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COVID-19 – Dar una respuesta holística, proteger los sistemas alimentarios y a los productores rurales

09 abril 2020

©FIDA/ Bernard Kalu

Es fácil perder de vista el panorama general cuando se requiere una acción urgente para responder a la tragedia humana que está causando la COVID-19. Aun con el avance de la crisis, los Gobiernos, las organizaciones internacionales y regionales y la sociedad civil han tomado medidas enérgicas para mitigar el sufrimiento inmediato y prevenir los peores efectos, a la vez que lentamente se preparan para enfrentar las repercusiones a largo plazo.

 ¿Cuando? ¿Dónde? ¿Quién?

Las pandemias ocasionan perturbaciones en la oferta y la demanda en todos los sectores económicos, con variados grados de intensidad y a distintos ritmos. Si bien el sector agrícola tiende a ser más resiliente que otros sectores, las disrupciones que la pandemia está ocasionando en el comercio regional e internacional pueden tener graves repercusiones en los sistemas alimentarios de los países en desarrollo. En lo concerniente a los países que dependen de las importaciones de alimentos, podría desencadenarse una crisis alimentaria aún antes de que se sientan los efectos de la pandemia.

En el corto plazo, la pérdida de ingresos y la desaceleración económica general podrían producir una fuerte caída en la demanda.  La situación es particularmente alarmante para las pequeñas y medianas empresas (pymes) en las etapas intermedia y final del sector de los agroalimentos (es decir, las actividades de elaboración, transporte y distribución), así como para las pymes fuera del sector de los agroalimentos. La mayoría de los hogares en estos sectores, en particular los de los trabajadores informales, tienen pocas o ninguna red de protección para enfrentar la crisis, por lo que perder sus ingresos tendrá repercusiones directas sobre su seguridad alimentaria y nutrición.

Los efectos a corto plazo sobre la oferta probablemente no sean tan graves para el sector alimentario, por cuanto las etapas iniciales de la producción agrícola en los países en desarrollo dependen principalmente de la mano de obra familiar, que prácticamente no sufre los efectos de las medidas de confinamiento. Sin embargo, si los vínculos de mercado se interrumpen debido a las medidas de lucha contra la pandemia, el abastecimiento de alimentos podría disminuir en los sectores inicial e intermedio de la cadena. Si la conectividad no se restaura a mediano o largo plazo, la producción y la oferta también podrían reducirse con el paso del tiempo.

Asimismo, los efectos de la pandemia probablemente sean distintos a lo largo del continuo rural-urbano. De no restaurarse la conectividad, es posible que las repercusiones sean más graves en las zonas más urbanizadas que en las zonas rurales remotas, por cuanto la mayor parte del alimento se produce en las regiones rurales y semirurales.

Por último, los efectos de la pandemia seguramente sean más profundos en algunos segmentos de los grupos objetivo del FIDA que en otros. En líneas generales, las mujeres, los jóvenes y las personas con discapacidades, tres grupos que ya están en desventaja debido a su menor acceso a los recursos económicos y financieros, probablemente se vean mucho más afectados por la pandemia.

En vista de esta intrincada red de vinculaciones y efectos interrelacionados, es fundamental que las intervenciones se diseñen de una manera holística.

¿De qué manera?

Los análisis de impactos del FIDA han demostrado que el desarrollo de las cadenas de valor es el tipo de intervención más eficaz para alcanzar nuestros objetivos estratégicos en varios continentes, y que la mejor manera de lograr impactos es valerse de un conjunto interrelacionado de componentes de proyectos.

Uno de los posibles enfoques permitiría combinar mecanismos de protección agrícola y social para resolver las necesidades a corto plazo y promover el avance hacia la recuperación a mediano y largo plazo. Los sistemas agroalimentarios son un elemento fundamental de este enfoque por su capacidad valiosa de establecer vínculos entre las zonas rurales y las urbanas y de crear empleo en todas las etapas de la cadena de valor.  

Este enfoque, que se centraría en vincular la oferta y la demanda en los sistemas agroalimentarios usando herramientas de conexión digital y servicios financieros móviles, entrañaría tres componentes sencillos e interrelacionados:

  1. Definición: El primer componente, que supone la creación de un registro digital de las necesidades de inversión, implicaría realizar una evaluación rápida de la vulnerabilidad mediante una encuesta telefónica para definir con claridad cuáles han sido las consecuencias adversas específicas que la COVID-19 ha tenido sobre cada grupo objetivo.
  2. Apoyo: A continuación, y tras un cuidadoso proceso de selección, se utilizaría una serie de transferencias móviles y otros instrumentos financieros para mitigar las limitaciones en el suministro alimentario, el acceso a los mercados y otros componentes del sistema. También podría introducirse un componente de apoyo a la producción basado en un sistema digital que incluya vales o cupones, a fin de establecer vínculos entre los beneficiarios de las últimas etapas de la cadena y los actores de las etapas inicial e intermedia. Las transferencias móviles también podrían ser útiles para evitar la suspensión de las remesas usando los mecanismos existentes del FIDA, que podría promover el establecimiento de asociaciones con el sector privado y actuar como garante.
  3. Conexión: Por último, a medida que la atención pase a centrarse en las soluciones de más largo plazo, se haría hincapié en asegurar la conectividad del mercado rural. Lo primero sería asegurar una conexión estable a Internet en los mercados informales, una medida crucial para preservar los vínculos a lo largo de la cadena de valor agroalimentaria y de esa forma mejorar la sostenibilidad de los impactos de las demás intervenciones.

El enfoque descrito anteriormente pertenece al ámbito teórico, y se basa en intervenciones anteriores del FIDA que han tenido éxito y en la literatura más reciente sobre el tema. Mientras tanto, el FIDA ya ha adoptado medidas concretas y congruentes con las nociones mencionadas para ayudar a los países beneficiarios.

A la fecha, el FIDA ha definido medidas específicas de adaptación y de fortalecimiento de la resiliencia de las personas del medio rural ante la COVID-19 en 73 de nuestros proyectos en un total de 60 países. Este número aumenta todos los días, a medida que los equipos del FIDA en los países, en cooperación con nuestros asociados, continúan elaborando planes concretos para apoyar la respuesta a la COVID-19 y preservar los avances en materia de desarrollo que ya se han logrado. También se está trabajando en una estrategia más amplia basada en las nociones descritas para atender las necesidades inmediatas de los países beneficiarios y asegurar su resiliencia a largo plazo.

En el marco de la próxima Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios de 2021, los donantes y la comunidad internacional para el desarrollo ya se han comprometido a lograr que los sistemas alimentarios sean inclusivos, sostenibles, eficientes, saludables y congruentes con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. La crisis de la COVID-19 ha dejado claro que la conectividad es crucial para que eso suceda.

Conozca más sobre cómo el FIDA promueve la financiación inclusiva y ayuda a los productores rurales a acceder a los mercados.