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Sirviendo a los pobres de las zonas rurales en tiempos de distanciamiento físico: manteniéndose a salvo, en buenas condiciones y conectados

27 marzo 2020

©FIDA / Alfredo D'Amato / Panos

Han pasado tres semanas desde que la COVID-19 alteró drásticamente el día a día del personal del FIDA, tanto de quienes trabajan en la sede de Roma como de aquellos en todo el mundo. Científicos y Gobiernos de todo el mundo coinciden en que una de las maneras de frenar la propagación del virus es el distanciamiento físico. Sin embargo, las medidas de distanciamiento necesarias para contener el brote de coronavirus están frenando el motor económico mundial, lo que repercutirá enormemente en la economía mundial, de forma que los países más frágiles y las poblaciones más vulnerables serán quienes se lleven la peor parte.

En un mundo en plena ralentización, se acelerará la pobreza, lo que a su vez dará paso al hambre. Tan solo en el mundo árabe, la Comisión Económica y Social para Asia Occidental (CESPAO) prevé que, como resultado directo del brote, la cantidad de personas pobres aumentará en 8,3 millones, se perderán más de 1,7 millones de puestos de trabajo en 2020, se limitará aún más el acceso al agua y, en consecuencia, el hambre se cobrará más vidas que el propio virus.  

En un mundo en ralentización, nuestro compromiso va en aumento.

El conjunto de la División del FIDA del Cercano Oriente, África del Norte y Europa (NEN) se está reuniendo con más frecuencia que nunca, cada semana, para mantenerse al tanto de los esfuerzos que se están llevando a cabo y para apoyarse mutuamente en estos tiempos difíciles, con el mejor espíritu de trabajo en equipo. Las reuniones virtuales nos permiten trabajar más estrechamente, aunque la distancia física entre nosotros sea mayor. En un contexto sin precedentes, solo daremos con una forma de ayudar a las personas pobres de las zonas rurales si trabajamos de consuno.

Aunque el virus se propague a gran velocidad, nosotros debemos actuar aún más rápido. Estamos trabajando sin descanso para movilizar nuestros recursos de una forma más rápida y eficiente, a fin de respaldar los esfuerzos de los Gobiernos y las personas de las zonas rurales para mitigar los efectos del brote. Vemos con preocupación cómo aumentan los casos en Egipto, Marruecos y Turquía. Seguimos con atención la situación en los países afectados por conflictos, como Libia, Siria y el Yemen, que han notificado una cantidad sorprendentemente baja de casos de COVID-19; nos preocupa que esas estadísticas, aparentemente buenas, se deban tan solo a la capacidad limitada de esos países para realizar los test de la COVID-19, habida cuenta de que sus sistemas sanitarios ya se encuentran bajo una presión enorme. Estamos esforzándonos por retomar nuestra labor en esos países, que ahora se ven amenazados, al mismo tiempo, por la inestabilidad endémica de las condiciones de seguridad y la pandemia causada por el coronavirus.

Estamos luchando a contrarreloj para dar con formas de atender satisfactoriamente las solicitudes de los Gobiernos y seguir sustentando los medios de vida en las zonas rurales. Es evidente que no se puede mantener el statu quo: debemos actuar con rapidez y flexibilidad. La División del Cercano Oriente, África del Norte y Europa no escatima esfuerzos para asegurar la continuidad de las operaciones, incluso a pesar de que nuestra capacidad para operar en la región se haya visto gravemente afectada por la imposición de cuarentenas y otro tipo de restricciones a la circulación. Por ejemplo, todos los empleados de nuestro centro subregional de Estambul están tele trabajando, algunos desde sus países de origen (como Armenia, Finlandia, Turquía y Suecia). El centro de El Cairo ahora funciona remotamente, de acuerdo con las estrictas medidas de seguridad impuestas por el Gobierno de Egipto, entre ellas, el toque de queda nocturno y el cierre de los servicios. Del mismo modo, la oficina del FIDA en Marruecos ha cerrado temporalmente a raíz de la cuarentena impuesta.  

A pesar de todos los obstáculos que el brote de COVID-19 está poniendo en nuestro camino, el FIDA seguirá trabajando incansablemente y transformando nuestro modelo operacional para afrontar mejor los nuevos desafíos. Estamos haciendo todo lo posible por evitar la suspensión de las operaciones, participando en diálogos a nivel ministerial y en actividades constantes de seguimiento con las unidades de gestión de los proyectos, incluida la supervisión a distancia de los proyectos en las zonas donde las condiciones locales permiten que consultores de la zona trabajen sobre el terreno. 

De momento, hemos confirmado 13 misiones a distancia que se desplegarán de forma virtual entre marzo y junio, incluido, por asombroso que parezca, un diseño a distancia para el Yemen. La incapacidad para viajar también nos ha permitido centrarnos en las actividades no crediticias y desarrollar una capacitación a distancia para nuestro personal de proyectos.

El mundo se enfrenta a un desafío sin precedentes. En la actualidad, nuestra labor es muy necesaria para millones de personas vulnerables que, probablemente, sufrirán las peores consecuencias del brote y de la crisis económica. No obstante, al igual que cualquier otro desafío, podremos superarlo si aunamos nuestros esfuerzos. Nuestra fortaleza reside en trabajar juntos en pos de un objetivo común y, a pesar de todas las dificultades que entraña esta nueva "realidad" que estamos viviendo, seguiremos ayudando a los pobres de las zonas rurales con todo nuestro empeño. Haremos todo lo que esté a nuestro alcance para no dejar a nadie atrás.