Ver lo invisible, hacer lo imposible: el camino al éxito de una joven empresaria nigeriana

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Ver lo invisible, hacer lo imposible: el camino al éxito de una joven empresaria nigeriana

“He transformado en un negocio lo que al principio fue un desafío”.

Dorothy Chia Vandefan es una persona muy perspicaz. Se describe a sí misma como una empresaria agrícola seria, capaz de crear oportunidades donde no parece haber ninguna, y tiene razón. Después de unos pocos años de haber iniciado sus actividades, Dorothy y sus asociados comerciales están listos para transformar los sistemas alimentarios de su localidad y llevar la agricultura al próximo nivel.

La confianza para crecer

Dorothy proviene del estado de Benue, en la región central de Nigeria. Si bien se ha dicho que la zona es el “semillero de alimentos” del país, las oportunidades —aun en el sector agrícola— no siempre abundan, y la seguridad alimentaria de los residentes del estado aún dista mucho de ser una realidad.

Aunque se graduó de la universidad con un título en ingeniería agrícola, al principio Dorothy no pudo encontrar un buen empleo. Eso cambió en 2016, cuando se le presentó la oportunidad de unirse a un programa de capacitación en agricultura ofrecido por el Programa de Desarrollo de las Cadenas de Valor, apoyado por el FIDA. Terminó asistiendo a un curso de capacitación en producción de semillas de arroz mediante el Centro Africano del Arroz y el Instituto Internacional de Agricultura Tropical, una oportunidad que le cambió la vida.

“Antes de asistir al programa de capacitación, no tenía idea de que hubiera algo especial sobre la producción de semillas de arroz”, cuenta. “Pero desde el principio, cuando todavía no tenía experiencia, me di cuenta de que sería una excelente oportunidad de negocios”.

Tras finalizar el programa, en febrero de 2017, Dorothy decidió poner a prueba lo que había aprendido en la siguiente estación seca. Comenzó a cultivar en apenas media hectárea de tierra, no muy lejos del lugar donde su padre siempre había cultivado arroz.

Su primera temporada de siembra fue un éxito. Para cuando terminó la cosecha, había ganado lo suficiente como para ampliar su emprendimiento a tres hectáreas.

“Creo que eso demuestra que fue una buena decisión”, dice con una sonrisa.

Para 2018, estaba lista para hacer algo que apenas dos años antes habría resultado imposible: contratar empleados. Las ganancias de su primera cosecha le permitieron contratar a dos jornaleros para ayudarla en su explotación. Poco tiempo después, se asoció con otros tres empresarios jóvenes y fundó una empresa llamada Gedalya Synergy Resources.

Una de las principales actividades de Gedalya es la producción y venta de semillas certificadas. A diferencia de las semillas conservadas en las explotaciones, las semillas certificadas son más fértiles y de mayor calidad. Se inspeccionan periódicamente para garantizar que no producen enfermedades, daños ni contienen otras impurezas. Sin embargo, la inversión inicial para adquirirlas es alta, por lo que muchos agricultores dudan en comenzar a utilizarlas.

Dorothy siempre ha sido optimista, en particular en lo referido a la agricultura. Siempre confió en que el número de agricultores locales dispuestos a pagar por semillas certificadas de calidad continuaría aumentando si comprobaban por sí mismos las mejoras en los rendimientos.

Dorothy entendió muy bien el desafío. Su propio padre se mostró reticente cuando ella le mencionó por primera vez los beneficios de usar semillas certificadas de arroz en vez de las semillas de la cosecha anterior. Al igual que otros productores de la localidad, siempre había utilizado semillas que guardaba de la temporada anterior. Finalmente Dorothy logró convencerlo de usar las semillas certificadas, si bien él nunca adoptó la práctica de ordenar las plántulas en filas, sino que prefería arrojar las semillas directamente en los campos. A pesar de eso, con las semillas certificadas aumentó sus rendimientos a dos toneladas por hectárea, más del doble que el año anterior. Es posible que no pueda describirse como una de las “mejores prácticas”, pero sí fue una enorme mejora.

Sobre la base de esta experiencia, la empresa de Dorothy entregó gratuitamente semillas certificadas de arroz a más de 70 productores de la localidad. Cuando sus rendimientos se duplicaron, triplicaron o hasta cuadruplicaron, la mayoría de los productores volvieron para comprarle más semillas.

Dorothy revisa uno de sus campos de arroz.

Crecer hacia un futuro mejor

De hecho, por estos días la empresa no llega a satisfacer la creciente demanda de semillas certificadas. Pero a Dorothy los desafíos no la asustan; ya está estudiando formas de expandirse.

Pronto, Gedalya Synergy Resources estará cultivando un total de 30 hectáreas. Planean agregar semillas certificadas de soja a las siete variedades de semillas certificadas (cinco de arroz y dos de maíz) que ofrecen actualmente. Dorothy también ha creado empleos para 5 trabajadores permanentes y 12 jornaleros. Siete de ellos son mujeres y ocho son jóvenes, lo que subraya su compromiso con la creación de oportunidades para estos grupos, para los que tradicionalmente ha sido difícil encontrar empleo en el estado de Benue.

Para ampliar aún más su negocio de venta de semillas, Dorothy está creando oportunidades adicionales mediante la adopción de un modelo de subcontratación. Con este enfoque, su empresa ofrece insumos —como semillas, herbicidas y fertilizantes— y capacitación a los pequeños productores locales (en particular las mujeres y los jóvenes) para que puedan cultivar por sí mismos las semillas certificadas. Como contrapartida, su empresa les compra la producción a un precio preacordado. Esto permite a Dorothy recuperar su inversión y satisfacer la demanda de semillas certificadas del mercado, y a los productores obtener una buena ganancia.

“Comenzamos con tres agricultores jóvenes. No me di cuenta del impacto que tendría este modelo hasta que les pagamos su primera cosecha”, nos cuenta Dorothy. “Vi cómo sonreían y entendí que con este modelo todos ganamos”.

A pesar del éxito que hace años la acompaña, Dorothy no ha perdido la seriedad con la que abordó su primera temporada de siembra.

“Cuando observo mi explotación, admiro la naturaleza y me conecto con ella, la creación de Dios”, afirma. “Pienso en la fertilidad del suelo y en cómo nutrirá mis cultivos. “Visualizo la demanda de producción que podré satisfacer, sin olvidar nunca que aquí hay personas que necesitan vivir sin pasar hambre”.

Y a pesar de los desafíos que ha enfrentado, nada la haría más feliz que ver a más jóvenes unirse a ella en el sector agrícola. “Los jóvenes impulsan la innovación y tienen un enorme potencial de construir comunidades rurales más inclusivas y equitativas”, señala. “Creo que estoy haciendo mi aporte para fortalecer la seguridad alimentaria en Benue y en Nigeria. Si más jóvenes se dedican a la agricultura, podremos diversificar nuestra economía, aumentar nuestros ingresos y fortalecer los sistemas alimentarios necesarios para alimentar a nuestro país”.

Dorothy tiene grandes planes para su futuro en la agricultura. Recién está comenzando, pero ya ha demostrado tener la determinación para ver lo invisible y hacer lo imposible.

Obtenga más información sobre la labor del FIDA en Nigeria.