Un pequeño paso: empoderamiento de las microempresas y pequeñas y medianas empresas en todo el Asia Meridional

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Un pequeño paso: empoderamiento de las microempresas y pequeñas y medianas empresas en todo el Asia Meridional

© Alex Hudson/Unsplash

Resulta un tanto paradójico que, si bien existe un amplio consenso en cuanto a que las microempresas y pequeñas y medianas empresas (MIPYMES) son parte integrante de la economía de los países en desarrollo, siguen estando desatendidas.

Las MIPYMES son decisivas para lograr un empleo decente y productivo, en particular en el mundo en desarrollo, donde ayudan a mantener las economías a flote. En Asia Meridional, en promedio, representan más del 40 % del PIB. También impulsan los medios de vida, especialmente los de las mujeres y los jóvenes.

Con todo, millones de MIPYMES no tienen acceso a capital para hacer crecer su negocio. Por este motivo, el FIDA trabaja con los Gobiernos para invertir en las MIPYMES rurales y los agronegocios, estimulando la productividad, mejorando los ingresos y los medios de vida y creando puestos de trabajo.

A continuación, se presentan algunos casos de cómo la inversión del FIDA ha ayudado a mujeres y hombres de todo el Asia Meridional a hacer crecer sus negocios y mejorar sus vidas.

 

Bangladesh

Reshma Begum siempre quiso criar cabras. “Siempre íbamos escasos de dinero. Mi marido es jornalero y nunca tuvimos suficiente para cuidarnos a nosotros mismos y a nuestros cuatro hijos”, explica. “Teníamos algo de tierra con la que no estábamos haciendo nada. Así que pensé, ¿por qué no criar cabras para contribuir a los ingresos del hogar? Pero todas murieron, y nos encontramos con que nuestras deudas habían aumentado”.

Las cosas cambiaron cuando Reshma conoció a un facilitador de la cadena de valor con el Proyecto de Promoción de la Comercialización y las Empresas Agropecuarias del FIDA. En 2016, recibió capacitación en cría de cabras a través del proyecto, además de un préstamo de USD 235 para comprar cuatro cabras hembras.

En el plazo de un año, las cabras de Reshma dieron a luz a 13 cabritos. En 2017, Reshma obtuvo un beneficio neto de USD 1 300 por la venta de 10 cabras, suficiente para pagar la boda de su hija mayor. Ahora, nunca hay menos de 30 cabras en su granja.

El negocio caprino de Reshma ha tenido tanto éxito que se ha ganado algo de fama en la zona. Su marido pudo dejar su trabajo de jornalero y ahora trabaja junto a ella. Tienen lo suficiente para enviar a sus hijos a la escuela. Además, Reshma no ha dejado de soñar: envalentonada por su éxito, quiere duplicar el número de cabras en su granja.

Bhután

Sangay Jamtsho, de 32 años, dejó su trabajo como profesor de educación primaria para convertirse en granjero. “Soy hijo de granjeros. Desde que era un niño, todo lo que quería era dirigir una explotación lechera", explica. Así pues, hace ocho años, gracias a un préstamo de USD 32 000 de la Rural Enterprise Development Cooperation  y la Fundación Loden, volvió a su pueblo natal para poner en marcha el negocio de sus sueños.

Eso le permitió comprar seis vacas Holstein y equipos básicos. En 2018, gracias al Programa de Fomento de la Agricultura Comercial y los Medios de Vida Resilientes, financiado por el FIDA, Sangay pudo renovar sus cobertizos y comprar más equipo de producción lechera. También recibió capacitación y realizó prácticas en producción higiénica de leche y desarrollo de la producción de forraje, entre otras cosas.

Las cosas le han ido cada vez mejor. Actualmente, produce más de 40 litros de leche cada día para el centro de elaboración de leche en la ciudad de Yangtsé. Con la ayuda del Programa de Fomento de la Agricultura Comercial y los Medios de Vida Resilientes, Sangay también ha abierto una tienda de productos lácteos en el pueblo estratégicamente situado de Duksum. En este punto de venta, que sirve de vínculo entre los productores de leche y los mercados, se recogen diariamente más de 500 litros de leche. Ahí también se venden productos lácteos como la leche, el queso, el suero de leche, el yogur, la mantequilla, la mantequilla clarificada (ghee), la cuajada y la cuajada batida (lassi).

