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Un tributo a todas las criaturas del suelo

04 diciembre 2020
©FIDA/Francesco Cabras

¿Alguna vez ha visto un estornino saltando por el suelo? De ser así, probablemente también lo haya visto detenerse de repente, inclinar la cabeza y escuchar, para luego cavar en el suelo hasta sacar una lombriz con su pico. Lo que el estornino oye está fuera del alcance de nuestra capacidad de audición, y esta limitación de nuestra capacidad es, en parte, lo que hace que algunos mundos como el de las lombrices pasen desapercibidos para nosotros. Aquello que no vemos ni oímos, no notamos, y, a menudo, tampoco le damos importancia: lo que está fuera de nuestra vista también está fuera de nuestra mente. Hace tan solo un par de decenios que comenzamos a estudiar y comprender las complejas funciones y conexiones de los ecosistemas como estos, incluido el ecosistema del suelo, y qué tan importantes son para nuestra vida cotidiana.

El suelo conforma la capa más externa de nuestro planeta. Obtiene su textura característica de las diversas partículas minerales que contiene, como arena, limo y arcilla, todas las cuales tienen diferentes tamaños y están presentes en diferentes proporciones en los distintos suelos de la Tierra. También contiene materia orgánica —organismos vivos y muertos— en diversas cantidades y en diferentes grados de descomposición. En promedio, una muestra de suelo está compuesta en un 50 % por minerales y 5 % materia orgánica, en peso, y el resto está formado por agua y aire. La capa superficial, es decir, los primeros 5 a 20 centímetros, es la capa más productiva. Un solo gramo de suelo puede contener 1 000 millones de células bacterianas, cientos de metros de hifas fúngicas (los filamentos que conectan los organismos fúngicos) y miles de especies diferentes, todos los cuales constituyen organismos del suelo.

El suelo, que es la base de la agricultura, alberga una compleja red alimentaria de descomposición y ciclos de nutrientes, incluidos varios procesos fisiológicos importantes, como los ciclos del carbono y el nitrógeno. Para la agricultura, es esencial que este material muerto y en descomposición vuelva a circular para que los nutrientes puedan estar disponibles para nuevos cultivos. La biodiversidad del suelo determina qué nutrientes están disponibles para los cultivos, ya sea los almacenados bajo tierra o los que se liberan para que sean los pilares del nuevo crecimiento. Al mismo tiempo, la estructura física del suelo, sustentada por una activa vida del suelo con una gran cantidad de materia orgánica y cobertura vegetal, le permite filtrar y retener agua, proporcionando un importante servicio para los cultivos en climas más cálidos y secos. Algunos microorganismos del suelo pueden degradar contaminantes, y otros pueden incluso procesar metales pesados, características que se aprovechan a la hora de restaurar suelos contaminados. (Para una mayor comprensión de la biodiversidad del suelo y sus funciones, véase el Global Soil Biodiversity Atlas (Atlas Mundial de la Biodiversidad del Suelo)).

Varios proyectos del FIDA adoptan prácticas para aumentar la fertilidad del suelo, reforzar su estructura física y proteger la biodiversidad subterránea. Muchas de estas prácticas se basan en los principios agroecológicos de la diversificación de los sistemas de producción, como la combinación de la producción ganadera y agrícola, la incorporación de una amplia variedad de cultivos perennes y anuales, el aumento de la cobertura del suelo, y la creación de sinergias entre los diferentes componentes a nivel del terreno, la explotación agrícola o el entorno natural más amplio. Estas prácticas aumentan fundamentalmente la eficiencia del uso de los recursos reciclando los desechos de las explotaciones agrícolas y completando ciclos de nutrientes.

