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La lucha contra la COVID-19: la importancia de fomentar la resiliencia a largo plazo en las comunidades rurales

04 marzo 2020

©FIDA/Louis Dematteis

Han pasado ya dos meses desde que comenzó el brote de la nueva enfermedad por coronavirus (COVID-19) en la provincia de Hubei (China). Recién ahora parece un momento adecuado para comenzar a reflexionar sobre el impacto de la COVID-19 en las comunidades rurales de China, y sobre la importancia de invertir en la población rural para crear resiliencia a largo plazo frente a las adversidades.

El brote repentino del nuevo coronavirus ha planteado interrogantes legítimos sobre los efectos de ese brote en los sectores más vulnerables de la población: las personas pobres de las zonas rurales. Aunque, de hecho, el brote del nuevo coronavirus, como cualquier otra epidemia, puede infectar a todos por igual, las personas más vulnerables tienen menos capacidad para hacer frente a los efectos de esa infección. Los hogares rurales pobres tienen menos posibilidades de acceder a la atención médica o de pagarla, y la disponibilidad y capacidad de los sistemas de salud de las zonas remotas pobres es limitada. Además, los hogares rurales pobres tienen menos capacidad para hacer frente económicamente a las consecuencias de un brote. El confinamiento de casi todas las ciudades de Hubei y las restricciones a la circulación de personas que se aplicaron han impedido que muchas personas trabajen, en particular los trabajadores migrantes de cuyos ingresos dependen muchos hogares rurales. También ha privado a muchos hogares de su principal fuente de ingresos. Del mismo modo, el cierre de las carreteras y la reducción del transporte han retrasado o reducido la venta de productos agrícolas y han afectado a muchas pequeñas empresas del medio rural.

En las últimas semanas se han aplicado varias medidas para reducir el impacto de la COVID-19 en las zonas rurales. El gobierno de Hubei, por ejemplo, ha movilizado más de 70 nuevas instalaciones médicas a las zonas rurales de la región en medio de esta nueva epidemia. El Banco de Desarrollo Agrícola de China ha aprobado préstamos de emergencia por un valor de más de CNY 10 000 millones (unos USD 1 500 millones) para contrarrestar el brote del coronavirus. La Comisión Reguladora de la Banca y los Seguros de China ha ampliado seis meses los plazos de reembolso de los micropréstamos. El sector privado también ha desempeñado un papel activo en la reducción de los efectos del brote en la población rural, el gigante del comercio electrónico Alibaba ha creado una plataforma en línea dedicada a la venta al por menor de productos agrícolas para ayudar a los productores agrícolas a vender sus productos. Gracias a ello, se entregaron 12 000 toneladas de excedentes de frutas y verduras en un plazo de cinco días. De manera análoga, varias empresas de logística han puesto en marcha canales "verdes" y "rápidos" para transportar los productos de los agricultores de la región. Por último, la creatividad individual también ha dado lugar a nuevas soluciones imaginativas, por ejemplo, se están utilizando cada vez más drones para impedir encuentros sociales. En general, se está prestando especial atención a las aldeas pobres.

No cabe duda de que gracias a las numerosas medidas que se han adoptado se están reduciendo al mínimo los posibles costos elevados y las repercusiones del brote en la población rural. No obstante, esas medidas contrarrestan los efectos inmediatos y a corto plazo de la crisis, pero no abordan las causas fundamentales de la vulnerabilidad en las zonas rurales.

Para evitar o prevenir que el mismo grupo vulnerable de personas se vea afectado por la próxima crisis, ya sea un nuevo brote, una caída inesperada de los precios de los productos básicos o una mala cosecha debido a fenómenos meteorológicos desfavorables o a una plaga, es necesario fortalecer la resiliencia y la capacidad de la población rural y las comunidades rurales para hacer frente a las conmociones. Es fundamental invertir en las zonas rurales y en la población rural: construir carreteras que reduzcan el tiempo y los costos de desplazamiento; desarrollar sistemas de riego que reduzcan la dependencia de las precipitaciones cada vez más variables; mejorar el acceso al agua potable y al saneamiento para reducir las enfermedades transmitidas por el agua; fortalecer la capacidad de las personas para ahorrar, diversificar sus oportunidades de trabajo, acceder a la información, etc. Estos elementos son fundamentales para fortalecer la capacidad de las comunidades rurales para hacer frente a las conmociones y otros acontecimientos imprevistos.

Basándose en los más de 40 años de asociación estratégica con China para promover el desarrollo rural, el FIDA seguirá apoyando el enfoque estratégico de China en las zonas rurales y la población rural como parte integrante de su estrategia de revitalización rural. Con todo, fomentar comunidades rurales cada vez más resilientes a las crisis debería ser uno de los objetivos a largo plazo.