Pero Sangay no se conforma con esto. Aunque ya gana un promedio de entre USD 150 y USD 290 al mes con los productos lácteos, ha decidido diversificar. Junto con su esposa, Sangay suministra ahora pollos al sector ganadero de un distrito (dzongkhag), con lo que gana otros USD 430 al mes. ¿Y el paso siguiente? Tiene previsto ampliar su centro de elaboración de leche. “Esta fue la mejor decisión que he tomado en mi vida. Estoy haciendo lo que siempre había soñado, y está dando sus frutos”, explica.

India

Nazima lleva siete años dirigiendo un negocio de impresión de saris en la famosa ciudad de Kānchipuram, en Tamil Nadu. Para Nazima, que trabajó durante mucho tiempo como empleada asalariada en otra tienda de saris, todo cambió con un préstamo del Programa de Dotación de Medios de Subsistencia Sostenibles a las Comunidades Costeras de Tamil Nadu en la Etapa Posterior al Tsunami, financiado por el FIDA. “Recibí un préstamo sin intereses de USD 2 380 a través de la federación de mi aldea”, explica. “Añadí mis propios fondos de USD 410 e inicié mi negocio: Ababeel Saree Printing. Fue un momento de orgullo”.

Los beneficios de llevar su propio negocio adelante han sido enormes. Nazima pudo pagar la boda de su hija y educar a sus dos hijos. En ocho años, Nazima ha ganado un total de USD 89 400, incluido un beneficio neto de USD 39 700. Ha pagado su préstamo por completo y ahora emplea a mujeres del grupo de autoayuda Hameed Aandavar al que pertenece.

“Estoy agradecida, como mujer pobre, de haber podido obtener un préstamo sin intereses. Pude empezar este negocio con mis habilidades y conocimientos y estoy contenta de haber podido devolver el favor empleando a otras mujeres como yo”, afirma. 

Nepal

Después de años de trabajo en Arabia Saudita, Ram Bahadur Bhandari regresó a su Nepal natal. Quería sacar provecho de las habilidades que había desarrollado en el extranjero. La respuesta llegó cuando entró en contacto con el Proyecto Samriddhi, financiado por el FIDA, durante un taller sobre el desarrollo de cadenas de suministro agrícolas.

Ram quería crear un centro de venta de productos frescos en el distrito de Sunsari. Contaba con suficientes fondos para empezar, pero tenía que proveerse de frutas y hortalizas. Ahí es donde entró en escena el proyecto. “En el marco del proyecto Samriddhi se estableció una coordinación con grupos de agricultores. El acuerdo inicial era para las hortalizas producidas por siete grupos. No podría haber puesto en marcha el negocio tan rápidamente si no hubiera sido por el apoyo del proyecto”, añade.

Hoy en día, el centro, cuyo nombre es Bimbika, recoge seis toneladas de productos cada día de 800 grupos de productores, y Ram está añadiendo aún más grupos a su lista. Comparte la propiedad de 30 puntos de venta en cuatro ciudades con jóvenes migrantes retornados, y tiene cinco empleados en Bimbika y otros 30 en los puntos de venta. Tiene previsto abrir más tiendas en Dhankuta y Katmandú para acelerar el negocio y entregar las hortalizas de forma segura, sin que se estropeen, desde la granja hasta el consumidor.

 

Sri Lanka

Maheshika Dilrukshi es la directora de Canal Corner Flower Garden en Balangoda –y una emprendedora en serie. Su primer negocio consistió en la venta de productos farmacéuticos, pero cerró después de que un accidente la apartara de él. Impertérrita, Maheshika se interesó por la floricultura. Para obtener ayuda con su próxima empresa, presentó una solicitud al Programa de Fomento de la Producción Agrícola Sostenible, financiado por el FIDA.

“La primera vez que presenté mi propuesta al Programa de Fomento de la Producción Agrícola Sostenible la rechazaron, pero me animaron a seguir perfeccionándola. Soy una persona persistente, así que seguí adelante y finalmente tuve éxito”, explica. “Creé Canal Corner Flower Garden como un espacio de mercado, que sirve de plataforma para que cientos de personas vendan sus productos. También proporcionamos capacitación en asociación con consultores del Programa de Fomento de la Producción Agrícola Sostenible a fin de aumentar la productividad de los floricultores”.

Hoy en día, Maheshika se nutre de más de 180 agricultores de la industria de la floricultura, la mayoría de los cuales son mujeres.

 

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