There is a growing climate emergency facing smallholders across Asia Pacific – what is IFAD doing about it?

IFAD Asset Request Portlet

Publicador de contenidos

Los pequeños productores de Asia y el Pacífico se enfrentan a una emergencia climática cada vez mayor: ¿qué está haciendo el FIDA al respecto?

©FIDA/G.M.B. Akash

Según informes de las Naciones Unidas, la región de Asia y el Pacífico es la más propensa a sufrir desastres. Cerca del 45 % de los desastres naturales del mundo tienen lugar en esa región. Tifones, ciclones, sequías, inundaciones y deslizamientos de tierra se producen con regularidad, y las poblaciones locales no suelen estar bien preparadas para afrontar los devastadores efectos de estos fenómenos meteorológicos extremos. Cabe destacar también que el cambio climático está aumentando tanto la escala como la frecuencia de esos fenómenos. Para agravar las cosas, la geografía regional, que abarca a muchos pequeños Estados insulares en desarrollo e incluye zonas costeras bajas y deltas (como los del Mekong, el Indo o el Ganges-Brahmaputra) donde viven cientos de millones de personas, hace que las comunidades rurales sean aún más vulnerables a las inundaciones y los aumentos del nivel del mar ocasionados por el clima. A poco de que se celebre la Cumbre sobre la Adaptación Climática de 2021, nos encontramos en el momento adecuado para repasar la crisis climática que está afectando a los pequeños productores en toda la región de Asia y el Pacífico, y hacer un balance de lo que debe hacerse en el próximo decenio para garantizar que las poblaciones más vulnerables puedan acceder al apoyo que necesitan. 

La buena noticia es que el FIDA está introduciendo reformas institucionales audaces para hacer frente a esos problemas, incluidos el aumento de la meta institucional relativa a la financiación para el clima (el porcentaje de la financiación concedida por el Fondo que se destina a actividades relacionadas con el clima ha pasado del 25 % al 40 % durante los próximos tres años) y el establecimiento del nuevo Programa de Resiliencia Rural, que permite destinar financiación para fines de adaptación a pequeños productores vulnerables de países de ingreso bajo y pequeños Estados insulares en desarrollo. Además, el FIDA está trabajando más estrechamente con los asociados para el desarrollo, como el Fondo para el Medio Ambiente Mundial y el Fondo Verde para el Clima, a fin de garantizar la coordinación y diversificación de los recursos y las iniciativas. ¿Y qué tipo de intervenciones priorizará el FIDA en el próximo decenio en Asia y el Pacífico?

Gestionar el agua dulce de manera eficiente

En muchos países, los agricultores están afrontando mayores riesgos debido a la escasez de agua dulce. Algunas de las medidas que pueden aplicarse para mitigar esos riesgos son: mantener cuencas hidrográficas en pleno funcionamiento, lo que a su vez mantiene las llanuras inundables en buenas condiciones para permitir la recarga de las aguas subterráneas; mejorar el revestimiento de los canales de riego; adoptar prácticas de gestión de los cultivos que requieran menos agua (como la alternancia entre la humectación y el secado de los cultivos de arroz o la instalación de sistemas de riego por goteo); optar por cultivos que necesiten menos agua o sean más resistentes a las sequías; garantizar una distribución justa y equitativa del agua, e instalar sistemas para captar el agua de lluvia en los campos o los tejados.

Los proyectos del FIDA están proporcionando buenos ejemplos sobre cómo lograr una mayor eficiencia en el uso del agua, especialmente en Asia Meridional, la zona con el nivel de seguridad de abastecimiento de agua más bajo de la región, y en el Pacífico, donde la mayoría de las islas disponen de limitados recursos de agua dulce. En Sri Lanka, el Programa de Asociaciones para el Desarrollo de Agronegocios de Pequeños Agricultores está fomentando la capacidad de los productores para aplicar métodos de conservación de la humedad del suelo y tecnologías de ahorro de agua, como la colocación de cubiertas vegetales y el riego por goteo o por aspersión, al tiempo que promueve cultivos resistentes a las sequías, como los de moringa, caupí y chile. 

