ya solo por eso ocupa una posición privilegiada. Esta nueva forma de obtener recursos de fuentes de financiación soberanas nos diferenciará todavía más y, a la vez, hará posible movilizar y gestionar recursos con más flexibilidad en el futuro.

Distinguidos Gobernadores, señoras y señores:

Desearía disponer de tiempo suficiente para poder compartir con ustedes todas las historias de mis visitas sobre el terreno en 2014. Las mujeres etíopes que están haciendo crecer sus negocios y alimentando a sus familias porque tienen acceso a servicios de microfinanción integradores; las agricultoras dedicadas a la producción de arroz en Gambia que han logrado increíbles avances en reducir el nivel de hambre de sus hogares mientras refuerzan su capacidad de resistencia al clima; las víctimas del tsunami de Tamil Nadu que han aprendido sobre gestión sostenible de recursos y seguridad en el mar y están cosechando 1,5 kg. de cangrejos de ciénaga para los mercados, y los productores de café de las tierras altas de Nicaragua que han aumentado el rendimiento y la calidad de sus cultivos de manera tal que ahora pueden venderlos en los mercados de los Estados Unidos.

Si pudiera llevarlos conmigo al terreno, verían que la transformación rural es un instrumento poderoso que cambia vidas, sociedades y economías.

Con su apoyo, en los últimos años el FIDA ha llegado a más personas que nunca antes y ha hecho una aportación al desarrollo sostenible e integrador como nunca jamás.

El FIDA tiene el mandato singular de centrarse en las zonas rurales, pero la labor del FIDA no se limita a esas zonas. Constantemente creamos nuevas asociaciones, descubrimos nuevas formas de alcanzar los objetivos que nos hemos propuesto y, sobre todo, de llegar a más personas. Hoy en día, contamos con tres nuevos gobiernos que se adhieren a la labor vital del FIDA. Habrá más, de eso estoy seguro. Y muchos más millones de personas saldrán beneficiados.

Se necesita algo más que dinero para salvar una comunidad. Hace falta la voluntad colectiva de los gobiernos para suministrar bienes públicos; las instituciones financieras para reconocer que la población rural es un buen riesgo y no una causa perdida; las empresas del sector privado para que no solo quieran obtener beneficios, sino también marcar la diferencia. Y, sobre todo, hace falta creer en la población rural, creer en que son personas como ustedes y como yo.

Nuestra visión es la transformación rural. Con ustedes, nuestros Estados miembros, vamos a hacer realidad esa visión.

Estoy orgulloso de trabajar para el FIDA, orgulloso de nuestro mandato, de nuestro personal tanto en la Sede como en el terreno, y de lo que hemos conseguido.

Distinguidos Gobernadores, señoras y señores:

El FIDA es la institución de todos ustedes. Confío en que compartan ese orgullo y determinación que sentimos para construir un mejor mundo y un futuro más prometedor para las poblaciones rurales.

Gracias.