En una publicación del FIDA sobre soluciones basadas en la naturaleza que se distribuirá próximamente, se incluye un intrigante estudio de caso de la República Democrática Popular Lao en el que los agricultores usan una receta local para hacer un tipo de sopa de compost. Se combinan residuos agrícolas con azúcar y melazas, y se almacena esta mezcla hasta que se convierte en una “sopa” de nutrientes y microbios que, según los habitantes locales, ayuda a aumentar la producción hortícola y reducir las plagas. Aún no sabemos exactamente cómo funciona, pero, sin duda, será interesante estudiarlo. Las prácticas locales de este tipo podrían ayudarnos a lograr prácticas agrícolas más sostenibles y productivas en todo el mundo.

Los proyectos que respalda el FIDA también aplican otras medidas para mejorar y proteger la biodiversidad del suelo, entre ellas:

  • La agrosilvicultura y prácticas que garantizan una cobertura constante del suelo, como la aplicación de cubiertas orgánicas sobre el suelo o cultivos de protección. Estas prácticas evitan la erosión del suelo, dificultan el crecimiento de malezas y aumentan la proporción de materia orgánica, aumentando así la capacidad de retención de agua del suelo.
  • La aplicación de fertilizantes orgánicos, como compost, estiércol y residuos de los cultivos.
  • La promoción del reciclaje de nutrientes, tanto por medio de prácticas como la rotación de los cultivos, el cultivo intercalado de plantas perennes y anuales y la siembra entre otras plantas, como empleando una diversa variedad de cultivos. Las especies leguminosas, como el caupí, el cacahuete y el trébol, son particularmente útiles para restaurar el balance de nitrógeno del suelo y hacer que haya nitrógeno disponible para otras plantas, y, además, suelen ser fuentes nutritivas de forraje.
  • Estrategias de cultivo sin labranza o labranza mínima, combinadas con el uso de cultivos de protección para evitar el crecimiento de malezas. Esta práctica evita alterar las diversas capas de suelo y sus características y funciones específicas, junto con la red micorrícica, que desempeña una importante función en la transferencia de agua, carbono, nitrógeno y otros nutrientes y minerales entre las plantas.
  • La gestión integrada de las plagas, que abarca una amplia gama de intervenciones culturales, físicas (redes, trampas, cubiertas orgánicas) y biológicas (promoción de enemigos naturales de las plagas). El empleo de estas prácticas implica que los agroquímicos se usan solo como último recurso, lo que reduce en gran medida su presencia.

Estas prácticas, que forman parte de enfoques sistémicos integrados más amplios, se presentarán en más detalle en un futuro estudio del FIDA sobre la aplicación de la agroecología en las prácticas agrícolas y relativas a los sistemas alimentarios de los pequeños productores rurales en el marco de los proyectos del Fondo. Para destacar mejor su contribución a la mejora y la protección de la biodiversidad, tanto por encima del terreno como debajo de él, el FIDA está elaborando una estrategia y plan de acción sobre la biodiversidad.  Este plan enmarcará el enfoque del Fondo con respecto a la biodiversidad y describirá oportunidades para que el FIDA ayude a los pequeños productores y las comunidades rurales del mundo a adoptar soluciones que sean favorables para todas las partes en pro de la conservación de la biodiversidad, la producción sostenible de diversos alimentos saludables y la generación de ingresos.

Aún carecemos de mucha información en el ámbito de la biodiversidad del suelo, tanto a nivel espacial como taxonómica. No hay una “lista roja” de microorganismos en peligro, y probablemente tampoco habrá una en el futuro. Las criaturas más pequeñas, esas que no podemos ver a simple vista, solo pueden identificarse en un laboratorio. Si bien nos falta mucha información sobre lo que sucede bajo tierra y los diversos organismos que viven allí, sabemos lo suficiente como para reconocer las funciones esenciales que estos desempeñan en nuestra vida. Por ello, debemos preservarlos. Sabemos que el suelo es más que solo los minerales que forman su base. Más bien, los residuos biológicos, en todas las etapas de descomposición y renovación, así como la gran variedad de organismos que alberga, son las partes más importantes.

Debemos tener presente a estos organismos invisibles y siempre productivos, así como a sus ecosistemas, no solo hoy, sino todos los días.

Para conocer más sobre el trabajo del FIDA relacionado con la mejora del suelo haga clic aquí.