En Bangladesh, el Proyecto de Desarrollo Participativo de los Recursos Hídricos en Pequeña Escala, del FIDA y el Banco Asiático de Desarrollo, se ha centrado en mejorar la eficiencia del riego de cientos de sistemas de riego en pequeña escala que abarcan 220 000 hectáreas, para beneficiar así a 280 000 hogares dedicados a la agricultura. Se ha capacitado a las asociaciones comunitarias de gestión de los recursos hídricos establecidas en el marco del proyecto para gestionar los diferentes sistemas de riego a fin de que comprendan mejor los riesgos que comportan las perturbaciones climáticas. A raíz de ello, las asociaciones han podido salvar cultivos tanto de las sequías como de las inundaciones controlando los caudales de agua. En Myanmar, el Proyecto de Agronegocios en los Estados Orientales está ayudando a mejorar el revestimiento de los canales para reducir las pérdidas de agua. Por último, en Kiribati, el Proyecto de Fomento de la Alimentación y el Agua en las Islas Exteriores respaldado por el FIDA ha venido introduciendo sistemas de captación del agua de lluvia para mitigar la escasez de agua dulce durante las extensas temporadas secas.

Reducir la degradación de la tierra

La degradación de la tierra en toda la región está afectando cada vez más la capacidad de los pequeños agricultores para mantener sus medios de vida. El cambio climático está agravando y ampliando los daños que causa el uso excesivamente intensivo de la tierra y la gestión inadecuada de los terrenos frágiles o inclinados. En algunos casos, la falta de incentivos claros para la aplicación de una gestión sostenible, por ejemplo, con respecto a los recursos de acceso libre, está acentuando las dificultades. Sin embargo, existen opciones disponibles para revertir estas tendencias y, al mismo tiempo, fomentar medios de vida sostenibles. Algunos enfoques eficaces consisten en: apoyar los avances técnicos para la producción en terrenos inclinados, como la tecnología de agricultura de ladera y las técnicas agroforestales; brindar a los pequeños productores una seguridad de la tenencia a largo plazo a fin de generar incentivos para el cuidado de la tierra, e invertir en enfoques de conservación de los suelos y las aguas, como la labranza mínima, la construcción de terrazas, la labranza en curvas de nivel y las represas de control.

En Nepal, el Proyecto de Arriendo en los Sectores Forestal y Ganadero, respaldado por el FIDA, proporcionó a mujeres sin tierras arrendamientos a largo plazo para la gestión de tierras forestales degradadas. Esto ha dado lugar a una rápida regeneración natural de la cubierta forestal, una menor erosión del suelo, e importantes aumentos de los ingresos de las mujeres a partir de sus nuevas empresas forestales. En la India, el Proyecto de Promoción de Sistemas Agrícolas Resilientes a los Efectos del Cambio Climático en las Tierras Altas del Nordeste está apoyando la aplicación de enfoques más sostenibles para el cultivo migratorio, y está promoviendo cultivos locales resistentes a las sequías, como el de arhar o lenteja amarilla. En Bangladesh, el FIDA ha promovido tecnologías para reducir los daños que genera el cultivo intensivo en los suelos y las aguas, por ejemplo, la aplicación de supergránulos de urea en profundidad, el uso de trampas de feromonas para reducir la aplicación de plaguicidas, y el empleo de cartas de colores de las hojas para reducir el uso de fertilizantes. En Nepal, el Proyecto de Adaptación Orientada a los Pequeños Agricultores en las Zonas Montañosas, financiado en el marco del Programa de Adaptación para la Agricultura en Pequeña Escala (ASAP), está ayudando a las comunidades a adoptar prácticas climáticamente inteligentes y preparar planes locales de adaptación, introduciendo cambios positivos a lo largo de cuencas hidrográficas enteras, incluidas medidas como el policultivo, la rotación adecuada de los cultivos, el uso de bioplaguicidas y biofertilizantes, y la aplicación de biocarbón en el suelo.

