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El poder de elegir

08 marzo 2021

Como otras mujeres de Santiago, la isla más grande de Cabo Verde, María Lizita Varela solía depender de la extracción de arena como fuente de ingresos. Era un trabajo ingrato y peligroso.

“Cada vez teníamos que adentrarnos más en el mar”, recuerda. “Llegábamos hasta donde el agua nos alcanzaba la cabeza. Podíamos pasar hasta tres horas en el agua con la arena metiéndose en los ojos, la boca y los oídos. A menudo, tenía la sensación de que me iba a ahogar”.

A pesar de los peligros, la extracción de arena genera unos ingresos mensuales medios de tan solo USD 110. Por consiguiente, muchas mujeres tienen que depender de sus parejas y familias para cubrir sus necesidades básicas. Además, debido a otros obstáculos infraestructurales e institucionales, las oportunidades de trabajo en otros sectores, como la agricultura, son extremadamente limitadas. Sin otras opciones reales, muchas mujeres recurren a la venta de arena como medio de vida. Pero estas circunstancias perpetúan la pobreza, aumentan la vulnerabilidad de las mujeres y reducen su capacidad de tomar sus propias decisiones sobre sus vidas y sus funciones en la sociedad.

El impacto ambiental negativo de la extracción de arena también es palpable. Además de hacer que los extractores se adentren cada vez más en el agua para conseguir arena viable, la erosión causada por la extracción continua provoca frecuentes inundaciones en las zonas residenciales durante la marea alta. Recientemente, se ha puesto en marcha un marco reglamentario para intentar limitar ese impacto, pero su aplicación es deficiente y no contempla fuentes de ingresos alternativas para los hogares vulnerables y pobres que dependen de ese trabajo. En consecuencia, el nuevo marco no hace sino añadir la amenaza de consecuencias jurídicas a los peligros a los que ya se enfrentan los extractores.

Ahora, un proyecto financiado por el FIDA en las islas de Santiago y Maio ofrece a las mujeres oportunidades de obtener mejores ingresos mediante actividades más seguras y que requieren menos tiempo. El Programa de Promoción de Oportunidades Socioeconómicas en las Zonas Rurales, que forma parte de un programa más amplio financiado por el FIDA, se centra en ayudar a las organizaciones rurales a promover de forma sostenible oportunidades económicas inclusivas, así como a crear la infraestructura y las condiciones institucionales necesarias para que las oportunidades existentes sean sostenibles.

En 2017, después de que el país atravesara una sequía de tres años, el proyecto modificó la orientación de las intervenciones, pasando de la microfinanciación a nivel comunitario a la inversión en proyectos de infraestructura para la movilización del agua, en respuesta a la estrategia y la política de desarrollo del país para su sector agrícola. Esto permitió ampliar las oportunidades económicas de los participantes en el proyecto, especialmente en el ámbito de la producción agrícola.

Los hombres, las mujeres y los jóvenes de las zonas objetivo del proyecto disponen ahora de más opciones. En particular, mujeres como María Lizita tienen ahora alternativas al peligroso e inestable trabajo de recoger arena.

Edzana Mascarenhas, oficial responsable de la igualdad de género y la participación de la mujer del Programa de Promoción de Oportunidades Socioeconómicas en las Zonas Rurales, afirma que estas alternativas han permitido a muchas mujeres invertir en la vuelta a la escuela, ahorrar para hacer frente a urgencias médicas, salir de los hogares familiares y conseguir su propia vivienda.

Las mujeres que participan en este proyecto tienen ahora la posibilidad de convertirse en responsables de la toma de decisiones, creadoras de empleo y propietarias de negocios. Sus historias nos brindan la oportunidad de aprender a conseguir mucho más.

María de Fátima, de Ribeira da Prata, consiguió financiación a través del Programa de Promoción de Oportunidades Socioeconómicas en las Zonas Rurales para abrir un negocio de venta de pan y galletas. Actualmente, tiene dos empleados y apenas puede satisfacer la demanda del mercado de su producción. “Todavía no se han cumplido todos mis sueños”, dice. “Quiero y puedo conseguir más. El programa me ha permitido dar el primer paso en esa dirección. Conozco a otras mujeres que quieren lo mismo: dejar la extracción de arena y tener algo como yo, incluso más pequeño.”

Ana María Cabral, de Ribeira da Barca, ya no necesita vender más arena. Ahora se dedica a la producción agrícola, una oportunidad que le brindó el Programa de Promoción de Oportunidades Socioeconómicas en las Zonas Rurales. “Ahora tengo unos ingresos estables. Puedo cubrir todas mis necesidades básicas y las de mis hijos y guardar unos ahorros para emergencias”, dice. “Vender arena era un trabajo arduo y peligroso. Pasaba horas cubierta de arena y agua fría para llegar a casa y tener que ocuparme de todas las actividades y necesidades de mi hogar. La mayoría de las veces mi beneficio era inferior a USD 50. Hoy, nuestra vida es diferente”. 

En Moia-Moia, un asentamiento de la zona este de Santiago, el Programa de Promoción de Oportunidades Socioeconómicas en las Zonas Rurales ha financiado un proyecto de infraestructuras que ha garantizado la canalización de aguas para la producción agrícola. Ahora que cultivan y venden productos, las mujeres de Moia-Moia han visto aumentar sus ingresos hasta un 300 %. Han diversificado la dieta y la nutrición en sus hogares. Sus testimonios también dan cuenta de lo orgullosas que se sienten de poder satisfacer las necesidades de sus hogares sin afectar negativamente a su entorno.

Los hogares pobres y vulnerables, especialmente los encabezados por mujeres, se ven a menudo obligados a seguir estrategias de supervivencia arriesgadas para satisfacer necesidades básicas como la seguridad alimentaria o el acceso a los servicios sanitarios. Los proyectos financiados por el FIDA, como el Programa de Promoción de Oportunidades Socioeconómicas en las Zonas Rurales, contribuyen a la creación de actividades alternativas generadoras de ingresos que pueden sacar a las personas de la pobreza mediante la promoción de oportunidades de empleo. Cuando esas oportunidades crean espacios para el liderazgo de las mujeres, el impacto de las intervenciones del FIDA se extiende a la creación de empleo, la inversión en educación y la salud familiar.