Asia Sudoriental presenta la tasa de deforestación más alta a nivel mundial y, en los últimos decenios, una intensificación de la degradación de las turberas que ha dado lugar a grandes cantidades de emisiones de gases de efecto invernadero y una crisis de neblina en la región. El FIDA ha elaborado un programa subregional para la gestión sostenible de las turberas a fin de encarar esos problemas.  El Proyecto de Gestión Sostenible del Ecosistema de las Turberas en Indonesia apoya el trazado de mapas a nivel nacional sobre las unidades hidrológicas de turberas, prácticas y medios de vida alternativos que no impliquen el uso del fuego, y el desarrollo de sistemas nacionales de seguimiento para prevenir y controlar el fuego en las turberas, lo cual sirve como sistema de alerta temprana y, a la vez, como medio para evaluar el éxito de las iniciativas de restauración de las turberas.

Proteger las costas, los arrecifes y los manglares 

Actualmente, las zonas costeras de Asia se ven afectadas por múltiples amenazas. La pesca excesiva y las prácticas deficientes de gestión de las costas están generando el agotamiento de las poblaciones de peces y están degradando importantes hábitats costeros. La extracción de manglares para producir leña o cultivar está incrementando el riesgo de inundaciones. Por encima de todo, el calentamiento global está provocando el aumento del nivel del mar y de los fenómenos climáticos extremos en las zonas costeras. Los efectos son bien conocidos y alarmantes, y las comunidades que viven en esas zonas suelen ser las más pobres y vulnerables. Sin embargo, existen opciones para revertir estas tendencias, o adaptarse a ellas, y algunos proyectos innovadores en curso están sirviendo de inspiración para futuras inversiones. 

©FIDA/Roger Arnold

Mediante el Proyecto de Fomento de las Comunidades Costeras financiado por el FIDA se ha introducido la acuicultura y se han respaldado iniciativas dirigidas a fomentar la eficiencia y sostenibilidad de las técnicas pesqueras y de procesamiento en más de 180 localidades de Indonesia. El personal del proyecto ha colaborado con comunidades pesqueras locales para establecer zonas marinas protegidas e introducir planes integrados de gestión de las zonas costeras. En el marco del Proyecto de Desarrollo y Colonización de las Chars ejecutado en Bangladesh se han construido refugios de usos múltiples contra los ciclones en zonas costeras vulnerables. Estas instalaciones funcionan como escuelas, pero también se utilizan como refugios contra ciclones cuando es necesario. Además, el proyecto ha apoyado la construcción de caminos resistentes al clima que siguen intactos incluso después de haber pasado por repetidas inundaciones, y ha ayudado a las comunidades a emprender pequeños negocios capaces de soportar las inundaciones, como la cría de patos. Por último, en el marco del Proyecto de Innovación Rural de Tonga se están plantando en ese país especies de árboles que pueden proteger las costas de los tornados y ciclones.

En toda la región de Asia y el Pacífico, las tendencias de la degradación ambiental, y los consiguientes efectos en la pobreza y la seguridad alimentaria de las poblaciones rurales, están generando gran preocupación para los encargados de formular las políticas. Sin embargo, muchas de las soluciones necesarias para revertir estas tendencias ya existen. La experiencia hasta ahora deja absolutamente en claro que las propias poblaciones locales de pequeños productores pueden promover el logro de resultados ambientales positivos. Lo que se necesita es voluntad política, y que la financiación para el desarrollo se destine de manera prioritaria a esas poblaciones rurales más vulnerables, a fin de ayudarlas e impulsarlas a convertirse en agentes consolidados de la gestión sostenible de ecosistemas saludables y la producción de alimentos abundante.